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	<title>El Mostrador &#187; Federico García Larraín</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>¿Y si la educación fuera un bien de consumo?</title>
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		<pubDate>Tue, 15 May 2012 12:07:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico García Larraín</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Los nuevos líderes del movimiento estudiantil han recordado hace poco que para el Presidente la educación era un bien de consumo. Muchos rasgamos vestiduras cuando dijo eso, y con razón, porque la formación de personas no es un intercambio comercial. Sin embargo, por desacertadas que hayan sido las palabras del Presidente, merecen consideración, pues esconden [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Los nuevos líderes del movimiento estudiantil han recordado hace poco que para el Presidente la educación era un bien de consumo. Muchos rasgamos vestiduras cuando dijo eso, y con razón, porque la formación de personas no es un intercambio comercial. Sin embargo, por desacertadas que hayan sido las palabras del Presidente, merecen consideración, pues esconden más de lo que aparentan.</p>
<p>Esto me quedó clarísimo un día de clases frente a un curso apático y distraído. Busqué la manera de motivar a los alumnos para que se tomaran en serio mi ramo, que no les era muy atractivo. Les pregunté si acaso la educación era un bien de consumo. Con eso capté su atención. Respondieron unánimemente que no, por supuesto. Entonces les pedí que imaginaran por un momento que la educación –más específicamente, mi ramo- era un bien de consumo por el que habían pagado con anticipación. ¿Cuál sería su actitud entonces?</p>
<p>“Piensen -les dije- que el profesor es el fabricante de un ‘producto’ llamado educación. El fabricante o proveedor debe, por contrato, entregar el ‘producto’ durante un tiempo determinado y a una hora determinada. Depende del ‘consumidor’ -ellos- si acude a recibirlo, y cómo y cuánto aprovecha el ‘producto’ educación.”</p>
<p>El llamado de atención surtió efecto y se dieron cuenta que el que llega atrasado, el que se distrae y conversa en clases, el que se queda dormido o comienza a cerrar el cuaderno antes de que la clase termine, claramente –con sus actos lo demuestra- no piensa que la educación sea un bien de consumo sino algo bastante inferior, que trata con bastante menos consideración que a cualquier cosa que compra en algún vilipendiado mall.</p>
<p>Al parecer, la indignación suscitada por la comparación del Presidente no es más que una reacción visceral, pero que tapa el hecho que, para muchos, los bienes de consumo son lo realmente deseable, y la educación, a lo más, un medio para conseguirlos.</p>
<p>Antes de indignarse por una frase desafortunada convendría averiguar qué lugar ocupa la educación en la escala de importancia de cada uno. ¿Se presta más atención a la vitrina de una tienda que al pizarrón? ¿Se lee con más atención el menú de un local de comida que el texto asignado por el profesor? ¿Se valoran más dos horas de clases que el concierto de un grupo de moda? (¿A cuál se llega atrasado y a cuál con anticipación? ¿En cuál se pide que la función termine antes de lo previsto y dónde se pide “otra, otra”?).</p>
<p>Se podría llegar a pensar que al equiparar la educación con un bien de consumo se le hace un favor, ya que hoy no hay lugar para bienes que no sean de consumo, y lo que no está dentro del consumo simplemente no existe. Pero sabemos que los bienes materiales y la educación son cosas distintas. Ahora, si la educación no es un bien de consumo, hay que aclarar qué es y eso exige una noción del hombre educado, cosa compleja. Por el momento, mis alumnos entendieron que la educación se merece, al menos, el trato de un bien de consumo.</p>
<p><strong>(*) Texto publicado en El Sur, de Concepción</strong></p>
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		<title>Aborto: más argumentos accidentales</title>
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		<pubDate>Thu, 10 May 2012 12:05:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico García Larraín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Una manera para llegar a comprender ciertas realidades difíciles es la comparación. Ver en qué se parecen dos cosas y en qué difieren ayuda a entender qué es lo propio de cada una. Si se entiende lo que es esencial se pueden evitar las cuestiones periféricas que no conducen a ningún lado.
