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	<title>El Mostrador &#187; Teresa Marinovic</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>Segundo piso: sub terra</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 06:49:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa Marinovic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[segundo piso]]></category>

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		<description><![CDATA[Y no la han hecho bien porque representan fielmente lo que yo llamaría la derecha frívola… Una derecha eficiente y experta en materia de gestión. Consciente de la importancia de no despilfarrar recursos públicos. Una derecha que cree en el libre mercado, pero que no tiene ninguna idea de lo que quiere, más allá de una buena administración.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El segundo piso de Palacio merece un <em>upgrade</em> y la idea de situarlo <em>sub terra</em> no me parece mala. Mal que mal, la mayoría de sus habitantes es joven y podrá resistir bajo tierra más tiempo que los mineros; hablo de jóvenes de verdad… no de cuarentones con complejo de ser el ‘rostro’ de la renovación. Jóvenes y eficientes, porque todos están perfectamente calificados y ¡no lo dudo! trabajan como chinos. Un poco menos de luz solar no afectará en nada, por tanto, su rendimiento ni su ya evidente miopía.</p>
<p>Una medida como ésta tampoco puede ir en detrimento de la autoestima del grupo al que me refiero. Yo he estado en esas locaciones y si hay algo que abunda en ellas son los <em>winners</em>, al lado de los cuales hasta yo me siento insegura.</p>
<p>En fin, <em>sub terra</em> puede ser un lugar agradable o al menos justo para quienes, a juzgar por los resultados, no han hecho bien la pega. Aunque, hay que reconocerlo, su tarea de aumentar la popularidad del Gran Jefe era algo cercano a una misión imposible.</p>
<p>Y no la han hecho bien porque representan fielmente lo que yo llamaría la derecha frívola…</p>
<p>Una derecha eficiente y experta en materia de gestión. Consciente de la importancia de no despilfarrar recursos públicos. Una derecha que cree en el libre mercado, pero que no tiene ninguna idea de lo que quiere, más allá de una buena administración. Una derecha que no duda al momento de enarbolar banderas ajenas no porque sea populista, sino simplemente porque no tiene ninguna que sea propia.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Y no la han hecho bien porque representan fielmente lo que yo llamaría la derecha frívola… Una derecha eficiente y experta en materia de gestión. Consciente de la importancia de no despilfarrar recursos públicos. Una derecha que cree en el libre mercado, pero que no tiene ninguna idea de lo que quiere, más allá de una buena administración.</blockquote></div>
<p>Una derecha que en el fondo no es de derecha, porque no cree en el individuo y en su libertad y cuya única respuesta o diferencia respecto de la izquierda tiene que ver con el tamaño del Estado.</p>
<p>Una derecha que cree posible alimentar al pequeño socialista que cada chileno lleva dentro suyo y que se olvida de la necesidad de cambiar el alma de un país alicaído, cuya mentalidad promedio lo llevará a la ruina.</p>
<p>La derecha ¡la derecha genuina! tiene una idea del hombre, del trabajo y de la sociedad, y sus convicciones en materia económica son solo una prolongación o una expresión más de esas ideas. Por lo mismo, comprende que para resolver los problemas sociales no basta con tener un correcto modelo de administración.</p>
<p>Esa derecha, la original, sabe que si el alma de un país es socialista, el modelo económico solo sirve, finalmente, para administrar deudas… es lo que ocurre en Francia y en España.</p>
<p><em>Sub terra</em>… esas son las dependencias que debería usar el segundo piso de La Moneda y en la superficie, una lápida: QEPD. Porque Piñera simplemente no ha sabido hacer lo más básico de lo básico: elegir bien a sus asesores.</p>
<p>Que las cosas han sido difíciles, nadie lo duda. Que este gobierno ha trabajado más y mejor que los gobiernos anteriores, tampoco. Que no tiene ideas y que al hilo del activismo parecen haber perdido (o no haber tenido nunca) un norte… es sin embargo indiscutible.</p>
<p>Sub terra <em>¿irá Golborne al rescate?</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>A la Nina, con cariño</title>
