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	<title>El Mostrador &#187; Pedro Santander</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>El Valle del Huasco: la última frontera</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Jun 2012 06:48:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Santander</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Valle de Huasco]]></category>

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		<description><![CDATA[El Valle del Huasco se encuentra en evidente peligro. A todo lo relatado, hay que sumar la planta de cerdos Agrosuper en Freirina (las más grande del mundo), la instalación en la costa de la Termoeléctrica Castilla (la más grande de América Latina),  la instalaciones de la Compañía Minera del Pacífico, CAP (la más grande de Chile), etc.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Algo más de 100 kilómetros separan al Valle del Huasco del Valle de Copiapó, en el Norte Chico chileno. A pesar de la relativa cercanía, la diferencia es radical: el Valle de Copiapó no tiene agua y el Valle del Huasco aún tiene.

Por supuesto que esto no siempre fue así. Cuando los españoles llegan a estas tierras, su primera toma de posesión ocurre justamente en el Valle de Copiapó, eligen el lugar debido a su caudaloso río y su frondosa vegetación. Gerónimo de Vivar, cronista acompañante de Pedro de Valdivia, describe así ese momento: "En jueves XXVI días del mes de octubre del año de nuestra salud de mil y quinientos quarenta, ante un escribano del rey y de representación real, el general tomó posesión en nombre de su majestad. Hizo las diligencias que en tal caso se requerían, diciendo en voz alta que emprendía y emprendió y tomaba y tomó posesión de aquel valle de Copiapó en nombre de su majestad”.

Esto ocurrió en el asentamiento de <em>Copayapu</em>, que en aymara significa vega verde (copa= verde; yapu= tierra cultivada). Hoy en cambio, el río de Copiapó simplemente no existe, se secó. Un poco más al norte, a la altura de Chañaral, existe otro valle que se extiende desde El Salvador, pasando por las localidades de Diego de Almagro y El Salado, hasta la costa. Lo mismo ocurrió allí: el Río del Salado, antaño lugar de veraneo y de pozas, se secó, dejó de existir. Al igual que el Río Copiapó, suma sus arenas a las piedras del desierto de Atacama, el más seco del mundo.

Las causas son siempre las mismas: la intervención del ser humano sobre las aguas de esos frágiles ecosistemas y, específicamente, el uso irracional y <em>ecocida</em> que la gran minería extractiva realiza del recurso hídrico.

El Valle del Huasco, cuyo Río del Huasco aún trae agua podría correr la misma suerte que han tenido los demás valles de la IIIª Región. En la actualidad ocho megaproyectos mineros se encuentran instalados en la zona cordillerana de ese valle. Entre ellos, el conocido proyecto Pascua Lama de Barrick, uno de los mayores yacimientos de oro del mundo, y también el mega proyecto minero El Morro, de cobre y oro .



Como suele ocurrir con la gran minería extractiva a cielo abierto, todas estas explotaciones se ubican en los sectores más altos de las cuencas hídricas o incluso —como en el caso de El Morro— en las nacientes de los ríos cordilleranos. El agua es el principal insumo en el proceso extractivo, y es obtenida de los ríos, arroyos y acuíferos cercanos a los proyectos, a razón de cientos o miles de litros por segundo.

Según estimaciones de la Dirección General de Aguas (DGA, 2008), el consumo de agua fresca por parte de las grandes compañías mineras, ascendió el 2006 a 12 mil 800 litros de agua (12.8 metros cúbicos) por segundo, lo que significa un consumos anual de 403, 6 millones de metros cúbicos.

Pascua Lama es un caso típico de estas irracionales cifras: se calcula que cada gramo de oro extraído de esa mina, requerirá remover 4 toneladas de roca (escombros), consumir ¡380! litros de agua; 43,6 KW/h de electricidad (en mi casa el mes pasado consumimos 92 KW/h), dos litros de petróleo, 1.1 kilos de explosivos y 850 gramos de cianuro (Machado y otros, 2011). Pero a las mineras el impacto que esto significa no les importa en absoluto, sólo les importa el oro. En efecto, Pascua Lama es ese tristemente famoso proyecto que, para extraer el oro con mayor comodidad, llegó a proponer el traslado de milenarios glaciares en camiones.

Otro megaproyecto transnacional que hoy se sitúa en la cabecera del Valle del Huasco es El Morro. En su Estudio de Impacto Ambiental (EIA) han señalado que usarán agua de mar desalinizada para su funcionamiento, transportada por kilómetros de tuberías, desde la costa a la cordillera. Esta “concesión” que la minera hace al medioambiente no debe llevar a engaño. Es lo mínimo que cualquier megaproyecto debiera hacer en los valles del norte. Es que, además, no hay alternativas, el recurso hídrico del Valle del Huasco está sometido a una presión y una extracción tan intensa que se agota paulatinamente. Son ocho los megaproyectos mineros que demandan agua para uso industrial, a lo que se debe sumar las grandes extensiones de parronales que lo recorren de este a oeste.