Menciono esto a propósito [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una manera para llegar a comprender ciertas realidades difíciles es la comparación. Ver en qué se parecen dos cosas y en qué difieren ayuda a entender qué es lo propio de cada una. Si se entiende lo que es esencial se pueden evitar las cuestiones periféricas que no conducen a ningún lado.</p>
<p>Menciono esto a propósito de un argumento a favor de la legalización del aborto que he visto usarse alguna vez. Quizás el ejercicio de mostrar cómo se separa lo accidental de lo importante no sea de lo más productivo: los argumentos accidentales, como no van a lo fundamental de un asunto, pueden ser infinitos. El ejemplo en cuestión, en todo caso, puede servir para ilustrar esto y, sobre todo, para ayudar a crear hábitos de pensamiento.</p>
<p>Se ha dicho que el hecho que el aborto sea ilegal implica –como ocurre con todas las actividades ilegales- que el gobierno no tenga  ningún control sobre cómo y dónde se lleva a cabo, quién lo practica, etc. (además de que no genera recaudación tributaria). La legalización del aborto, se argumenta, traería a esta práctica todos los beneficios del  control y la regulación estatal: registro de los proveedores, fiscalización, etc.</p>
<p>Pareciera que regular una realidad inevitable sólo traería cosas buenas, sacándola de las sombras de la ilegalidad. Pero esto no es un argumento a favor de nada, porque elude el tema de fondo. Una comparación lo deja muy claro. Tomemos otra actividad ilegal, como el robo a mano armada. Al estar fuera de la ley, como el aborto, no hay ningún control sobre quiénes lo practican y cómo. Por supuesto que esta actividad no paga impuestos.</p>
<p>Con esta comparación queda claro que lo que importa a la hora de legalizar algo, o de mantenerlo fuera de la ley, es el bien que se busca proteger. Ese bien que se busca proteger es lo que constituye lo esencial de la cuestión. En el caso del aborto el tema de fondo es la vida humana. Si el no-nacido es un ser humano vivo, con derecho a la protección de su vida, consideraciones accidentales sobre la conveniencia de legalizar el aborto para el Estado sepa quién, cómo y cuándo lo realiza, son intrascendentes.</p>
<p>Por lo demás la función pedagógica y social de la ley –bien la conocen los partidarios de la ley antidiscriminación- implica que sean declaradas ilegales algunas actividades aunque sea imposible suprimirlas del todo, por la señal que eso manda sobre los derechos que se busca proteger. Además, la experiencia muestra que una actividad ilegal que se legaliza tiende a hacerse más común, por lo que la simple regulación no es una vía para contenerla. (Pero esto último es en sí accidental, si es que no hay una razón para desear que se evite.)</p>
<p>Finalmente, no dejan de ser elocuentes las últimas palabras de los senadores cuyos proyectos para legislar sobre el aborto fueron rechazados. Muestran que lo último que tenían en mente eran cuestiones sobre el inicio y valor de la vida humana, lo que explica la gran cantidad de argumentos accidentales que circularon mientras se “debatía” la ley de aborto.</p>
<p><strong>(*) Texto publicado en El Sur, de Concepción</strong></p>
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		<title>Aborto e impuestos: comparando argumentos</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Apr 2012 12:39:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico García Larraín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[. Para legislar sobre el aborto no importa si de hecho la legislación se cumple o no, o si los ricos pueden quebrantarla con más seguridad que los pobres. Lo que importa es el bien que deben proteger las leyes, es decir, lo que en este caso es cuándo empieza la vida humana, cuál es el criterio para determinar eso, y si acaso toda vida humana debe respetarse o si se puede disponer ella por alguna razón. Cualquier otro argumento accidental puede darse vuelta con facilidad.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Senado ha rechazado los tres proyectos de ley sobre el aborto y el debate, naturalmente, ha bajado sus decibeles. La atención pública se centra en otras cosas, como la ley anti-discriminación, la delincuencia y el (des)empleo. Aún así es bueno mirar a algunos de los argumentos que circulan, quizás ahora sea un momento especialmente oportuno ya qua hay más calma.</p>
<p>Fundamental es distinguir un argumento concluyente de uno accidental. Si se hace un pequeño análisis –y vaya que nos hace falta- se ve que en la mayoría de los casos se parte por el resultado y luego se busca un argumento.</p>
<p>Tomemos, por ejemplo, aquel que comienza por el dato que en Chile hay muchísimos abortos ilegales. Nuestra legislación, como parece evidente, no se adapta a la realidad. La solución sería liberalizar las leyes de aborto. Pareciera que la discusión quedó zanjada. Sin discutir las estadísticas, que tratándose de actividades clandestinas siempre serán especulativas, podemos ver si tal razonamiento se puede aplicar a otro contexto. Podríamos comenzar por el hecho que en Chile hay muchísima evasión de impuestos. Es obvio, por lo tanto, que la legislación no se adapta a la realidad. Lo que habría que hacer, por lo mismo, es bajar los impuestos.</p>