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		<pubDate>Wed, 09 May 2012 06:49:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa Marinovic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Colegios Particulares Pagados]]></category>
		<category><![CDATA[Contacto]]></category>
		<category><![CDATA[Discriminación]]></category>
		<category><![CDATA[Programa Contacto]]></category>

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		<description><![CDATA[Un periodista tiene derecho a investigar y me parece perfectamente legítimo que se ponga el delantal de empleada para averiguar hasta qué punto ese uniforme puede determinar el trato que recibe una persona. Tiene derecho a investigar, pero no a sacar cualquier conclusión de un experimento que tiene fallas metodológicas serias. Eso fue lo que hizo el equipo de Contacto, investigar tratando de confirmar la hipótesis de que algunos colegios privados discriminan por condición social.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy en la mañana hablé con la Nina, una mujer encantadora que trabaja en la portería del colegio de mis hijas. Trataba de explicarme lo obvio: “Solo quería advertirle a esa señora que no iba a poder pagar este colegio y no sabía cómo decírselo”. Se quejaba de haber aparecido como la mala de la película en un reportaje de Contacto en Canal 13 y de haber sido puesta en el banquillo de los acusados por el delito de discriminación.</p>
<p>Y es que un periodista tiene derecho a investigar y me parece perfectamente legítimo que se ponga el delantal de empleada para averiguar hasta qué punto ese uniforme puede determinar el trato que recibe una persona. Tiene derecho a investigar, pero no a sacar cualquier conclusión de un experimento que tiene fallas metodológicas serias. Eso fue lo que hizo el equipo de Contacto, investigar tratando de confirmar la hipótesis de que algunos colegios privados discriminan por condición social. La prueba de ensayo fue tan burda, sin embargo, que las conclusiones que sacaron de ella no tienen valor alguno.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Un periodista tiene derecho a investigar y me parece perfectamente  legítimo que se ponga el delantal de empleada para averiguar hasta qué  punto ese uniforme puede determinar el trato que recibe una persona. Tiene derecho a investigar, pero no a sacar cualquier conclusión de un experimento que tiene fallas metodológicas serias. Eso fue lo que hizo  el equipo de Contacto, investigar tratando de confirmar la hipótesis de que algunos colegios privados discriminan por condición social.</blockquote></div>
<p>Porque si la periodista en cuestión hubiera entrado al restorán más caro de Santiago vestida con el mismo uniforme y hubiera pedido, sin consultar la carta, un vino que costaba 300 mil pesos, probablemente también habría sido advertida por el mozo sobre lo que estaba haciendo ¿Es suficiente una advertencia de este tipo como para concluir que en ese restorán se discrimina por condición social? En absoluto. A algunos les parecerá impertinente la intromisión del mozo, pero a mí su silencio me hubiera parecido irresponsable.</p>
<p>Lo que hizo la Nina fue exactamente eso: advertirle a una mujer vestida de empleada sobre lo difícil (si no imposible) que sería para ella costear una educación de ese tipo para su hija. Podría no haberlo hecho, podría haberle dado cauce a la solicitud de la mujer pensado “desengáñese usted misma”, podría no haber perdido tiempo dando explicaciones… podría, pero la Nina es en esencia una buena mujer.</p>
<p>Por eso, y más allá del legítimo derecho que tiene un colegio para discriminar por las razones que estime convenientes en función de su proyecto educativo, lo que me importa ahora es hablar de la Nina y de la falta de rigor del reportaje en cuestión.</p>
<p>Porque los periodistas que hicieron el reportaje no pueden desconocer algo tan obvio como que en los colegios particulares todo contribuye a que se produzca una especie de selección natural. El valor de la colegiatura, el lugar donde un colegio tiene sede, el costo de los materiales de estudio, las horas que se destinan a la enseñanza del inglés, las instalaciones deportivas ¡todo! determina que finalmente quienes tengan acceso a ellos sean personas de una determinada condición social. Pero de ahí a calificar esa selección espontánea como la razón misma de la discriminación, hay un salto lógico inaceptable. Que un restorán caro sea, en la práctica, un lugar que solo frecuentan los ricos es algo radicalmente distinto a que ese restorán prohíba de modo directo la entrada de los pobres.</p>
