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	<title>El Mostrador &#187; Aldo Mascareño</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>Beyer y la acusación de la cueca chora</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Apr 2013 05:43:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aldo Mascareño</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Acusación Constitucional]]></category>
		<category><![CDATA[Beyer]]></category>
		<category><![CDATA[Educación]]></category>
		<category><![CDATA[lucro]]></category>

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		<description><![CDATA[Quizás podríamos acusar al Ministro Beyer de que la evolución social chilena no transcurra más rápido, de que nuestra sociedad se transforme más a ritmo de cantata de misa criolla que de cueca chora. O también podríamos acusar a los movimientos sociales de no haber cumplido antes su tarea de alertar a la sociedad acerca de la autocomplacencia exitista de la época de Bolocco, Salas y Zamorano. O podríamos acusarnos todos nosotros de llenarnos la boca con ‘la sociedad que imaginamos’ y no hacer cada día más por la que tenemos, que tampoco debe ser tan porquería como pensamos, porque al menos nos permite criticarla.
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Una cosa en la que coinciden aquellos a favor de la acusación constitucional al ministro Beyer y quienes estamos en contra, es que lo que hoy se presenta como inaceptable, el lucro en la educación, antes quedaba en la trastienda de las exigencias públicas. </p>
<p>Un cambio como el que experimentamos en relación al lucro en la educación, intenta poner en sintonía tres cosas: las estructuras de que disponemos (leyes, instituciones, normas, procedimientos), las prácticas mediante las cuales buscamos realizarlas, y los modos en que éticamente describimos y evaluamos lo que hacemos al respecto. A los cambios que buscan la sincronización de esos niveles los llamamos ‘epocales’, para sostener la impresión de un quiebre, de que algo ha cambiado en nosotros y en nuestro entorno, y de que, ahora sí, podemos ver las cosas con claridad y hacerlas correctamente. Tales transformaciones solo pueden ser bienvenidas, pero es un error que solo puede traer decepción, el pretender que el cambio sea automático en todos los niveles.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Vamos a tardar en sincronizar instituciones, prácticas y evaluaciones éticas en relación a nuestra educación, como también vamos a tardar en sincronizarlas en salud, en el sistema de pensiones, el materias laborales o de impuestos. Pero si para cada asincronía vamos a acusar constitucionalmente a un ministro, finalmente vamos a terminar con el ‘cara de completo’ en algún ministerio; claro, si es que el susodicho llegara a aceptar tal riesgo.</blockquote></div>
<p>Quizás el ejemplo más dramático de este tipo de transformaciones fue la ‘democracia en la medida de lo posible’ de Aylwin, o las ‘razones de Estado’ de Frei para desistir de la persecución de los ‘pinocheques’. Hoy nos parece todo eso una desidia malsana, digna de 20 acusaciones constitucionales, una por cada año de Concertación. Pero lo cierto es que se trató de diversos tiempos de cambio y de múltiples asincronías entre instituciones, prácticas y evaluaciones éticas de situaciones concretas. </p>
<p>Por suerte hoy nos parece impresentable limitar la democracia a poderes fácticos, y si algunos se sintieron fascinados en los 90 por las finanzas creativas de Juan Pablo Dávila, hoy las repactaciones unilaterales son el símbolo de lo detestable en las prácticas comerciales.</p>
<p>Pero todas esas cosas nos tomaron tiempo. Quizás podríamos acusar al ministro Beyer de que la evolución social chilena no transcurra más rápido, de que nuestra sociedad se transforme más a ritmo de cantata de misa criolla que de cueca chora. O también podríamos acusar a los movimientos sociales de no haber cumplido antes su tarea de alertar a la sociedad acerca de la autocomplacencia exitista de la época de Bolocco, Salas y Zamorano. O podríamos acusarnos todos nosotros de llenarnos la boca con ‘la sociedad que imaginamos’ y no hacer cada día más por la que tenemos, que tampoco debe ser tan porquería como pensamos, porque al menos nos permite criticarla.</p>
<p>Vamos a tardar en sincronizar instituciones, prácticas y evaluaciones éticas en relación a nuestra educación, como también vamos a tardar en sincronizarlas en salud, en el sistema de pensiones, el materias laborales o de impuestos. Pero si para cada asincronía vamos a acusar constitucionalmente a un ministro, finalmente vamos a terminar con el ‘cara de completo’ en algún ministerio; claro, si es que el susodicho llegara a aceptar tal riesgo. </p>
<p>De cualquier modo, si algo así sucede, logro adivinar dónde estaría H. Beyer: en algún centro de estudios haciendo investigación para decirnos cómo mejorar nuestra educación.</p>
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		<title>Golborne, escucha…</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Jan 2013 05:43:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aldo Mascareño</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[es posible]]></category>
		<category><![CDATA[Laurence Golborne]]></category>
		<category><![CDATA[Maipú]]></category>
		<category><![CDATA[meritocracia]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Cuál es el mérito entonces? ¿Aprovechar las oportunidades que tuviste? A lo más el mérito fue de tus padres por haberte puesto en el ‘primer foco de luz de la nación’. Buen ojo. Votaría por ellos. Tú hiciste lo que tenías que hacer no más; como yo y como tantas otras personas que mueven este país día a día sin andar pidiendo que los feliciten o que los nominen para Presidente por hacer lo que tienen que hacer. Lo que pasa es que te creíste el cuento del mérito.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Golborne, sabes que la única gracia que le encuentro a tu trayectoria es que hiciste lo que había que hacer con las oportunidades que tuviste. También partí en escuela pública de barrio, seguí por el Instituto unos años después que tú, luego en universidad de región y después en un doctorado en Alemania, lo que al menos para mi fue como sentarme en el sillón de gerente de Cencosud. ¿Y? ¿Tendría que esperar que por eso los colegas de las universidades en las que he trabajado me dieran la medalla al mérito?, ¿o que propusieran mi nombre para ponerle a la Sala de Reuniones? ¿Qué tiene de raro hacer lo que hiciste? Lo único raro es que presentes como un mérito tener un buen pasar cuando tuviste la oportunidad de vivir en un excelente barrio y estudiar en un colegio top.</p>