<p>Creo que se entiende el punto, pero se le puede dar otra vuelta. Se dice, por ejemplo, que en Chile, por una vía u otra, los ricos tienen acceso a abortos seguros, mientras que los pobres tienen que dar a luz a los hijos no deseados, o abortar clandestinamente. Sería una exigencia de la equidad, entonces, legalizar el aborto. Pero en Chile ocurre que los ricos tienen acceso a abogados que les ayudan a evitar impuestos mientras que los pobres y la clase media se ven forzados a pagar todos sus impuestos, o son perseguidos implacablemente por el SII. Si se aplica la misma línea argumental, lo lógico sería bajar los impuestos para que ricos y pobres estén en igualdad de condiciones tributarias.</p>
<p>Frente a estos problemas no importa tanto ser consistente en la solución, como la razón para aplicar una u otra. Si lo que se quiere es hacer concordar la ley con la realidad, o igualar a ricos y pobres, es ser tan válido aumentar la fiscalización y las penas como liberalizar las leyes, en uno y otro caso. Pero eso es evadir la cuestión. Para legislar sobre el aborto no importa si de hecho la legislación se cumple o no, o si los ricos pueden quebrantarla con más seguridad que los pobres. Lo que importa es el bien que deben proteger las leyes, es decir, lo que en este caso es cuándo empieza la vida humana, cuál es el criterio para determinar eso, y si acaso toda vida humana debe respetarse o si se puede disponer ella por alguna razón. Cualquier otro argumento accidental puede darse vuelta con facilidad.</p>
<p>No son cuestiones fáciles, pero el tema el serio. Darse vueltas argumentando cosas periféricas es cobardía, deshonestidad y pereza intelectual: mal fundamento para nuestras leyes.</p>
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		<title>¿Puede el Estado exigirme una conducta heroica?</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Apr 2012 11:14:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico García Larraín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo que se pide, simplemente, es que no se mate a un inocente, menos aún antes de que nazca. Si eso es una conducta heroica es un problema distinto. Por lo demás, quienes plantean sus dudas si acaso se puede exigir heroísmo en un caso así, revelan, sobre todo, su propia pusilanimidad al ser incapaces de tomar una decisión impopular a favor de quienes no pueden presionarlos, porque son muy pequeños para tener voz.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Esta es una de las preguntas que recientemente se han hecho senadores, académicos y otros que pretenden justificar el aborto. Es una pregunta capciosa, pues supone demasiadas cosas.</p>
<p>Comencemos respondiendo que sí. La nación sí puede exigir de algunos de sus miembros el heroísmo en aquellas ocasiones en que se presenta la disyuntiva entre comportarse como héroe o hacer el mal. Eso lo sabemos, por ejemplo, los que hemos hecho el servicio militar. Juramos servir fielmente a la Patria hasta rendir la vida si fuese necesario. Si hay políticos que no saben esto, les falta contacto con el Chile real.</p>
<p>Pero esto es un tecnicismo, el tema principal es otro. Se afirma que llevar a término un embarazo producto de una violación es una conducta heroica. Esto ya es un lugar común, pero es razonable cuestionarlo, preguntando si acaso abstenerse de destruir un no nacido puede ser considerado una conducta heroica o simplemente buena. Aún así, aquí tampoco está el meollo del asunto.</p>
<p>El fondo del problema está en el valor de la vida humana. Se ha intentado justificar el aborto diciendo que el embrión no es un ser humano vivo. En Chile hay quien aún cree esto, pero la embriología demuestra lo contrario de manera irrefutable. Luego se ha dicho que un feto, a pesar de ser un ser humano vivo, no tiene derecho absoluto a la vida por carecer de conciencia. Pero los niños de pocos meses tampoco tienen autoconciencia, lo que hace este argumento sirva —por consistencia lógica— para justificar el infanticidio a la vez que el aborto. Para evitar esto, el último paso ha sido decir que simplemente no se puede obligar a una mujer a soportar la carga del embarazo no deseado. Para darle a la situación un giro dramático se propone el caso de una menor de edad embarazada producto de una violación.</p>
<p>¿Puede obligarse a alguien a hacerse cargo de un hijo no deseado? En Chile se obliga al padre a pagar pensión de alimentos, y si no es capaz, se obliga a los abuelos. Es discutible si esto es exigir una conducta heroica, pero si es que existen obligaciones naturales entre las personas seguramente se puede decir algo a favor del no nacido, aún en un embarazo no deseado, por dramático que sea. Teniendo en cuenta que el no nacido es un ser humano en sus primeras etapas de desarrollo (un hecho establecido por la ciencia que sin embargo se por alto en este debate), es razonable pensar que constituye un límite a la libertad. No es fácil poner límites a la libertad, pero la vida de otros es uno de ellos. El derecho a la vida implica el deber de no matar. Este deber puede ser más o menos oneroso, pero si no se respeta es difícil que queden otros derechos.</p>