<p>Esa simple distinción, tan obvia por lo demás, era lo menos que se le podía pedir al reportaje y lo menos también que se merecía la Nina.</p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>Historia de un café</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Apr 2012 06:49:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa Marinovic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[CAE]]></category>

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		<description><![CDATA[La cosa es que ni este Gobierno es mi gobierno, ni los Bancos son instituciones que me resulten simpáticas; para ser precisa, es un rubro que despierta mi más profunda desconfianza. Y estoy segura: sus dueños no son ni partidarios del modelo ni hombres de derecha, sino más bien defensores de sus propios intereses... fieros guardianes del poder que les da el hecho de financiar a los políticos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace pocos días estaba tomando café con un amigo de izquierda. La verdad es que me disponía a pasar con él un rato agradable hasta que frustró todas mis expectativas con esas típicas preguntas odiosas suyas: “¿Viste Tere, que <strong>tu</strong> Gobierno le quitó a los Bancos el negocio de los créditos?”. “Sí” le respondí escueta, con la esperanza de que la conversación derivara a Serrat o a Silvio (donde podemos tener acuerdos). Pero insistió: “Y no sólo sacó a los Bancos, Tere, sino que metió al Estado”.</p>
<p>El hecho es que me obligó a dejar el café y a olvidarme de la música, para hacerle algunas aclaraciones.</p>
<p>La primera de ellas es que cuando hablamos del gobierno de Piñera, no estamos hablando de <strong>mi</strong><em> </em>gobierno. Un gobierno que yo pudiera considerar propio tendría que tener, a lo menos, un ideario. Por último, un ideario equivocado ¡pero ideario al fin! Es obvio que este gobierno tiene un concepto claro de lo que es una buena gestión y es evidente también que administra los recursos de manera más eficiente que los gobiernos anteriores… pero eso no es lo que yo considero tener ideas.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> La cosa es que ni este Gobierno es <strong>mi<em> </em></strong>gobierno, ni los Bancos son instituciones que me resulten simpáticas; para ser precisa, es un rubro que despierta mi más profunda desconfianza. Y estoy segura: sus dueños no son ni partidarios del modelo ni hombres de derecha, sino más bien defensores de sus propios intereses&#8230;, fieros guardianes del poder que les da el hecho de financiar a los políticos.</blockquote></div>
<p>Y tan cierto es que carece de ellas, que ha sido incapaz de marcar pauta, y ha tenido que destinar gran parte de sus energías a dar solución a los conflictos (reales o imaginarios) que promueve la izquierda. Como cierto también es que todas las iniciativas que ha promovido han tenido el sello de la izquierda… que haya tratado de implementarlas sin hacer un despilfarro grosero de recursos no es razón suficiente como para pensar que tienen su origen en ideas de derecha.</p>
<p>La cosa es que ni este Gobierno es <strong>mi<em> </em></strong>gobierno, ni los Bancos son instituciones que me resulten simpáticas; para ser precisa, es un rubro que despierta mi más profunda desconfianza. Y estoy segura: sus dueños no son ni partidarios del modelo ni hombres de derecha, sino más bien defensores de sus propios intereses&#8230; fieros guardianes del poder que les da el hecho de financiar a los políticos. Si alguna vez alguien pensó que mi defensa del empresariado apuntaba a individuos de este perfil, no entendió nada.</p>
<p>En ese sentido, podría alegrarme de que el negocio de los créditos para la educación dejara de estar en manos de estas instituciones. Podría alegrarme, si no fuera porque no veo el problema en la intervención de privados, sino en un sistema de incentivos pensado con los pies; donde operaba lo que se quiera, menos el mercado.</p>
<p>Podría alegrarme también de que el negocio pase a manos del Estado y bajen las tasas de los créditos. Podría, si tuviera como la izquierda, esa fe ciega en los funcionarios públicos. El problema es que yo admito que el dueño de un banco puede ser un ladrón en la misma medida en que puede serlo un funcionario público y parece que no me equivoco tanto si me pongo a pensar en los escándalos y los fraudes de los gobiernos de la Concertación.</p>