<p>Te creo si hubiésemos sido los últimos descendientes de onas, o si hubiésemos nacido en las cercanías de Cañete; te creo si hubiésemos sido mujeres embarazadas a los 15, o si hubiésemos tenido que tomar la lancha una hora y después caminar 5 kilómetros para llegar a una escuela en la que, además, no hablaban nuestro idioma. Pero Golborne, ¡te fuiste al Instituto en metro! Eras de los pocos que tenía ese ‘privilegio’. Y claro, no en el sardineo de ahora, sino en el metro que no tenía hora <em>peak</em>. Y a la vuelta seguro te ibas mirando los árboles de la calle Pajaritos, una de las cosas bonitas que aún quedan en Santiago. Y más encima, si querías rezar tenías la tremenda iglesia al lado de tu casa.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Golborne, escucha, el cuento del mérito es una semántica de elites para incluir en su grupo a los que nunca serán de su grupo, porque cuando te tratan de meritocrático, te están precisamente diciendo que eres un extranjero en el reino cordillerano. Si aún se vendieran títulos nobiliarios tendrías alguna oportunidad. Podrías ser el Conde de Pajaritos, el Marqués de Rinconada, el Barón de Peñaflor; pero ya los dueños los compraron todos. No te dejaron ninguno. Por eso te proponen para Presidente. Golborne, el primer deber de clase media es no mirar para arriba a los que se creen más arriba, y el segundo es no creerle a los que te dicen que lo lograste.</blockquote></div>
<p>¿Cuál es el mérito entonces? ¿Aprovechar las oportunidades que tuviste? A lo más el mérito fue de tus padres por haberte puesto en el ‘primer foco de luz de la nación’. Buen ojo. Votaría por ellos. Tú hiciste lo que tenías que hacer no más; como yo y como tantas otras personas que mueven este país día a día sin andar pidiendo que los feliciten o que los nominen para Presidente por hacer lo que tienen que hacer. Lo que pasa es que te creíste el cuento del mérito. Golborne, escucha, el cuento del mérito es una semántica de elites para incluir en su grupo a los que nunca serán de su grupo, porque cuando te tratan de meritocrático, te están precisamente diciendo que eres un extranjero en el reino cordillerano. Si aún se vendieran títulos nobiliarios tendrías alguna oportunidad. Podrías ser el Conde de Pajaritos, el Marqués de Rinconada, el Barón de Peñaflor; pero ya los dueños los compraron todos. No te dejaron ninguno. Por eso te proponen para Presidente. Golborne, el primer deber de clase media es no mirar para arriba a los que se creen más arriba, y el segundo es no creerle a los que te dicen que lo lograste.</p>
<p>Seguro que fuiste responsable, porque no desperdiciaste lo que te ofrecieron. Y seguro te esforzaste, qué duda cabe, incluso en el Gobierno, diría yo, al menos. Pero, si recuerdo bien, casi la totalidad de mis 44 compañeros de curso del Instituto eran también responsables y esforzados. Y varios venían de Maipú, de la entonces emergente La Florida, de la populosa La Cisterna, de la elegante Ñuñoa o de la verde La Reina, aunque todos teníamos un domicilio trucho en Santiago para que nos dejaran entrar. ¿Cuál domicilio diste tú Golborne?</p>
<p>¿No nos estarás haciendo creer que es un mérito esforzarse cuando tienes las oportunidades, no? ¿No estarás diciendo que la mayoría de los chilenos no aprovecha las posibilidades que se le presentan y que por eso tú eres la excepción cuyo ejemplo tendríamos que seguir? Porque si así fuese, pucha que te perdiste. Aunque en realidad, esto de perderse tanto me sería coherente con eso otro de querer ponerle balas de verdad a las pistolas disuasivas.</p>
<p>Bueno Golborne, si prometes extender el metro al menos hasta Melipeuco por el sur y Pozo Almonte por el norte, y en una segunda etapa por túnel minero hasta Rapa Nui, pensaría que hablas en serio con esto de que ‘es posible’. Por mientras, de institutano a institutano, sigamos haciendo lo que hay que hacer.</p>
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		<title>Velasco v/s Girardi o la naturalidad del cinismo</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jul 2012 06:41:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aldo Mascareño</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Andrés Velasco]]></category>
		<category><![CDATA[Clientelismo]]></category>
		<category><![CDATA[Concertación]]></category>
		<category><![CDATA[Guido Girardi]]></category>

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		<description><![CDATA[Presión procedimentalizada y chantaje clientelar es la diferencia entre democracia y mafia; entre coerción pública legítima y amenaza explícita en favor de intereses particularistas.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Una fórmula conservadora indicaría que el primer deber ciudadano es mantener la calma. Eso puede ser conveniente en un país telúrico, aunque se transforma en cinismo antidemocrático cuando se trata de no sorprenderse por nada.</p>
<p>Cuando Velasco se refirió a Girardi como el líder del clientelismo y de las malas prácticas políticas por haberle entregado una lista de clientes y haberle exigido atenderlos como reyes so pena de chantaje legislativo a 4 años y 1 día, hubo tres tipos de actitudes cínicas. Una de ellas fue el cinismo del detective de homicidios que ya no se sorprende de la naturaleza humana: ‘esto ya lo sabíamos; no hay nada nuevo en lo que dice el candidato’ (un ex vocero). La segunda actitud cínica es subsidiaria de la primera, pero se encarna en una forma de cinismo automedicado: ‘que a mi me digan que hay presiones, no me sorprende’ (un ex presidente). Y el tercero es el cinismo vaticano del ‘mea culpa de los demás’ (un senador), según el cual Bachelet y probablemente todos los ex Presidentes debieran decirnos si actuaron bajo presión en el ejercicio de sus cargos. Que todo esto se trata de posicionamientos electorales es cierto, pero asumir que solo se trata de eso, sería nuevamente una muestra de cinismo estratégico para el cual no importaría tanto que haya presiones, sino que lo central sería dominar la pauta mediática, especialmente cuando las marchas en familia no sirven para repuntar en las encuestas.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote>  Es decir, clientelismo, compadrazgo, pitutos y demases, son parte de la vida cotidiana, pero eso no los hace aceptables en estructuras democráticas, precisamente porque operan contra la democracia.</blockquote></div>
