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	<title>El Mostrador &#187; Patricio Segura</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>La mentira como una herramienta de la política nacional</title>
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		<pubDate>Thu, 09 May 2013 10:00:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Segura</dc:creator>
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		<description><![CDATA[A mediados de marzo visitó el país el periodista Matt Waite, ocasión en que presentó el sitio PolitiFacts que, en sencillo, trabaja en confirmar la veracidad de las afirmaciones que realizan los políticos y, en general, los actores públicos estadounidenses. Llegó invitado por la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica y la Embajada de Estados [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[A mediados de marzo visitó el país el periodista <a href="http://journalism.unl.edu/cojmc/about/bios/waite.shtml" target="_blank">Matt Waite</a>, ocasión en que presentó el sitio </span><a style="font-size: 13px; line-height: 19px;" href="http://www.politifact.com/">PolitiFacts</a> que, en sencillo, trabaja en confirmar la veracidad de las afirmaciones que realizan los políticos y, en general, los actores públicos estadounidenses. Llegó invitado por la Escuela de Periodismo de la Universidad Católica y la Embajada de Estados Unidos, y durante su permanencia se reunió con profesionales de la prensa interesados en las herramientas y metodologías de investigación periodística.

En su exposición, llena de anécdotas sobre cómo lo que se dice públicamente se mueve entre lo contundentemente cierto, las verdades a medias y las mentiras obscenas, apuntó a un tema que es esencial: en una democracia las palabras importan. O, por lo menos, debieran importar.

Las primeras explicaciones sobre la bajada de Laurence Golborne de la carrera presidencial me han hecho meditar sobre lo señalado por Waite. Pero como ya no es posible “<em>componer con la ventana abierta</em>” (como humorísticamente dijeran por años Los Jaujarana), el columnista Jorge Navarrete <a href="http://diario.latercera.com/2013/05/05/01/contenido/opinion/11-136056-9-house-of-cards.shtml">meganó el quien vive</a> este fin de semana en La Tercera. Y es que <strong>hay algo en la política nacional que está colmando la paciencia</strong>. Algo que no está bien y, lo peor de todo, nos hemos acostumbrado a ello. Es la falsedad. A que nos mientan sin descaro nuestros representantes, en quienes hemos delegado la sensible misión de administrar el Estado, el bien común nacional.

Claro está que en el ejercicio del poder no puede existir la transparencia total. Como en cualquier pasaje de la vida personal, hay conversaciones, procesos que deben, en determinados momentos, quedar a buen recaudo porque podrían complicar el éxito de negociaciones sensibles. Eso lo entendemos incluso quienes abogamos (y utilizamos) las herramientas de transparencia pública que la legislación entrega a ciudadanos y periodistas.

Comprendemos también que la forma en que se comunica es esencial. Que muchas veces este aspecto es fundamental para cumplir de mejor manera los objetivos propuestos, donde una de las herramientas es elegir las mejores palabras pero también la transparencia, los canales de participación y de retroalimentación para cumplir, en el caso de la política, con las expectativas ciudadanas.

Pero una cosa es aceptar que no todo puede ser público en un momento específico y que se debe buscar la mejor forma para informar de tal o cual hecho o determinación, y una muy distinta es mentir. Mentirle a todo un país. Y, peor aún, que los ciudadanos lo aceptemos como adhiriendo a la máxima de que “<em>así es la política</em>”.

Es lo que ocurrió con la bajada del ex ministro de Minería.

Fue la propia dirigencia UDI la que en un primer lugar <a href="http://www.lanacion.cl/udi-se-da-plazo-de-48-horas-para-evaluar-ir-a-primarias-presidenciales/noticias/2013-04-27/101130.html">informó</a> que con la dinámica de confrontación que había instalado Andrés Allamand producto del caso Cencosud, se hacía difícil, prácticamente imposible, participar en primarias presidenciales. Y ese era el principal motivo por el cual se habría decidido llegar con Golborne directamente a la primera vuelta presidencial. En ningún momento explicitaron que su candidatura se hacía menos viable por la resolución de la Corte Suprema y sus cuentas en Islas Vírgenes. Menos aún que desde hace rato venían evaluando hacer un golpe de Estado interno (eso nunca ha complicado a los coroneles del partido) y desbancar a su abanderado.

Pero todo cambia cuando, ya concretada la operación San Lorenzo, el presidente del partido Patricio Melero reconoce que el principal factor que jugó contra la meteórica (rápida y fugaz) carrera presidencial de Golborne fueron sus <a href="http://www.latercera.com/noticia/politica/2013/05/674-521878-9-patricio-melero-si-tuvieramos-la-conviccion-de-que-golborne-era-mejor-candidato.shtml">menguadas posibilidades</a> de tener un buen desempeño electoral. Un cambio de discurso radical que siembra muchas dudas con relación al compromiso que el partido tiene con la verdad.

En la Concertación el panorama no mejora mucho. A todos los vientos en el comando de Michelle Bachelet <a href="http://radio.uchile.cl/noticias/206529/">han señalado</a> que no tienen injerencia alguna en la discusión de la definición parlamentaria de la Concertación+PC+IC, sino que tal depende exclusivamente y autónomamente de los partidos políticos. ¿Alguien realmente lo cree? ¿Alguien cree que no hay diálogo alguno en la materia entre Bachelet y los partidos políticos? Seguramente nadie.

Y así también ocurre en múltiples ocasiones cuando se escuchan las vocerías del gobierno. <a href="http://www.emol.com/noticias/nacional/2013/03/25/590197/vocera-y-llegada-de-bachelet-estoy-preocupada-del-partido-de-manana.html">Que no están preocupados por Bachelet</a>, <a href="http://www.24horas.cl/politica/gobierno-no-monitoreamos-a-golborne-y-allamand-380479">que no se preocupan por lo que hacen o dejan de hacer precandidatos presidencialesde su sector</a> y así suma y sigue. Y muchas veces la respuesta ha sido claramente falsa.

Hoy <strong>es preciso recuperar la responsabilidad cívica. </strong>Una civilidad donde las palabras sí importen. Y para ello, si no está en el ADN de la política nacional actual, somos los ciudadanos quienes debemos hacer que lo esté. Porque basar el debate público en un juego de mascaradas atenta contra el alma de toda sociedad.

<em><strong>(*) Texto publicado en<a href="http://www.elquintopoder.cl/"> El Quinto Poder.cl</a></strong></em>]]></content:encoded>
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		<title>Llegaron a cambiar la educación, pero su objetivo es la sociedad</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Apr 2013 11:10:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Segura</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Nos engañaron. Cuando iniciaron sus movilizaciones en 2011 nos dijeron que querían cambiar la educación.  Pero a poco andar, nos ha quedado claro que en el fondo lo que quieren transformar es Chile.  Modificar las bases mismas de nuestra sociedad.  Y debo reconocerlo, me siento gratamente embaucado. No se puede entender sino de esta forma [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Nos engañaron.

Cuando iniciaron sus movilizaciones en 2011 nos dijeron que querían cambiar la educación.  Pero a poco andar, nos ha quedado claro que en el fondo lo que quieren transformar es Chile.  Modificar las bases mismas de nuestra sociedad.  Y debo reconocerlo, me siento gratamente embaucado.

No se puede entender sino de esta forma cuando sus voceros explican que lo de educación gratuita y pública no tiene solo relación con modificar los criterios económicos de acceso a la educación en todos sus niveles, sino que unos de sus objetivos es también propender a que en una misma aula estudien el hijo del empresario y el del obrero, por decirlo maniqueamente en sencillo.  Si eso no es revolucionariamente justo (y necesario), no sé qué lo podría ser

Porque los cientos de miles de jóvenes secundarios y universitarios -e incluso de básica- que se han movilizado profusamente en estos últimos años han dejado en claro que es la educación el puntal de la transformación social.  Han dado cátedra (sí, ellos, los “pendejos”) de cómo cambiar un país convirtiendo lo que ayer parecía correcto en algo hoy falto de legitimidad.