<p>Lo que se pide, simplemente, es que no se mate a un inocente, menos aún antes de que nazca. Si eso es una conducta heroica es un problema distinto. Por lo demás, quienes plantean sus dudas si acaso se puede exigir heroísmo en un caso así, revelan, sobre todo, su propia pusilanimidad al ser incapaces de tomar una decisión impopular a favor de quienes no pueden presionarlos, porque son muy pequeños para tener voz.</p>
<p><strong>(*) Publicado en El Sur, de Concepción.</strong></p>
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		<title>Prohibicionismo pop reconsiderado</title>
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		<pubDate>Fri, 23 Mar 2012 12:22:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico García Larraín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[No discrepo con Cristóbal Bellolio sobre la conclusión práctica de su columna &#8220;Prohibicionismo pop&#8221;, pero le agradezco la oportunidad que me da para clarificar algunos aspectos del liberalismo.
Se sorprende Bellolio que la ley llegue a extremos como penalizar al que conduce después haber comido tres bombones de licor o al que fuma en una plaza. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>No discrepo con Cristóbal Bellolio sobre la conclusión práctica de su columna &#8220;Prohibicionismo pop&#8221;, pero le agradezco la oportunidad que me da para clarificar algunos aspectos del liberalismo.</p>
<p>Se sorprende Bellolio que la ley llegue a extremos como penalizar al que conduce después haber comido tres bombones de licor o al que fuma en una plaza. Pero esto era algo completamente esperable, porque vivimos en una sociedad pluralista. Una sociedad plural no puede tener una definición de bien común sino que alberga todas las visiones de la vida. Ahora, como la vida en común debe ser regulada, la sociedad plural busca algún consenso —mínimo— entre sus habitantes para poder hacerlo. Éste suele estar en la protección de la salud a toda costa —aún de la autonomía— porque es algo materialmente medible y no genera desacuerdos, salvo casos extremos.</p>
<p>El argumento que acabo de proponer es probable y no necesario, pero es notable que la mayoría, si es que no todas, de las sociedades liberales terminen con un culto oficial a la salud física como único valor común. (Las leyes anti-tabaco no fueron inventadas en Chile). No es de sorprenderse que se nos pueda penalizar por conducir con una copa de vino: ese camino lo emprendimos mucho antes de que se hiciera obligatorio el uso del cinturón de seguridad o el uso de casco en las bicicletas, cuando abandonamos cualquier intento por definir el bien común más allá de una libertad entendida simplemente como no-coacción.</p>
<p>El ideal liberal sería, según Bellolio, que “ningún ciudadano en su sano juicio puede ser coaccionado, salvo para evitar que dañe a terceras personas”. Inaplicable, porque hay que determinar qué es estar en el sano juicio y quién califica como “tercero”. Es razonable pensar que el que realiza actividades autodestructivas, como consumir drogas, aunque no dañe a terceros, no esté en su sano juicio. Por lo tanto un estado liberal puede coaccionar casi a cualquiera, ya sea porque daña a terceros, o a sí mismo al no estar en sus cabales. No queda dañado —en teoría— el ideal que propone Bellolio.</p>
<p>A demás, determinar quiénes califican como terceros y dónde comienzan sus derechos y terminan los propios, nunca ha sido fácil. Suelen ser considerados “terceros”, cuyos derechos no pueden ser pasados a llevar ni por la libertad de otros, los que gritan más fuerte o de algún otro modo hacen sentir su influencia, muchas veces por lobby, campañas de prensa o por la vía judicial y no democrática.</p>
<p>Visto lo anterior, un estado liberal puede ser, siendo fiel a sus principios, muy permisivo o muy restrictivo, dependiendo de quién esté a cargo. En la realidad concreta el resultado ha sido un engendro bastante curioso: sociedades que son a la vez muy permisivas y muy restrictivas. (Estas restricciones suelen ser un remedio tardío e ineficaz contra los males, también físicos, que produce la permisividad inicial de las sociedades liberales.)</p>
<p>El prohibicionismo pop, a diferencia del original, no pretende hacer del orden público una postal de virtudes morales como sugiere Bellolio, sólo quiere mantenernos sanos. El que no quiere mantenerse sano, no está en su sano juicio. La sociedad pluralista, abierta y liberal queda intacta.</p>
<p>Bellolio se queja que estos temas se debatan con brocha gruesa. Espero que estas consideraciones sean de una sutileza aceptable.</p>
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		<title>¿Puedo imponerle mi visión de las cosas a otro?</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Mar 2012 12:05:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico García Larraín</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Se debate en el Senado un proyecto de ley sobre aborto. Un argumento frecuente para liberalizar la ley actual es que nadie puede imponer su propia visión de la realidad a otros. Como no es la primera vez que nos enfrentamos con algo así, quizás el pasado pueda iluminar la situación presente.