<p>Sin embargo, uno debiera pensar que Velasco también ha querido decir algo acerca del actuar procedimental en política, algo acerca de la democracia y su <em>fair play</em>. Pero si quiso decir algo de eso, la propia comunicación política se ha encargado de normalizar sus buenas intenciones y ha transformado el ‘clientelismo y las malas prácticas’ en la fórmula ambigua de las ‘presiones políticas’, y estas son cosas radicalmente distintas. Enfrentar presiones es una trivialidad. La pregunta es si esas presiones se someten a filtros procedimentales, es decir, si quedan sujetas a la neutralización que impone —y a la que aspira— la institucionalidad democrática, o si por el contrario lo que prima en la acción política es el clientelismo y las malas prácticas. Presión procedimentalizada y chantaje clientelar es la diferencia entre democracia y mafia; entre coerción pública legítima y amenaza explícita en favor de intereses particularistas.</p>
<p style="text-align: left;" align="center"> Si no se hace esta distinción con fuerza, y en cambio se pretende instalar la idea de que el clientelismo es ‘un tipo de presión normal’, entonces lo único que se consigue es naturalizar el cinismo en la praxis política. Esto puede ser útil para mantener la calma, pero no puede ser empleado para hacernos creer que la democracia también puede funcionar clientelarmente. Es ciertamente posible que una solución democrática sea no votar por caudillos clientelistas, pero ello pasa por alto que son precisamente las redes clientelares las que hacen que se vote por caudillos. Es decir, clientelismo, compadrazgo, pitutos y demases, son parte de la vida cotidiana, pero eso no los hace aceptables en estructuras democráticas, precisamente porque operan contra la democracia.</p>
<p> Confundirlos, de manera no intencionada o deliberadamente, solo puede despertar la sospecha de que quien lo hace, también forma parte de esas redes.</p>
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		<title>Presidenciables: el símbolo de los tiempos</title>
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		<pubDate>Thu, 24 May 2012 06:42:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aldo Mascareño</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
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		<category><![CDATA[Institucionalidad]]></category>
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		<category><![CDATA[símbolos]]></category>

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		<description><![CDATA[El próximo Presidente requiere no solo cercanía. Incluso esto es menos relevante que saber transformar la demanda simbólica en institucionalidad. En todo caso, les quedan dos años para lograr estar a la altura del símbolo de los tiempos.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Especialmente en países presidencialistas como Chile, el peso simbólico del cargo es alto. Esto no solo cuenta para el sentido de autoridad que fluye de ocupar tal posición; no se trata solo del aura de inmunidad y trascendencia que tanto pueda atraer a cualquier mortal. Se trata también del modo en que la ciudadanía se entiende a sí misma a través de la presidencia y de la política misma. Quiéralo uno o no, el ejercicio del cargo genera un discurso, un relato que totaliza la experiencia de ser parte de un grupo gobernado por alguien. La presidencia simboliza, y de tal modo une lo diverso bajo una construcción política de la identidad de un período histórico, y también une a los que están contra el tipo de simbolización que se proyecta con la presidencia.</p>
<p>Lagos, por ejemplo, pudo construirse como un símbolo de la nueva época que se iniciaba con el siglo XXI, una idea de república moderna caracterizada porque ‘sus instituciones funcionaban’, inserta en un mundo global, pero no sumisa ante él. El mayor símbolo de esto fue su negativa a la Guerra de Irak. Proyectó con eso el ‘orgullo de la independencia’, de chico aniñado que no se deja pasar a llevar por el <em>big brother</em>. La ‘República Independiente de Chile’ habrían dicho los sanmiguelinos de los sesenta. Pero al chico aniñado también se le teme y se le rechaza por su arrogancia. Eso preparó el camino para el Chile de sobremesa de domingo que Bachelet simbolizó, un diálogo igualitario y constante, pero sin mucha concreción.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Algunos de los aspirantes también tienen sintonías y lejanías con esta demanda simbólica. Longueira por cierto, pero le será difícil apartarse del discurso de Chacarillas. ¿Velasco?, si se quita un poco de Velasco de encima; lo mismo que Rincón; y Orrego, si alguna vez hace olvidar el zamarreo que le dio Lagos cuando fue su ministro.</blockquote></div>
<p>Ya su sola elección nos convenció de lo bien que lo hacíamos en términos de equidad, especialmente de género; de que en este país cada uno podía hablar y cada uno sería escuchado. ‘Gobierno ciudadano’ nos decía la Presidenta. Proliferaron las mesas de diálogo y se abrieron las grandes alamedas que los pingüinos fueron los primeros en aprovechar, hasta que el Transantiago las llenó de filas esperando micros con ciudadanos hartos de las ‘ineficiencias concertacionistas’. Piñera leyó bien la transición simbólica: ‘Hemos hecho en 20 días lo que la Concertación no hizo en 20 años’. Eficiencia fue su marca, y por su historia, parecía el indicado para eso. A punta de letra chica ha lanzado un proyecto tras otro, y en todo el espectro político —lo reconozcan o no— fluye la sensación de que ha propuesto e incluso realizado más de lo que se esperaba. Pero se le vino encima el 2011 y su demanda simbólica por inclusión igualitaria generalizada, frente a la cual la eficiencia es demasiado técnica y fría, aunque pueda ser efectiva.</p>
<p>Frente a esa demanda simbólica de inclusión igualitaria generalizada, ¿qué presidenciable se alinea mejor? Bachelet se escucha al unísono en la mitad más uno. Pero el gobierno ciudadano funcionó en la conversación, no en las reformas concretas que se suponía se debían derivar de ella. Tanto no funcionó que a un año de dejar el cargo, el símbolo de la protesta se apoderó del país, y el gobierno ciudadano se significó como ‘un engaño’, o al menos como una estrategia para que todo siguiera como siempre. ¿Golborne?, está cerca, al menos en el gesto nureyeviano, al decir de Matthei. La pregunta es qué condiciones tiene para transformar el símbolo en facticidad, es decir, para satisfacer las demandas, porque ahora no se requiere solo escuchar, sino también hacer. Golborne funcionó ciertamente en el ámbito privado, pero le está prohibido vanagloriarse de eso pues gran parte de la demanda simbólica actual tiene como su opuesto el abuso privado.</p>