Lo dijo un estudiante en una asamblea en Santiago.  Fue a fines de 2011, cuando muchos estaban cansados y no faltaban quienes cuestionaran el proceso por no ver logros concretos, medibles por el exitismo inmediatista.  “Pero si hemos tenido un gran triunfo” dijo claramente el anónimo líder interpelado.  “Hemos convertido lo normal en anormal.  Hoy lucrar con la educación es un estigma.  Esa batalla la ganamos” recuerdo que fueron sus palabras.  Es una nueva cultura, el primer paso para la mutación en todos los otros niveles: político, institucional, económico.

Tan evidente ha sido su triunfo que muchos de quienes ayer tuvieron el poder hoy se suman a la marea social.  Lo mismo ocurrió cuando inundaron Chile las movilizaciones contra la aprobación de HidroAysén.  Lucrar con los bienes sociales y naturales esenciales para vivir en dignidad cada día se hará más difícil.  Hacia allá se siente el caminar.

Concuerdo con quienes plantean que “No a HidroAysén”, “Patagonia sin Represas” y “Educación pública, gratuita y de calidad”, entre muchos otros clamores,  son simples eslóganes.  Pero solo en la boca de algunos interesados que los repiten.  Me explico.  El concepto “No al lucro en la educación” que en los estudiantes es un ideal político, en muchos candidatos presidenciales que no tuvieron la convicción suficiente en años pretéritos para luchar por él suena solo como una oportunista consigna electoral.

Es lo que ha ocurrido también en las semanas previas con motivo de la acusación constitucional contra el hoy ex ministro de Educación, Harald Beyer.

En el discurso oficialista es posible apreciar una tremenda contradicción al acusar a Bachelet de ser desleal con el malogrado secretario de Estado.  Todo por no interceder ante sus parlamentarios a favor suyo, en circunstancias que siempre argumentaron que este no debía ser un juicio político sino que jurídico.  ¿De qué forma podría una candidata a la presidencia convencer a los legisladores de su coalición si no es por la vía de la argumentación política?  ¿O consideran repentinamente a Michelle Bachelet una proeza en materias constitucionales? Interesado juego discursivo.

Pero más allá de este ejemplo de argumentación que sólo busca reafirmar posiciones, me detendré en el concepto de “falta de lealtad” de la ex Presidenta con Harald Beyer, histórico investigador del Centro de Estudios Públicos, think tank de la derecha liberal.  Dicen que no estuvo a la altura para apoyar a quien siempre habría estado disponible para “asesorarle” durante su mandato.  Un tipo magnánimo, considerando las cargas ideológicas divergentes (por lo menos en algunas materias).

¿Asesorar?  Buena forma para definir el involucramiento obligatorio de intelectuales de la centro derecha a grupos de trabajo en un gobierno de centro izquierda, producto del corsé institucional que significan el sistema binominal y las leyes de quórum calificado.

Harald Beyer nunca asesoró a Michelle Bachelet.  Su participación, así como muchos otros actores de tendencia económico liberal, en mesas de trabajo gubernamental fue forzosa.  De otra forma los ya sobre representados legisladores de RN y la UDI no habrían dado sus votos para cambios estructurales en materia educacional, que necesariamente pasan por modificaciones legales.  Esos que solo son posibles teniendo un apoyo superior a la simple mayoría, porque fueron bien amarrados en leyes orgánico constitucionales previo a la salida de Pinochet: enseñanza, minería, elecciones, partidos políticos, fuerzas armadas, etc.   Es decir,  como tienen derecho a veto para cambios de fondo, considerarían la propuesta solo si en esta participan algunos de los suyos (y eventualmente los neoliberales que hoy por hoy abundan en la Concertación).

Y eso, aquí y en cualquier lugar del mundo, no se llama asesoría.  Se conoce como chantaje.

<em><strong>(*) Texto publicado en <a href="http://www.elquintopoder.cl/">El Quinto Poder.cl</a></strong></em>]]></content:encoded>
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		<title>Los plebeyos ilustrados vs Golborne, Bachelet y el #recetariodelavin</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Apr 2013 11:22:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Segura</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Implacable estuvo la red social este domingo. El ciudadano virtual puso el ojo en dos aspirantes a La Moneda y un ministro, convirtiéndolos en víctimas de acoso colectivo a través de Twitter y Facebook, que son las plataformas preferidas por la plebe ilustrada que no sólo busca reírse de decires y actuares de cada mujer y [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Implacable estuvo la red social este domingo. El ciudadano virtual puso el ojo en dos aspirantes a La Moneda y un ministro, convirtiéndolos en víctimas de acoso colectivo a través de Twitter y Facebook, que son las plataformas preferidas por la plebe ilustrada que no sólo busca reírse de decires y actuares de cada mujer y hombre público. También reflexionar con sentido, haciendo su aporte a esa instrucción permanente que ya no es exclusiva de escuelas y universidades.

<strong>Primer acto.</strong>

En Chilevisión las miradas se posaron en Laurence Golborne, el hombre símbolo de la meritocracia, el maipucino que logró solo con su esfuerzo llegar a vivir a Las Condes. Aunque durante 30 minutos de entrevista en <a href="http://www.chilevision.cl/home/content/view/455353/2147/">Tolerancia Cero</a> el precandidato presidencial había despertado escaso interés en ese “<em>monstruo</em>” malas pulgas que se esconde en internet, la mecha se encendió rápido ante su esquiva respuesta sobre la valoración que hacía del gobierno de Pinochet (“<em>de luces y sombras</em>”). No satisfecho con sus palabras, Matías del Río lo acorraló en búsqueda de una definición que llegó con un nervioso “<em>balance negativo</em>”.

En escasos minutos se prendió el micro <em>blogging</em> con televidentes que pronosticaron una dura reunión del ex ministro de Obras Públicas con la nomenclatura UDI. No es poca cosa que sus palabras contradijeran la visión de la derecha dura y lo que hace algunos meses <a href="http://www.udi.cl/website/noticia.php?S=32&amp;C=31581">expresara</a> el presidente del partido que sustenta su campaña, Patricio Melero: <strong>“<em>Creo que la UDI nunca puede arrepentirse de haber formado parte del gobierno militar</em>”.</strong>

<strong>Segundo acto.</strong>

La <a href="http://cacheton.cl/entrevista-de-michelle-bachelet-en-frente-al-espejo">participación</a> de Michelle Bachelet en el espacio de TVN “Frente al espejo”, también tuvo resonancia. Particularmente su elusiva respuesta a la consulta sobre la posible despenalización del cultivo y consumo de marihuana durante su eventual administración. Sus tres <strong>“<em>no lo tengo en mi programa</em>”</strong> ante la insistencia de Julián Elfenbein activaron el <a href="https://twitter.com/search/realtime?q=%23nolotengo&amp;src=typd">humor ciudadano</a>, pero también la plausible desconfianza sobre la promesa de que realmente su programa de gobierno no será “<a href="http://www.emol.com/noticias/nacional/2013/03/27/590640/michelle-bachelet-encabeza-primera-actividad-publica-tras-regreso-a-chile.html">hecho entre cuatro paredes</a>” sino que se elaborará sobre la base de “<a href="http://www.emol.com/noticias/nacional/2013/03/27/590640/michelle-bachelet-encabeza-primera-actividad-publica-tras-regreso-a-chile.html">encuentros para que tenga el sello de la ciudadanía</a>”. <strong> ¿Que no lo tenga en su programa quiere decir que ya está listo y es inmutable?</strong> Y si es así, ¿de qué sirven los encuentros ciudadanos? Probablemente más de alguien solicitará en estos días que tal legítima duda cívica sea esclarecida.