A fines del siglo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se debate en el Senado un proyecto de ley sobre aborto. Un argumento frecuente para liberalizar la ley actual es que nadie puede imponer su propia visión de la realidad a otros. Como no es la primera vez que nos enfrentamos con algo así, quizás el pasado pueda iluminar la situación presente.</p>
<p>A fines del siglo XIX y a comienzos del XX había gente que se dedicaba a cazar indios en la Patagonia. Algunos lo hacían por dinero, otros por deporte. Vendían sus cráneos a museos en Europa o sus orejas a estancieros. Se retrataban con la “pieza” cobrada. Seguramente llegaron a pensar que los Selk’nam eran animales: su color era distinto al de los europeos y emitían unos sonidos que nadie podía entender. El mismo Darwin había escrito sobre ellos “cuesta creer que sean humanos”. Es casi comprensible que un europeo llegara a considerar a un Ona como a una alimaña que le comía sus rebaños y no como a su semejante. Frente a esta situación ¿quién soy yo para imponerle a un cazador de indios mi visión de quién es humano?</p>
<p>El problema de imponer la propia visión puede ser grave, hasta llegar a impedir lo que otro quiere hacer. Sin duda que a un cazador de indios, como lo fue el escocés Alexander McLennan, le habría molestado si alguien le hubiera impedido su tarea, se habría sentido  violentado. ¿Quién soy yo para decirle a él quién puede y quién no puede ser cazado?</p>
<p>El problema es apremiante cuando la visión de las cosas que tiene una persona implica decir que  algunos otros no son humanos. Sin duda que los Selk’nam y los misioneros salesianos querían imponer su visión de las cosas a los colonos, pero Julius Popper y su gente no se dejaban. Seguramente le habrían dicho al padre Agostini algo así como “si se opone a las cacerías de indios, pues no participe, pero no nos imponga su visión de las cosas”. Nadie logró imponer una visión particular a los cazadores de indios. Conocemos el resultado.</p>
<p>¿Qué hacer cuando se contraponen dos maneras incompatibles de ver la realidad? Una posibilidad es que se resuelva de manera “natural”. En ese caso suele perder el más débil, como ocurrió con los indios de la Patagonia. No podemos preguntarles su opinión de este asunto, porque no quedó ninguno. Es muy cómodo, para los que no quieren que otros les impongan su visión, dejar que las cosas sigan su curso y exigir que nadie interfiera.</p>
<p>Pero dejémonos de cuentos; cuando algo importa, cuando hay un bien evidente de por medio, nadie tiene inconveniente en imponer una cierta visión de las cosas. Nadie duerme intranquilo porque al ladrón se lo juzgue y encarcele si es hallado culpable. El ladrón, por supuesto, está en desacuerdo, pero se le impone una visión acerca de la propiedad privada aunque él no la comparta.</p>
<p>Por supuesto que es fácil determinar qué visiones de las cosas se imponen por ley y cuáles se dejan en libertad para que se decidan “naturalmente”. Pero cuando se trata de decidir quién es un ser humano con derecho a vivir es mejor no estar de lado de “Chancho Colorado” McLennan, simplemente por no querer imponer a otros algo evidente.</p>
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		<title>Movimientos antisociales</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Mar 2012 12:15:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico García Larraín</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las últimas explosiones sociales pueden verse como un descontento con el actual gobierno, como una insatisfacción con el sistema económico o como un intento de pequeños grupos fuertemente motivados para desestabilizar el gobierno y obtener futuras victorias políticas.