<p>El hecho, grave por cierto, es que todas estas aclaraciones ¡enfriaron mi café!</p>
]]></content:encoded>
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		<title>¿Usted paga el precio de la Ley Antidiscriminación?</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Apr 2012 06:50:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa Marinovic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Ley Antidiscriminación]]></category>

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		<description><![CDATA[Usted sabe que ser homosexual no es un buen antecedente para entrar a un estudio jurídico de prestigio o para convivir en un grupo de escolares. Pero sabe también que para trabajos en los que el genio creativo es necesario, la homosexualidad puede ser una ventaja. Y no pienso en peluqueros… pienso en escritores, filósofos, poetas, músicos y artistas en general. Aquello por lo que a un grupo se le discrimina para una cosa es, al mismo tiempo, aquello por lo que se le elige para otra; e insistir en mostrar una cara de la moneda ocultando la otra no me parece honesto.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Probablemente usted espera que yo justifique mi oposición a la Ley Antidiscriminación por su relación con el matrimonio homosexual. Pero que una cosa se dé habitualmente seguida de otra no implica que haya entre ellas una relación causal; y la verdad es que no me parecería razonable oponerme a una buena ley por la relación que ella ¡sólo eventualmente! pudiera tener con otra que no me parece tan buena.</p>
<p>O quizá usted espera que yo diga cosas como que la ley en cuestión no servirá para evitar crímenes como el de Zamudio; pero tan obvio es que la locura no se previene por decreto que si alguno no se da cuenta de eso por sí mismo, poco sentido tiene tratar de demostrárselo.</p>
<p>Asumo, en todo caso, que usted no necesita que yo haga explícito mi repudio a hechos como los que mataron al joven homosexual: no hay anomalía que justifique una agresión y mucho menos la comisión de un delito; le pido por eso (aunque supongo es innecesario) no me sitúe en el grupo de los que no se conmueven por lo ocurrido. La psicopatía no es la patología que caracteriza mi perfil psicológico y mucho menos la que explica mi oposición a esta ley.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Usted sabe que ser homosexual no es un buen antecedente para entrar a un estudio jurídico de prestigio o para convivir en un grupo de escolares. Pero sabe también que para trabajos en los que el genio creativo es necesario, la homosexualidad puede ser una ventaja. Y no pienso en peluqueros… pienso en escritores, filósofos, poetas, músicos y artistas en general. Aquello por lo que a un grupo se le discrimina para una cosa es, al mismo tiempo, aquello por lo que se le elige para otra; e insistir en mostrar una cara de la moneda ocultando la otra no me parece honesto.</blockquote></div>
<p>Por eso, si me opongo a la Ley Antidiscriminación es porque se trata de una ley inútil y nociva. Inútil para resolver los problemas de las minorías que supuestamente protege, y nociva para la custodia de las libertades que hasta hoy garantizaba la Constitución.</p>
<p>Inútil. Usted sabe que ser homosexual no es un buen antecedente para entrar a un estudio jurídico de prestigio o para convivir en un grupo de escolares. Pero sabe también que para trabajos en los que el genio creativo es necesario, la homosexualidad puede ser una ventaja. Y no pienso en peluqueros… pienso en escritores, filósofos, poetas, músicos y artistas en general. Aquello por lo que a un grupo se le discrimina para una cosa es, al mismo tiempo, aquello por lo que se le elige para otra; e insistir en mostrar una cara de la moneda ocultando la otra no me parece honesto.</p>
<p>Obviamente, la discriminación es a veces muy arbitraria. La homosexualidad, por ejemplo, no dice relación alguna con las competencias profesionales de un abogado y evidentemente no es deseable que eso concurra como un antecedente al momento de postular a un trabajo.</p>
<p>¿Usted cree —no obstante— que la ley podrá modificar vicios como éste? ¿O por último, cree que el Estado tiene derecho a inmiscuirse en el reducto de las propias preferencias? Porque claramente, la ley no está pensada para sancionar delitos flagrantes, sino para producir un cambio de mentalidad que solo se consigue con educación y en la familia.</p>
