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	<title>El Mostrador &#187; González Llaguno</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>El 21 de Mayo y la &#8220;Agenda Democrática&#8221; del gobierno</title>
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		<pubDate>Fri, 17 May 2013 11:48:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>González Llaguno</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[Se viene la cuenta pública del Presidente. La última de su período. Y como es de esperar, el énfasis estará puesto en los logros de su gobierno. Sin duda, veremos un discurso extremadamente autocomplaciente en el que todo es éxito y bienestar para los chilenos. Será, un relato —en el contexto de la disputa presidencial— en que se marcarán diferencias con lo ocurrido durante el gobierno de Bachelet en el sentido de “mostrarle a los chilenos” que mientras la anterior administración fue mala —cuyos hitos se instalan todos los días en la prensa—, la actual gestión es buena y exitosa.

Pero, no sólo se trata de balances y exaltación, sino también de anuncios. Estos últimos, son uno de los momentos más esperados de estas intervenciones. No será, en esta ocasión, la excepción. Sin embargo, por los rasgos de la coyuntura es altamente probable que dichos anuncios estén orientados a fortalecer las opciones presidenciales del sector.

En consecuencia, será un discurso que en clave connotativa interpelara a los chilenos a que deben seguir dándole la confianza al oficialismo; y de ese modo, darle continuidad a la obra y a su gobierno. Un empujón a sus candidatos presidenciales.

¿Qué traerá este discurso en materia de reformas políticas?

Los tres discursos que ha pronunciado Piñera el 21 de mayo han tenido entres su tópicos principales la “agenda política” del sector. Mientras en el primero se definió la hoja de ruta —que ya se encontraba en su programa de gobierno—, en los siguientes se hizo un balance que daba cuenta de los avances que iba teniendo la “agenda democrática” del oficialismo.

La “agenda política” del gobierno está en directa relación al diagnóstico que hacen de la democracia chilena. En esa dirección, han afirmado desde antes de llegar a La Moneda que nuestra democracia esta “enferma y agotada… muestra signos de agotamiento… -y, por tanto-… hay que perfeccionarla”. Como una forma de responder a esta situación, diseña su “agenda democrática” que se plasma en los discursos del 2010 y 2011.

En esa dirección, plantea nueve medidas: 1) La primera se orienta a “rejuvenecer nuestra democracia y ampliar la participación ciudadana” por medio de la Inscripción automática y Voto voluntario. 2) El Voto de los chilenos en el extranjero. 3) Fortalecer la “democracia regional y comunal haciendo más directa y participativa la elección de sus autoridades”. En esta dirección se instala la elección popular de los Consejeros Regionales. 4) Cambio de fecha de las elecciones presidenciales. 5) Reforma a la Ley de Partidos Políticos orientada a que sean “más transparentes, democráticos y abiertos a la ciudadanía”. 6) Ley de primarias voluntarias, vinculantes, simultáneas y organizadas por el Estado, para elegir a los candidatos a cargos de elección popular”. 7) Creación de “la iniciativa popular de ley” que “permite que con las firmas del 0,1 % de los electores, los ciudadanos puedan presentar proyectos de ley al Congreso Nacional, que no sean de iniciativa exclusiva del Ejecutivo”. 8) Simplificar “los plebiscitos comunales para facilitar la participación de los vecinos” y 9) Perfeccionamiento de los proyectos de ley sobre “declaración de intereses y patrimonio de autoridades” (ley de probidad). En relación a esta última modificación se encuentra la ley de <em>lobby</em> y el acceso a la información pública.

Al revisar estas medidas y sus fundamentos, se observa que el gobierno busca resolver los problemas de esta democracia “agotada” por medio de la participación ciudadana. En efecto, para el gobierno la crisis de la democracia es, finalmente, una crisis de participación.

Para ellos, ahí empiezan y terminan los problemas de la política. No obstante, al revisar los avances de dichas medidas, vemos que a finales del 2011 sólo se había materializado la ley que cambiaba las fechas de las elecciones presidenciales y —a última hora— la ley de voto voluntario. En definitiva, en dos años muy poco avance.

No obstante, durante el 2011 los problemas de la política sólo aumentaron. Las presiones, por tanto, para la agenda política del gobierno generaron las condiciones para avanzar de modo más rápido. Su diagnóstico inicial se profundiza. En efecto, en los dos primeros discursos del 21 de Mayo vemos un diagnóstico similar.

Sin embargo, en el 2012 hay una visión más pesimista al agregar que nuestra democracia “está perdiendo fuerza y vigor y sufre los embates de enfermedades que la debilitan”. Para el oficialismo la debilidad de la democracia chilena se expresa en tres dimensiones: a) Una “ciudadanía cada día más distante de la política”, b) Un “envejecimiento progresivo de nuestro padrón electoral” y c) Una “muy mala evaluación de nuestras instituciones políticas, especialmente el Congreso y los partidos políticos”. Por ello, “debemos construir una democracia más vital, cercana, transparente y participativa”.

Al revisar el cumplimento de la “agenda política” del gobierno hasta Mayo del 2012, vemos que los avances son mínimos. A la fecha, los resultados son los mismos que a fines de Diciembre.

Al evaluar la “agenda democrática” a Mayo del 2013 vemos que el gobierno ha logrado avanzar en la Ley de Primarias y en la elección popular de los Consejeros Regionales. Sin duda, avances que mostrara orgulloso en los próximos días.

De los nueve puntos de la agenda política, puede mostrar avances en cuatro de ellos: cambio en las fechas para las elecciones presidenciales, voto voluntario, primarias y COREs. Si bien, se trata del 50 % de lo planteado, ha logrado aprobar proyectos emblemáticos desde el punto de vista del diagnóstico que hacen de la crisis de la democracia chilena y de las formas que hay para solucionarlos.

¿Qué más se le puede pedir al gobierno en materia de reformas políticas? De hecho, en materia de reformas políticas hicieron los cambios y aprobaron las leyes que plantearon desde el primer momento. Ni más, ni menos. Este gobierno no puede avanzar ni un centímetro más en reformas políticas. Ha tocado techo. Por ello, hay que evaluar lo prometido vs. lo cumplido; y punto. En esa dirección, por tanto, todavía tiene tiempo y espacio político para seguir avanzando en su agenda de reformas políticas; sobre todo, en lo referido al voto de los chilenos en el exterior y a partidos políticos —obviamente, no respecto a su financiamiento.

No se le puedo evaluar, por tanto, por no impulsar la reforma al binominal, la elección de los intendentes o una nueva Constitución. Simplemente, no están en su ADN. Estas reformas, por tanto, son el deber político de una coalición distinta.

Lo que, si podemos hacer, es criticar su diagnóstico y las forma de resolver la actual “crisis en la política”. En esa dirección, resulta evidente constatar que las reformas que ha impulsado son de bajo impacto porque no avanzan en la profundización democrática del país ni resuelven la crisis de “participación, legitimidad y representación” que nos invade.

Si bien, el énfasis —de las reformas— está puesto en la participación, vemos que han sido un rotundo fracaso. Al contrario, han terminado profundizado la crisis de participación. Me refiero, en rigor a lo que ocurrió con la inscripción automática y el voto voluntario y la alta abstención manifestada en las últimas municipales. La Ley respectiva, sólo evidencio la crisis. Los ciudadanos siguieron sin participar. Ahora, la Ley de primarias y la elección directa de los COREs tendrán su prueba de fuego en Noviembre. Sin embargo, ya podemos vislumbrar otro fracaso político-legislativo. La gente, seguirá sin participar y marcando distancia.

Se observa, por tanto, que las reformas que buscan “mejorar” la democracia chilena no van a dar solución al diagnóstico inicial. El gobierno, ha optado por reformas que se orientan a la participación. El problema y la debilidad es que han optado por la cantidad y no en la calidad; es decir, en más electores y no en la calidad de la institucionalidad. De hecho, la cantidad se vincula con la Inscripción automática y voto voluntario, el cambio de la fecha de la elección presidencial, el voto de los chilenos en el exterior, las primarias y los CORES. Con la calidad de la participación podemos ubicar a la iniciativa popular de ley y a los plebiscitos comunales.
En definitiva, el gobierno ha tratado de “revitalizar” la democracia chilena por medio de la participación centrada en la cantidad.

Entonces, ¿cómo se va resolver la crisis de participación, legitimidad y representación?

Para ello, hay que avanzar en reformas políticas duras de alto impacto. En esa dirección encontramos la Reforma Constitucional que garantice mínimos de bienestar, que termine con el rol subsidiario del Estado y recupere riquezas básicas; la reforma al binominal que termine con el empate perpetuo; la elección de los Intendentes y descentralización financiera para avanzar hacia una real descentralización política; el limite a la reelección de los parlamentarios que ponga fin a las oligarquías políticas, limitar el presidencialismo para entregar poder al parlamento —y a los representantes—, financiamiento de los partidos políticos y establecimiento de mecanismos para fortalecer la sociedad civil.

Sin embargo, todos estos cambios serán vacíos e inútiles si no hay avance en las actitudes, formas y estilos de los actores políticos. La clase política, debe entender, que la democracia no sólo se fortalece ni profundiza con reformas y cambios a la Ley. Junto a ellos, debe existir un tipo de relación política centrada en las personas, en la coherencia y en la confianza. En el último tiempo, se ha venido insistiendo en que hay que desterrar las “malas prácticas” de la política; ya que, con ellas se contribuye a su desprestigio. Lamentablemente, en la política se juega el rumbo de la historia; y eso, no puede quedar a la voluntad de las buenas costumbres.

Por ahora, el gobierno ya agotó su oferta y nada más tiene por hacer —ni ofrecer— en reformas políticas. Hoy, es la hora de generar las condiciones para avanzar y poder impulsar cambios que contribuyan a abrir una nueva fase de reformas políticas.]]></content:encoded>
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		<title>Las primarias como lubricante binominal</title>
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		<pubDate>Mon, 13 May 2013 12:02:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>González Llaguno</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[El debate presidencial y las primarias han puesto nuevamente en el debate político y público la cuestión del binominal. Nuevamente, una coyuntura electoral pone en evidencia la “perversidad” del sistema. Aún más, este adjetivo se ve reforzado cuando observamos lo sucedido en las últimas semanas en torno al fracaso  las primarias parlamentarias “legales”. En efecto, [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[El debate presidencial y las primarias han puesto nuevamente en el debate político y público la cuestión del binominal. Nuevamente, una coyuntura electoral pone en evidencia la “perversidad” del sistema. Aún más, este adjetivo se ve reforzado cuando observamos lo sucedido en las últimas semanas en torno al fracaso  las primarias parlamentarias “legales”.

En efecto, este hecho nos muestra que el binominal no sólo actúa al momento de contar los votos y definir la forma de elegir a los representantes, sino también en la instancia en que cada partido y/o coalición define sus candidatos. Doble trampa. Doble problema.