La mayor amenaza que la población de la parte alta del valle percibe respecto de El Morro, es el lugar donde, según el EIA, se ubicará el tranque de relave: en la naciente misma del Río Cazadero, uno de los ríos que alimentan el Río Huasco. Este tranque estará contenido por un muro de 230 metros de altura, ahí, sobre las cabezas de los habitantes del valle, se depositarán diariamente 296.100 toneladas de material estéril y 90.410 toneladas de relaves, los que durante catorce años de operación alcanzarán aproximadamente 450 millones de toneladas de desechos. Según el propio EIA, habrá daños en la cuenca de las quebradas Larga y Piuquenes, ambas tributarias de la cuenca del Río Cazadero, además de “afectación de recursos hídricos superficiales desviando el cauce original de las aguas no contactadas de la Quebrada Larga que no tuvieron contacto con elementos contaminantes, aguas que serán captadas y depositadas en piscinas colectoras; afectación de recursos hídricos subterráneos, perturbando la calidad de las aguas,”, etc.

Actualmente el proyecto El Morro está detenido. Una sentencia de la Corte de Apelaciones de Antofagasta, ratificada en abril de este año por la Corte Suprema obligó a suspender toda actividad y dejó sin efecto el EIA de la empresa. La razón: la empresa no respetó el Convenio 169 de la OIT que desde el año 2009 obliga en nuestro país a las empresas y al Estado a realizar procesos de consulta con las comunidades indígenas, siempre que un proyecto las afecte. Este recurso de protección había sido interpuesto por el Observatorio Ciudadano en representación de la comunidad indígena de los Huasco Altinos, la que nunca fue consultada en estos años por la minera. Por el contrario, la empresa trasnacional se había entendido con el Centro Cultural Diaguita, y desde ahí, promovido la (re)organización de comunidades diaguitas, visitándolas a menudo y sosteniendo —tal como consta en tribunales— que los Huasco Altinos serían campesinos y no indígenas. Sin embargo, la Conadi confirmó a la justicia chilena que en el Valle del Huasco “de acuerdo a la legislación actual, las personas indígenas titulares de derechos son los comuneros de la Estancia Los Huasco Altinos”. De este modo, todos los esfuerzos que en los últimos años hizo El Morro de reactivar, de acuerdo a su interés, una comunidad indígena no reconocida por la ley, para así no tener que consultar a otra que sí está reconocida (Los Huasco Altinos) y que se opone al proyecto, quedó invalidada.

El Valle del Huasco se encuentra en evidente peligro. A todo lo relatado, hay que sumar la planta de cerdos Agrosuper en Freirina (las más grande del mundo), la instalación en la costa de la Termoeléctrica Castilla (la más grande de América Latina),  la instalaciones de la Compañía Minera del Pacífico, CAP (la más grande de Chile), etc.

Todas estas empresas, además de las mineras y de los parronales, extraen el agua de ese modesto río, que en promedio no tiene un ancho superior a lo 6 metros, que es tan poco profundo que ningún adulto se podría ahogar ahí y cuyo caudal sinuoso y ondulante da vida a uno de los últimos valles del norte que sigue vivo.

Los valles del Norte Chico son zonas de transición entre el desierto atacameño característico del <em>Norte</em> Grande y los <em>valles</em> verdes de la zona central, sin embargo, como todos los que están más al norte del Valle del Huasco ya han quedado sin sus ríos, es este valle la última frontera que mantiene dicha zona de transición y detiene el avance del desierto hacia el sur.

Los habitantes de la zona lo tiene cada vez más claro, por eso mismo, el sábado 2 de junio más de tres mil personas marchamos por las calles de Vallenar en la Novena Marcha por el Agua. En todo caso, perder otro valle no es sólo un problema para la zona, es una pérdida para todo el país y también para el Plantea. Todos debemos marchar por no perder el Valle del Huasco.]]></content:encoded>
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		<title>¿Quién se indigna con Paulsen y Guillier?</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Oct 2011 05:43:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Santander</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Alejandro Guillier]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Paulsen]]></category>
		<category><![CDATA[Iván Weissman]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>

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		<description><![CDATA[La escuela “anglo” concibe un solo tipo de periodismo, porque concibe un solo tiempo histórico, de hecho, ha llegado a postular el fin de la historia; concibe un solo periodismo porque concibe una sola forma de organización social: la democracia liberal capitalista; concibe un solo periodismo porque es hija de un solo paradigma científico: el positivista que exige la distancia crítica y objetiva entre el observador y lo observado; concibe un solo periodismo porque sólo piensa en un tipo de sujeto: el hombre racional occidental.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[La columna de Iván Weissman, en la cual éste expresa su indignación porque los re-conocidos periodistas Alejandro Guillier y Fernando Paulsen han dado a conocer públicamente sus opiniones acerca de asuntos públicos contingentes, tiene, como muchas columnas de este tipo, el problema de creer que sólo existe un tipo de periodismo.