<p>Por otra parte ¿Ha pensado usted que esa ley tenderá a aislar a esas personas mucho más que a integrarlas? Tenga presente que quienes pertenezcan a las categorías protegidas por la ley pasarán, de ser minoría, a erigirse en un grupo de privilegiados; el resto de los mortales (esos que no tienen vulnerabilidad que exhibir) tenderá a pensar dos veces antes de interactuar con aquellos que, por ley, habrán quedado ‘en capilla’. Si no me cree, vea usted la película El Placard y dígame qué lección le deja… </p>
<p>Es muy probable también que la sospecha recaiga sobre las opiniones disidentes, al punto de que llegue el día en que haya verdades oficiales cuyo cuestionamiento se tomen como transgresión de la ley. Sin ir más lejos, el día de la muerte de Daniel Zamudio recibí muchos mensajes acusándome de contribuir con mis columnas a actitudes como las que lo mataron ¡Como si pensar que algo es anómalo (o decirlo) tuviera algo que ver con incitar al horror! </p>
<p>Todos saben que a mi juicio, la homosexualidad es una anomalía; como también pienso que lo es el Síndrome de Down. Pero si alguien entiende esto como un llamado a eliminar a los individuos que califican dentro de uno de estos dos grupos, que se pregunte si no está más cerca del nazismo de lo que cree. La opinión sobre lo que es normal o anormal puede ser más o menos fundada, pero en ningún caso comporta una justificación para la agresión. Y si usted no distingue entre una cosa y la otra, justifica sin darse cuenta una nueva forma de totalitarismo. </p>
<p>Será una ley inútil, pero no solo inútil… también nociva. Si hasta hoy el Estado dio garantías que apuntaban a ‘dejar ser’, con la ley en cuestión le otorga a usted el derecho de reclamar a un tercero actos positivos en favor suyo. Si usted no ve en esto una injerencia en cuestiones que no son de la incumbencia de un Gobierno, tenga presente que desde la promulgación de esa ley, yo podré exigir (es un ejemplo inocente) mi contratación en universidades como la UDP. Mi religión, mi tendencia política y mi conservadurismo no serán ¡no podrán ser! un factor a considerar ¿Por qué? Simplemente, porque el Estado decidió que debían ser evaluados por usted de manera aséptica.</p>
<p>Si usted está dispuesto a pagar ese precio por la ley en cuestión, se lo agradezco de antemano. Mientras no se promulgue, prescindiré de esos beneficios para defender su libertad…  </p>
]]></content:encoded>
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		<title>Lamento informar que tengo toda la razón</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Apr 2012 06:49:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa Marinovic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad]]></category>

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		<description><![CDATA[En uno de sus párrafos, digo claramente también, que a propósito de la desigualdad, uno puede encontrarse con datos que sí representan un problema: “por ejemplo, encontrarse con que el número de los que viven en la pobreza extrema es muy alto” o bien, constatar “que los más ricos son siempre los mismos”. Si esa frase, dicha como al pasar, no es suficiente como para que usted haya entendido el sentido del texto, puede que el problema no sea mío.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lamento decir que después de leer todas las columnas que se escribieron a propósito de la mía, sigo pensando exactamente lo mismo. No solo porque soy terca, sino fundamentalmente porque tengo la razón.</p>
<p>El hecho es que <a href="http://www.elmostrador.cl/opinion/2012/03/28/lamento-decirlo-pero-la-desigualdad-no-es-un-problema/" target="_blank">la columna de la semana pasada</a> resultó particularmente polémica y la verdad, no me sorprende. La izquierda logró instalar el dogma de que la desigualdad es un problema y si alguien se atreve a cuestionarlo, la opinión pública asume instintivamente que el apóstata en cuestión se alegra de que algunos vivan en la miseria.</p>
<p>Permítame entonces preguntarle en qué momento de la historia, el concepto de desigualdad pasó a unirse —en matrimonio indisoluble— con el de pobreza. Y cuál es el razonamiento que le permite a usted concluir que ella es, necesariamente, el resultado de una injusticia. Si un curso entero reprueba un ramo (o, por el contrario, todos lo aprueban con la nota máxima), lo razonable es suponer que algo no anda bien, y no precisamente que el profesor es un perfecto administrador de justicia.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> En uno de sus párrafos, digo claramente también, que a propósito de la desigualdad, uno puede encontrarse con datos que sí representan un problema: “<strong>por ejemplo, encontrarse con que el número de los que viven en la pobreza extrema es muy alto</strong>” o bien, constatar “<strong>que los más ricos son siempre los mismos</strong>”. Si esa frase, dicha como al pasar, no es suficiente como para que usted haya entendido el sentido del texto, puede que el problema no sea mío.</blockquote></div>