<strong>Tercer acto.</strong>

Pero quien definitivamente se llevó los principales troleos fue el ministro de Desarrollo Social, Joaquín Lavín. Su idea de enseñar a comer <strong>“<em>rico, sano y barato</em>”</strong>con dos mil pesos a familias de escasos recursos (compuestas de 4 integrantes) no pasó inadvertida. La <a href="http://t.co/HVdz5maMdF">obra</a>, de 23 páginas y el singular nombre de “<em>recetas para ahorrar y saborear a la chilena</em>”, será distribuida a 10 mil familias de todo el país para orientarles en esa fundamental tarea que es parar la olla día a día.

Las críticas no se hicieron esperar. Más allá de las muestras de humor que es posible revisaren Twitter bajo el <em>hashtag</em> <a href="https://twitter.com/search/realtime?q=%23recetariodelavin&amp;src=typd">#recetariodelavin</a>, la iniciativa muestra la desorientación de cierta elite al momento de proponer alternativas para construir una sociedad más justa e integradora.

Cuando los estudiantes piden educación pública, gratuita y de calidad, la autoridad propone becas porque le permite evitar reconocer a la educación como un derecho. Cuando los trabajadores exigen un sueldo mínimo que les permita vivir en dignidad, el gobierno se las arregla para hacer que el aumento sea el menor posible. Cuando la sociedad plantea modificar la carga impositiva para financiar iniciativas de bien público, la derecha justifica su oposición con el argumento de que aumentará el desempleo.

En esta misma senda, el <a href="https://twitter.com/search/realtime?q=%23recetariodelavin&amp;src=typd">#recetariodelavin</a> se centra en cómo hacer que quienes han quedado a la vera del exitista modelo social que hemos construido se sientan felices en su precaria situación. En circunstancias que la discusión debiera ser cómo entre todos, a través de la redistribución de la riqueza (reforma tributaria) y del poder (reformas políticas), hacemos que no sea necesario explicar cómo una familia puede almorzar con dos mil pesos al día (falacia que no incluye el agua, el gas, el detergente, etc.).

No fueron pocos los que recordaron que para el cóctel de conmemoración de su tercer aniversario,el gobierno <a href="http://www.mercadopublico.cl/PurchaseOrder/Modules/PO/PDFReport.aspx?qs=mwDnvzRvpinT9TQ9KlvSjQ==">pagó</a> cerca de $ 30 millones para un estimado de 1500 personas, es decir, $ 20.000 por comensal.

Dicen que en política las casualidades no existen. Es así que llama la atención que en julio de 2012 se <a href="http://www.latercera.com/noticia/politica/2012/07/674-473872-9-presidente-pinera--de-ingresos-entre-el-10-mas-rico-y-el-10-mas-pobre.shtml">informara</a> que la encuesta Casen 2011 estableció que el 10 % más rico tenía ingresos 35 veces superiores al 10 % más pobre. Llama la atención porque el monto de $ 20.000 por persona para agasajar a los invitados de La Moneda el 11 de marzo de 2013, probablemente parte del segmento económicamente más privilegiado de Chile, <strong>es 40 veces superior al de $ 500 percápita del propuesto almuerzo ministerial.</strong>

<strong>Epílogo.</strong>

Es probable que uno de los sustentos para la generación de opinión pública crítica a partirde dichos e iniciativas de actores políticos multimediales sea el uso de las nuevas tecnologías. La posibilidad de buscar información efectiva al momento y discriminar por los temas de interés propio han permitido que exista un contingente importante de ciudadanos que ya no dependen de lo que digan los medios de comunicación dominantes, al tener herramientas propias para acceder al conocimiento. Esto se ve plasmado en la generación de corrientes de opinión que van más allá de lo que exprese o no la autoridad (o postulante a autoridad) de turno. Algo que siempre ha ocurrido, pero que hoy se ha masificado.

<strong>Nace así un plebeyo ilustrado</strong>. Aquél personaje que probablemente tiene un origen socioeconómico bajo o medio, y que está dispuesto a cambiar lo que le parece está mal en su sociedad. Mediante la movilización, pero también con el conocimiento. Porque es capaz de elaborar argumentos basados en información técnica y política, los que pone a disposición de sus pares, de quienes pretenden transitar el mismo camino.

Buen ejemplo de aquello son las <a href="http://www.chilevision.cl/home/content/view/455355/2147/">respuestas</a> de los voceros de la Confech Andrés Fielbaum (Universidad de Chile) y DiegoVela (Universidad Católica) al panel de Tolerancia Cero luego de la entrevistaa Golborne. Jóvenes que forman parte de esos ciudadanos que están dispuestos a entregar a la sociedad su esfuerzo para beneficio de las mayorías, para que obtengan una educación como la que ellos reciben, e incluso mejor. Porque entienden que acceder a ella debe ser un derecho y no un privilegio, como ocurre en la actualidad.

Buscando, en la práctica, que en las escuelas y universidades, así como en la red social, se formen los contingentes de plebeyos ilustrados de la posteridad.

<em><strong>(*) Texto publicado en <a href="http://www.elquintopoder.cl/">El Quinto Poder.cl</a></strong></em>

&nbsp;]]></content:encoded>
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		<title>Las fisuras del modelo de sociedad de mercado</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Mar 2013 10:53:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Segura</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Un concepto insistentemente usado por los promotores de la sociedad de mercado (distinta de la que, dentro de sus componentes, incorpora la economía de mercado) es considerar que uno de los principales motores de las personas es la generación de valor monetario. Que el crecimiento económico no sólo es necesario sino positivo en sí mismo. Y que [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Un concepto insistentemente usado por los promotores de la sociedad de mercado (distinta de la que, dentro de sus componentes, incorpora la economía de mercado) es considerar que uno de los principales motores de las personas es la generación de valor monetario. Que el crecimiento económico no sólo es necesario sino positivo en sí mismo. Y que en este, las inversiones productivas tienen un papel vital.

Este planteamiento alude a que las iniciativas privadas económicas de todo tipo (restringiendo para ello al máximo la acción del Estado) generan empleo y, por extensión, mayores recursos económicos para las personas, con los cuales pueden adquirir bienes y servicios que mejoran su calidad de vida.

Entre estos “<em>bienes y servicios</em>” no sólo incluyen los accesorios, sino algunos esenciales como la salud, la vivienda, la educación, el agua potable o la electricidad. Caso extremo es la “<em>previsión social</em>”, en Chile, planteada desde una mirada no solidaria, como lo establece el concepto puntal de las AFP, que es el de la “<em>capitalización individual</em>”.

Bajo esta premisa, cualquier inversión que cumpla con la legalidad, debiera materializarse. Así lo han dicho insistentemente los principales dirigentes del mundo empresarial, la mayoría de los representantes del gobierno y el oficialismo, más escapados actores de la oposición que se sienten bastante cómodos con el modelo de sociedad de mercado heredado de Pinochet.

Pero en esta tesis algo no cuaja.

Es lo de las “<em>compensaciones</em>” a las comunidades tan en boga en los últimos años, a raíz de las movilizaciones territoriales. Deber dar “<em>algo extra</em>” a las personas que viven en el ámbito de influencia un proyecto que cumple con la legislación vigente, suena extraño. Es dar más allá de los “<em>beneficios</em>” propios de cualquier inversión.

A nadie lo compensan por darle algo positivo. No me imagino a Putaendo pidiendo “<em>compensaciones</em>” e “<em>indemnizaciones</em>” porque alguien quisiera ampliar su escuela. O a Iquique por la idea de mejorar su hospital.