El texto se titula <a href="http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/10/13/paulsen-y-guillier-perdieron-el-derecho-a-ser-periodistas/" target="_blank">“Paulsen y Guillier perdieron el derecho a ser periodistas”,</a> pero, en realidad, y haciendo un esfuerzo para que el lenguaje represente lo mejor posible aquello que se quiere sostener, debiera titularse “Paulsen y Guillier perdieron el derecho a ser periodistas, de acuerdo a los cánones de la escuela estadounidense”. Porque, efectivamente, según ciertas visiones, profundamente interesadas e ideológicas, el periodismo debe practicarse de una cierta manera que, podríamos agregar, es un modo aséptico, poco pasional, neutral. O, como dice Weissman en su columna, que quiere ser “lo más objetivo posible”.

Siguiendo esa línea “anglo”, el rol del periodista efectivamente se concibe como uno en el cual el profesional debe evitar que sus opiniones “se hagan parte de su trabajo”, y, si así ocurriera, el profesional será seriamente cuestionado, tal como ocurrió esta vez. El columnista está indignado, ya que, siguiendo los postulados de esta escuela “anglo”, al hacer esto, los periodistas pondrían su credibilidad al servicio de intereses no periodísticos.



Esta postura es, a mi modo de ver, cínica, aunque legítima y muestra un cuerpo conceptual y argumental relativamente sólido. Pero tiene un problema frente al cual nunca se pronuncia y que, si lo consideramos, invalida todos sus postulados: olvida que el periodismo es una construcción histórica y, como muchas construcciones sociales humanas, varía de acuerdo a los tiempos históricos que le toca presenciar y vivir.

La escuela “anglo” concibe un solo tipo de periodismo, porque concibe un solo tiempo histórico, de hecho, ha llegado a postular el fin de la historia; concibe un solo periodismo porque concibe una sola forma de organización social: la democracia liberal capitalista; concibe un solo periodismo porque es hija de un solo paradigma científico: el positivista que exige la distancia crítica y objetiva entre el observador y lo observado; concibe un solo periodismo porque sólo piensa en un tipo de sujeto: el hombre racional occidental.

Dije antes que se trata de una postura cínica y lo es justamente porque nunca explicita estos postulados, porque, tal como piensa que el periodista puede tener opinión, pero debe guardársela y sólo dedicarse a informar, cree también que una cosa son las definiciones teóricas y otra las políticas; olvida de este modo (olvido con motivación ideológica), que todo va de la mano: la opinión con la información y la lucha teórica con la lucha política. Por eso, concebir el rol del periodista de un modo u otro es un asunto político y entender el periodismo de una manera u otra es también una definición histórica y cultural.

El periodismo chileno de finales del siglo XIX y principios del XX, no se parece mucho al de los ’60 y ’70, y el que se hizo durante de la dictadura es distinto a ambos. Pero el que se ha hecho desde 1990 en adelante sí que se parece al periodismo “anglo”: aséptico, sin pasión, con agenda uniforme, separando información de opinión y sin reconocer nunca de manera pública sus líneas editoriales.

Es un tipo de periodismo que, al igual que el sistema ideológico y económico que lo sostiene y al que responde, está siendo seriamente cuestionado en muchas partes del mundo.

Eso indigna a algunos, acostumbrados a un solo modelo, pero los verdaderos indignados, esos son otros.]]></content:encoded>
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		<title>Noticiarios de televisión: la misma cantinela todas las noches</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jun 2011 06:43:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Santander</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Noticieros]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay que admitir, pues que existe competencia entre los noticiarios. Presenciamos esfuerzos e inversión por diferenciarse y en esa diferenciación enganchar a la audiencia, eso sí, en el plano estético de la gráfica, los rostros y las cortinas musicales: competencia en la inocuidad. Competencia postmoderna y capitalista, en el plano de la imagen y un poquito no más, como las farmacias. Pero en el fondo, inocuos. En su contenido qué vemos: homogeneidad, uniformidad, consenso. ]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Cuando marcan las 21 horas en Chile, se desata en la televisión abierta la “guerra de los noticiarios centrales”. Se trata de una batalla por quién marca más puntos <em>on line</em>, por lograr mayor <em>rating</em>, más audiencia (por lo tanto, más avisaje) y así diferenciarse de los otros informativos de tal manera que el televidente no cambie de canal.

¿Diferenciarse? ¿Son distintos realmente los noticiarios unos de los otros?, y si así fuera,  ¿qué los distingue?

Para empezar, “los rostros”. Cuando caemos en uno de los cuatro canales que a esa hora emiten noticias, los rostros son lo primero que nos advierte que estamos en tal o cual señal. La asociación opera rápidamente y otorga el primer rasgo de identidad frente a la audiencia: si vemos a Saavedra estamos en TVN, si a Núñez en Chilevisión, de la Maza en Meganoticias y Santa María significa Teletrece. Estas caras van, además, con sus respectivas parejas: uno de acento incierto, otra que es rostro del retail, una morena de apellido difícil y el cara de niño del Canal 13. En este nivel funciona la diferencia y cognitivamente permite asociación de marca en la audiencia.