En un escenario de “crisis de participación” y de poca valoración de la actividad política, las primarias se han instalado en el debate público como la forma de solucionar una de las aristas de la actual “crisis en la política”. En ese contexto, han sido bien recibidas por la opinión pública y los medios. Es más, cada vez que los ciudadanos han sido convocados a participar —presidenciales anteriores, alcaldes e internas de la DC—, han respondido. Hay, por tanto, una demanda ciudadana y mediática por primarias.

Sin embargo, esta demanda entra en tensión con los partidos y sus lógicas de poder. Ello, no puede ser de otro modo. Los partidos son máquinas de poder que si bien deben tener sintonía con lo social, deben —al mismo tiempo— defender sus intereses y sus posiciones de poder. El fracaso de la realización de primarias “legales” hay que leerlo en esa lógica. No nos engañemos: 10 primarias es muy poco para 60 distritos, 10 circunscripciones y diez partidos.

En rigor, las primarias parlamentarias tienen como objetivo político hacer digerible —como un lubricante—, más competitivo y legítimo el binominal. Para eso y por eso, fueron creadas. De hecho, en un sistema proporcional la necesidad de realizar primarias parlamentarias no tiene ningún sentido; como, tampoco lo tiene para definir candidaturas al concejo municipal —concejales.

Luego, de más de veinte años de binominal ha llegado el momento de su transformación. Todos los candidatos y actores sociales y políticos están de acuerdo en que hay que hacer ajustes y/o cambios al sistema electoral vigente. La discusión, por tanto, va comenzar a girar en torno al  método electoral a implementar a mediano plazo –para las parlamentarias del 2017-.

El debate en torno al binominal ha mostrado avances en el sentido de que desde distintos sectores se ha comenzado a plantear “propuestas concretas”. Estas van desde un “mayoritario uninominal” hasta un “proporcional puro” pasando por un  “proporcional corregido-moderado”. Las opciones electorales ya están en la mesa.

Las posturas muestran que en la oposición la tesis que se impone es la de un “proporcional moderado”. A su vez, en el oficialismo domina la tesis de los sistemas mayoritarios —incluidos los presidenciables del sector. Sin embargo, en sectores se RN hay voces que se inclinan por un proporcional corregido que se plasma en el acuerdo de Enero del 2012 con la DC.

El candidato del gremialismo es partidario de un sistema uninominal. Sin embargo, tiene claridad de que es una tesis que si bien tiene defensores al interior del gremialismo, a nivel del país se trata de una postura minoritaria. Por ello, plantea que hay que avanzar hacia un sistema que genere estabilidad y moderación —virtudes de los mayoritarios— y aumente la representatividad —virtudes de los proporcionales—. En definitiva, un híbrido que se deberá definir —y consensuar— en la próxima legislatura.

Para el oficialismo, el uninominal no sólo tiene pocos defensores a nivel país, sino también es una muy mala fórmula para el sector. De hecho, al proyectar los resultados con esa mecánica —de convertir los votos en escaños— a lo largo de las elecciones realizadas desde le ’89, vemos que la derecha es derrotada de forma contundente y dramática. Sobre la bases de mantener los actuales distritos o circunscripciones y de reducir los diputados electos a 60 —uno por distrito— y los senadores a 19 —uno por circunscripción—, se observa la siguiente correlación de fuerzas:

En las parlamentarias de 1989 la Concertación obtendría 50 de los sesenta diputados. Si a ello, le agregamos la elección de Juan Pablo Letelier y Hosain Sabag el conglomerado sube su representación a 52. La Derecha, obtendría, por tanto, 8 Diputados. Un desastre. En el Senado, de los 19 senadores, la Concertación logra 18; la Derecha se queda con uno.

En las parlamentarias de 1993 la Concertación baja a 47 y la Derecha sube a 13. En el Senado de los nueve electos, la Derecha se queda con cuatro y la Concertación con cinco. Sin considerar los designados, la Derecha tendría 5 de 14 senadores. Otra derrota tremenda. En las parlamentarias de 1997 se consolida la tendencia; la Concertación baja a 37 y la Derecha sube a 21 en los Diputados. A nivel senatorial de los diez cupos en competencia la Derecha sólo se queda con uno. Luego, de los 19 senadores —en el marco del uninominal—, la Concertación tendría 14.

En las parlamentarias de 2001 hay una inflexión importante. Mientras la Concertación baja a 27 Diputados, la Derecha sube a 32. En el Senado, la Concertación seguiría contando con los 3/5 al tener 13 senadores. En el 2005 vuelven los resultados a favorecer a la Concertación al manifestarse cifras muy similares a las observadas en el ’89 y el ’93. De ese modo, mientras la Derecha baja a 12 diputados, la Concertación sube a 48. En el Senado, mantienen sus 13 asientos. Finalmente, en las parlamentarias del 2009, la relación de cupos es de 36 a 22 a favor de la Concertación. En el Senado, sus representantes bajarían a once.

En consecuencia, en un sistema uninominal la Derecha hubiese sufrido derrotas de gran magnitud. No nos engañemos: la reforma electoral se hace con calculadora en mano. Las convicciones democráticas son menos —y mucho menos— relevantes que los cálculos electorales. Por ello, la opción uninominal no tiene ninguna posibilidad de instalarse como sistema electoral en Chile. Van quedando, por tanto, sólo dos opciones de cambio: un tipo de proporcional o un ajuste al binominal.

Para el primer caso, las primarias no tienen sentido ni utilidad; pasarían, rápidamente al olvido y al baúl de los malos recuerdos. Para el segundo caso, podrían contribuir como una forma de aumentar la competencia y la representatividad en el contexto de un sistema electoral centrado en la gobernabilidad y en la política duopolica de rasgos moderados.

Las primarias, en definitiva, sólo han evidenciado que el binominal ha llegado a su fin. Las primarias han llegado tarde. Las primarias serán de corta vida. Las primarias serán un mal recuerdo. Las primarias, no deben reforzar el binominal. Las primarias, no deben hacer que se olvide el objetivo fundamental. El dispositivo de las primarias ha fracasado.]]></content:encoded>
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		<title>Bajar a Golborne y salvar el modelo</title>
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		<pubDate>Mon, 06 May 2013 11:56:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>González Llaguno</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La “operación Longueira” plantea muchas interrogantes. Sin embargo, hay dos que quiero abordar; ¿cuáles fueron las condiciones políticas que hicieron posible la “bajada” de Golborne? y ¿qué objetivos de poder hay detrás de esta operación? Las condiciones políticas que sustentan la “operación Longueira”. El “misil” que disparó Allamand no sólo destruyó la opción presidencial de [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[La “operación Longueira” plantea muchas interrogantes. Sin embargo, hay dos que quiero abordar; ¿cuáles fueron las condiciones políticas que hicieron posible la “bajada” de Golborne? y ¿qué objetivos de poder hay detrás de esta operación?

Las condiciones políticas que sustentan la “operación Longueira”. El “misil” que disparó Allamand no sólo destruyó la opción presidencial de Golborne, sino también la del gremialismo. Desde ese momento, la opción del hijo de Maipú pasó a ser “inviable”. El candidato había quedado mortalmente herido.

Hasta ese momento circulaba el diagnóstico de que Golborne se estaba desinflando. Había encuestas que mostraba la baja. La UDI estaba inquietaba. Lo que más le preocupaba, era que la “performance” de su candidato estaba dañando de manera importante su capital político y electoral; en definitiva, su peso parlamentario futuro.

Por ello, la “bajada” del ex Cencosud debe entenderse en dos dimensiones; en el corto y largo plazo. En efecto, en el corto plazo está el caso de los “abusos y de los paraísos fiscales” y en el largo plazo, una candidatura débil y sin liderazgo político que cada día perdía fuerza electoral.

Junto a la “debilidad estructural” de Golborne y al “misil Allamand” hay un tercer elemento que contribuye a configurar las condiciones socio-políticas que hacen posible la “operación Longueira”. Se trata, de que la coyuntura presidencial tiene como eje central del debate programático, político y electoral la cuestión del modelo. Lo que está en juego en esta coyuntura, por tanto, es el tipo de sociedad y de desarrollo que se va comenzar a construir.

Finalmente, a estos tres elementos se agrega uno más. Se trata, de que en el país se han generado condiciones políticas, electorales, económicas y sociales para impulsar una amplia agenda de transformaciones; que está orientada a desmantelar el neoliberalismo local.

Los objetivos de la “operación Longueira”. El escenario anterior no podía seguir. Había llegado el momento de cambiar los objetivos de una fase. El gremialismo no se podía hundir con el ex Cencosud. No sólo bastaba con bajar a Laurence; había, que controlar el partido y evitar que la directiva siguiera cometiendo errores. La “operación Longueira”, por tanto, no solo implica suceder a Golborne, sino también controlar e incidir en la directiva del partido. Melero, Novoa y Coloma también han quedado heridos.

He identificado cuatro objetivos políticos:

1. Fortalecer a la UDI y defender sus posiciones en el parlamento. Golborne estaba debilitando el área de influencia de la UDI y poniendo en riesgo su futuro político y parlamentario. Desde el “golpe blanco” que se ha dado al interior del gremialismo se comienza a recuperar la unidad, la mística, la capacidad de trabajo y el proyecto popular.

Longueira, tiene la misión de fortalecer la lista parlamentaria para evitar los doblajes potenciales que rondan en el ambiente, para no perder posiciones de poder frente a RN y peso en el Congreso. De hecho, en estas parlamentarias la UDI es el partido que más arriesga. De este modo, la mejor lista —sobre todo, a nivel senatorial— no debe estar sometida a los vaivenes de mayorías desconocidas y circunstanciales. Por ello, la primera decisión es no hacer primarias parlamentarias y ubicar las fichas donde sea más rentable. Longueira interpreta este hecho como una vuelta al “origen de la UDI”.

2. Defender el modelo. La fase que se abre desde la irrupción del malestar ciudadano es política e ideológica. Lo que está en juego son los principales enclaves económicos, políticos y simbólicos del neoliberalismo chileno. Los arquitectos del modelo, tienen la misión moral y política de defender la obra. La preocupación es evidente y razonable.

Nueva Constitución, Reforma Tributaria, nuevo Código Laboral, Descentralización político-espacial, educación de calidad, pública y gratuita, Nacionalización de recursos naturales —agua y litio—, AFP pública, fin a los abusos y deslegitimación del "lucro" son algunos de las dimensiones que ponen en jaque las bases del modelo.

3. Legitimarse como interlocutor del gremialismo y del sector ante la “agenda de la igualdad”. Las palabras de “buen vecino” que ha emitido en sus primeras entrevistas y discursos hacia la izquierda, hacia Bachelet y hacia la Concertación son señales que no sólo buscan reducir el enfrentamiento en la coyuntura presidencial, sino también generar condiciones políticas para negociar los cambios al modelo que se van a impulsar en la próxima administración ¿Con quién —de la futura oposición— va a articular consensos y acuerdos el gobierno de la “Nueva Mayoría”?

“Crecimiento/Progreso con inclusión” es el relato que se ha instalado, al menos, en el gremialismo. Lo afirmaba Golborne y hoy lo repite Longueira. Están dispuestos a que se instale y opere la agenda de la inclusión. Por tanto, la nueva fase debe fundarse en un nuevo pacto. Longueira, viene a jugar ese rol.