<p>Si no tiene cuidado, Golborne puede convertirse en lo antisimbólico, es decir, en lo diabólico que separa y disgrega. Allamand funciona al revés, desde la política a la gente. Consistente liberal en un país donde serlo implica recibir críticas constantes de derecha, izquierda y centro, se acercó en los desastres con la emoción suficiente y la eficacia necesaria. Pero carga la cruz de continuas derrotas electorales y de travesías por el desierto sin que haya sido necesario hacerlo tan públicamente.</p>
<p>Algunos de los aspirantes también tienen sintonías y lejanías con esta demanda simbólica. Longueira por cierto, pero le será difícil apartarse del discurso de Chacarillas. ¿Velasco?, si se quita un poco de Velasco de encima; lo mismo que Rincón; y Orrego, si alguna vez hace olvidar el zamarreo que le dio Lagos cuando fue su ministro. El próximo Presidente requiere no solo cercanía. Incluso esto es menos relevante que saber transformar la demanda simbólica en institucionalidad. En todo caso, les quedan dos años para lograr estar a la altura del símbolo de los tiempos.</p>
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		<title>Indecisión y crisis</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jul 2011 06:49:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aldo Mascareño</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[protestas sociales]]></category>

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		<description><![CDATA[Escuchar no es reconocer la legitimidad del movimiento. Eso lo saben todos. Es hacer que el otro sea parte, que se incluya en el riesgo de tomar decisiones y no solo se exponga al peligro de las decisiones de otros. Trasladando el problema al Congreso no se logra esto, aunque ello sea un elemento central del procedimiento democrático.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los problemas centrales de las sociedades modernas (y de varios individuos modernos y de otros no tanto) es que por hacer ciertas cosas, dejan otras olvidadas hasta que les explotan en la cara. Probablemente esto sea necesario. No se puede hacer todo a la vez y, además, todo lo que sucede, sucede al mismo tiempo. Para recordar lo que se ha olvidado, los individuos tienen los dolores del cuerpo y los cobros por correo; para recordar lo que las sociedades olvidan, tienen a los movimientos sociales.</p>
<p>Los movimientos sociales hacen notar a la sociedad tanto su ignorancia de temas que no son públicamente visibles sino hasta el momento de la protesta (o que aun viéndolos, se dejan al futuro), como su incompetencia para enfrentarlos y resolverlos. En el caso de la educación hay de ambas cosas: ignorancia y desidia en cuestiones como el lucro, el endeudamiento, la producción sistemática de inequidad en la educación, y hay también incompetencia para tomar decisiones que marquen giros de política e indecisión para escuchar a quienes protestan.</p>
<p>La protesta es de los afectados, de los que no son incluidos en las decisiones, o de los que se ven maniatados por las indecisiones. Son precisamente esas indecisiones las que producen las crisis, pues ¿de qué otro modo acontecen las crisis sino por decisiones que todo el mundo sabe que hay que tomar, pero no se toman? Tamaña ironía la de un gobierno de excelencia en la gestión que no toma decisiones. Tamaños sus problemas también. Y no se ve que vayan a disminuir, el menos en el caso de la educación, principalmente por dos razones.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Escuchar no es reconocer la legitimidad del movimiento. Eso lo  saben todos. Es hacer que el otro sea parte, que se incluya en el riesgo  de tomar decisiones y no solo se exponga al peligro de las decisiones  de otros. Trasladando el problema al Congreso no se logra esto, aunque  ello sea un elemento central del procedimiento democrático.</blockquote></div>
<p>La primera es que una condición de los movimientos sociales supone que las demandas por las que protestan sean suficientemente concretas para atraer a los que se sienten afectados, pero a la vez suficientemente generales para exceder los límites del mismo movimiento. Endeudamiento es concreto, lucro es concreto; inequidad es general, cambio constitucional es general. Esto no es indefinición, es el modo buscar simpatizantes, de ampliar los contactos y de integrar motivaciones incluso contradictorias (estudiantes y funcionarios de instituciones privadas y públicas, por ejemplo) que de ese modo parecen todas unidas bajo el mismo alero, el de constituir una alternativa. En ella caben tanto los asaltantes de bancos, los gremialistas 2.0 y los artistas callejeros o de farándula pública. Todos ellos pueden tener aspiraciones distintas, pero todos saben a quién apuntar: a un gobierno que trivializa el problema, y precisamente eso los hace fuertes como alternativa.</p>
<p>La segunda razón es que la probabilidad de subsistencia y crecimiento de los movimientos sociales se incrementa cuando se los ignora, porque la ignorancia de quien tiene que escuchar se transforma en indecisión. Entonces el problema explota en la cara y hay cien mil personas en la Alameda de las Delicias y otras tantas en otras alamedas de Chile (se abrieron finalmente, como se pronosticó hace casi cuatro décadas). Escuchar no es reconocer la legitimidad del movimiento. Eso lo saben todos. Es hacer que el otro sea parte, que se incluya en el riesgo de tomar decisiones y no solo se exponga al peligro de las decisiones de otros. Trasladando el problema al Congreso no se logra esto, aunque ello sea un elemento central del procedimiento democrático, pues las cosas se mantienen en el ámbito institucional, lo que hace que el movimiento siga viéndose para sí y para otros como alternativa. El gobierno anterior vio una oportunidad en la mesa de diálogo e institucionalizó la alternativa, pero quizás esto sea lo que descarta esa opción para el gobierno actual. Mala cosa, porque posponer las decisiones no trae otro resultado que crisis, o en este caso, la hace más aguda.</p>