¿En algún otro nivel? Sí, en la escenografía. Cada noticiario tiene su estilo propio en lo que se refiere al estudio desde el cual se emiten y se leen las noticias. También la gráfica es distintiva y sorprende cada cierto tiempo con innovaciones, por ejemplo, cuando se interviene el logo del micrófono, el color del piso o el fondo del estudio, o cuando se cambia la cortina de presentación. Y hablando de cortinas, las cortinas musicales también son distintivas y como significante– al decir de Saussure- dejan una huella psíquica en la audiencia.



Como vemos, hay esfuerzos estéticos importantes, dinámicos, a veces audaces  y a menudo costosos de los noticiarios por diferenciarse de sus competidores. Pero, ¿qué ocurre en el plano ya no estético del discurso, sino en el del contenido informativo, el de los mensajes, los textos y los significados que emiten? Es una pregunta válida, sobre todo si consideramos que, de acuerdo a todos los estudios realizados por el Consejo Nacional de Televisión (CNTV) en la última década los noticiarios de las 21 horas son la fuente informativa más importante de los chilenos y uno de los programas <a href="http://www.cntv.cl/prontus_cntv/site/edic/base/port/estudios.html">más consumidos de la televisión abierta</a>.

En el plano del contenido, la cosa es mucho más plana que en el de la imagen. Todos los estudios realizados en Chile lo confirman: los diferentes noticiarios hablan de lo mismo, tratando los mismos temas y – lo que es peor- del mismo modo.

El CNTV, por ejemplo, en su estudio “Barómetro de Calidad de los Noticiarios Centrales de TV Abierta” (2005), que analizó 926 notas periodísticas, señala, entre otros, que “el estudio no observó ningún golpe periodístico” y sólo un 20 por ciento de las notas son susceptibles de debate, “lo que podría indicar una mirada poco crítica de la realidad”. En otro estudio, titulado “Diversidad en Noticieros Centrales de Televisión Abierta” (2008), concluye, refiriéndose a los temas que abordan los informativos, de que “no existen grandes diferencias entre noticiarios de televisión abierta”.

El 2009, en tanto, una investigación de Arriagada y Valenzuela titulada “Competencia por la uniformidad en noticiarios y diarios chilenos 2000-2005”, demuestra la existencia de un “altísimo grado de uniformidad de las pautas noticiosas”, <a href="http://comunicaciones.uc.cl/prontus_fcom/site/artic/20090729/pags/20090729130302.htm">tanto de diarios como de noticiarios de TV</a>. Y como la tendencia no cambia, este año (2011), el CNTV hizo público un documento llamado “Posición CNTV sobre noticiarios centrales de TV abierta”, en el cual señala que “al analizar cada noticiero en particular, se evidencia falta de diversidad en relación a las temáticas abordadas así como a los actores sociales”.

Hay que admitir, pues que existe competencia entre los noticiarios. Presenciamos esfuerzos e inversión por diferenciarse y en esa diferenciación enganchar a la audiencia, eso sí, en el plano estético de la gráfica, los rostros y las cortinas musicales: competencia en la inocuidad. Competencia postmoderna y capitalista, en el plano de la imagen y un poquito no más, como las farmacias. Pero en el fondo, inocuos. En su contenido qué vemos: homogeneidad, uniformidad, consenso.

Consenso, la materia prima de esta etapa postdictatorial, de esta democracia neoliberal cuya decadencia estamos presenciando.]]></content:encoded>
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		<title>Redes sociales: donde opera el poder, opera la resistencia</title>
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		<pubDate>Tue, 31 May 2011 06:41:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Santander</dc:creator>
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		<category><![CDATA[malestar social]]></category>
		<category><![CDATA[Redes Sociales]]></category>

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		<description><![CDATA[No obstante los procedimientos de monopolización y de clausuras discursivas que se efectúan a través de los medios de comunicación tradicionales, que a pesar de que los grupos de poder se tomaron la palabra, surgen las resistencias populares por abrir canales de comunicación que logren evadir eso y que se opongan a dicho control centralizado. Ya sea en España, en Egipto, México o en Chile, actualmente las redes sociales están cumpliendo con ese papel disruptivo.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Hace cientos de años que en la humanidad se desarrolla una lucha por el control de la comunicación social. Diferentes actores compiten en distintos momentos y usando diversos medios por emitir discursos y ojalá a gran escala, para que sus planteamientos sean escuchados y atendidos por la mayor cantidad posible de personas.

Poseer la capacidad de poner en circulación de manera masiva la palabra es un recurso por el cual se lucha y un ámbito al cual se ha trasladado de manera cada vez más notoria la pugna política que diversos actores protagonizan.