Esto lleva a reconocer que hay iniciativas productivas, <strong>que muy legales serán, pero que por el sólo hecho de implementarse son negativas para los territorios. Para su gente y sus ecosistemas.</strong>

En el caso de HidroAysén, por ejemplo, quienes se han pronunciado en la región a favor del proyecto lo hacen esencialmente por la esperanza de que se rebaje el costo de la electricidad. Algo que la propia empresa ha reconocido no puede asegurar, ya que no está en sus facultades hacerlo sino que depende de cambios legales, que pasan por acuerdos parlamentarios. Parlamento donde hay 120 diputados y 38 senadores (nunca está de más recordarlo) con sus respectivas comunidades con termoeléctricas, represas, mineras y todo tipo de iniciativas que nadie quiere cerca.

No conozco en la zona austral muchas personas que digan “<em>sí</em>” a las represas en la Patagonia (y a los miles de trabajadores externos que arribarían, con sus consecuentes impactos sociales y culturales) porque su sola materialización vaya a ser beneficiosa para nuestra zona.

La empresa ha tenido que recurrir a becas, aportes a emprendimientos productivos, financiamiento de campeonatos deportivos, culturales, de truco y un largo etcétera que debiera alertar al Servicio de Impuestos Internos para exigir a la sociedad de Endesa y Colbún que amplíe su giro actual, que es exclusivamente el de “<em>generación de energía</em>”.

Lo que hace HidroAysén en la práctica, es <a href="http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/10/19/compensaciones-%C2%BFse-puede-poner-precio-a-la-vulneracion-de-derechos/">pagar por vulnerar derechos</a>. Pero más de fondo: esto demuestra las fisuras del modelo del crecimiento a todo evento. Es decir: la economía no es el fin último de una sociedad.

Lo productivo no puede ser la medida de todas las cosas. Porque aunque hay ámbitos en los cuales algunos ven factible la vía de la “<em>compensación económica</em>”, hay otros donde no hay posibilidad alguna. Arraigo, identidad, derecho a la participación y a vivir en un medio ambiente no contaminado, por nombrar algunos pocos ejemplos, también forman parte de los objetivos vitales de muchas personas.

Y ahí es donde aparece una incómoda realidad. Porque estos “<em>insólitos</em>” fines en una sociedad de mercado, no son posibles de compensar con una bolsa de dinero.

<em><strong>(*) Texto publicado en <a href="http://www.elquintopoder.cl/">El Quinto Poder.cl</a></strong></em>]]></content:encoded>
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		<title>Ciudadanía y Corte Suprema: cuando la política fracasa</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jan 2013 11:17:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Segura</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En una nación democrática, es la ciudadanía vía mandato la que va conduciendo al país y son sus habitantes —mediante la conformación de mayorías— los que van construyendo el entramado político, legal e institucional que les rige, acorde con sus posiciones y necesidades. En una nación democrática, el principal mecanismo para recorrer este camino es [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[En una nación democrática, es la ciudadanía vía mandato la que va conduciendo al país y son sus habitantes —mediante la conformación de mayorías— los que van construyendo el entramado político, legal e institucional que les rige, acorde con sus posiciones y necesidades.

En una nación democrática, el principal mecanismo para recorrer este camino es la representación a través de mandatarios y la consulta directa mediante plebiscitos o referéndum.

Todo esto, en una nación plenamente democrática. Aspirable estado en el cual por cierto que hoy Chile no se encuentra.

Gracias al <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Sistema_binominal">sistema binominal</a> y a los <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Qu%C3%B3rum_Calificado">quórum supra mayoritarios</a> exigidos para cambiar la Constitución, un grupo minoritario (en votos, primero, y en representantes, después), tiene la posibilidad de vetar cualquier cambio estructural que permita modificar sustantivamente un sistema económico y social a todas luces injusto. Empíricamente injusto a la luz de todos los estudios serios que abordan la desigualdad en Chile.

Pero sería fácil responsabilizar de todo a la derecha, en especial a la UDI, a ese grupo minoritario agradado con el status quo. Fácil cuando la realidad demuestra que en el día a día muchos, demasiados a estas alturas, de quienes debieran ser los representantes del sentir ciudadano en el ámbito político en la práctica se mandan solos. En corta, legislan en contra de la gente.

Es cosa de evaluar la aprobación de la <a href="http://www.cnnchile.com/noticia/2012/11/29/senado-aprueba-ley-de-pesca-tras-intenso-debate-en-el-congreso">Ley de Pesca</a> o el <a href="http://www.latercera.com/noticia/politica/2012/10/674-487965-9-camila-vallejo-y-discusion-de-presupuesto-2013--el-conflicto-en-educacion-se-va.shtml">presupuesto para educación</a>, y la tramitación de iniciativas como la <a href="http://www.energiaciudadana.cl/documentos/llaman-a-senadores-a-rechazar-proyecto-de-carretera-electrica-publica">Carretera Eléctrica Pública</a> y la de <a href="http://www.elciudadano.cl/2012/10/08/58208/ojo-con-las-llamadas-leyes-hidroaysen/">Concesiones Eléctricas</a>, o el rechazo a la idea del legislar para <a href="http://www.latercera.com/noticia/politica/2013/01/674-505224-9-senado-rechaza-reponer-discusion-del-sistema-binominal-por-falta-de-quorum.shtml">modificar el sistema binominal</a>, para entender que la clase política no traslada al parlamento lo que la ciudadanía pide (en las calles, en asambleas o en las encuestas). O, mejor dicho, no es mandataria de quienes los elijen sino de otros intereses.  Patético es que los chilenos votemos por representantes y terminemos teniendo jefes.

Porque la lógica democrática señala que cuando los ciudadanos y ciudadanas toman una decisión sobre los grandes temas del país, debe ser la política, los políticos más estrictamente, la que se haga cargo de ese sentir y lo ponga en práctica tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo. Así se elaboran las leyes que nos rigen.

Y son esas leyes las que deben interpretar los tribunales de justicia, nuestros jueces, para aplicar en diferido el sentir de la nación.

Porque el derrotero lógico de una nación democrática es un pueblo que decide, unos políticos que legislan, unos tribunales que interpretan, una administración que pone en práctica.

Pero hoy por hoy, algo se ha quebrado. La política, tanto en el Legislativo como en el Ejecutivo, no se está haciendo cargo del sentir ciudadano, no está escuchando, y han debido ser los tribunales los que tomen algunas decisiones interpretando el anhelo de justicia de la ciudadanía, basados en ciertas brechas que la neoliberal Constitución de Pinochet dejó abiertas.

Así ha quedado demostrado emblemáticamente con los fallos sobre las termoeléctricas <a href="http://www.latercera.com/noticia/negocios/2012/08/655-480453-9-corte-suprema-rechaza-construccion-de-central-castilla-el-segundo-mayor-proyecto.shtml">Castilla</a> y <a href="http://diario.latercera.com/2012/06/17/01/contenido/pais/31-111661-9-corte-suprema-ordeno-someter-a-estudio-de-impacto-ambiental-a-bocamina-ii.shtml">Bocamina</a>, y la <a href="http://www.emol.com/noticias/economia/2012/05/11/540092/corte-suprema-paraliza-proyecto-hidroelectrico-rio-cuervo.html">represa río Cuervo</a>, y en los argumentos de minoría por <a href="http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2012/04/04/la-corte-suprema-rechaza-recursos-de-proteccion-contra-hidroaysen-y-da-luz-verde-a-ejecucion-del-megaproyecto/">HidroAysén</a>.