<p style="text-align: left;">¿Se puede ser creativo a estas alturas? Ya no queda mucho espacio. La carta de las vacaciones y la de mover el foco de Alameda a la Avenida Pedro Montt ya están jugadas. Y parece que un bono de fin de conflicto tampoco funcionaría en esta oportunidad.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Sexo, amor y matrimonio</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jun 2011 06:48:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aldo Mascareño</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[AVC]]></category>
		<category><![CDATA[Matrimonio Homo]]></category>
		<category><![CDATA[Matrimonio Homosexual]]></category>

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		<description><![CDATA[El matrimonio homosexual institucionaliza el amor homosexual, lo hace esperable para quien tenga ese interés. Y quien no lo tenga, puede optar por no casarse con alguien del mismo sexo, por casarse con alguien del sexo opuesto, o simplemente por no casarse, alternativas ya institucionalizadas desde hace un tiempo.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Como instruía el <em>Ars Amandi</em> de Ovidio en la época romana, el amor era puro placer corporal. Se trataba de sexo como satisfacción de los deseos de la carne. Ovidio sugería encontrar los objetos de deseo en el teatro, en las carreras de caballos, donde la cercanía invita a la excitación, o en los festines, donde el dios Baco atizaba ‘el fuego dentro del fuego’.</p>
<p>El fuego dentro del fuego fue luego apaciguado por la cristiandad medieval; fue inscrito en la burbuja de un matrimonio religiosamente regulado. En este contexto, el sexo fue restringido a la procreación. El matrimonio se entendió como una especie de mal menor, que aunque desviaba a los hombres de la contemplación y verdadero amor a la creación de Dios, regulaba las dos peores trampas del demonio: la suciedad inherente a la carne y las demencias del alma apasionada. En todo caso, siempre hubo que purificar el cuerpo después de cada ‘ocasión procreativa’ para volver a recibir los sacramentos, como probablemente algunos lo sigan haciendo hoy.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> El matrimonio homosexual institucionaliza el amor homosexual, lo hace  esperable para quien tenga ese interés. Y quien no lo tenga, puede optar  por no casarse con alguien del mismo sexo, por casarse con alguien del  sexo opuesto, o simplemente por no casarse, alternativas ya  institucionalizadas desde hace un tiempo.</blockquote></div>
<p>En la alta edad media, la figura del trovador o caballero posibilita el surgimiento del amor romántico. El amor se transforma en lo amable: el mérito, la belleza, la virtud. Cada joven caballero debe optar por una dama para servirla, galantearla y entonarle canciones. Sin embargo, ella se casa con otro, pero construye una relación de servidumbre con el galán. El esposo puede aceptar incluso besos a él, pero sexo no, pues esto rompía la estratificación natural de la sociedad.</p>
<p>En este marco, el sexo es un padecer, se dilata al menos con la amada, pues se ejerce también como placer en burdeles regulados. Esa forma pública de los burdeles perdura hasta el siglo XIX, aunque ya entonces estaban revestidos de una cierta clandestinidad: había que ocultar el cuerpo para salir de ahí y volver al mundo, como podrán confirmarlo los asiduos a burdeles modernos. Por otro lado, en la literatura de ese siglo aún era posible encontrar manifestaciones de la limitación sexual de la relación amorosa: la dilación del encuentro sexual, el clásico ‘todavía no’, se entendía como parte de los pasos para llegar al amor o impulsar a un matrimonio que ahora se recargaba con exigencias de alianzas políticas y económicas.</p>
<p>Como lo ha indicado el sociólogo Niklas Luhmann, en el amor moderno lo que interesa es la más pura e íntima individualidad del otro. Salvo la amistad, que siempre está sometida a múltiples intereses, no existe en nuestra sociedad contemporánea otro tipo de relación tan atenta a la individualidad de los individuos. Nadie cuenta sus penas personales al cajero del banco, al burócrata de impuestos internos, o espera un beso del juez después de la sentencia —y eso puede también hacernos dudar de las caricias de los políticos en campaña. El que ama busca un poco más; busca en el otro una acción que confirme la atención e interés por el mundo propio. El otro debe actuar para demostrarme que está atento a lo que quiero expresar. Si no, hay decepción. Si se trata principalmente de dar, el amor significa permitir al otro dar algo por ser ella o él como es.</p>
<p>Pero el amor es igualmente pasión de cuerpo, de sexo que expresa lo que hay que expresar cuando las palabras no son suficientes. Por cierto hoy también el sexo es placer ovidiano sin necesidad de amor pasional; está incluso culturalmente institucionalizado en la admisión de relaciones prematrimoniales, políticamente supuesto en programas de uso de preservativos y anticonceptivos, e incluso religiosamente ‘aceptado’ a cambio de quién sabe cuántos padrenuestros. Pero además el sexo es una forma muy especial de confirmación del amor, en tanto posibilita la unión de placer y pasión, así como la vivencia paralela de estas sensaciones a través del cuerpo propio y el del otro. La simbiosis moderna de sexo y amor hace que los amantes pongan mucho valor en el hecho de estar juntos, en la proximidad física y en la institucionalización de tal proximidad por medio de ese contrato que es el matrimonio, el que ya no puede entenderse religiosamente como burbuja de la procreación, como en la edad media, y tampoco como estrategia de alianza política o económica, como en el siglo XVIII. O en realidad sí se puede, pero a riesgo de parecer de otra época.</p>
<p>Una conclusión general puede sacarse de esto. Si el amor es atención a la individualidad del otro y si el sexo confirma lo indecible del amor mediante el cuerpo, entonces el matrimonio homosexual cumple hoy la misma función que el heterosexual, esto es, la confirmación de la individualidad propia mediante la acción del otro. Es decir, el matrimonio homosexual institucionaliza el amor homosexual, lo hace esperable para quien tenga ese interés. Y quien no lo tenga, puede optar por no casarse con alguien del mismo sexo, por casarse con alguien del sexo opuesto, o simplemente por no casarse, alternativas ya institucionalizadas desde hace un tiempo. Ante estos cambios, sin duda siempre habrá quienes quieran volver a la burbuja del matrimonio medieval; el problema para ellos es que la evolución no se puede deshacer.</p>