Por cientos de años fue la Iglesia quien poseyó el monopolio de la comunicación social en Occidente. En ese sentido, la comunicación masiva no es sólo un fenómeno moderno. Durante la   Edad Media la Iglesia ejerció un control estricto y centralizado sobre la producción y circulación de todo tipo de contenido simbólico. Como bien lo señala James Curran en su libro <em>Media and Power</em>, para comprender el sorprendente ascenso del Papado como nuevo centro de poder en Occidente hay que considerar también su influencia sobre los “procesos institucionales de producción ideológica que crearon una base para su ejercicio del poder”. En ese contexto la Iglesia establece canales de comunicación jerarquizados y muy eficientes en diversos ámbitos: los monasterios controlaban la producción de libros, se establece el latín como lengua oficial y de la misa, se domina la transmisión de conocimiento mediante la educación formal y para la masificación y circulación de los discursos menos formales se cuenta con el púlpito y la misa. Estas dos tribunas actúan como verdaderos medios de comunicación desde los cuales se predica y proclaman puntos de vista a una audiencia masiva que concurre regularmente a dicho lugar de encuentro comunicacional.



Pero con el paso del tiempo las estructuras de poder también cambian y sufren alteraciones. La producción de libros comenzó a pasar desde los monasterios a las universidades, el latín fue reemplazado por el francés y luego el inglés, a la educación religiosa le salió al camino la laica.

Y a la red de comunicación que la Iglesia por cientos de años había construido eficazmente, le salen al camino los modernos medios de comunicación. En ese entonces la actividad de los medios es una actividad disruptiva, anti-establishment, reformadora. Son, de hecho, mirados con desdén y hasta cierto desprecio por los grupos de poder (la aristocracia, la elite ilustrada y la propia Iglesia, por ejemplo). No obstante, con el aumento de las cifras de tiraje de los periódicos a fines del siglo 19 y principios del 20, la percepción cambia radicalmente y el sistema político no sólo comienza a preocuparse e interesarse por los medios, también los quiere controlar y –ojalá- poseer.

Hay avidez en los pueblos por la lectura de la prensa, en 1920 en Inglaterra la prensa dominical lograba un tiraje de ¡13.5 millones de ejemplares! Surgen los “barones de la prensa”, la prensa burguesa y también la prensa obrera. En el caso de Chile, Luis Emilio Recabarren –fundador de múltiples de periódicos- es el padre de esta prensa militante, la tarea de la prensa con el trabajador era, en sus propias palabras, “ser un libro en el cual encuentre la savia vivificante para fortalecer el espíritu, cuando abatido por las luchas de la vida, se siente adormecer”.

Durante buena parte del siglo 20 podemos apreciar la existencia interesante de una diversidad y pluralidad de medios (y por lo tanto de discursos) en diferentes partes del mundo. En Chile, hasta el golpe de 1973 el campo mediático se mostraba tan diverso como su sociedad: El Clarín, El Mercurio, Punto Final, El Siglo, La Tercera, Tribuna… para todos los gustos.

Pero luego, si no fueron los golpes de Estado como ocurrió en Sudamérica, en otras partes el capitalismo de finales del siglo 20, en su etapa monopólica, se las arregló para poner fin a esa pluralidad de voces a través de la concentración de la industria medial. Es decir, cuando no fueron las armas fue el dinero el que resolvió la cuestión molesta de la diversidad de discursos.

Y esa situación de clausura discursiva continuó en la etapa post-dictaduras. Podemos constatar que para los países que se liberaron de dictaduras militares en América Latina (en los ‘80), como los que en Europa del Este se liberaron de las autocracias socialistas (también en los ‘80), la “democracia” trajo consigo la concentración de medios, fundamentalmente en forma de oligopolios. Paralelamente surge en gran parte de Europa lo que Dragomir llama “un pequeño grupo de Goliats de los medios”, ello a pesar de la existencia de legislaciones antimonopólicas las que demuestran ser inoperantes.

Presenciamos así nuevamente un escenario histórico en el que las estructuras de poder logran controlar y monopolizar la comunicación social, y con ello la circulación masiva y pública de los discursos. Y los medios, como canales masivos de comunicación, disruptivos y con alto potencial crítico, se incorporan al sistema, al <em>statu quo</em>.

Pero como Foucault enseña, donde opera el poder, opera la resistencia. Y hoy vemos que no obstante los procedimientos de monopolización y de clausuras discursivas que se efectúan a través de los medios de comunicación tradicionales, que a pesar de que los grupos de poder se tomaron la palabra, surgen las resistencias populares por abrir canales de comunicación que logren evadir eso y que se opongan a dicho control centralizado. Ya sea en España, en Egipto, México o en Chile, actualmente las redes sociales están cumpliendo con ese papel disruptivo.