Seguramente hay una mezcla de estos elementos; la realidad nunca es tan simple que pueda explicarse sólo por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Las últimas explosiones sociales pueden verse como un descontento con el actual gobierno, como una insatisfacción con el sistema económico o como un intento de pequeños grupos fuertemente motivados para desestabilizar el gobierno y obtener futuras victorias políticas.</p>
<p>Seguramente hay una mezcla de estos elementos; la realidad nunca es tan simple que pueda explicarse sólo por un factor. Si bien es difícil hacer un análisis sin la perspectiva que da el tiempo, se puede ver un problema de fondo como elemento importante en estas erupciones. La falla, si es que se le puede llamar así, parecer ser política o civil.</p>
<p>Por ejemplo, es cierto que las regiones han sido postergadas, pero ¿acaso no tiene cada región igual cantidad de senadores que la Metropolitana? El centralismo en Chile pesa y la política actual no se presta para muchos cambios, pero ¿no son las regiones, frente a la capital, una mayoría aplastante en la Cámara de Diputados? ¿Se puede decir realmente que las regiones, o los jóvenes, no tengan representación (siendo que en el Congreso hay ocho partidos, además de independientes)?</p>
<p>Podríamos preguntar si alguno de los dirigentes sociales actuales ha intentado usar los causes representativos normales de una democracia: escribir al diputado que lo representa (Sandoval y  Alinco para Aysén), pedir audiencia con el Intendente, comenzar una campaña de prensa, lanzar la propia candidatura… Hacerlo así es lento y tedioso, pero es civil y democrático, es decir político y no es necesario destruir nada ni herir a nadie.</p>
<p>Es natural que con el tiempo los partidos –que mueven el sistema político- pierdan agilidad, entonces la tentación de abandonar la política y usar la violencia es fuerte, porque logra resultados rápidos y da una notoriedad difícil de obtener de otra forma. Es alarmante que quienes hacen esto no reciban el repudio general, sino a lo más una reacción tibia de rechazo a sus métodos. Será que hay poca comprensión de la actividad política.</p>
<p>Es contradictorio, además, que algunos pidan a la a la comunidad política ciertos beneficios, pero al lo hagan de modo anti-social. Se hacen demandas sociales, pero desde fuera de la sociedad. Unos sólo tienen derechos y los exigen de cualquier manera, y son otros los que tienen deberes respecto de los primeros, sin el derecho a ser interpelados de civilmente.</p>
<p>El recurso a la fuerza es legítimo, entre otras condiciones, cuando se han agotado todos los cauces pacíficos para lograr un buen fin. Se ve demasiada precipitación en llegar a esto. No parece que la situación del país sea tan grave como para hacer una completa renovación institucional ni que las cosas no puedan lograrse sin violencia.</p>
<p>Es poco probable que las soluciones a los problemas del país (centralización, educación, pobreza) vengan de personas que a la primera abandonan el vínculo político y social, recurriendo a la violencia amparada en un par de consignas. La realidad siempre es más compleja que una frase de barricada y la política, por lenta que sea, es una expresión de eso.</p>
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		<title>Sincerando la sociedad pluralista: una breve respuesta a Cristóbal Bellolio</title>
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		<pubDate>Tue, 13 Mar 2012 11:55:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico García Larraín</dc:creator>
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Sin embargo la idea central de su columna presenta un problema que se suele [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La última columna de Cristóbal Bellolio plantea algunas cuestiones interesantes sobre lo que significa ser tolerante y abierto, sobre lo que se puede exigir a una persona respecto de otros, y sobre lo que conviene hacer como sociedad respecto de nuevas transformaciones.</p>
<p>Sin embargo la idea central de su columna presenta un problema que se suele pasar por alto. En concreto: luego de la golpiza a Daniel Zamudio por parte de un grupo neonazi, Bellolio aboga por una sociedad ya no tolerante, sino diversa o plural. La sociedad diversa reconoce que los diversos modos de vida la enriquecen y por eso no deja a nadie fuera de ella. La pregunta que surge es si acaso una sociedad diversa aceptará también la diversidad que supone tener grupos neonazis.</p>