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		<title>El lado oscuro de las redes</title>
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		<pubDate>Mon, 16 May 2011 11:00:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aldo Mascareño</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Clientelismo]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[redes]]></category>

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		<description><![CDATA[No solo terroristas reales o inventados amenazan la seguridad democrática; estas redes lo hacen desde dentro ocultando su ilegitimidad y fortaleciéndose en cada intercambio de favores que realizan, en cada infamia que ocultan.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En su pequeño libro <em>Historia universal de la infamia</em>, Jorge Luis Borges incluye el relato llamado ‘El proveedor de iniquidades Monk Eastman’, un líder de bandas en New York a fines del siglo XIX. Eastman comenzó como encargado del orden en uno de los salones de baile de la época, pero ya en 1899 era un poderoso caudillo electoral con 1200 hombres a su cargo. Particulares y políticos solicitaban su diligente ayuda, por la cual Eastman tenía una lista de precios por orejas, piernas rotas y el negocio entero.</p>
<p>Al decir de Borges, los políticos locales negaban que existieran tales bandas y las llamaban ‘sociedades recreativas’, pero se alarmaron cuando la banda de Eastman entró en disputa pública con la de Paul Kelly, otro inefable proveedor de iniquidades. Eastman fue finalmente atrapado y condenado a diez años de prisión. A su salida se enlistó en un regimiento de infantería que participó en las guerras europeas. Conocido ahí por la doctrina de no tomar prisioneros, apareció muerto en New York en 1920 al lado de un siempre curioso gato.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> No solo terroristas reales o inventados amenazan la seguridad  democrática; estas redes lo hacen desde dentro ocultando su ilegitimidad  y fortaleciéndose en cada intercambio de favores que realizan, en cada  infamia que ocultan.</blockquote></div>
<p>Parecen tiempos lejanos, pero en tiempos presentes suceden cosas parecidas, por ejemplo, en el entorno de la  Intendencia de Concepción, en la parroquia El Bosque o en el Kodama-<em>affaire</em>. Ciertamente en estos casos no hay precios por orejas, piernas rotas o puñaladas —al menos hasta donde sabemos— aunque seguro varios gatos rondan por esos lugares esperando husmear algún cuerpo inanimado. Pero hay algo más fundamental: es el hecho que redes de este tipo operan ilegítimamente entre las instituciones formales y los individuos, entregando privilegios a todos aquellos que colaboran con sus fines particularistas. Cuando algo así sucede, el problema no es solo clientelismo político, manipulación de individuos o corrupción, sino también un debilitamiento institucional generalizado del orden democrático. El problema emerge cuando las instituciones formales, por su ineficiencia o rigidez, no son capaces de absorber las demandas de los públicos o cuando sus procedimientos son interferidos precisamente por la expectativa de acceder a privilegios o mantenerlos. El resultado es que por efecto del vínculo personal en que se sustentan, este tipo de redes puede eludir procedimientos legítimos, privilegiar a sus miembros, segregar a los externos y, de ese modo, convertirse en una fuente importante de desigualdad, discriminación y vulneración de derechos fundamentales.</p>
<p>Porque se trata de redes, personalizar el problema solo en sus cabecillas no es la estrategia correcta. Cuando surgen formas de clientelismo político, de manipulación individual, o de corrupción, existe también un estrato de colaboradores que posibilita la invisibilización de la infamia, que guarda el secreto y borra sus huellas, y otro más bajo que le da su sustento porque profita de sus actos y queda comprometido a devolver la mano en el futuro. Incluso más. Para estas redes es eventualmente deseable que sus cabecillas caigan de tiempo en tiempo, pues de ese modo queda la impresión pública de que el problema se ha solucionado, de que se ha restituido el imperio del derecho, de que el escándalo moral o político nos ha purificado y nunca más veremos cosa semejante. Entonces la red tiene un momento de oscuridad para reorganizarse, permitir el ascenso de aspirantes, la movilidad en sus estructuras y volver al ataque con las mismas finalidades u otras complementarias.</p>
<p>No solo terroristas reales o inventados amenazan la seguridad democrática; estas redes lo hacen desde dentro ocultando su ilegitimidad y fortaleciéndose en cada intercambio de favores que realizan, en cada infamia que ocultan. Por esto los ángeles caídos son lo menos relevante de ellas; lo importante es cómo se reestructuran y, ante todo, dónde y cuándo aparecerán nuevamente para debilitar instituciones y procedimientos democráticos. Si estas no logran sacudirse de su influencia intensificando su propia institucionalización y procedimentalización, entonces solo queda poner atención a las esquinas donde los gatos rondan.</p>
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		<title>Solicitudes a Ezzati</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Jan 2011 05:42:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aldo Mascareño</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[País]]></category>
		<category><![CDATA[Ezzati]]></category>
		<category><![CDATA[Iglesia]]></category>

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		<description><![CDATA[Esperaría incluso escuchar menos la palabra humildad, y más verla puesta en acciones, o quizás no verla, porque la humildad moral es auténtica y la autenticidad no se escenifica ni se predica, pues en ese instante deja de ser auténtica. Humildad moral es también controlar a los fundamentalistas de la moral, a los que lanzan la primera piedra cuando ven acercarse el Apocalipsis en cada píldora, en cada aborto, en cada guiño de homosexualidad.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ezzati ha comenzado su período a la cabeza de la  Iglesia chilena. Para quienes observamos la religión desde fuera, y que en ocasiones nos complacemos de sus virtudes públicas y en otras nos sorprendemos de sus vicios privados; es decir, para aquellos que en realidad no vemos el Espíritu revelado en sus aciertos pero que tampoco nos escandaliza su derecho a opinar sobre el mundo, un nuevo arzobispo probablemente no signifique tanto, aunque sí otra voz en el escenario público. Pero precisamente porque se trata del escenario público, es que un nuevo actor siempre puede abrir la posibilidad de que las cosas se comuniquen de modo distinto. ¿Podrá suceder esto con Ezzati? Quien sabe. Aunque el observador externo sí quizás tenga derecho a esperar algunas cosas en este plano.</p>