Twitter y Facebook no son, por supuesto, la explicación del malestar ni lo que hace posible las condiciones objetivas de la inconformidad, pero sí el síntoma que permite canalizar y coordinar las expresiones subjetivas de dicho malestar.  Así las redes sociales han pasado de ser sitios que permiten articular comunidades en torno al ocio, la entretención e información, a sitios que también permiten articular descontento en una sociedad civil que fue intencionadamente atomizada y agujerear el muro del silencio que el ruido despolitizado de los medios tradicionales ha estado levantando.]]></content:encoded>
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		<title>Wikileaks, el periodismo y las teorías conspirativas</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Nov 2010 05:43:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Santander</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Wikileaks]]></category>

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		<description><![CDATA[Se acaba pues el sueño dorado de todo conspirador: hacernos creer que las conspiraciones no existen, idea que la lógica posmoderna había logrado imponer, entre otros, con la ayuda de periodistas cómodos y obsecuentes.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Los discursos del poder nos han querido convencer por años – al menos desde la caída del socialismo soviético- que se acabaron las ideologías, que terminaron las utopías, que la historia llegó a su fin y que, también y por lo mismo, las  conspiraciones son cosa del pasado y, cuando más, asunto de buenos guiones cinematográficos, pero no de la política real, menos si se trata de gobiernos democráticos y occidentales.

Y el poder de esos discursos del poder se demuestra en que logran convencer a muchos de que así es. Por ejemplo, cualquier argumentación que plantee la existencia de una conspiración para explicar algún acontecimiento es ridiculizada, “mucha tele”; “ya salió con las teorías conspirativas”, etc.

La mayoría de los medios rehúyen las explicaciones conspirativas y los periodistas rara vez las insinúan en sus entrevistas con los poderosos, esos que – originalmente- el periodismo se proponía fiscalizar e indagar, justamente respecto de asuntos no públicos, desconocidos y mantenidos ocultos. Incluso ante situaciones evidentes se prefieren términos que no nos remitan a las conspiraciones. Por ejemplo,  cuando ocurre el golpe de Estado en Honduras y el Presidente Zelaya es sacado en pijama, a punta de fusil de su residencia y luego deportado a otro país, la prensa habló mayoritariamente de “un vacío de poder” y no de golpe de Estado (que evoca a conspiradores).



Sin embargo, luego de la reciente y masiva filtración de documentos por la página digital Wikileaks lo ridículo será seguir creyendo que los líderes de las democracias no conspiran. 250 mil mensajes del Departamento de Estado de Estados Unidos dados a conocer íntegramente por dicha página y parcialmente por cuatro medios de comunicación (El País, Der Spiegel, The New York Times y The Guardian) muestran con crudeza las políticas conspirativas estadounidenses, su relación con el golpe de Estado en Honduras, su interés por espiar al secretario general de las ONU, la solicitud de Hillary Clinton de averiguar acerca de la salud mental de Cristina Fernández de Kirchner, las constantes presiones que se ejercen sobre los diferentes Gobiernos, desde Brasil a Turquía, para favorecer los intereses comerciales o militares de Estados Unidos, etc. etc. etc.

Según el diario español <em>El País</em>, “el alcance de estas revelaciones es de tal calibre que, seguramente, se podrá hablar de un antes y un después en lo que respecta a los hábitos diplomáticos.Esta filtración puede acabar con una era de la política exterior: los métodos tradicionales de comunicación y las prácticas empleadas para la consecución de información quedan en entredicho a partir de ahora”.

El reto no sólo es para la política exterior. Se trata también de una bofetada que desnuda al periodismo mundial y, especialmente, a los grandes medios que pese a sus inmensos departamentos de prensa, su sofisticada tecnología y a sus recursos económicos no han sido capaces ni han querido indagar,  investigar y desnudar la trama que tejen permanentemente los poderosos (ya sea gobiernos o corporaciones) para mantener su hegemonía a cualquier precio. Por el contrario, con el tiempo se ha ido construyendo una suerte de afinidad  burocrática entre medios y poderosos, que, entre otros, ha disminuido la investigación periodística, ha dificultado el acceso directo a las fuentes y aminorado el lenguaje crítico.

Como reconoce <em>El País</em>, “la aparición de Wikileaks ha venido a cambiar radicalmente ese panorama. Creada en 2006 y presidida por el australiano Julian Assange, tiene por objetivo proporcionar a los ciudadanos noticias e informaciones importantes que consigue gracias a filtraciones a las que, mediante un imponente esfuerzo tecnológico, ofrece total anonimato.

Personas que tienen acceso a informaciones que consideran de relevante interés público pueden ahora depositarlas en una "caja electrónica" que garantiza una total protección de la fuente. Pero Wikileaks no se limita a recoger esa información y lanzarla después a la web, sino que la somete a un serio escrutinio para verificar su autenticidad y, posteriormente, a la investigación de periodistas que trabajan de acuerdo con principios profesionales y éticos y que se encargan de su comprobación y análisis, facilitando la comprensión y el contexto de todo ese material inicial”.