Lo que hoy ocurre no es normal en un estado democrático.  Porque en uno que se precie de tal, no deben ser los tribunales los que resuelvan controversias que son del ámbito de la política. Pero no de la que tenemos actualmente, exclusivamente partidizada y muchas veces bailando sólo al ritmo de quienes tienen el poder y el dinero (casi siempre los mismos), y totalmente clientelar, sino de la que incorpora el sentir del país en la toma de decisiones. A sus ciudadanos y sus organizaciones.

Mientras aquello no se entienda, seguiremos avanzando hacia una crisis de proporciones que, precisamente, es a la política a la cual le corresponder prevenir.

<em><strong>(*) Texto publicado en <a href="http://www.elquintopoder.cl/">El Quinto Poder.cl</a></strong></em>]]></content:encoded>
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		<title>La reflexión previa a los llamados a la unidad</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Jan 2013 08:50:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Segura</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Caminando cierta vez por las calles de Arica me topé con mi hermano y su esposa, una morena muchacha nacida en Oruro, en el oeste boliviano. Aporto el dato al ser mi cuñada la protagonista de este breve recuerdo. Ya alguna vez le había comentado a la amiga que en la ocasión me acompañaba sobre [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Caminando cierta vez por las calles de Arica me topé con mi hermano y su esposa, una morena muchacha nacida en Oruro, en el oeste boliviano. Aporto el dato al ser mi cuñada la protagonista de este breve recuerdo. Ya alguna vez le había comentado a la amiga que en la ocasión me acompañaba sobre el origen altiplánico de mi parienta política. Tras conversar con ellos unos momentos y, ya solos, me reconoció algo compungida mi compañera: “Tienes razón, Pato. Tu cuñada es bolivianita”. Me pilló desprevenido.

Y en tal condición le repliqué: “No es bolivianita, ella es boliviana, que es el gentilicio de quienes nacieron en Bolivia. No es un estigma ni una tara para que uses un diminutivo que suena a cariñosa lástima”. El centro de esta historia apunta a que la discriminación puede estar presente en los más pequeños detalles de nuestro actuar.

De ahí que sea necesario diferenciar entre la que opera inconscientemente, sin intención de violentar al otro (pero que en ocasiones sí lo hace) y la que proviene de un asumido y dirigido desprecio o desconsideración por grupos que nos son distintos. La responsabilidad social es combatir ambas.

La evocación nace de los últimos hechos ocurridos en la Araucanía.

La muerte en Vilcún de dos personas al incendiarse su vivienda, en un acto muy presumiblemente reivindicativo mapuche, ha develado el doble estándar de la elite para tratar los hechos de violencia. Sus medios ya hablan de “asesinato” de Werner Luchsinger y su esposa Vivianne MacKay, cuando todavía no concluye la investigación, y no se ha comprobado que la intención última de los autores haya sido esa y no una derivación del acto incendiario. También se ha abusado del concepto “adultos mayores”, posiblemente con el fin de cubrir de mayor gravedad el hecho y mayor criminalidad a sus perpetradores.

Desde la otra vereda, se echa mano a palabras como “latifundistas” o “terratenientes” y se contextualiza recordando que el matrimonio formaba parte de una familia que ha tenido una, por decirlo en suave, controversial relación con muchos miembros del pueblo mapuche, habitante original de esas tierras.

La reacción del gran empresariado, el gobierno, parte importante de los políticos de derecha y de los medios de comunicación dominantes no ha sido novedad. Han dirigido el coro que enfatiza que la solución es más represión. E incluso han aceptado e incentivado el ilegal (aunque quizás legítimo) paro y bloqueo de carreteras de los propietarios de camiones exigiendo el cese de la violencia, pero de sólo una de las partes que hoy se enfrentan en la Araucanía. De la contenida en la atávica discriminación, ni hablar.

Lo que está ocurriendo al sur del Bío-Bío a nadie debiera sorprender.

A nadie que tenga claridad sobre cómo funciona nuestro Chile de norte a sur y de este a oeste, y cómo piensa una parte de la población. De la que casi siempre ha tenido el poder. Tampoco debiera asombrar este artículo, que no dice nada nuevo sobre cómo otra parte delos chilenos y chilenas vemos la realidad.

Es en esta dimensión que el llamado del Presidente Sebastián Piñera en torno a la unidad contra “el terrorismo” y “los delincuentes” suena incompleto al no hacerse cargo de la integralidad real y simbólica de lo que representan las demandas, las acciones directas e incluso los hechos de violencia asociados a las reivindicaciones del pueblo mapuche. Es necesario que el despojo del que han sido permanentes víctimas sea parte integrante del discurso y del reflexionar general, particularmente de quienes gobiernan de facto el país. Y, luego de tal esencial paso, dar otros más que sean coherentes con ello: cambios constitucionales para reconocer la plurinacionalidad y multiculturalidad de Chile, respetar el Convenio 169 de la OIT sobre pueblos indígenas y tribales(que obliga a su consulta formal cuando el Estado toma decisiones que les afectan) y no abordar la crisis de la Araucanía como si se hubiera iniciado la madrugada del sábado 5 de enero con la muerte del connotado matrimonio y no con los asesinatos a manos de agentes del Estado (en chileno, de policías) de varios comuneros mapuche, las prolongadas huelgas de hambre de <em>lonkos</em> hoy encarcelados o las denuncias (y condenas) ante organismos internacionales por vulneración delos derechos de los pueblos originarios.

El llamado presidencial a la unidad no se hace cargo de las distintas miradas que tenemos en Chile para interpretar la realidad y la historia. No hablo de los últimos hechos de violencia, en los cuales sí podemos llegar a un consenso para cuestionarles mas no para comprenderles cuando uno los observa en su contexto.

Ejercicio este último no comparable con el que hacían ayer quienes hoy alzan la voz ante la violencia, exigiendo contextualizar el golpe de Pinochet y las violaciones a los derechos humanos “en los hechos previos ocurridos durante la Unidad Popular”. No asimilables, y en esto me guía más claramente aún la forma en que veo el mundo, porque los que se alzaron hace 40 años fueron los vencedores de siempre y quienes se rebelan hoy son los que han perdido en ya demasiadas oportunidades.

Y si me apuran un poco, podría decir que la raíz de lo que ocurre en la Araucanía lo vimos ayer en Freirina, un poco antes en Aysén y previamente en Punta Arenas. También lo divisamos en el movimiento estudiantil y en la lucha contra HidroAysén, entre muchas causas ciudadanas.

Y eso es la desigual distribución del poder (que permitirá a fin de cuentas redistribuir equidad, cargas socioambientales, derechos sociales, bienes comunes) que existe en el Chile oficial de hoy. Desigualdad enquistada en nuestra ilegítima e injusta constitución.

Cuando un sector del país que hasta ahora se ha negado a hacerlo quiera discutir sobre aquello, recién podremos comenzar un diálogo de verdad.

<em><strong>(*) Texto publicado en <a href="http://www.elquintopoder.cl/">El Quinto Poder.cl</a></strong></em>]]></content:encoded>
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		<title>HidroAysén: Lo que ningún puerta a puerta podrá cambiar</title>
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		<pubDate>Wed, 19 Dec 2012 11:00:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Segura</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Para quienes conocen el modus operandi de HidroAysén, no sorprendió la ofensiva regional y nacional que llevó adelante por casi un mes intentando demostrar que el proyecto “no está muerto”. Grandilocuentes declaraciones, presiones para que se aprueben las leyes de fast track de concesiones y de Carretera Eléctrica Públicas y puerta a puerta en las [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Para quienes conocen el modus operandi de HidroAysén, no sorprendió la ofensiva regional y nacional que llevó adelante por casi un mes intentando demostrar que el proyecto “no está muerto”.

Grandilocuentes declaraciones, presiones para que se aprueben las leyes de fast track de concesiones y de Carretera Eléctrica Públicas y puerta a puerta en las principales ciudades de Aysén ofreciendo algo que no depende exclusivamente de ellos: energía más barata.