4. Generar condiciones para un segundo gobierno de la alianza. Este objetivo es complejo y contradictorio. Hay que entenderlo en dos planos; el primero, en que no se puede hacer pública la percepción de que la presidencial está perdida y que se buscan otros objetivos; menos aún, cuando no se han contado los votos. Y en segundo lugar, hay que competir y llegar a “cada rincón de Chile” con el mensaje de que es bueno para el país que haya un segundo gobierno de la Alianza y que no se pierda la oportunidad histórica de alcanzar el desarrollo.

De este modo, Longueira no sólo viene a fortalecer el rol político del gremialismo a corto y largo plazo, sino también a potenciar la opción presidencial del oficialismo como una forma de lograr su objetivo principal.

Pero, en ese tránsito la derecha ha ganado en tonelaje político; pero, ha perdido en votos, en credibilidad y en confianza. Igual que los otros aspirantes al gobierno, comienzan a mirar en el horizonte el 2018.]]></content:encoded>
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		<title>¿Qué busca Longueira?</title>
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		<pubDate>Thu, 02 May 2013 12:09:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>González Llaguno</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Han pasado las horas y las decisiones del gremialismo han sido tomadas. Como siempre la realidad termina superando la imaginación, lo razonable y lo deseable. La coyuntura que se abre luego del golpe de “guante rojo” que Allamand le propició a la candidatura de Golborne ha sido compleja no sólo por el contexto y los [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Han pasado las horas y las decisiones del gremialismo han sido tomadas. Como siempre la realidad termina superando la imaginación, lo razonable y lo deseable. La coyuntura que se abre luego del golpe de “guante rojo” que Allamand le propició a la candidatura de Golborne ha sido compleja no sólo por el contexto y los tiempos en los que deben decidir, sino también porque la decisión tiene efectos de poder de suma relevancia para el futuro del oficialismo.

En efecto, el buen o mal terminó de la gestión Piñera, las probabilidades de la sucesión, las dinámicas que va asumir la campaña presidencial, las relaciones entre UDI-RN, el futuro de la lista parlamentaria y el peso político de la UDI, son los aspectos más significativos que se van re-definir a partir de la decisión que el gremialismo ha tomado en torno a Golborne y a la primaria.

La UDI debió tomar tres decisiones: seguir participando en la campaña presidencial con un representante, definir el candidato y elegir el mecanismo. La primera interrogante fue rápidamente resuelta: la UDI seguía en carrera. Luego, debían definir si siguen con Golborne o levantan otro presidenciable. Presionados por la coyuntura y los tiempos tomaron la decisión de “bajar” al ex Cencosud: le dieron “las gracias” y se fue.

A los minutos llegó Longueira; la nueva carta presidencial del partido. Se iba el que “abusaba de los consumidores” y llegaba el que defendía a los consumidores. Se iba el presidenciable de la “nueva política” y llegaba en pleno la “vieja política”.

Este hecho, vino a ratificar el secreto a voces que circulaba en los pasillos del poder: Golborne está desinflado. Por ello, la “bajada” del ex Cencosud debe entenderse en dos dimensiones; en el corto y largo plazo. En efecto, en el corto plazo está el caso de los “abusos y de los paraísos fiscales” y en el largo plazo, una candidatura debilitada, sin peso ni liderazgo político que cada día perdía fuerza electoral.

Era evidente que la “opción Golborne” estaba dañando el posicionamiento del gremialismo y poniendo en riesgo su peso político durante los próximos años. Había que dar un golpe; y, no dudaron en hacerlo. De ese modo, el ex Cencosud recibía en un lapso de cinco días dos golpes mortales: el de Allamand y el de Longueira.

Longueira no sólo venía a fortalecer la campaña del gremialismo, sobre todo, su lista parlamentaria, sino también a “defender el modelo con ajustes” y evitar que Chile perdiera su “oportunidad histórica de alcanzar el desarrollo”.

Finalmente, deben resolver la tercera interrogante: ratificar o desahuciar el mecanismo de primarias. Luego de intensas horas de negociaciones el gremialismo ha definido competir con Longueira en el contexto de las primarias.

En un análisis anterior identifiqué cuatro escenarios que emergen luego del golpe que Allamand le da a la candidatura del gremialismo. Ellos son: que participen en primarias con Golborne, que participen en primarias con otro candidato, que vayan a la primera vuelta con el ex Cencosud y que vayan a primera vuelta sin Golborne. Ya sabemos, lo que han decido.

En rigor, cada escenario era y es complejo para la UDI. A la vez, cada uno de ellos tenía sus ventajas y desventajas. Todos eran probables. Obviamente, uno más que otros. Todo, finalmente, dependía de los objetivos que definían para la nueva fase. En pocas horas y en medio de una soterrada disputa interna, debían evaluar los riesgos de cada escenario.

Los dos escenarios que más probabilidades tenían de ocurrencia y que más rentaban al gremialismo consideraban la participación en las primarias con Golborne o con otro candidato. Lo relevante eran las primarias; es decir, el mecanismo y no el presidenciable. En efecto, la ratificación de las primarias era lo mejor para todos; para la UDI, para Allamand, para RN y para el gobierno y su agenda democrática. De ese modo, no sólo se reducían y acortaban —en tiempo— las tensiones de la competencia, sino también se generaban condiciones favorables para recomponer la unidad y fortalecer la lista parlamentaria del sector.

Del mismo modo, los dos escenarios menos probables y de menor rendimiento político y electoral para el oficialismo es el que consideraba competir en una primera vuelta ya sea con Golborne o con otro candidato.

Primer escenario. Competir en la primaria con Golborne. Como vimos, la primaria es la mejor opción para el oficialismo. Sin embargo, la piedra de tope para este escenario era la presencia de Golborne. El diagnóstico era contundente: ya “no era posible”. Entonces, surge un problema: ¿cómo bajarlo? y ¿cómo hacer lo impresentable, como algo presentable?; ¿cómo reducir los efectos negativos de esta operación?

No sólo hay voces en la UDI que estaban por seguir con Golborne y la primaria, sino también variables que aconsejan seguir con el ex Cencosud. Los elementos que fortalecían la opción de Golborne eran tres:

a. Golborne, ya tenían en marcha un relato y una forma de vincularse con la ciudadanía —lo que hasta ese momento era el proyecto presidencial del gremialismo ¿Qué le va decir la UDI a los ciudadanos y potenciales electores?; ¿van a cambiar el relato y la forma de contactarse con la gente?, ¿en qué queda el relato de la meritocracia?

b. Golborne, seguía siendo el más competitivo del sector. De hecho, el martes —a horas de su despedida— un diputado mencionaba que el fin de semana había hecho campaña y que la opción de Golborne no estaba dañada. En la misma dirección, Longueira afirmaba en La Moneda que “no soy el mejor candidato”. En efecto, aún herido, Golborne podía ganar la primaria. En efecto, el ex Jumbo seguía siendo competitivo en ese escenario. Si bien estaba debilitado, las encuestas le seguían siendo favorables. Lo negativo, era la tendencia. Surge la duda: ¿hay otro en la UDI que pueda ganar la primaria?

c. Mantener a Golborne —aun sabiendo, que era una candidatura débil y dañada— tenía que ver con un gesto humano, de lealtades y de compromisos. Con esta operación la UDI ha ratificado ser el partido más pragmático del país. Cuando Golborne tenía buenos rendimientos, su postulación era viable y competitiva. Cuando perdió fuerza y estaba en el suelo, sus “mentores” lo dejaron sólo, lo bajaron y le dieron las “gracias”. Esto me parecía y parece impresentable. Pero, esto es política .Veremos, en las próximas semanas los efectos negativos y no deseados que este hecho puede generarle al gremialismo.

Segundo escenario. Compiten en primera vuelta con Golborne. Este escenario no sólo era el más ineficiente y negativo desde el punto de vista electoral y político para la UDI y el oficialismo, sino también el de menos probabilidades de ocurrencia. Golborne, lo tenía claro y lo manifestó: no estaba dispuesto a ser candidato en una primera vuelta.

En este escenario no sólo se mantiene un candidato débil que prolonga la agonía —aun cuando haya ganado las primarias—, sino también se instalan tensiones desde todo flanco —desde la oposición y desde el propio Allamand.

Pero, en la coyuntura política de las grandes definiciones no se podía seguir sin liderazgo, peso ni experiencia política. No se podía prolongar la agonía. En un escenario con Golborne era mejor perder en la primaria.

Tercer escenario. Compiten en primaria con otro candidato. Este era un escenario tan probable como el que consideraba primarias con Golborne. Sin embargo, seguir con el ex Cencosud era muy complejo; “in viable” han dicho. Pero, poner en marcha esta operación tenía y tiene efectos negativos que pueden anular las ventajas que tiene cambiar al candidato. Luego de los cálculos respectivos, la UDI decidió bajar a Golborne y poner a Longueira.

La ventaja de este escenario es doble; confirma primaria y “revitaliza” la opción presidencial del gremialismo. La contradicción, es que este fortalecimiento no tiene que ver con ganar la presidencial. Con esta decisión han cambiado los objetivos políticos de la fase. En efecto, la estrategia de llegar a La Moneda con un gremialista —aunque, Golborne no lo sea— ha sido relegada al olvido. Las prioridades han cambiado.

Para la UDI, las probabilidades de ganar en este evento con Golborne son tan reales como con Longueira. La primaria oficialista está abierta. Si bien Longueira tiene alto rechazo ciudadano y baja intención de voto, es un candidato que “gana elecciones”. No se puede decir lo mismo de Allamand que ha perdido y ha sido subsidiado en términos electorales.

No obstante, el escenario cambia radicalmente para Longueira cuando se trata de la primera vuelta. En esta competencia aparece menos competitivo que Allamand. Por ello, Longueira ha llegado para fortalecer la lista parlamentaria del gremialismo, para defender el modelo y aumentar la influencia política de la UDI durante la gestión Bachelet.

Una de las desventajas de esta opción tiene que ver con los efectos negativos que genera la salida de Golborne a nivel externo e interno; es decir, con lo que pase a nivel de la opinión pública —la imagen que queda— y con la correlación de fuerza al interior del gremialismo y las heridas que se abren. Este flanco está abierto.

La vinculación de Longueira con el caso Censo puede debilitar el objetivo político de esta operación. Sin embargo, todo indica que no debería ser dañado mayormente. Es un flanco y un riesgo que lo tiene neutralizado.

Cuarto escenario. Compiten en la primera vuelta con otro candidato. Este escenario era el menos probable y el de menor rendimiento político-electoral para el oficialismo. Era malo para el gobierno, para Allamand y RN. Sin embargo, es el mejor escenario para el gremialismo.

La decisión del gremialismo ya la sabemos. La decisión que tomaron fue compleja, arriesgada, valiente y muy política. Para ello, ha debido combinar pragmatismo, “inteligencia política”, disciplina e instinto de sobrevivencia. Sin duda, ha sido una buena decisión. A medida que pasan las horas y Longueira comienza su relato y a mostrar su estilo se va ratificando el hecho de que la decisión que tomaron ha sido acertada.