Se acaba pues el sueño dorado de todo conspirador: hacernos creer que las conspiraciones no existen, idea que la lógica posmoderna había logrado imponer, entre otros, con la ayuda de periodistas cómodos y obsecuentes. Y quien dude de eso y aún crea, por ejemplo, que la democracia estadounidense es lo que ella dice ser, que visite <a href="http://wikileaks.org">http://wikileaks.org</a>.]]></content:encoded>
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		<title>La naturaleza comunicacional de la conspiración política</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Jul 2010 06:41:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Santander</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
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		<category><![CDATA[comunicación política]]></category>
		<category><![CDATA[Instructivo]]></category>
		<category><![CDATA[Secom]]></category>

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		<description><![CDATA[Por eso el instructivo de la Secom supone todo un problema para el gobierno. No tanto por su contenido como porque el texto en cuestión cambia del contexto de discreción para el cual fue elaborado, a uno de visibilidad mediática y eso implica rendir cuentas acerca de secretismos.]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Que las teorías conspirativas estén actualmente un tanto desprestigiadas no significa que las conspiraciones no ocurran. De hecho, pocas semanas atrás presenciamos a través de los medios un intercambio de espías entre Rusia y Estados Unidos, y cada cierto tiempo sabemos de desclasificación de documentos secretos que nos informan acerca de conspiraciones diversas. Incluso podríamos suponer que el desprestigio de las teorías conspirativas es un logro mayor para todos aquellos que conspiran, pues si el sentido común no cree en la existencia de las conspiraciones, evidentemente se puede conspirar con mayor tranquilidad -sin rendir cuentas, en lo posible, pues la conspiración entraña el secretismo.

Sin embargo, las conspiraciones son más rutinarias de lo que se podría suponer y de lo que se nos quiere hacer creer, pues forman parte natural de las luchas de poder y, como sabemos, el poder es una creación humana esencialmente opaca. No se trata sólo de la discreción que caracteriza al lenguaje y a las prácticas de aquellos que forman parte de una estructura de poder, sino del secreto: la conspiración supone secreto y conjura de unos contra otros.

Por eso el instructivo de la Secom supone todo un problema para el gobierno. No tanto por su contenido como porque el texto en cuestión cambia del contexto de discreción para el cual fue elaborado, a uno de visibilidad mediática y eso implica rendir cuentas acerca de secretismos. Y tiene razón el vicepresidente de RN, Manuel Ossandón, cuando refiriéndose a los políticos de la Concertación pide “que no vengan a hacerse tampoco los santos los que hacían lo mismo”. Como decíamos, siempre se ha conspirado, de lado a lado, en las cuestiones de poder.



Lo que resulta relativamente nuevo es la importancia (cada vez mayor) de la dimensión comunicacional en la conspiración política. Es frecuente que en ese marco se evalúe como exitosa una planificación secreta en tanto se haya resuelto bien el aspecto comunicativo del asunto, ya sea apareciendo en los medios o, por el contrario, evitando la aparición, según demande la estrategia.

Nuestras propias investigaciones realizadas en el marco de un proyecto Fondecyt para conocer cómo la elite política chilena usa la llamada “comunicación estratégica” para relacionarse con los medios, dan cuenta de ello.

En los últimos 20 años la elite contrata rutinariamente a profesionales que los asesoran en estos temas de tal modo que el asesor comunicacional ha desplazado a otros asesores que antes eran muy importantes y de gran valor para las estrategias políticas de la elite. A modo de ejemplo, un asesor directo del ex presidente Lagos nos comentaba lo siguiente: “Yo te pregunto, ¿cómo se llama el asesor laboral de Piñera, de Frei o de Lagos? Te aseguro que nadie lo sabe, pero cómo se llama el asesor comunicacional de ellos, ahí por lo menos estamos cerca de saber quiénes son”. En tanto, el dueño de una de las más importantes agencias de comunicación de Chile nos decía que “siempre ha existido el asesor con el cual el político delibera, conspira y planifica la conspiración. Ese asesor ha sido hoy parcialmente desplazado por un tipo que hace algo parecido, pero dirigiéndose a los medios, a los periodistas, etc.”.

Es lo que justamente hace la minuta de la Secom, da “lineamientos comunicacionales” (secretos) a los suyos: pide “realizar pautas comunicacionales”, “introducir conceptos en las cuñas”, “cambiar el uso de los verbos”, “mencionar a nuestros adversarios”.

Y el problema que se presenta entonces es cómo enfrentar una situación como esta en la que se develan públicamente instructivos redactados para que circulen en contextos cerrados, además, en el marco de una sociedad que no es lo que ella dice que es.

Más tareas pues para la Secretaría de Comunicaciones y sus asesores comunicacionales.]]></content:encoded>
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		<title>Concertación y derecha: ¿quién conoce mejor a la prensa?</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Jul 2010 06:43:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Pedro Santander</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Agencias de Comunicaciones]]></category>
		<category><![CDATA[Medios]]></category>
		<category><![CDATA[poder]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Piñera]]></category>

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		<description><![CDATA[Ha sido a través de los medios que se ha presionado realmente al Presidente, por ejemplo, en torno a sus conflictos de interés, ¿o alguien ha visto en las calles, las paredes, en las universidades o en algún otro lugar que no sea la prensa que se le pida a Piñera que venda CHV?]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[Ocurre en nuestro país una aparente paradoja: por un lado, observamos una altísima concentración en la estructura de propiedad de los medios de comunicación que, de acuerdo al sentido común, favorece a la derecha chilena y conviene a este gobierno y, por otro, vemos que para a este mismo gobierno los medios han significado más de un dolor de cabeza.