Y que, por cierto, tiene la mayor vigencia del mundo, a pesar de la oposición general a la idea de construir 5 represas en la Patagonia (e instalar gigantescas torres de alta tensión por 2 mil kilómetros) para satisfacer la demanda futura de la gran minería del Sistema Interconectado Central.

No para que el estudiante encienda su computador ni para que el médico salve al paciente, como sus impulsores han expresado ya por mucho tiempo. Que este proyecto se justifica en las necesidades mineras, esencialmente privadas y trasnacionales, es algo que ya pocos discuten.

Pero aún así, es tan lucrativo el negocio que Endesa y Colbún se traen entre manos – se calculan en varios miles de millones de dólares anuales las utilidades, de llegar a ejecutarse – que se mueve casi por inercia. Como un verdadero Titanic que, a pesar de los anuncios de lo complejo de llegar a puerto, avanza con la orquesta pagada por los dueños tocando alegre música para los inadvertidos pasajeros.

No esperaríamos menos de los ejecutivos de HidroAysén. Es su pega y si alguien quiere que la medida del éxito de un futuro sustentable para Chile y la Patagonia sea una cadena nacional con Daniel Fernández flanqueado por Bernardo Larraín Matte y Jorge Rosenblut confirmando que “nos hemos desistido del proyecto HidroAysén, devolveremos los derechos de agua para el bien público de la región y el país, y, además, crearemos una fundación de protección y desarrollo sustentable de Aysén y la Patagonia”, la recomendación es que espere sentado.

Tales no son hoy ni han sido nunca los propósitos de este tipo de empresas. A pesar de tener claros fines de lucro, siempre se han planteado como organizaciones que sólo buscan la diversificación energética, el desarrollo sustentable de Aysén y aportar a la independencia eléctrica de Chile. Si yo fuera accionista de tales compañías ya habría despedido a sus ejecutivos por esos exclusivos y loables objetivos declarados.

Lo cierto es que es un negocio. Y aunque eso es legítimo no lo es cuando se intenta imponer a toda una región y a todo un país, como lo ha demostrado gran parte de los estudios que se han realizado hasta el momento. E imposición lo seguirá siendo, aunque el Comité de Ministros eventualmente lo apruebe en enero de este año, como ya lo vislumbra gran parte de los especialistas. Pero si hay algo que tenemos claro es que, aprovechando la circularidad de la frase, nada existe hasta que realmente existe.

Ese proyecto no será realidad por más papeles arreglados, lobby y autorizaciones que tenga, en un país donde se ha demostrado (no enumeraré aquí los casos, siendo la acreditación universitaria la última de ellos) que muchas de las instituciones funcionan al ritmo de quien pone la música.

En este caso, el dinero.

Porque quienes siempre viviremos en Aysén, siempre estaremos en esta tierra. Y siempre pensaremos que lo que pretenden los dueños de HidroAysén, Energía Austral y muchos otros que ven en la Patagonia, sólo una buena forma de hacer negocios sacrificando sus bienes comunes y su gente, no es un buen camino. Y, por tanto, siempre seremos oposición.

Eso es algo que ningún puerta a puerta podrá cambiar.

<em><strong>(*) Texto publicado en <a href="http://www.elquintopoder.cl/">El Quinto Poder.cl</a></strong></em>]]></content:encoded>
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		<title>Golborne, el excepcional hijo de la meritocracia</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Nov 2012 11:11:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Segura</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Como se ve, Laurence Golborne es una excepción que confirma que la regla no es precisamente lo que con él ha ocurrido. ¿Qué significa eso? ¿Que por generalidad los hijos de los obreros son menos inteligentes, están menos preparados para enfrentar los desafíos de la vida, que los de padres con mayores recursos?]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Este fin de semana, la Coalición por el Cambio, luego de los enroques ministeriales de principios de noviembre, comenzó el camino hacia la definición de su candidato presidencial. Andrés Allamand, por Renovación Nacional y portador de la tradición política de la derecha, versus Laurence Golborne, apoyado por la UDI e hijo del desapego ideológico de una clase media aspiracional. Se da así el puntapié inicial a una contienda que permitirá al conglomerado oficialista definir a su representante con miras a las presidenciales de 2013.

Como siempre ocurre en estas lides, hoy la derecha se balancea entre elegir a alguien que le augure un mejor desempeño electoral y alguien que sea epítome de su visión de sociedad. Es decir, entre un buen candidato y un buen presidente. El ideal uno con ambos atributos, pero no siempre se da el caso.

Es en este contexto que en los últimos días en la UDI han relevado una de las que consideran es la principal característica del héroe de la mina San José: su empatía con la gente. Para ello han recurrido a un concepto que hace mucho sentido en cierto Chile<em> winner</em> de hoy: la meritocracia. ”<em>Golborne es la figura que mejor representa al Chile de hoy, es de los que le ganaron a la vida con esfuerzo</em>“, “<em>representa a ese chileno de Maipú, del Instituto Nacional, representa la meritocracia, el éxito personal</em>“, <a href="http://www.latercera.com/noticia/politica/2012/11/674-493379-9-longueira-y-su-futuro-en-el-gabinete-si-es-util-que-deje-el-ministerio-para.shtml">ha señalado Pablo Longueira</a>.

Y así lo han repetido otros líderes de su partido. Lamentablemente para Golborne, los números de Chile no dan para hablar de meritocracia. Porque si él ha alcanzado el éxito en su vida (y si nos restringimos al sentido que se le da, exclusivamente de tipo material) tal situación no es una generalidad en nuestro país. Para entenderlo, recordaré un artículo que publicara hace un año en El Mostrador, “<em><a href="http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/11/11/el-poligono-chileno-de-la-inequidad/">El polígono chileno de la inequidad</a></em>”.

Dice el texto: En Chile la educación, principal motor de transformación de la sociedad, no cumple su rol, siendo principalmente reproductora de la desigualdad. Lo apunta el Decano de la Facultad de Educación de la Universidad Alberto Hurtado, Juan Eduardo García Huidobro. Explica que “<em>Chile tiene el triste récord de ser el país con la mayor segregación social en sus establecimientos educacionales, entre los 54 países que rindieron la prueba internacional PISA el 2006. Nuestro país exhibe una segregación de 52 puntos contra solo 9 de Finlandia, el país con el menor índice. Otros países latinoamericanos como Colombia y México anotan 40, Brasil y Argentina 39 y USA 26, la mitad que Chile</em>”. García Huidobro identifica dos responsables: el sistema de selección y el financiamiento compartido en la educación primaria y secundaria.

El mecanismo de ingreso que usan algunos establecimientos educacionales convierte el derecho universal a una buena educación en un premio sólo para algunos, que es la máxima que persiguen los denominados liceos de “excelencia”, instituidos por el gobierno para un selecto grupo de estudiantes con mejores calificaciones. Paradójicamente, quienes podrían acceder a tal privilegio serían esencialmente niños y jóvenes de familias con mayores ingresos. Según el estudio “<em>Umbrales sociales 2006: Propuesta para la futura política social</em>”, sólo 1 de cada 11 niños del quintil más pobre obtiene un puntaje de “<em>excelencia</em>” en la prueba Simce de cuarto básico en contraste con la demoledora cifra de los que provienen del quintil más pudiente: 1 de cada 2.5 alcanza tal logro. Y claro, los pobres se educan esencialmente en establecimientos públicos municipales, los pudientes en particulares pagados, con escasos mecanismos de integración entre ambos mundos.