<p>Por eso, déjeme decírselo de nuevo para que lo entienda de una vez: la desigualdad no es un problema. Y perdone que se lo haga notar, pero la forma en que lo dije al comienzo de la columna introduce un matiz relevante “la desigualdad no es un problema; <strong>en sí misma y por sí sola, no es un problema</strong>”. Quizá lo subestimé pensando que usted sería capaz de percibirlo, pero me disculpo sinceramente por eso y se lo repito: por sí sola y en sí misma, la desigualdad no es un problema… es un dato. Y aunque decirlo así pueda prestarse a confusiones, tenga presente que en mi oficio es indispensable hacer uso de herramientas retóricas.</p>
<p>Por otra parte (aunque quizá sea mucho pedir), yo hubiera esperado que antes de comentar mi columna, usted hubiera terminado la lectura de la mía. En uno de sus párrafos, digo claramente también, que a propósito de la desigualdad, uno puede encontrarse con datos que sí representan un problema: “<strong>por ejemplo, encontrarse con que el número de los que viven en la pobreza extrema es muy alto</strong>” o bien, constatar “<strong>que los más ricos son siempre los mismos</strong>”. Si esa frase, dicha como al pasar, no es suficiente como para que usted haya entendido el sentido del texto, puede que el problema no sea mío.</p>
<p>En todo caso, hay algo en lo que creo que usted tiene toda la razón: hay condiciones de vida que ciertamente hacen imposible salir adelante con el solo ejercicio de la propia libertad; y le concedo que fue un error no decirlo expresamente, justamente el tema de la libertad atraviesa toda la columna ¡Buen punto!</p>
<p>Pero repito: el problema no es la desigualdad, sino que haya chilenos que son verdaderos esclavos de la más absoluta falta de oportunidades ¿Y sabe por qué estoy tan empeñada en que me haga esa concesión? Porque de lo contrario usted seguirá pensando que la redistribución es la solución por excelencia; y eso no resuelve nada, entre otras cosas, porque el problema de este país no es que las arcas fiscales estén vacías.</p>
<p>Y le digo más: la desigualdad no solo no es un problema, también es la condición necesaria de todo suceso: se necesita desigualdad de cargas para la formación de un átomo, desigualdad en la altura del terreno para que corra un río, desigualdad en los intereses de los hombres para se produzca el trueque. Es más, se estima que una de las posibles muertes del universo tendrá que ver con que toda la materia se volverá homogénea y todo movimiento terminará en el frío absoluto.</p>
<p>Ahora bien, lo que usted quizá no quiere aceptar es que la desigualdad (fruto del ejercicio de la libertad) demuestra que hay conductas más exitosas que otras. O probablemente, no se resigna a la idea de que terminar con esta desigualdad por la fuerza es destructivo porque desincentiva e incluso mata las costumbres que producen la riqueza.</p>
<p>Como sea, déjeme decírselo de nuevo a ver si se convence ¡La desigualdad no es un problema!</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>Lamento decirlo, pero la desigualdad no es un problema</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Mar 2012 06:49:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa Marinovic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[desigualdad social]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.elmostrador.cl/?p=251723</guid>
		<description><![CDATA[La desigualdad no es un problema y me atrevo a decir más: en principio, es un buen síntoma. Síntoma inequívoco de libertad y de que en un país existen las condiciones y los incentivos necesarios como para que esforzarse tenga algún sentido; incentivo que, por lo demás, es el único capaz de garantizar que las cosas anden bien y que no dependamos (como de hecho lo hacemos) del precio del cobre.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La desigualdad no es un problema: por sí sola y en sí misma no es un problema; y es lamentable que me vea obligada a recordárselo a la gente de derecha que —cual socialista— alza los ojos al cielo y llama ‘inaceptable’ lo que no pasa de ser un dato.</p>