<p>La respuesta, supone uno desde el sentido común, es que no. La sociedad abierta no puede ser tan abierta que albergue a quienes quieren destruirla o hacerla menos abierta. Ellos no son celebrados, no pueden ser siquiera tolerados. (Quién decide quienes caben o no es un problema práctico, pero no menos importante). Parece que con esto se acaba el problema, pero esta solución descubre otro: la sociedad plural se pone a sí misma como un bien a proteger, usando la fuerza si es necesario. Es decir, se comporta de modo parecido a las sociedades tribales cuando percibe una amenaza. Dónde, cómo y quién determina que la sociedad diversa es la mejor no es claro, la sociedad pluralista suele dar por supuesto su propia superioridad sin mayores indagaciones. (Bellolio dice que la sociedad abierta es la que más conduce a la felicidad. Me parece que ahí está el meollo del asunto, ya que una noción de lo que hace feliz es inseparable de una cierta idea del hombre, que es dónde difieren las distintas sociedades. Por lo mismo, esa afirmación requiere de una fundamentación más extensa.)</p>
<p>Es natural que cada sociedad se proteja y se ponga a sí misma como modelo de bien, o como la mejor forma de alcanzar la felicidad, pero en una sociedad plural se supone que no hay un solo modelo de bien, porque cada uno puede buscar la felicidad como mejor le acomode. Es decir, en la práctica, una sociedad abierta tiende a negar lo que dice ser en teoría. (Esto puede verse claramente en algunos países dónde la libertad de expresión ha sido restringida por grupos que se sienten discriminados).</p>
<p>Lo que he dicho aquí es bastante obvio, lo hago para dejar en claro que la diversidad y la apertura de la sociedad plural no son totales, y esto es porque que la sociedad plural tiene una visión de lo bueno –como cualquier otra sociedad– que está dispuesta a imponer sobre visiones rivales. Puede ser que esto sea tan claro que no haga falta decirlo, puede ser que no se diga por inadvertencia, o puede ser que entre lo que lo que valora la sociedad plural no esté la sinceridad respecto de sí misma.</p>
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		<title>Usted ¿qué hace cuándo no tiene nada que hacer?</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 12:08:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico García Larraín</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Es poco el tiempo libre pero de vez en cuando lo hay. Suele haberlo más abundantemente en enero y febrero. Para quien vive en función de factores externos estos tiempos libres pueden llegar hasta provocar ansiedad y a la vez tedio. No en vano hablaba el psiquiatra Viktor Frankl de la “neurosis del domingo”.
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			<content:encoded><![CDATA[<p>La pregunta suena un poco rebuscada y la respuesta parece obvia, pero si hay algo que revela cómo es realmente una persona, es eso: lo que hace cuando no tiene nada que hacer. Cuando la necesidad o la obligación urgen todo el mundo se mueve. En cambio, cuando no hay presiones externas, ni obligaciones o necesidades, entonces aflora lo que realmente hay dentro.</p>
<p>Hay personas que cuando no se ven empujadas a hacer algo, gravitan inevitablemente hacia el televisor, otros derivan hacia internet o hacia juegos de computador. Al parecer algunos tienen como opción predeterminada la búsqueda de noticias esperando que algo ocurra que interrumpa el aburrimiento (ese afán de novedades que menciona Heidegger). Unos pocos hacen deporte en cada momento libre y otros escuchan música. Siempre están los que se desesperan o se ven invadidos por una especie de angustia cuando se ven enfrentados a un período de tiempo sin nada que hacer.</p>
<p>Hacia dónde va sola la imaginación cuando no está sujeta manifiesta qué es lo que hay dentro de una cada uno: dónde está su tesoro, qué quiere de su vida. Es triste comprobar que para algunos no hay nada de eso, cuando hay tiempo libre sólo quieren un escape del aburrimiento que, en el fondo, les produce la vida misma. Es el vacío existencial de una vida sin sentido.</p>
<p>Es poco el tiempo libre pero de vez en cuando lo hay. Suele haberlo más abundantemente en enero y febrero. Para quien vive en función de factores externos estos tiempos libres pueden llegar hasta provocar ansiedad y a la vez tedio. No en vano hablaba el psiquiatra Viktor Frankl de la “neurosis del domingo”.</p>
<p>Sumergirse en alguna cosa que sea un escape de la realidad, como lo es jugar días enteros un juego de computador, hacer zapping durante horas mientras la mente está en blanco o simplemente no saber pasar un buen rato sin emborracharse, es una señal de que es el momento de pararse frente a la propia vida, mirarla a la cara y preguntarse qué se espera de ella, qué proyecto se tiene, cuál es su sentido.</p>