Algo similar ocurre con el concepto del financiamiento compartido, donde una parte de los recursos económicos los invierte el Estado y otra las propias familias. Bajo este sistema, la selección a la que se someten los niños y jóvenes para estar con “<em>los de igual conocimiento</em>” —explicitada en el párrafo anterior— se trastoca por la posibilidad de pagar por educarse con “<em>los de igual poder adquisitivo</em>”. Como se ha demostrado, ambas variables están íntimamente ligadas, con lo cual el financiamiento compartido refuerza aún más un sistema desigual y segregacionista.

Las masivas movilizaciones estudiantiles de los últimos seis meses exigiendo educación de calidad y gratuita para todos han hecho a Chile despertar de tres décadas de un sueño. El de la meritocracia, ese ideal mediante el cual en una sociedad de mercado sólo los más capaces, los mejores, los “<em>excelentes</em>” en palabras del Presidente, ocuparían los cargos de decisión en el Estado. Algo que se supone ya estaría ocurriendo en el sector privado.

Pero tal anuncio es incumplible. Por lo menos en el Chile actual. El ascenso social por méritos propios anunciado hace tantos años no encaja en un país desigual como el nuestro ni mientras sigamos con el sistema actual de segregación social, económica y educativa. En este orden el polígono inicial es sólo un síntoma.

Recurro al párrafo de un artículo publicado hace ya 2 años: “<em>A medida que avanzan los pueblos en real igualdad de oportunidades se van produciendo cambios que permiten que los espacios de poder históricamente ocupados por los sectores dominantes sean conquistados por quienes hasta ese momento han vivido a la periferia de la toma de decisiones esenciales de una nación. Un ejemplo recurrente —y majadero— para dar cuenta del camino que aún debe recorrer Chile en su avance hacia ese tipo de sociedad es Alemania: en el país europeo un tercio de la élite intelectual, económica y política proviene del estrato alto, un tercio del medio y un tercio del bajo, en tanto que en Chile el 65 por ciento lo autogenera la propia élite, un 31 por ciento proviene de la clase media y un escaso tres por ciento de los estratos de menor nivel socioeconómico</em>”.

Estas cifras forman parte de las conclusiones del V Informe del PNUD en Chile: “El poder: ¿para qué y para quién?”, de 2004.

Hasta aquí lo publicado en El Mostrador.

Como se ve, Laurence Golborne es una excepción que confirma que la regla no es precisamente lo que con él ha ocurrido. ¿Qué significa eso? ¿Que por generalidad los hijos de los obreros son menos inteligentes, están menos preparados para enfrentar los desafíos de la vida, que los de padres con mayores recursos?

Por cierto que no. Ese es el Chile en el que cree la UDI, partido celador e impulsor de este modelo injusto y desigual. Es el país al cual el ex ministro de Obras Públicas se siente cercano. Ahora resta saber si Allamand comulga o no con esta mirada, pregunta que será uno de los temas de fondo que debiera salir al ruedo en esta naciente campaña presidencial.]]></content:encoded>
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		<title>Chile, país binominal</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Nov 2012 10:58:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Segura</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.elmostrador.cl/?p=318537</guid>
		<description><![CDATA[La vía institucional hace rato que hace agua y la paciencia se agota cada día más. Existe cansancio de que quienes no representan a la mayoría frenen, por convicción o comodidad, los cambios sustantivos del sistema institucional, muchos de ellos vetando el principal mecanismo para lograr la transformación que Chile requiere con urgencia: una asamblea constituyente para una nueva Constitución.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Hace un par de días escuché a un amigo decir que Chile es un país “binominal”. Que la concentración del poder es tal (duopolio comunicacional escrito, duopolio energético, etc.) que la regla de elección parlamentaria hoy rige a todo nivel y que son pocos los espacios no guiados por el binomio Concertación-Coalición por el Cambio, gracias al sistema instituido por la Constitución de Pinochet. La afirmación, a pesar de su extrema rotundez, cierto asidero tiene en la realidad.

Porque las características del peculiar sistema electoral chileno a nivel parlamentario —ideado para dar “estabilidad política” pero sacrificando en el camino el derecho de los chilenos a definir mayoritariamente nuestros legisladores— sí permean toda la institucionalidad gracias a un muy bien armado entramado legal.

Por ello hoy terminar con el binominal no es un simple empeño “politiquero”, como gusta decir a ciertos —paradojas de la vida— políticos profesionales de diestro origen, sino que tiene fuerte incidencia en nuestra vida cotidiana.

En nuestro país, con dos cupos por cada distrito (diputados) y circunscripción (senadores), el binominal permite y propende a que la primera mayoría obtenga un representante, mismo número que la primera minoría. ¿Por qué utilizo el concepto de primera minoría y no segunda mayoría? Simple, porque como bien señala el abogado de derechos humanos Roberto Garretón, este sistema “que no contempla ningún país democrático del mundo” provoca “un empate sólo entre las dos primeras mayorías, excluyendo a todas las demás fuerzas. La única fuerza que gana es la primera minoría (o segunda mayoría)”.

Esto causa que, aunque una lista obtenga los dos candidatos más votados, elegirá sólo uno si no logra doblar a la que le sigue. Es decir, si una alcanza el 65 % de los votos tendrá igual representación que la que llegue al 33 %.El efecto concreto de este tinglado electorero es que existe un sector del país (en concreto, hoy, la Coalición por el Cambio) sobrerrepresentado en el Parlamento. Y gracias a los quórum supra mayoritarios que la Constitución establece para su propia modificación y la de sus leyes interpretativas (no le basta la mayoría simple sino exige 2/3 o 3/5 de los miembros en ejercicio de ambas cámaras dependiendo del caso), quienes idearon el modelo político tienen poder de veto y hasta hoy han apostado a mantener el status quo de privilegios constitucionales que hace ya 30 años impusieron por la fuerza.

Seguramente no faltará quien diga que todo esto se aleja de la realidad cuando vemos que en concejales y alcaldes, y en las presidenciales, una mayoría de los electos pertenece a ambas coaliciones. Que esto demostraría que el binominal en nada incide en las preferencias de la gente que siempre, indefectiblemente, vuelve a la estabilidad y tranquilidad que le aseguran las dos coaliciones co-gobernantes. Y que eso demostraría que el sistema no es tan malo.

Tal análisis desconoce el verdadero poder que tiene el Congreso Nacional, porque los parlamentarios no sólo se dedican a elaborar las leyes que nos rigen, algo de por sí bastante importante. Cumplen una serie de funciones (oficiales y oficiosas) que van moldeando la sociedad en que vivimos.

Para entenderlo, un breve repaso cívico.

El Senado también participa en la designación de los ministros de la Corte Suprema, los miembros del directorio de TVN, los consejeros del Banco Central, el Fiscal Nacional y los miembros del Tribunal Constitucional. Quizás el caso más visible para la gente, pero no necesariamente el más importante, es el de los directivos de Televisión Nacional de Chile que, en la práctica, nos dicen qué ver (y qué no) en las pantallas de uno de los más influyentes medios del país.

Son los senadores quienes también entregan la ciudadanía por gracia a extranjeros ilustres, lo que explica habérsela concedido al empresario cercano a Paul Schäfer Horst Paulmann y negado al sacerdote de la población La Victoria y defensor de los perseguidos en dictadura, Pierre Dubois.

La Cámara, además tramitar las leyes, tiene dentro de sus principales atribuciones la de fiscalizar la labor del Ejecutivo, aprobar o rechazar los tratados internacionales y pronunciarse, cuando corresponda, sobre los Estados de excepción constitucional. Y aunque con sólo estas atribuciones bastaría para tener claridad sobre la importancia del Congreso y lo perjudicial para la vida nacional que su conformación no respete el sentir de la mayoría, hay queda un cabo suelto.