Sin embargo, si la opción Golborne fue un error de principio a fin —o una “pérdida de tiempo” como casi dice Longueira en una entrevista—, ¿qué seguridad tienen hoy los gremialistas de que no siguen cometiendo errores?

Todo ha sido muy rápido. Todo ha sido producto del cálculo político. El factor sorpresa ha sido fundamental. No habrá paz hasta el 30 de Junio. La historia de esta coyuntura no se ha cerrado. El sector ha ganado en tonelaje político; pero, pierde en votos, credibilidad y confianza. La derecha se ha derechizado. La primaria ha terminado y ha ganado Allamand. Ahora, comienza la otra primaria; la primaria corta. Ha ganado la política y la campaña presidencial se ha politizado.]]></content:encoded>
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		<title>Allamand-Golborne: del &#8220;guante blanco&#8221; al &#8220;guante rojo&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Apr 2013 11:47:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>González Llaguno</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[La pugna Allamand-Golborne por el caso Cencosud ha sido entendida por distintos analistas y actores de las política como una coyuntura extremadamente compleja al punto que ha sido interpretada como un “misil”, como una “bomba de racimo” o como una “tormenta perfecta” que pone en jaque de manera definitiva y terminal la esperanza de ganar el gobierno en Noviembre y darle continuidad al proyecto de la centroderecha. Es más, se ha puesto en duda la realización de las primarias en el sector: ¿Qué escenarios se abren a partir de esta coyuntura?

La primaria oficialista ha transitado del “guante blanco” al “guante rojo”. Entre noviembre y marzo se vio una campaña insípida atrapada en la “lógica del buen vecino” que terminó por estancar ambas candidaturas. Al avanzar los días, el tono fue subiendo. Allamand pasó a la ofensiva y comenzó a golpear a Golborne; había comprendido que para ganar a Bachelet, tenía, en primer lugar, que ganar a Golborne.

En ese contexto, se inserta la tesis que empezó a circular hace un mes de que ambos candidatos estaban empatados. De ese modo, luego de largos meses Allamand había acortado las distancias. En efecto, encuestas internas del gobierno y del comando mostraban esta realidad. Y como siempre ocurre con el uso político de las encuestas, en la UDI también existían datos; que, no obstante, indicaban lo contrario. En ese contexto aparece la encuesta de la Universidad Diego Portales que mostraba por un lado que Golborne era más que Allamand en términos electorales y, por otro, que estaban empatados entre los “votantes seguros”. La competencia quedaba abierta. Golborne se desinflaba.

Sin embargo, como un fantasma empezó a circular la idea de que la candidatura de Golborne estaba agotada y que se estaba desinflando. Este hecho, refuerza la tesis de sectores de la UDI de que era mejor bajar al ex Cencosud y llevar un candidato del partido a la primera vuelta. No obstante, Melero, la directiva, el comando y los “coroneles” cierran filas en torno a Golborne.

En medio de esa coyuntura Allamand lanza un “misil” —un regalo de la Suprema— que abre una coyuntura que no sólo hace tambalear la opción Golborne, sino también tensionan las relaciones UDI-RN y complica al gobierno. Y, en definitiva, entierra la posibilidad de que el sector siga en La Moneda.

Allamand, dio el primer golpe. La justificación política y moral de su accionar se encuentra en el hecho de que el rol jugado por Golborne como Gerente de Cencosud pone una lapida a las aspiraciones presidenciales del sector. “Aquí nos jugamos la elección… no podemos contradecir lo que ha sido un sello del gobierno de Piñera y RN: la defensa del consumidor” ha dicho Allamand. La fundamentación de esta tesis se sustenta en el hecho de que el abuso a los consumidores por parte del capital es uno de los ejes de la campaña presidencial y que los electores —por lo demás, todos consumidores— van a dar su voto a quien mejor interprete el anhelo de generar condiciones de mayor igualdad en la relación capital-consumidores. Para Allamand, Golborne es parte del engranaje de los abusos y con su conducta no sólo ha abusado de los consumidores, también los ha legitimado: la Corte Suprema lo ha ratificado.

El daño político ya está hecho. La racionalidad de clase y la necesidad política no podrán cerrar la herida mortal que se le ha dado a la opción presidencial del oficialismo. Pero, deberán recomponer los compromisos. Por ahora, sólo queda salvar la recta final del gobierno y generar condiciones no sólo para obtener un buen rendimiento electoral de su lista parlamentaria —y evitar el desmantelamiento del neoliberalismo local—, sino también reducir lo más posible la derrota presidencial de noviembre.

Ahora, la pelota la tiene la UDI y sólo hay que esperar sus decisiones. En esa dirección, lo primero que deben resolver es si van o no a la primaria. La primera reacción del partido fue poner en duda su participación en el evento. Hablaron de plazos para decidir. Y ello, condicionado por el hecho de que el miércoles vence el plazo legal para inscribir candidaturas. La incertidumbre se instala cuando Golborne dice por un lado que su “compromiso con la primaria sigue vigente” y por otro que “las agresiones recibidas condicionan la realización de primarias… —y que—… no estamos dispuestos para que este clima prime en las primarias”.

La decisión que se tome en la UDI en torno a esta disyuntiva está estrechamente vinculada a la posibilidad de bajar a Golborne y poner a uno de los suyos a competir: Matthei y Longueira son los nombres que han circulado —desde enero—. Estas dos decisiones en el contexto de la coyuntura abren cuatro escenarios. Veamos cada uno.

Primer escenario. Van a la primaria con Golborne. Lo primero a despejar es si siguen o no apoyando al ex Cencosud. Si bien se especula que hay voces que piden otra alternativa y que es “mejor perder con uno de los suyos”, la probabilidad de bajar a Golborne son escasas.

Hace meses que la UDI se convenció de que Laurence es la mejor opción y el más competitivo. Tampoco hay tiempo para esa operación, ni valientes para sucederlo. La UDI lo ratifica y apoya. En esa dirección, Melero ha dicho que Golborne tiene “un absoluto y total apoyo… que ese apoyo no está en cuestión… y que es nuestro candidato”.

Queda, no obstante, dilucidar si van o no a la primaria. Cómo vimos, la duda la instalaron. En estos momentos deben estar evaluando en que escenario el partido y la UDI se fortalecen o debilitan más. Han dicho que entre 48 y 72 horas deberá estar resuelto el tema. La decisión tiene efectos múltiples. En efecto, no sólo el gobierno se verá salpicado, sino también la lista parlamentaria y la dinámica que va asumir la lucha presidencial en el oficialismo.

El gobierno. El Senador Navarro dijo en su momento que la ley de primarias estaba hecha a la medida para salvar la tensión Allamand-Golborne. En efecto, el gobierno se la jugó por las primarias no sólo por lo que menciona Navarro, sino también por el hecho de que dicha ley es uno de los ejes centrales de su agenda política que tiene por objetivo “rejuvenecer la democracia chilena”. El gobierno quedaría muy mal parado sin primaras oficialistas.

Es más, no sólo desde el gobierno se vienen escuchando —hace mucho tiempo— sobre las bondades del mecanismo, sino también muchos actores del sector lo han dicho y repetido en innumerables oportunidades. El propio Golborne tiene un amplio inventario de opiniones favorables a las primarias. Piñera quiere primarias. El gobierno necesita primarias.

Lista parlamentaria. El oficialismo podrá dar por perdida la presidencial; pero, lo que no puede hacer es darse el lujo de debilitar su peso legislativo. En términos parlamentarios el oficialismo tiene una estrategia defensiva. En efecto, no busca vencer a la lista opositora. Su objetivo es neutralizar la ofensiva de la oposición que busca doblajes y obtener los quórum necesarios para el programa de la inclusión y de no más abusos. El episodio Allamand-Golborne no es un cisma para el sector. El oficialismo necesita unidad parlamentaria.

Dinámica presidencial. Con primarias o sin primarias la carrera presidencial del oficialismo está dañada. La única manera de neutralizar el “guante rojo” es competir en la primaria. El daño ya está hecho y la herida ha sangrado. Si no hay primaria no hay ninguna razón para no seguir en esa dinámica —la del “guante rojo”— durante la competencia en la primera vuelta.

En ese escenario, la competencia ya no sería por ganar la primaria; ahora, deberán competir por salir segundo y pasar a segunda vuelta. Las probabilidades de crispar aún más la competencia político-electoral al interior del oficialismo son mayores en un escenario de primera vuelta. ¿Qué sentido tiene pacificar el sector, romper el pacto de la primaria y competir en una primera vuelta… y de paso debilitar su lista parlamentaria?

La decisión de seguir o no en la primaria, también está condicionada por el factor Bachelet. La pregunta que hay que hacer en esta perspectiva es por las probabilidades —altas o no— de que Bachelet gane en primera vuelta. Es más factible ese hecho ¿con una candidatura o con dos candidaturas?

La experiencia del sector dice que las dos veces que fueron en una lista —el ‘99 y el 2009— estuvieron a treinta mil votos de ganarle a Lagos y en la segunda ganaron la presidencial. Hay otro hecho que fortalece la opción por este escenario: que Golborne le gana a Allamand en la primaria. Justamente, un tema ampliamente debatido en las últimas semanas. Para Golborne, es más probable ganar la primaria que salir segundo en la primera vuelta.

Segundo escenario. Van a la primaria con otro candidato. Esta opción tiene muy bajas probabilidades de ocurrencia.

Tercer escenario. No van a la primaria y llegan a la primera vuelta con Golborne. Esta es la opción que se ha barajado en las últimas horas y que se debe dilucidar en los hechos en  pocas horas más. ¿Por qué la UDI pone en duda la realización de primarias?; ¿es tan grave y fundamental lo ocurrido como para romper un pacto?

El análisis anterior muestra que el oficialismo tiene más que ganar en un escenario de primaria, que en un escenario de primera vuelta. En esa perspectiva, es más probable y lógico que las tensiones aumenten entre ambos sectores.

Es más, Golborne en la competencia de una primera vuelta estará muy debilitado. Ya se instaló y posicionó en la opinión pública como haber participado de los “abusos contra los consumidores”. Del mismo modo, estará asociado a los paraísos fiscales y a no haber declarado sus platas. Los ciudadanos no consideran razones ni explicaciones. Las ideas ya se instalaron y posicionaron en la subjetividad de cada elector.

En ese escenario, Golborne recibirá no sólo de la oposición, sino también del propio Allamand. Su opción ha sido severamente dañada. Sentirse agredidos, no es suficiente razón para romper el compromiso con la primaria. Como tampoco, lo es la preocupación de Golborne de que Allamand y RN “no respetaran el resultado de la primaria?”

Cuarto escenario. No van a la primaria y llegan a la primera vuelta con otro candidato. Según el análisis de los otros escenarios identificados este es el menos probable.