<p>Primero, probablemente compasión en la conducta religiosa, es el sello cristiano inmanente, pero a la vez esperaría humildad moral cuando uno de los suyos se sienta en derecho de evaluar moralmente a otros mortales de este mundo. Esperaría incluso escuchar menos la palabra humildad, y más verla puesta en acciones, o quizás no verla, porque la humildad moral es auténtica y la autenticidad no se escenifica ni se predica, pues en ese instante deja de ser auténtica. Humildad moral es también controlar a los fundamentalistas de la moral, a los que lanzan la primera piedra cuando ven acercarse el Apocalipsis en cada píldora, en cada aborto, en cada guiño de homosexualidad. A los que generalizan la evaluación de una acción a personas, comunidades y visiones de mundo. A los que se aprecian a sí mismos y eso les basta como bondad universal. Humildad moral es contribuir a prevenirnos a nosotros mismos contra la manía humana de considerar buenos a los nuestros y despreciables a los demás.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Segundo, un observador externo no tendría por qué no esperar dogmática en el púlpito, aunque sí más reflexión sustantiva fuera de él. Quizás no grandes aportes a la renovación teológica de la Iglesia chilena y mundial, pero tampoco la cultura medieval de la redención en el Más Allá, pues con ello cualquier pastor podrá salvarse de incomodidades momentáneas, pero en el corto plazo cae al infierno terrenal como hombre de ningún lugar, como víctima pusilánime de indecisiones calculadas. De esos ya hay hartos en el mundo de los condenados; no necesitamos más en el de los santos. Reflexión es saber ubicarse; es interpretar las Escrituras según el espíritu de los tiempos y no solo responder con compasión cuando lo que urge es inclinar la balanza en una dirección. Hurtado, Silva Henríquez, Valech la inclinaron, y son de los que constantemente recordamos.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Conservar el Misterio de Dios nunca ha significado ocultar los secretos del hombre, ni aquellos bajos secretos que la ley humana condena, ni aquellos inútiles secretos que no se mencionan, pero que todos tienen en mente cuando se habla de otra cosa.</blockquote></div>
<p>Tercero, el observador externo esperaría también una opción decidida por la expurgación del secreto. Es cierto que la Iglesia debe conservar el Misterio para seguir entregando esperanza a los suyos, pero conservar el Misterio de Dios nunca ha significado ocultar los secretos del hombre, ni aquellos bajos secretos que la ley humana condena, ni aquellos inútiles secretos que no se mencionan, pero que todos tienen en mente cuando se habla de otra cosa. Las instituciones nunca han sido justas ni perfectas, pero su respeto, adhesión y confianza pública se sostiene y crece cuando informan sus decisiones y cuando sus propios procedimientos, aunque legítimamente distintos, se ajustan también a procedimientos comunes para todos. El secreto las detiene en el tiempo, porque viven de comunicar, y el miedo a comunicar las puede aislar, porque no están solas en el mundo.</p>
<p>Es probable también que algún otro observador externo prefiera ver menos hombres de negro en el ágora, pero en un mundo plural esas son pretensiones privadas más que públicas. Si en cambio Ezzati logra algo de lo anterior, el espacio que nos compete a todos será más de cada individuo que habita este país, o, si el arzobispo prefiere, de cada hijo de Dios.</p>
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		<title>Reconstrucción</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Dec 2010 05:49:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aldo Mascareño</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[reconstrucción]]></category>

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		<description><![CDATA[Mientras el punto sea cuánto subsidio, y las interpelaciones políticas tengan el fin de reorganización de la oposición, nada de eso podrá siquiera ser pensado, debatido o implementado, y la reconstrucción del futuro de los afectados no podrá comenzar realmente.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Debió ser el año de la reconstrucción, pero las cosas transcurrieron de otro modo. Hoy el tema adquiere fuerza por la decisión de la oposición de interpelar a la Ministra de Vivienda ante el atraso en la entrega de subsidios. Sin duda el rol fiscalizador es lo que siempre se espera de una oposición democrática, pero en este caso más que por una evaluación general del proceso de reconstrucción, que no puede hacerse simplemente porque está en sus inicios, esta acción parece cumplir dos funciones relevantes para la oposición, una de mediano, otra de corto plazo.</p>
<p>En el mediano plazo, el agrupamiento de la oposición en torno a la crítica del proceso tiene varios rendimientos: alinea con la gente afectada, permite oponerse a la semántica de la gestión eficiente con la que el gobierno se autodefinió desde el inicio, y reúne a una Concertación que a estas alturas solo la mantiene la nostalgia. En el corto plazo, se trata para la oposición de una oportunidad para pasar una cuenta política al gobierno por haber dirigido su atención a los mineros y haber tenido éxito con eso. Pero de una crítica profunda al proceso de reconstrucción, no parece haber mucho.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Mientras el punto sea cuánto subsidio, y las interpelaciones políticas tengan el fin de reorganización de la oposición, nada de eso podrá siquiera ser pensado, debatido o implementado, y la reconstrucción del futuro de los afectados no podrá comenzar realmente.</blockquote></div>