Es la función no escrita de los diputados y senadores en ejercicio y que apunta al peso que tienen en los otros procesos electorales, es decir, su apoyo a las candidaturas a concejal y alcalde, y Presidente de la República. El alto nivel (muchas veces discrecional) de recursos económicos y simbólicos que manejan los parlamentarios incide en las posibilidades de éxito de quienes compiten por escaños de representación popular y, aunque eso ha venido cambiando en el último tiempo, en la práctica (gracias a cierto clientelismo enquistado) no es lo mismo ser apoyado por un dirigente social cualquiera que por un diputado o mejor aún por un senador.

Por eso la importancia de reformar el sistema electoral parlamentario que nos tiene secuestrados por un sector minoritario que no permite realizar los cambios que Chile requiere y que, por tal motivo, ha seducido a muchos, demasiados, de quienes hoy están en la oposición que lo mejor es avanzar a paso de tortuga porque en el fondo el status quo no les molesta tanto.

Y también quitando otras trabas de entrada, como por ejemplo democratizando la operación de los partidos políticos y haciendo menos restrictiva su constitución ya que hoy para formar una colectividad regional se requiere como mínimo la confluencia de tres regiones contiguas.

La vía institucional hace rato que hace agua y la paciencia se agota cada día más. Existe cansancio de que quienes no representan a la mayoría frenen, por convicción o comodidad, los cambios sustantivos del sistema institucional, muchos de ellos vetando el principal mecanismo para lograr la transformación que Chile requiere con urgencia: una asamblea constituyente para una nueva Constitución.

¿Esperarán una crisis mayor para aceptar lo que la ciudadanía clama a gritos o accederán a realizar las modificaciones necesarias para evitar un desenlace que nadie busca? La respuesta que se dé a esta pregunta será el verdadero barómetro de nuestra pactada –y fraudulenta- estabilidad.

<em><strong>(*) Texto publicado en <a href="http://www.elquintopoder.cl/">El Quinto Poder.cl</a></strong></em>]]></content:encoded>
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		<title>Municipales en Providencia y Coyhaique, ¿el fracaso de la política?</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Oct 2012 11:03:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Patricio Segura</dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<strong>Elecciones en Providencia y Coyhaique: ¿Qué tan cierto es el fracaso de la política?</strong>

En ciertos círculos de alto vuelo intelectual se debate sobre qué significa, en la práctica, la irrupción de María Josefa Errázuriz como candidata competitiva para arrebatar definitivamente el cetro de alcalde de Providencia a quien por 16 años lo ha retenido con mano de hierro: Cristián Labbé.  Se escucha que, de lograr su objetivo, la dirigenta vecinal sería muestra del triunfo de lo ciudadano por sobre lo político. Que la elección de alguien con un origen partidariamente independiente y, por extensión, el rechazo a un actor parte de las máquinas partidistas de la derecha sería síntoma de que el desmarque de los partidos y la política es la vía que hoy deben seguir muchos candidatos para salir electos.

Esta conclusión, como en muchas otras situaciones, tiene algo de correcto. Pero también de errado.

Acertado, porque en el Chile de hoy cada día se ve con mayor nitidez que quienes tienen una marcada tendencia partidista pierden opciones entre ese amplio mundo (jóvenes especialmente incluidos, dicen los estudios) que recela de toda colectividad política. Más que por ideologías, por prácticas. Y más de unos que de otros.

<strong>Equivocado, porque si algo ha beneficiado a Josefa ha sido sacar el debate electoral del ámbito exclusivamente tecnocrático, de la gestión –aparentemente- carente de sentido sobre el tipo de sociedad que se pretende construir.</strong> Digo “aparentemente” porque tal manera de hacer también instala una forma de entender el gobierno local. La candidata ha llevado al coronel (r) al campo donde se comprende que la comuna es un espacio de construcción colectiva donde es importante, esencial, la visión que se tiene del mundo y del lugar que se quiere habitar. Donde es fundamental la mirada de sociedad de nuestros representantes. Y esto es, en concreto, política y no tecnocracia. En tal análisis concuerdo con Manuel Antonio Garretón.

<strong>Cuando Cristián Labbé comenzó a perder terreno a favor de su contendora fue precisamente cuando dio su opinión sobre temas políticos y <a href="http://firma.providencia.cl/dsign/cgi/main.exe/VerDocSDTree?IDDOC=735427" target="_blank">dejó de</a> promover cuántos vehículos adquirió, contratos de publicidad suscribió y rondas de patrullaje realizó.</strong> Aunque en estas acciones, no las únicas por cierto, también trasluce algo de su visión, su baja fue esencialmente concordante con su <a href="http://www.theclinic.cl/2011/11/17/coronel-labbe-por-homenaje-a-krasnoff-%C2%BFcual-es-la-idea-silenciar-al-que-piensa-diferente/" target="_blank">respaldo</a> al violador de derechos humanos Miguel Krassnoff, con su <a href="http://www.lasegunda.com/Noticias/Educacion/2012/04/737315/Alcalde-Providencia-Estamos-convencidos-que-la-decision-de-la-directora-y-del-cuerpo-docente-es-la-correcta" target="_blank">actitud</a> dictatorial contra los estudiantes del emblemático Liceo Carmela Carvajal que participaron en las movilizaciones de 2011 y con su <a href="http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2012/07/19/alcalde-labbe-si-quieren-cambiar-a-un-gerente-por-una-duena-de-casa-es-cosa-de-ellos/" target="_blank">infeliz frase</a> sobre Errázuriz: “<em>Esto es como en una empresa. Si quieren cambiar a un gerente que está haciendo las cosas bien por una dueña de casa, es cosa de ellos</em>”. Porque aunque Providencia es mayoritariamente de derecha, parece ser que no es tanto como se cree.

Es casualmente la última afirmación la que durante mucho tiempo se ha intentado instalar en nuestro Chile. Que en el caso de los municipios (algunos lo extienden incluso al Congreso y la Presidencia) da lo mismo qué piense el alcalde o el concejal, lo importante es que sea un “hacedor”, un “gerente”. Seguir la doctrina de Deng Xiaoping cuando incorporó elementos del capitalismo a la economía de la China socialista a partir de fines de los 70: “<em>Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones</em>”.  Es decir, que da lo mismo cómo piense el representante, qué tipo de sociedad construya con su gestión. Esto último es lo primero, lo segundo, accesorio

Quizás a algunos les dé lo mismo. A mí no.

Por eso, mi opción personal a la alcaldía de Coyhaique es Alejandro Huala. Porque su forma de pensar quedó plasmada en su <a href="http://radio.uchile.cl/noticias/155055/" target="_blank">participación</a> en el Movimiento Social por Aysén. En las <a href="http://www.eldivisadero.cl/noticias/?task=show&amp;id=26904" target="_blank">movilizaciones</a> de Patagonia sin represas. Y por su compromiso en elaborar una <a href="http://www.youtube.com/watch?v=YDBp38gT750" target="_blank">nueva Constitución</a> mediante un mecanismo realmente democrático y pleno de legitimidad social.

Lo mismo en concejales. Mi alternativa es la Lista C “El cambio por ti” donde Luis Alberto Gómez, Camila Campos, Miguel Hernández y Patricia Mansilla representan la construcción de una nueva comuna. Con valores a los que adhiero y adscribo, y a quienes he visto en múltiples ocasiones compartiendo en una asamblea, en la calle, en un taller, en esa pulsación de vida que está más allá de un indicador en la pantalla de un computador. Cubriendo de sentido social y ciudadano la administración.

Aspiro a que llegue el día en que cuando me pregunten qué alcalde y concejales conducen el municipio de mi comuna, me sienta orgulloso en decirlo. Y eso no es gestión. Eso es política de verdad.

<em><strong>(*) Texto publicado en <a href="http://www.elquintopoder.cl/">El Quinto Poder.cl</a></strong></em>]]></content:encoded>
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