La decisión la tiene la UDI. Y el dato que tiene para decidir, es que su candidatura ha sido dañada, ha perdido credibilidad y se ha ido debilitando. Ya, no “es posible”.]]></content:encoded>
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		<title>El modelo y las claves de la presidencial</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Apr 2013 11:14:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>González Llaguno</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El debate en torno al “modelo de desarrollo” vigente en el Chile de hoy es el eje central de las discusiones electorales de la coyuntura. Sus virtudes, sus beneficios, sus males, sus problemas, sus efectos y sus proyecciones se han convertido en las claves conceptuales, ideológicas y políticas para entender la dinámica no sólo presidencial, [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[El debate en torno al “modelo de desarrollo” vigente en el Chile de hoy es el eje central de las discusiones electorales de la coyuntura. Sus virtudes, sus beneficios, sus males, sus problemas, sus efectos y sus proyecciones se han convertido en las claves conceptuales, ideológicas y políticas para entender la dinámica no sólo presidencial, sino también de lo que va ocurrir en el próximo gobierno. Más modelo, menos modelo, tipo de modelo, otro modelo, etc, es lo que está en juego en la elección de noviembre.

El gobierno cívico-militar de Pinochet fue, sin duda, revolucionario. Curiosamente, la revolución no la hicieron los marxistas de la UP; al contrario, fueron las fuerzas conservadoras las que hicieron la “revolución en Chile”. No hubo revolución socialista ni comunista; hubo “revolución neoliberal”. No hubo dictadura de izquierda; hubo dictadura de derecha. Es más, no fueron las fuerzas populares lideradas por Allende las que asaltaron y tomaron el Estado por las armas y el miedo; fueron los herederos de la derecha actual los que jugaron ese rol.

Las fuerzas que tomaron el control de Estado transformaron Chile de manera revolucionaria. Su idea central era “refundar el país”; es decir, había que refundar el Estado, la política, la economía y la subjetividad. Era la gran oportunidad. Así, lo hicieron. De ese modo, por tanto, pusieron en marcha un modelo de sociedad que se regía por la lógica del capital y el mercado.

La “revolución neoliberal” se expresó en un modelo de desarrollo que no tuvo resistencia para su ejecución e implementación. Este hecho es relevante, por cuanto, da cuenta de que ese modelo no se construyó de manera colectiva ni deliberativa. De hecho, se construyó en una dictadura. Fue, por tanto, la imposición de un tipo de sociedad por parte de un grupo a otro grupo del país. Desde este punto de vista, el modelo en su conjunto no tiene legitimidad de origen. Más aún, hay que agregar el hecho de que esa puesta en marcha del modelo se hizo en el contexto y sobre la base de una intensa represión política. Doble ilegitimidad.

Un modelo que buscaba, en lo político, una democracia protegida y limitada, en lo cultural, una subjetividad conservadora y, en lo económico, la más plena liberalización de los mercados y los precios. Este modelo de desarrollo socio-político regía el país a principios de los noventa cuando la Concertación de Partidos por la Democracia asumió el gobierno. La emergencia y consolidación de la democracia abrió una fase en la que la construcción del tipo de sociedad que se quiere para Chile se comienza a realizar de manera colectiva y deliberativa; aun cuando, persistan los “enclaves autoritarios” que limitan y dificultaban la posibilidad de cambiar el modelo.

En el contexto del debate democrático, el modelo comienza lentamente —y en “la medida de lo posible”— a recibir presiones y demandas que ya no se pueden anular por medio de la violencia política. Este hecho, determina que el “modelo heredado” vaya acumulando fisuras y tensiones que irán generando condiciones para legitimar los ajustes que se le hicieron durante esos años. Sin duda, el modelo de marzo del noventa no es el mismo que el de marzo del 2010. En efecto, en el plano político hay avances democratizadores cuyo hito son las reformas constitucionales del 2005, en lo cultural la fuerza de los hechos se ha ido imponiendo una agenda valórica anti conservadora y en lo económico no sólo han aumentado las regulaciones, sino también se ha ido revalorizando el rol del Estado.

El gran cambio —en función del sistema de gobierno— fue el paso de un modelo que se construyó como imposición a un modelo que se construye y define desde la deliberación colectiva —aun cuando, existan limitaciones y demandas insatisfechas. Si bien, el modelo sufre alteraciones durante los años de la Concertación en lo sustancial, se ha mantenido inalterable. Su lógica de exclusión y de alta concentración ha generado en el tiempo altos niveles de desigualdad y descontento. En efecto, su énfasis en el crecimiento ha mostrado ser ineficiente para producir una sociedad más inclusiva que genere niveles aceptables de legitimidad política e institucional.

La movilización social-ciudadana del 2011 es, sin duda, el punto de inflexión en el modelo tal como se venía manifestando hasta ese momento. Desde esa coyuntura se generaron las condiciones para que las fuerzas opositoras —las sociales y las políticas— al gobierno de Piñera comenzaran a poner en jaque con fuerza y “sin miedo” la esencia y los pilares fundamentales del modelo que se había fundado en los albores de la dictadura pinochetista. Se abre, por tanto, desde el 2011 una fase socio-política que busca terminar con los “enclaves neoliberales”.

Este escenario se consolida durante el 2012 y se convierte en un eje fundamental y rector de la actual competencia electoral por La Moneda. En efecto, nueva Constitución, nacionalización de los recursos naturales —principalmente, agua y litio—,  nuevo código laboral, AFP estatal, aumento de las regulaciones a los mercados, educación y salud como derecho humano de rango constitucional, agenda valórica, fin al binominal, sistema proporcional, reforma tributaria, Estado protector, producción y desarrollo sustentable, etc, son las principales demandas que ponen en jaque el “modelo neoliberal” que se instaló en Chile hace cuatro décadas.

No más “ajustes” ya que hay que hacer “reformas estructurales profundas y de fondo”, es algo que inquieta a la derecha local. En efecto, el oficialismo reacciona con alarma y preocupación frente a estas demandas y presiones. La derrota en las municipales de Octubre, los relatos que circulan y los altos niveles de aprobación de Bachelet son los indicadores de que no sólo hay que defender la obra de Piñera, sino también el modelo. Por ello, ponen en marcha —de manera corporativa, disciplinada y cohesionada— estrategias que no sólo buscan defender el modelo —sobre la base de una apología optimista—, sino también proyectarlo como la mejor forma —“el mejor modelo”— para impulsar el desarrollo y reducir la pobreza. Los resultados económicos del gobierno, las crisis de los socialismos reales y hoy la crisis del Estado de bienestar son la mejor forma de mostrar las virtudes y bondades del modelo.

Pero, ha llegado el momento en que el “modelo” ha pasado al banquillo de los acusados. Por primera vez, en cuarenta años, el país asiste a un debate político y público en torno al tipo de sociedad que se quiere para Chile. Ha llegado el momento en que la sociedad y los ciudadanos de manera deliberativa en el contexto de una democracia deben definir el “tipo de desarrollo” que quieren para el país. El debate presidencial es la instancia para que cada actor ponga sus cartas en la mesa y diga qué “tipo de sociedad” quiere para el país.

El modelo ya no puede seguir siendo subsidiado por el poder y sus instituciones. En un principio fueron las armas; y luego, la necesidad de estabilizar la democracia y las comodidades de las élites lo que mantuvo inalterable sus lógicas de dominación, exclusión y abuso. Hoy, es el momento en que el país debate —en el contexto de la presidencial— sobre el “modelo de desarrollo” futuro para Chile. Llegó la hora de los ciudadanos y de los electores.

La democracia debe mostrar sus fuerzas y potencialidades al ser la instancia en la que se construye en un dialogo político y social el tipo de sociedad que sus habitantes y ciudadanos quieren para su país. En Chile, por tanto, el debate que se abre en torno al modelo tiene que ver con el tipo de capitalismo que se instalará en el país para los próximos veinte o treinta años. Este es, el dilema y el fondo que está detrás de los relatos presidenciales que compiten hoy por La Moneda. Igual que ayer, el “gatopardismo” se asoma.]]></content:encoded>
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		<title>Bachelet y el control de la agenda</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Apr 2013 11:06:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>González Llaguno</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El aterrizaje de Bachelet a fines de marzo y la aceptación de su candidatura abren otra fase en la lucha presidencial del país. En efecto, con este hecho se da inicio “formal” a la competencia por La Moneda. Sin embargo, la carrera ya estaba lanzada hace muchos meses. No obstante, el 27-M marca un antes [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[El aterrizaje de Bachelet a fines de marzo y la aceptación de su candidatura abren otra fase en la lucha presidencial del país. En efecto, con este hecho se da inicio “formal” a la competencia por La Moneda. Sin embargo, la carrera ya estaba lanzada hace muchos meses. No obstante, el 27-M marca un antes y un después en la dinámica presidencial del país.

En materia presidencial el “antes” está definido por seis elementos; por el lento y débil posicionamiento de las candidaturas del oficialismo, por los silencios de Bachelet, por el bajo perfil e influencia de los presidenciables opositores, por la conformación de los equipos de campaña y las definiciones estratégicas, por la puesta en escena de tenues relatos programáticos y por un incipiente debate político-presidencial entre los distintos candidatos.

A su vez, el “después” abre una nueva fase en la presidencial en la que estos seis elementos se han consolidado. En general, los nudos y los amarres de la campaña se han desatado. Los actores, sus equipos, sus estrategias y sus ideas fuerza están en acción. El tono sube. Las interpelaciones se intensifican y el debate comienza a dominar la agenda y los medios.

Sin embargo, en estas dos fases hay un hecho político dominante que no ha variado entre ambos momentos. En efecto, no sólo sigue vigente y determinando la coyuntura política del país, sino también amenaza —fuertemente— en consolidarse y terminar por decidir de manera anticipada el resultado presidencial de noviembre.

¿Cuál es este hecho político?

La respuesta se encuentra en que en ambas fases “el factor Bachelet” es el que impone las formas, los tiempos, los ritmos y los ejes de la agenda presidencial, política y mediática del país. En consecuencia, todo sigue girando en torno a lo que “Bachelet” diga o haga.

Es tan fuerte y dominante el “factor Bachelet” que no sólo controla la agenda presidencial, sino también la agenda política de todos los actores, incluido el gobierno. Los esfuerzos de este último por destacar hasta la saciedad sus logros económicos, el bono marzo, el proyecto para aumentar el salario mínimo, los ataques “corporativos” contra Bachelet y la inyección de recursos a la educación municipal, no han logrado opacar ni debilitar el “factor Bachelet”.

Los otros actores tampoco han despertado ni despegado. Golborne, habla poco, repite lo que dice la dupla Melero-Coloma y lo que plantea es rápidamente rechazado; Allamand, no ha podido instalar la campaña en el terreno de la razón y de la alta política; Orrego, vive atrapado en el “guante blanco”, en los buenos modales y en los compromisos políticos de su partido; Velasco, ¿a quién le importa lo que diga?; Gómez juega su propio partido y Parisi, Jocelyn-Holt y Claude no existen. Finalmente, ME-O ha perdido novedad y también termina doblegado ante el “embrujo” de la ex ONU. Sólo el debate en torno a la acusación constitucional contra Beyer ha podido —de modo breve— opacar la luz de Bachelet.