En cuanto a la concentración de la industria medial y su afinidad ideológica con la derecha, es ya lugar común hablar en Chile del “<em>duopolio de la prensa escrita”</em> (Copesa y Grupo Edwards), duopolio que comienza a conformarse el mismo 11 de septiembre de 1973 cuando se prohíbe toda la prensa no afín a la dictadura. A ello sumemos que Sebastián Piñera es dueño de Chilevisión y que en su calidad de Presidente tiene injerencia directa sobre nombramientos directivos en TVN y también en la designación de los consejeros del ente fiscalizador de la televisión chilena, el CNTV.

No obstante, vemos que, a pesar de esa concentración, los medios y, en general, lo comunicacional, se han convertido en un permanente problema para el Gobierno. Recordemos recientes portadas del diario más leído de Chile, <strong>Las Ultimas Noticias</strong>, propiedad del grupo Edwards, cuando titulaba con el distante saludo entre Bielsa y Piñera (“¡<em>Oooooso</em>!”), o cuando - también en portada – aludía al bochorno que protagonizó el Ministro de Minería en el Congreso con su extraña risotada durante una conferencia de prensa de senadores de oposición. O la actitud de un periodista –rostro de <strong>CHV</strong> (Iván Núñez) quien fue el único profesional que se negó a ser pauteado por los asesores del Presidente Piñera y prefirió retirarse, antes que realizar una entrevista con restricciones. O las imitaciones de Kramer a Piñera en pleno horario <em>prime</em> de <strong>TVN, </strong>gozadas sin disimulo por Camiroaga. O el cuerpo dominical de <strong>La  Tercera</strong>, abriendo fuego a través de la voz del senador Allamand, contra la gestión comunicacional de Ena von Baer.



<strong> </strong>

Ha sido a través de los medios que se ha presionado realmente al Presidente, por ejemplo, en torno a sus conflictos de interés, ¿o alguien ha visto en las calles, las paredes, en las universidades o en algún otro lugar que no sea la prensa que se le pida a Piñera que venda CHV?

El asunto comunicacional se ha vuelto tan complicado que sectores de la propia derecha han cuestionado el papel de Ena von Baer, ministra - vocera del Gobierno y encargada de esta cuestión.

¿Qué nos indica, al menos en parte, lo anterior? que el control sobre la propiedad de los medios no asegura el control sobre el discurso de los medios, de manera lineal y automática.

Lo primero (el control sobre la propiedad) ya está, en general, resuelto en el mundo occidental: las elites son propietarias de los medios y en los últimos 30 años se ha configurado intercontinentalmente una estructura mediática muy concentrada (a pesar de las legislaciones antimonopólicas). Pero que la propiedad no lo resuelve todo lo demuestra el caso del premier Silvio Berlusconi. Siendo propietario de los tres principales canales de televisión (que concentran el 40% de la audiencia), insiste en acusar a la prensa de “roja” y promueve actualmente una ley mordaza, fuertemente resistida por algunos periodistas.

Lo segundo (el control sobre su discurso) requiere de otras estrategias. Se trata de un juego más delicado, y que en el marco de las democracias suele ser menos directo, pues se debe mantener las apariencias de libertad de información y de autonomía periodística.

Es la llamada “<em>comunicación estratégica</em>” la que se encarga de esta cuestión: asesores de prensa, relacionadores públicos, consultores, agencias, etc., <a href="http://fcom.altavoz.net/prontus_fcom/site/artic/20100610/imag/FOTO_0120100610211840.pdf">todo un ejército de profesionales que saben de comunicación y que muchas veces han trabajado en los medios, desarrollan para la elite chilena estrategias comunicacionales</a> con el fin de que los medios reproduzcan sus puntos de vistas y de que el potencial perturbador de la prensa - que aún persiste a pesar de sus propietarios - se pueda controlar lo más posible.

Tal vez sea en ese contexto que se deba interpretar que en sus cuatro meses de gobierno el Presidente Piñera haya ya sostenido (al menos) tres reuniones con los directores de los principales canales de la televisión chilena, o la multimillonaria licitación (5 millones de UF) para la realización de las campañas publicitarias del gobierno que se anunció este mes.

Por su parte, la Concertación tiene 20 años de intensa experiencia respecto del triángulo comunicación estratégica – medios- acción política. Las principales agencias de comunicación se consolidaron a mediados de los 90 y pertenecen a miembros de la elite concertacionista: Extend; Tironi Asociados, Imaginaccion, etc. Todos los ministerios contaron en estos años con equipos de prensa que tuvieron que lidiar con el desafío del duopolio, lo mismo las bancadas parlamentarias y lo partidos concertacionistas.

Es ese sentido, es posible que en nuestro país ocurra la (aparente) paradoja de que sean los equipos concertacionistas los que mejor conocen a la prensa chilena que es mayoritariamente de derechas.

Habrá que ver cómo lidia con este asunto el gobierno y cabe esperar que no siga el ejemplo de Berlusconi.

<strong> </strong>]]></content:encoded>
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