<p>La respuesta nunca será inmediata pero la búsqueda ya es el comienzo del encontrarla. No es fácil hacer esto tampoco: es desagradable examinarse a uno mismo y darse cuenta de que no se está completo, de que se vive a medias. Es tentador buscar algo que ahogue el silencio que necesita la reflexión para no tener que pasar por este desagrado (¿de ahí la ubicuidad de la música a alto volumen?). Pero una vida así sería una vida vivida casi en vano.</p>
<p>Para no embarcarse en esta difícil tarea sin compañía se puede buscar algún apoyo como El ocio y la vida intelectual de Pieper, El Principito de de Saint Exupery o el mismo Hombre en busca de sentido, de Frankl. Una película como El Estudiante de Roberto Girault también puede ser un buen punto de partida. No es tanta cosa, en vacaciones puede hasta sobrar el tiempo.</p>
<p><em>* Publicado en El Sur de Concepción</em></p>
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		<title>Vacaciones de Calidad</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2012 10:58:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Federico García Larraín</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace un tiempo tuve la oportunidad de conocer a un estudiante de Alemania. No venía de intercambio, sino a trabajar en un proyecto relacionado con su memoria de Ingeniería. Este estudiante hablaba cuatro idiomas y también había estudiado latín y griego. No era, sin embargo, un ratón de biblioteca: disfrutaba del deporte y de las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un tiempo tuve la oportunidad de conocer a un estudiante de Alemania. No venía de intercambio, sino a trabajar en un proyecto relacionado con su memoria de Ingeniería. Este estudiante hablaba cuatro idiomas y también había estudiado latín y griego. No era, sin embargo, un ratón de biblioteca: disfrutaba del deporte y de las excursiones al aire libre. También tocaba guitarra clásica (además de las canciones populares). No está de más decir que en su patria había hecho dos años de servicio militar.</p>
<p>Las comparaciones suelen ser odiosas y sería ingenuo pretender que los estudiantes chilenos lleguen a ese nivel en un futuro cercano. No sé tampoco si querrían llegar a ese nivel. Lo que me llama la atención, en todo caso, más allá de los logros específicos, es la dedicación y el aprovechamiento del tiempo. No se llega a tener ese tipo de educación por casualidad, son horas y horas invertidas pacientemente hasta llegar a un resultado que a nosotros nos parece una utopía.</p>
<p>Recuerdo esto porque para muchos pronto empiezan las vacaciones. Algunos pueden decir que son un merecido descanso, otros tendrán que preguntarse honestamente si es que de verdad se cansaron estudiando durante el año.</p>
<p>Más allá de la pregunta, demasiado tarde hacerla ahora, lo que se plantea es el sentido del descanso y el uso del tiempo, y lo que esto revela sobre cada uno. Puede no ser obvio, pero hacia dónde gravita una persona en sus momentos de ocio pone de manifiesto aquello que realmente le importa. “Educación de calidad” fue el grito de guerra este año escolar. ¿Qué harán la mayoría de los estudiantes ahora que no hay obligaciones? ¿Usarán su tiempo de una manera que contribuya a alcanzar ese noble fin, o sufrirán una especie de apagón cerebral?</p>
<p>Poco antes de acabar las clases les dije a mis alumnos que era hora de pensar qué libros iban a leer durante las vacaciones. La reacción -amable- de rechazo fue automática y casi unánime. Fue también una reacción de sorpresa, como si hubiera propuesto algo contradictorio o absurdo. Debo confesar que me deprimí un poco. No se trata de hacer en vacaciones lo mismo que se hace durante el año, pero tampoco de dejar que el tiempo pase en vano, permitiendo simplemente que febrero sea un mes perdido, un mes que no deja nada más que una resaca o los ojos cansados de tanto mirar una pantalla (no exagero, un estudiante me dijo que pasaba casi todas sus vacaciones frente al televisor o al computador).</p>
<p>La educación verdadera, y de calidad, necesariamente tiene que tocar el tiempo libre, porque es algo que involucra a toda la persona. No se puede pretender ser una persona educada y pasar las vacaciones como si se viviese en las cavernas.</p>
<p>¿Será este verano el verano de la educación de calidad, o será como cualquier otro (sólo que algo más breve)? Este febrero nos mostrará lo que de verdad hay dentro de cada estudiante: el afán de cultivar el intelecto cómo sólo puede hacerse cuando hay tiempo libre, o consignas vacías.</p>
<p><strong>(*) Texto publicado en El Sur, de Concepción.</strong></p>
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