Antes de que aceptara —públicamente— la candidatura, todos especulaban en torno a ese hecho. El “hablemos en marzo” le puso fecha y certeza a la campaña: todos a esperar. Luego, pasamos al “cuando llega”. Y siguen las especulaciones. Llegó Marzo y aceptó la candidatura; La prensa se moviliza y los actores políticos se inquietan. Dijo “paso” y nuevamente todos caen a sus pies. Todo, gira en torno la “factor Bachelet”.

Vemos, por tanto, que su presencia no sólo es el elemento rector para el despliegue de los competidores, sino también el sentido de sus campañas. En este escenario la visibilidad política y la apuesta electoral de los postulantes dependen de modo directo de las polémicas, discusiones, enfrentamientos y referencias a Bachelet. Este hecho, por tanto, determina, condiciona y obliga a que cada candidato ponga en marcha estrategias defensivas que, en definitiva, se construyen en función del “factor Bachelet”.

Al contrario, “Michelle” construye relato y política presidencial no mirando “para atrás, para abajo ni para arriba”. Su mirada está puesta en los ciudadanos y en sus demandas. Su candidatura no se empantana en el “pasado ni en la coyuntura”.

Los distintos candidatos, que llevan muchos tiempo en la cancha, han puesto muchos temas en la agenda de la presidencial. En rigor, todas las problemáticas del país han formado parte del debate: energía, educación, Bolivia, temas valóricos, reformas políticas, etc. De hecho, cada uno tiene opinión y respuesta para cada temática. Sin embargo, no ha sido suficiente.

En ese camino, Bachelet empezó más tarde. No obstante, es sólo cuando la ex mandataria entra a escena que el debate presidencial adquiere “visibilidad real”. De hecho, a la fecha sus planteamientos programáticos han sido generales y carentes de profundidad técnica y sustento político. No obstante, no sólo han logrado la atención de los medios y la respuesta de sus contenedores, sino también un fuerte posicionamiento ciudadano.

Sus planteamientos políticos y programáticos han sido —a la fecha— “fin al lucro… reforma tributaria y nueva Constitución”. Tres ideas, que en pocos días no sólo han revolucionado el ambiente —todos responden, critican y dan sus recetas—, sino también han redefinido las prioridades de la agenda y del nuevo período presidencial.

Para la opinión pública se ha producido una fuerte asociación entre Bachelet y el “fin al lucro”. La misma relación se va generar con las otras temáticas; con las que están en la mesa y en las que se van a instalar en las próximas semanas. ¿Con quién está asociada la agenda de la igualdad?

Mientras los distintos candidatos miran a Bachelet para orientar sus relatos y acciones; la ex mandataria mira la demanda ciudadana y la hace suya. Aquí, está la potencia de su liderazgo: articular demanda y valoración. En efecto, la fuerza del “factor Bachelet” surge desde abajo: de ciudadanos que “la quieren” y de ciudadanos que demandan.

La próxima proclamación de su candidatura, sus primeras apariciones en los medios y los anuncios que se van a suceder en los días siguientes no sólo van a seguir opacando a sus competidores, sino también van a seguir mostrando que controla la agenda.]]></content:encoded>
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		<title>El &#8220;Bachelet Day&#8221; y los días que siguen&#8230;</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Apr 2013 11:02:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>González Llaguno</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Los actores involucrados deben entender que en semiología los silencios y los gestos hablan. Las cartas también. Desde que llegó han pasado 10 días y ha dicho hartas cosas. Aunque, muchos no lo quieran ver y/o les parezca insuficiente.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Llegó Marzo. Llegó Michelle. Empezó la campaña. Lo que ocurrió el miércoles 27 de Marzo cuando la ex mandataria llega a Chile se puede interpretar como el “Bachelet day”. En efecto, durante el día todos los actores estuvieron pendientes de sus acciones y de sus potenciales palabras. La ansiedad  empezó a invadir al oficialismo: había llegado el momento —largamente esperado— para comenzar a interpelar a la ex mandataria y de ese modo poner en marcha una estrategia política que tiene como objetivo comenzar a descontar la ventaja —medida en intención de voto— que la candidata tiene respecto a la dupla Allamand/Golborne. Ya habían anunciado que no se podía pelear con “un fantasma”.

La gran apuesta —y esperanza— del oficialismo es que “Michelle” no sólo baje a la contingencia de la política –“al lodo” dijo Lagos Weber—, sino también que comience a responder las preguntas sobre los aspectos oscuros de su administración. De ese modo, empezará —según los análisis del oficialismo— a bajar y ellos a subir. Es, por tanto, el último recurso que la derecha tiene no sólo para darle continuidad a su gestión de gobierno, sino también para poner freno a la “des-articulación del modelo” y la puesta en marcha de la “agenda de la igualdad” que como ella misma dijo “no basta con cuatro años”.

El oficialismo esperó mucho tiempo para este momento. La estrategia de “sacarla al pizarrón” por su “mal gobierno” —que se venía manifestando con mucha fuerza desde la debacle municipal y del cónclave del sector de principios de Noviembre—, se intensifica desde que se instala en Chile. A esta afirmación, se suman las críticas en torno a que un nuevo gobierno de Bachelet sería “malo para Chile… sería un retroceso… y/o una pesadilla”, que “gobernara con los mismos de siempre más el PC” y que no tiene programa ni un proyecto de país coherente.

El 27-M se esperó durante años. El “Bachelet day” marca un antes y un después en la competencia presidencial y en la dinámica política del país. Sin embargo, en ambas fases “Michelle” sigue imponiendo sus términos y marcando la agenda presidencial, política y mediática. Todo sigue girando en torno a sus tiempos; ella impone los ritmos, los momentos y los contenidos. En efecto, durante la semana siguiente a su llegada sus acciones, sus palabras y sus silencios siguen marcando la pauta política. ¿Hasta cuándo seguirá esta dinámica?

En el contexto de una política defensiva —que gira en torno al “factor Bachelet”— La Moneda tomó la decisión de entrar a la lucha electoral. La vocera de Gobierno asumió el rol de pegarle a la ex mandataria. De hecho, para eso fue llevada al gabinete. Desde antes de que Bachelet llagará a Chile comenzó con su misión. Posteriormente a su llegada continuó con su tarea. Luego, lo hará el propio Presidente.

Todos —oposición y oficialismo— la interpelan a que hable, a que responda las preguntas que se le hacen y a que se ponga a debatir. Todos están ansiosos, desesperados y frustrados. Sin duda, esto va ocurrir a medida en que la campaña avance. Sin embargo, el cuándo, el dónde y el cómo lo va definir el “factor Bachelet”.

Los actores involucrados deben entender que en semiología los silencios y los gestos hablan. Las cartas también. Desde que llegó han pasado 10 días y ha dicho hartas cosas. Aunque, muchos no lo quieran ver y/o les parezca insuficiente.

En el “Bachelet day” habló en la mañana y en la noche. A primera hora, en el aeropuerto, más que las palabras fue la escenografía lo relevante desde el punto de vista político. En efecto, sus palabras hablaban de su compromiso con Chile. Sin embargo, la presencia de mujeres, de alcaldes y concejales entregaba las primeras señales de lo que buscaba en esta segunda aventura presidencial: sello ciudadano y construcción del proyecto desde abajo. No faltaron de inmediato las voces que hablaban “que los partidos estaban escondidos, que su gobierno fue el más malo de la Concertación, que apenas fueron 50 personas a recibirla y que en su gobierno aumentó la pobreza”.

En la noche vino lo mejor del “Bachelet day”. Lo más relevante fue que aceptó —formalmente— su candidatura presidencial. Junto a ello, de manera muy simple se menciona que hay que hacer cambios profundos y estructurales al modelo de desarrollo en la perspectiva de la inclusión, que se necesita una nueva mayoría social y política, un nuevo pacto social y que el programa se construirá en el marco de un dialogo ciudadano. Parece que no dijo nada, porque todo esto ya se sabía. De hecho, son todas dimensiones y aspectos que se conocían y que se fueron consolidando a lo largo del año anterior.

No obstante, desde el punto de vista de las señales hay dos hechos relevantes. El primero, ya se había conocido en la mañana y apuntaba al diseño de “apertura ciudadana” que se le quiere imprimir, a la campaña, por lo menos, durante la primaria. Y el segundo, es el rol de estadista que va asumir durante las dos campañas. En efecto, “no permitir” preguntas de los periodistas y la forma de pararse ante un estrado para hablar-comunicar marcan la pauta de lo que viene. Esto implica, por tanto, no involucrarse en la coyuntura, hablar a los ciudadanos y pensar en el futuro.

Empezó Abril. Nuevamente en una comuna popular y en una reunión con organizaciones sociales vuelve a hacer un pronunciamiento que marca la agenda de toda la semana. En efecto, anuncia que pondrá “fin al lucro” y que ese será su primer proyecto de ley. Al mismo tiempo, menciona y hace un llamado que para ese objetivo es fundamental una mayoría parlamentaria. Como era de esperar el anuncio lo hace frente a un estrado y no acepta preguntas “de la prensa”.

Las reacciones no se hicieron esperar. La DC relativiza el anuncio y el oficialismo se asusta y hace más preguntas. La vocera de Gobierno, luego de interpelar al PC por su postura ante Bolivia y el rol de Tellier en la lucha militar en la dictadura, menciona que ella “habla y que no es muda”. El mismo día, Melero en el marco de un nuevo aniversario del asesinato de Jaime Guzmán afirma que en el gobierno de Bachelet “aumento la desigualdad, que se destruyeron empleos y que no se hizo nada contra los abusos… poniendo como ejemplo el caso La Polar”. Palabras similares se le escucharon a Allamand la noche anterior en un programa de televisión.

En ese esfuerzo colectivo y coordinado del oficialismo vuelve a la carga. Ahora, en la figura del Presidente. Cómo el mejor jefe de campaña menciona en una entrevista que ella debe responder por lo bueno y malo de su gobierno.

Al día siguiente presenta su comando y se repiten las señales. Por primera vez, acepta preguntas de la prensa. La primera se relaciona con la acusación constitucional contra el ministro Beyer. La respuesta de la ex mandataria se reduce a tres elementos; que la figura de la acusación es una facultad del parlamento, que esta contra el lucro y que las instituciones funcionen. Y luego, la guinda de la torta. En esa dirección, le preguntan por las palabras del Presidente: Su respuesta fue una sonrisa irónica y un “paso”. La risa —antes del “paso”— es, sin duda, un significante, que significa; pero, ¿qué comunica ese gesto?

La sorpresa y la incredulidad se apoderan —nuevamente— de los actores. Sin duda, nadie quedó indiferente. Las críticas continúan y la desesperación nubla la razón del oficialismo. El control que Bachelet tiene de la agenda se expresa —entre otros— en que en tono de broma Chadwick, Melero y Golborne juegan con el “paso”. El “paso” se convirtió rápidamente en un best seller y reventó las rede sociales. Algo similar ha ocurrido con la agenda de la “igualdad” y con la idea de ponerle “fin al lucro”. Y, ¿todavía siguen pensando que no habla?; y si no habla, ¿por qué todos hablan, de lo que no habla?