<p>Lo cierto es que con el terremoto no solo se destruyeron viviendas, sino también la infraestructura y organización que sostiene distintas funciones sociales que permiten a las personas pensar que hay al menos alguna esperanza para que sus aspiraciones y planes de vida se cumplan. La reacción inicial del nuevo gobierno ante la catástrofe fue con sentido de urgencia, como las autoridades se encargaron de anunciarlo. Se tenía claro que había condiciones mínimas que debían ser abordadas con rapidez: un techo provisorio para el invierno, la restitución de servicios básicos. Incluso se fue un poco más allá y se buscó mantener la función educativa a través de escuelas modulares. Se trató, sin embargo, de esfuerzos transitorios para problemas urgentes, pero en realidad de tareas menores ante la magnitud del problema. No obstante, si aún hay que atender pacientes en el retén de carabineros, si las clases se deben seguir haciendo en containers, si hay que cruzar en balsa porque se cayó el puente, si las calles están clausuradas por riesgo de demolición, si el comercio debe funcionar bajo carpas en la calle, entonces hay que pasar desde lo urgente a lo importante.</p>
<p>Lo que se debe reconstruir no es solo la vivienda. Sentirse satisfechos por discutir acerca de eso, como se muestra la oposición, o tener que emprender la defensa de una tarea que recién comienza, como se ve forzado a hacer el gobierno, es volver más de un siglo atrás en cuestiones de calidad de vida, pues concentra el tema en esa condición mínima que ya debiera ser obvia para todos. La ciudad es un espacio social heterogéneo pero integrado y con muchas articulaciones espontáneas creativas que solo pueden emerger cuando las funciones públicas o privadas como la salud, la educación, el transporte, el trabajo, la seguridad, están de tal modo consolidadas, que cada individuo puede sentir que las posibilidades de resolver sus problemas cotidianos de vida y cumplir sus aspiraciones, más bien crecen y no disminuyen.</p>
<p>¿Cuánto ha avanzado el gobierno en esa tarea?, ¿qué evaluación ha hecho la oposición de esto?, ¿cuánto de ello se discutirá en la interpelación? Poco probablemente. Para hacerlo hay que tener más bien un sentido de integralidad y no tanto de urgencia en la reconstrucción, pues solo así se podrá saber dónde poner los incentivos para que emerjan los ciclos virtuosos y la capacidad individual de aprovecharlos. Mientras el punto sea cuánto subsidio, y las interpelaciones políticas tengan el fin de reorganización de la oposición, nada de eso podrá siquiera ser pensado, debatido o implementado, y la reconstrucción del futuro de los afectados no podrá comenzar realmente.</p>
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		<title>Fútbol: pasión y procedimientos</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Nov 2010 05:48:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Aldo Mascareño</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[ANFP]]></category>

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		<description><![CDATA[No aplicar los principios del Código Electoral Modelo, implica el riesgo de suspensión, sea por el Congreso de la FIFA o su Comité Ejecutivo, como también este riesgo existe si hubo intervención política en las elecciones.

]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>En los últimos días, más que nunca, el fútbol se ha transformado en pasión de multitudes; los procedimientos, sin embargo, nunca lo han sido. Sea por intereses privados, públicos o por inclinaciones y gustos deportivos, el actual conflicto escala cada vez más, y si las cosas siguen de este modo, la suspensión de Chile de la actividad futbolística internacional es altamente probable.</p>
<p>La paradoja es que la Asociación Nacional de Fútbol Profesional no es un órgano estrictamente nacional. Sus estatutos y procedimientos deben mostrar, ante todo, conformidad con los Estatutos de FIFA, y la FIFA es un organismo supranacional con regulaciones e institucionalidad propias que son vinculantes para las federaciones nacionales, tanto en cuestiones deportivas como en materias eleccionarias. La pregunta es si Chile ha observado este principio.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> No aplicar los principios del Código Electoral Modelo, implica  el riesgo  de suspensión, sea por el Congreso de la FIFA o su Comité  Ejecutivo,  como también este riesgo existe si hubo intervención  política en las  elecciones.</blockquote></div>
<p>En el año 2007, el Congreso de la FIFA (el órgano legislativo supremo que incluye a todos sus miembros), aprobó el Código Electoral Modelo. Este llama a las federaciones a formar una Comisión Electoral de siete miembros <em>bona fide</em> que excluye a candidatos, parientes de candidatos a un cargo y a cualquier funcionario de gobierno, y que explícitamente se crea para “evitar cualquier conflicto de interés que pudiera poner en entredicho la imparcialidad de las elecciones”. Esta comisión debe ser nombrada por la asamblea general al menos seis meses antes de la asamblea eleccionaria, y tiene por función supervisar el proceso y tomar las decisiones relativas a este, lo que incluye resoluciones en caso de controversias como la que actualmente tenemos. La decisión de esta comisión es definitiva.</p>
<p>Nadie ha indicado por qué esto no se ha cumplido cabalmente en el caso de las elecciones chilenas. En el actual conflicto, la Comisión Jurídica de la ANFP no es el ente adecuado para resolver. Según los estatutos nacionales, ella solo puede operar en este caso como órgano consultivo. La decisión final es del Directorio de la ANFP, donde el juez es parte, lo que no se soluciona con bienintencionadas promesas personales de imparcialidad.</p>
<p style="text-align: left;">No aplicar los principios del Código Electoral Modelo, implica el riesgo de suspensión, sea por el Congreso de la FIFA o su Comité Ejecutivo, como también este riesgo existe si hubo intervención política en las elecciones. Esto no puede impedir a los parlamentarios investigar sobre el tema de haber antecedentes plausibles para hacerlo, pues por suerte, la política nacional no se rige por los estatutos de la FIFA. Sin embargo, cuando los miembros de la ANFP no aplican plenamente los criterios procedimentales que la organización supranacional a la que pertenecen se da a sí misma para autorregularse, se hacen un autogol de mitad de cancha, que les debiera hacer ver claramente la aguda falta de entrenamiento democrático que evidencian. Más pasión por los procedimientos, por tanto, no les haría nada de mal.</p>
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