Al día siguiente y al terminar la semana “aparecen” los partidos con Andrade y Quintana a la cabeza. A la salida del evento se mencionan que se trato de un encuentro de “amigos”, que les encomendó algunas tareas como hacer todos los esfuerzos necesarios para lograr unidad parlamentaria y que la competencia por La Moneda será dura.

Sin embargo, hay un hecho que da cuenta de lo que se ha venido construyendo como estilo de liderazgo. En efecto, ambos presidentes de partidos se refieren a “Michelle” como Presidenta. No puede ser de otro modo; si se mueve y actúa como Presidenta. En este contexto, Melero se pregunta —con un rostro que denota preocupación— acerca de si Bachelet “quiere trato de Presidente… si, sólo es candidata”.

Desde que aterrizó Bachelet en Chile, para el oficialismo han sido días muy malos: Acusación constitucional, estancamiento en el apoyo ciudadano, baja credibilidad del Presidente, alza de los que se sienten en la oposición, movilización de los agricultores, paro de los portuarios, convocatoria para el 11 a una movilización estudiantil y consolidación del control de la agenda presidencial y política por parte de Bachelet. Un escenario, sin duda, complejo para el oficialismo y La Moneda. Una carrera cuesta arriba que tiene delante ocho largos meses. Un tiempo, sin duda, en el que se van a suceder muchas coyunturas y oportunidades para mejorar los rendimientos.

A no olvidar que los silencios y los gestos también comunican. Y tampoco, que la comunicación connota cuando domina la razón y denota cuando domina la emoción.]]></content:encoded>
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		<title>ME-O y la unidad opositora</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Mar 2013 11:11:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>González Llaguno</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[En un artículo anterior revisaba la historia pública de las negociaciones entre ME-O y la Concertación 2.0 que buscaba arribar a un acuerdo para enfrentar de modo unitario la presidencial de Noviembre. En esos cinco meses de intentos frustrados el resultado no ha sido positivo. Es más, parece alejarse la posibilidad.

En general se distinguen dos etapas. La primera comienza a principios de Noviembre y tiene como punto de partida establecer las bases de la negociación: Mientras la Concertación 2.0 exige a ME-O que participe en las primaras presidenciales, éste, a su vez, pide programa y primarias parlamentarias. Entre esa fecha y la primera semana de Febrero no hubo ningún tipo de acuerdo ni tampoco acercamiento de posiciones. No obstante, luego de la bilateral socialista-progresista surgía un primer movimiento: ME-O mostraba disposición a participar en la primaria opositora.

Este hecho abre una nueva fase en las negociaciones. Días después, la Concertación acuerda que todo candidato al parlamento que vaya en la lista unitaria de la oposición debe apoyar al candidato presidencial del sector. Vemos, por tanto, que el conglomerado movía su línea de negociación inicial. La fase –que podemos llamar de apertura- termina de modo brusco cuando antes de terminar la segunda semana de Marzo, ME-O da por muerto el dialogo; no obstante, afirma que sólo la intervención de Bachelet podría abrir de nuevo la puerta. Desde ese momento, surge una nueva etapa en este largo des-encuentro.

¿Por qué las negociaciones no han avanzado? La respuesta se encuentra en que se han desarrollado sobre dos variables complejas de resolver. La primera, se funda en el historial de descalificaciones entre ambos conglomerados, es decir, en el contexto de la desconfianza; y la segunda, en el cálculo político que hace cada conglomerado.

La desconfianza encuentra raíces desde el primer momento en que ME-O se va de la Concertación y del PS. El inventario de declaraciones que descalifica al adversario político es abundante y sabroso de ambos lados.

Lo complejo del asunto es que esta desconfianza se ve reforzada cuando hay que resolver los tres temas de la agenda: primaria presidencial, primaria parlamentaria y programa. Si de por sí, el acuerdo es complejo, lo es más, cuando se desarrolla en un escenario de alta desconfianza y descalificación. Cuando los interlocutores de una dialogo no se creen y tienen visiones distintas de la política y el desarrollo, ¿qué posibilidades existen hay de avanzar?

Luego de cinco meses las negociaciones han llegado a punto muerto. No obstante, cada bloque político tiene la necesidad estratégica de lograr algún tipo de acuerdo. Lo problemático es que la triada de la negociación está fuertemente imbricada. De hecho, ceder en un aspecto, implica fortalecer otro y así sucesivamente. La clave está, en ¿qué pierdo y que ganó en cada una de las tres dimensiones de la negociación?

Veamos lo que sucede en torno a la primaria opositora. La primaria presidencial emerge como lo más complejo de resolver. Sin embargo, es sólo una dificultad aparente. No obstante, es el eje de las negociaciones.

¿Por qué la Concertación 2.0 quiere que ME-O compita en la primaria? La respuesta se encuentra en que a) el bacheletismo quiere una campaña tranquila sin mayores tensiones ni conflictos, b) quieren ganar en primera vuelta, c) quieren evitar la tensión que implica endosar votos para la segunda vuelta –y no repetir el tibio apoyo de ME-O a Frei-, d) buscan reducir la incertidumbre del voto voluntario, e) pretenden potenciar la coalición, blindar la segunda administración Bachelet y la candidatura unitaria y f) generar condiciones de mayoría social y política para impulsar la agenda de la igualdad.

¿Por qué ME-O quiere convertir la primera vuelta presidencial en la gran primaria? Durante todos estos años ha mencionado que va competir en la primera vuelta y que dicha instancia es la gran primaria.  Las razones se encuentran en que a) el proyecto político de ME-O está marcado por el “camino propio” y la “alternativa” al duopolio, b) en que en ME-O hay vocación, deseo y voluntad de poder para transformar el Chile conservador y “clasista”, c) en la necesidad política de posicionar su relato y su partido a lo largo de Chile y d) en las tiene dudas que genera el tipo de primaria que se pondrá en marcha –es “trucha y de cartón” han dicho los progresistas-.

El acuerdo en materia presidencial entre ambos conglomerados se configura desde una negociación triple. Lo que se defina, por tanto, en relación a la participación o no de ME-O en la primaria presidencial de la oposición depende de un hecho y de dos aspiraciones. El hecho, es que si compite como alternativa al duopolio va salir tercero y va sacar menos votos que en el 2009. Y las aspiraciones son la institucionalización del partido por medio de obtener representación parlamentaria y poder influir sobre la “agenda de la igualdad”.

Es posible ¿competir como alternativa en primera vuelta y llegar a un acuerdo en materia parlamentaria y/o de programa con la oposición?; o ¿si no compite ME-O en la primaria presidencial, no hay acuerdo en otra materia?  Hay tres escenarios posibles:

1) la participación de MEO en la primaria opositora implica no sólo acuerdo parlamentario y programático, sino también asegurar asientos en el parlamento y tener influencia sobre la agenda;

2) la participación de MEO en la primera vuelta presidencial compitiendo como alternativa implica que no habrá ningún tipo acuerdo –parlamentario ni programático- en la Concertación 2.0 y los progresistas. En términos políticos este es el peor escenario para ambos conglomerados;

3) la participación de MEO en la primera vuelta presidencial compitiendo como alternativa es independiente de algún tipo de acuerdo parlamentario y programático.

Cada escenario genera efectos distintos sobre el rendimiento electoral y político de la oposición. Sin duda, que para el objetivo de impulsar un programa de “transformaciones inclusivas”, de generar la mayor cantidad de doblajes y de ganar la presidencial, el primer escenario es el más apropiado. Sin embargo, me parece muy viable el escenario número tres en el contexto del estado actual de las negociaciones.

Este último escenario se ve fortalecido por tres hechos: que ME-O ya dijo que no va pelear con Bachelet y que su “adversario es la derecha”, que el apoyo para la segunda vuelta será explícito, fuerte y rotundo –lo que debe ser parte del acuerdo- y que hay voluntad de competir como alternativa por parte de ME-O. A su vez, en este escenario la Concertación 2.0 no sólo verá alejarse la posibilidad de ganar en primera vuelta, sino también tendrá que hacer menos concesiones a los progresistas a nivel parlamentario y programático. Sin embargo, lo más relevante es que en este escenario se podrá configurar una lista parlamentaria unitaria que aumente las posibilidades de lograr la mayor cantidad de doblajes. Y a su vez, fortalecer el programa de la inclusión.

Y, ¿no será mejor políticamente a corto, mediano y largo plazo para ME-O participar de la primaria opositora?  Este hecho, sin duda le reporta mayores beneficios a mediano y largo plazo.

Surgen algunas preguntas: ¿a quién le quita votos ME-O en una primaria opositora?; ¿cómo se va expresar en esa primaria el mejor posicionamiento presidencial que tiene ME-O al ser la segunda mejor opción opositora?; ¿qué es mejor para ME-O: salir tercero en la primera vuelta o salir segundo en la primaria opositora?; ¿cómo se posiciona para el futuro político si sale segundo en la primaria?

Si los progresistas se definen como de “centro-izquierda” deben participar al interior de ese pacto y desde ahí competir por el electorado y el posicionamiento político y presidencial. ME-O debe pensar en el 2018: después de Bachelet, ¿quien asume el liderazgo presidencial de la izquierda progresista, de la oposición actual y/o de la Concertación 2.0: Lagos Weber, Girardi, Gómez, Tohá, Navarro, Velasco, otros?

El posicionamiento político, presidencial y electoral de ME-O depende de modo significativo de que su liderazgo avance hacia la “centro-izquierda” tradicional y salga de esta postura alternativa, minoritaria y de fuertes rasgos personalistas. Debe, sin duda, generar puentes y lazos de confianza y afecto con los sectores y partidos que en algún momento pueden apoyar y sustentar sus acciones políticas. Y para ello, es esencial logar algún tipo de acuerdo con la oposición. El problema político es que se necesitan; pero, la desconfianza entre ambos conglomerados se ha instalado con mucha fuerza.]]></content:encoded>
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		<title>Historia pública de un desencuentro: ME-O y la unidad opositora</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Mar 2013 10:56:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>González Llaguno</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[Desde finales del año pasado comenzaron algunos acercamientos entre los progresistas de ME-O y los sectores progresistas de la Concertación con el fin de explorar la posibilidad de avanzar hacia la unidad opositora. Sin embargo, no hay que olvidar que el llamado a esa la unidad comenzó desde los primeros días de la nueva administración. De hecho, los progresistas han mencionado durante los últimos meses que desde “hace dos o tres años vienen pidiendo conversar”. Por ello, las actuales tentativas unitarias tienen ya una historia.

En ese camino y en vísperas de las municipales de fines de octubre esos intentos se intensificaron. Una vez terminada la jornada electoral ME-O hace un llamado a la unidad opositora y la Concertación 2.0 hace lo propio. Sin embargo, cada conglomerado tiene una demanda distinta. Desde entonces lentamente se fueron sucediendo declaraciones y encuentros que luego de cuatro meses y medio —entre Noviembre del año pasado y mediados de Marzo— han llegado a punto muerto. Pero, hay avances. Y lo saben.

A principios de Noviembre ME-O hace un llamado a “todos los partidos políticos críticos con el actual sistema a levantar un acuerdo programático... y primarias abiertas y democráticas en senadores y diputados”. No obstante, insiste en que “el tiempo del diálogo ya se acabo”; y por tanto, en materia presidencial la primera vuelta es la primaria. La respuesta de la Concertación 2.0 no se hizo esperar. En efecto, Andrade y Walker invitan a los progresistas a participar en la primaria opositora —como organizadores y como competidores—.

A mediados de mes, ME-O manifiesta que no va concurrir a la invitación debido a que su demanda no ha sido bien recibida. En esa dirección, afirma que han respondido “que nada de eso ocurrirá. Por tanto, repetimos: la primera vuelta será una gran primaria… queremos un programa, primarias y respeto”. A fines de Noviembre, ME-O insiste en las tres condiciones: “Un programa de gobierno común, primarias parlamentarias y la disposición… de reunirse conmigo”.

En Diciembre este “diálogo de sordos” no trae novedades significativas; ME-O se junta con José Antonio Gómez y la Concertación 2.0 comienza formalmente a organizar las primarias de Junio. Cómo se esperaba MEO no asiste al encuentro e insiste en que la primaria será la primera vuelta. Andrade, replica señalando que "no sé cómo habría que hacerlo… hemos utilizado todos los medios posibles… hay partidos que han tenido bilaterales con él y las invitaciones las hemos hecho por todas las vías posibles, en forma directa, a través de terceros".

Las razones porque ME-O no asiste a la “invitación” son evidentes cuando afirma que “ellos no me invitaron a ninguna primaria parlamentaria ni al programa”. En efecto, la Concertación 2.0 ha hecho una invitación para la primaria presidencial y MEO ha planteado otro camino y afirmado que sólo lo han invitado a una “primaria trucha y de cartón”. En la misma dirección, el Secretario General del PRO —Camilo Lagos— se pregunta “¿a qué primarias nos invita Andrade o Walker?… Sin debate de ideas ni programa, sin extenderse a todos los distritos y circunscripciones, las seudo primarias que ofrece la Concertación no son sino primarias de cartón”. No obstante, ME-O dice —luego de la reunión con Gómez a mitad de mes— estar “dispuesto a conversar y a construir puentes”.

A terminar el mes, ME-O afirma que la Concertación se negó “de manera sistemática a debatir un programa de gobierno y a hacer primarias parlamentarias… ya es tarde para lograr un acuerdo… nos veremos en primera vuelta”. Finalmente, insiste en sus planteamientos políticos y estratégicos al afirmar que “quiero un acuerdo programático, pero ya no se pudo. No nos parecen aceptables los acuerdos por omisión que promueve el PC para las parlamentarias”.

Se observa, por tanto, que desde el primer momento surgen diferencias que no se han podido resolver. Mientras la Concertación pone el acento en la primaria opositora que conduce a una candidatura presidencial única, los progresistas lo hacen en el programa y en la primaria parlamentaria.

ME-O empezó el año con su buen posicionamiento presidencial en la CEP. De ese modo, se ratifica que es la segunda mejor opción opositora; no obstante, pierde con Golborne. Durante el mes de enero los progresistas comienzan a diseñar el programa, la lista parlamentaria y a posicionar sus ideas fuerza. Junto a ello, insisten en que la primaria será la primera vuelta presidencial y que no cree que la Concertación haga “primarias genuinas… y si las hay, serán de cartón”.

A su vez, la Concertación 2.0 decide —a mediados de mes y en el contexto de avanzar en el acuerdo parlamentario— que los candidatos de la oposición unida al Parlamento “deben” apoyar al candidato presidencial que surja del sector. Si bien, con esa condición se pone otra traba para avanzar en un pacto opositor, se abre la posibilidad de avanzar hacia una lista parlamentaria unida de la oposición. Sin embargo, para  los progresistas “esa condición es una extorsión, porque tenemos nuestro propio candidato presidencial que cuenta con un proyecto país”; ¿cómo un candidato del PRO en una lista unitaria va apoyar a Bachelet y no a Marco?

Febrero fue el mes más intenso. Comienza con la ratificación de que hay candidato presidencial, programa y lista parlamentaria. Durante la primera semana el intercambio de afirmaciones y contraafirmaciones entre MEO, los socialistas, la DC y los comunistas fue duro. Es una semana en que las desconfianzas aumentarán fuertemente de temperatura. Tellier afirmaba que MEO “miente a sabiendas de que no es así” y Chaín de la DC decía que “no se puede tener este doble estándar: que primarias parlamentarias sí, pero presidenciales no” y Orrego declaraba en la misma línea al decir que “en política se castiga el doble discurso y creo que Marco lo ha tenido ya en demasía”.

En ese cuadro de desconfianza MEO afirma “ya respondieron que no… —y pregunta e interpela— ¿por qué el PS no quiso reunirse con nosotros, por qué el PS no quiere tener un acuerdo programático, por qué la directiva de la DC no quiere primarias para todos los cargos?”.

No obstante, se agenda una bilateral entre el PS y los progresistas. El encuentro fue bien evaluado por ambas partes. En la reunión hay una novedad significativa: los progresistas se abren —por primera vez— a la posibilidad de ir a la primaria presidencial. Ello, no obstante, condicionado a una primaria parlamentara amplia. El mensaje enviado pedía “orden y programa. Si… todos los partidos están disponibles para una primaria parlamentaria y para todos los cargos, entonces conversamos programa y de ahí estamos disponibles para primaria para todos los cargos”. Pero, le pone freno a la proposición cuando advierte que no hay que confundirse porque “El PRO ya proclamó, hace cuatro meses, a Marco Enríquez-Ominami como candidato presidencial… Esa es la realidad en este momento”.

A la salida del encuentro, Andrade decía que “existe la común voluntad de hacerse parte de un proceso de construcción de oposición para derrotar a la derecha". En ese proceso quedaba conversar con la DC y los comunistas. Así, lo hacen saber cuando afirman que "si aclara la disposición de todos los partidos de la Concertación, en particular la DC, el PRSD y también el PC, para realizar primarias para todos los cargos, en base a un acuerdo programático, solicitamos formalmente conversar con su coalición”.

Los comunistas manifiestan disposición y afirman que “siempre han estado dispuestos a conversar… y que no se ha negado a primarias”. Con la DC, las relaciones son más tensas y complejas; no obstante, han manifestado la voluntad de conversar. El ex Alcalde —y hoy, candidato al Senado— Alberto Undurraga ha declarado que “la DC se debe reunir con todos aquellos que compartan la necesidad de renovar la política y el término de la desigualdad en Chile y Marco por cierto está en ello”.

Sin embargo, las conversaciones solicitadas para mediados de mes, por distintas situaciones, no se realizaron y se re-programan para Marzo; cuya fecha tope es el quince —para unos— y el 22 —para otros—. No obstante, luego de más de tres meses de conversaciones, invitaciones y declaraciones por la prensa, se producía un movimiento en las posiciones: los progresistas mostraban disposición a participar en la primaria presidencial opositora; y, a su vez, la Concertación mostraba disposición para armar una lista al parlamento unitaria.

En ese contexto, sólo faltaba entregar señales en torno al programa opositor.Termina el mes de Febrero con la ratificación de que los progresistas “están enfocados en un programa común con los ejes que hemos propuesto. Si eso sucede, estamos dispuestos a ir a primarias parlamentarias y presidenciales”.

A principios de Marzo manifiestan su molestia por lo que estiman una nueva maniobra del duopolio para mantenerla sus privilegios: “una vez más la Concertación y la Derecha se coluden para asegurar cupos en el Parlamento… al alterar la ley de primarias”, afirma un alto dirigente. En este contexto ratifica y usan –nuevamente- como una medida de presión el camino propio al reafirmar que “la única primaria que iremos es a aquella que limita la segunda reelección, que no establece vetos ni cupos asegurados y se fundamenta en un profundo programa de transformación social, económica y política para Chile”.

En concomitancia con esa molestia política, la segunda semana de Marzo la posibilidad de un acuerdo se cayó. De ese modo, los progresistas afirman que llegaron a la conclusión de que “no existe ninguna disposición para dialogar”. En esa línea, MEO declara que su “desafío es ganar la elección por la vía democrática… Debo decir que no les creo… Me cuesta relacionarme con esos dirigentes, porque los conocí desde adentro… Los vi actuando y no les creo”.

El hecho, no sólo causó extrañeza en Andrade, quien dijo sentirse “engañado”, sino también en Quintana del PPD, que siempre ha estado apoyando y estimulando las negociaciones con ME-O —al igual que el Senador Gómez—. En esta ocasión declaró que “MEO no puede seguir jugando a la niña bonita de la fiesta, no es el camino para alcanzar la unidad más amplia para derrotar a la derecha”. Lo mismo hace el Secretario General del PPD, Gonzalo Navarrete, al afirmar que “nunca hubo una voluntad real en que llegáramos a un acuerdo y creo que el PRO tenía decidido desde antes llegar a la primera vuelta”.

En lo aparente las negociaciones están estancadas en punto muerto. No es la primera vez que ocurre. A su vez, en lo latente siguen su curso silencioso motivadas por la necesidad política de ambos conglomerados. La historia va continuar. De hecho, los progresistas no han cerrado la puerta de manera definitiva —han hecho un alto táctico— ya que han llamado a una “discusión entre notables”: Bachelet y ME-O, cara a cara. Lo planteó, un alto dirigente progresista al decir que “si la candidata de la Concertación decide abrir un puente de diálogo, los progresistas estaremos abiertos. Y será nuestro candidato presidencial ME-O quien lo establezca”.

Ahora, surge una pregunta: ¿Por qué las negociaciones no han avanzado? La respuesta se encuentra en el contexto político en el que se han desarrollado las negociaciones. En esa dirección, las desconfianzas y el cálculo político-estratégico han conspirado contra la unidad opositora.

La salida de ME-O de la Concertación y del PS, su opción presidencial con un fuerte tono anti-Concertación y la consolidación del camino propio, generó muchas desconfianzas entre él y la élite concertacionista. Durante este período no se ha dado ninguna señal en sentido contrario. Los celos son mutuos.

En ese mar de dudas y descalificaciones se desarrollan las tentativas para negociar un acuerdo opositor: ¿cómo avanzar cuando de lado y lado se tratan de mentirosos o cuando unos se sienten “engañados” y otros no considerados?; ¿cómo van avanzar si no se escuchan ni sinceran posiciones?; ¿cómo avanzar si ME-O dice que “el problema no es Bachelet”… sino “sus asesores, voceros y presidentes de partido… los Escalona, Frei, Pizarro o Zaldívar… Walker, Andrade”?; ¿cómo avanzar si se afirma que MEO “no está actuando de buena fe”?; ¿cómo van avanzar si la historia –desde el primer día- está llena de descalificaciones?

La desconfianza está instalada. Lo complejo del asunto es que esta se ve reforzada cuando hay que resolver los tres temas esenciales de la agenda negociadora: programa, primaria presidencial y primaria parlamentaria. En esa negociación sólo la racionalidad —como cálculo instrumental— y la generosidad harán posible algún tipo de acuerdo.]]></content:encoded>
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