<p>Un dato que habla de un país libre donde las cualidades personales, la educación recibida, el trabajo y el esfuerzo propio e incluso la suerte, le permiten a alguien situarse en una posición mejor que la de los demás. Interpretación que avala el hecho de que EE.UU. —el país llamado ‘de las oportunidades’— lleve la delantera en materia de desigualdad, al menos respecto de Europa que está en plena decadencia con su famoso Estado de Bienestar.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> La desigualdad no es un problema y me atrevo a decir más: en principio, es un buen síntoma. Síntoma inequívoco de libertad y de que en un país existen las condiciones y los incentivos necesarios como para que esforzarse tenga algún sentido; incentivo que, por lo demás, es el único capaz de garantizar que las cosas anden bien y que no dependamos (como de hecho lo hacemos) del precio del cobre.</blockquote></div>
<p>La desigualdad no es un problema y me atrevo a decir más: en principio, es un buen síntoma. Síntoma inequívoco de libertad y de que en un país existen las condiciones y los incentivos necesarios como para que esforzarse tenga algún sentido; incentivo que, por lo demás, es el único capaz de garantizar que las cosas anden bien y que no dependamos (como de hecho lo hacemos) del precio del cobre.</p>
<p>La conclusión práctica es obvia: si la desigualdad no es un problema, ella no es nada a lo que haya que darle solución. Nada, por tanto, que justifique hacer repartijas de la torta en términos distintos. Eso ya trató de hacerlo Allende con la tierra y ahora Piñera con los impuestos, y el resultado no cambiará la vida de nadie. Entre 1967 y 1973 una sociedad muy ideologizada creyó que la razón de la pobreza, de la inequidad y del subdesarrollo estaba en la propiedad agrícola. Cuarenta y cinco años después, esa misma sociedad cree que las cosas cambiarán radicalmente por una reforma de la estructura tributaria.</p>
<p>La desigualdad no es un problema, pero si en su medición uno se encuentra con que el número de los que viven en la pobreza extrema es muy alto; o si constata que los más ricos son siempre los mismos, es evidente que hay uno más o menos serio. Un problema que, en todo caso, se llama inequidad y que no tiene nada que ver con la desigualdad. “Inequidad” —repita conmigo si es de derecha— “inequidad” y no “desigualdad”. Inequidad bastante relativa, en todo caso, si se piensa que muchas de las grandes fortunas de este país pertenecen a inmigrantes que llegaron con una mano por delante y otra por detrás.</p>
<p>Inequidad que, por lo demás, tiene su origen en la existencia de privilegios garantizados por ley o, lo que es lo mismo, en regulaciones mal hechas que impiden el funcionamiento natural del mercado… como la prohibición de la venta de remedios en los supermercados o el congelamiento del parque de taxis. En lo que usted considera injusto, entérese de una vez por todas, mucha más responsabilidad tienen los políticos que el empresariado.</p>
<p>Por eso, si algo tiene que hacer el Estado con la inequidad, es garantizar la libertad; y no borrar los resultados evidentes que de ella se derivan, que son, por definición, “desigualdades”; o si prefiere, diferencias asociadas a la forma en que la libertad se ejerce.</p>
<p>Claudio Sapelli lo dijo hace algunos días y lo demuestra con números en su libro: tenemos diagnósticos equivocados que inducen a preguntas y respuestas equivocadas. Por eso me permito insistir: la desigualdad no es un problema y de serlo, es insoluble. Bueno es que los políticos de derecha se den por enterados para tratar de resolver los que sí existen.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Usted miente</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Mar 2012 06:49:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa Marinovic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Ley de Aborto]]></category>

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		<description><![CDATA[Usted miente o quizá se engaña pensando que las injusticias de la vida se pueden evitar borrando las consecuencias de ciertos actos: embarazos no deseados, frutos de un descuido o del abuso de alguien de la misma familia, resultados de una violación; hijos enfermos a los que habrá que cuidar por el resto de la vida o que no vivirán más de unas horas después de haber nacido. Tragedias humanas ante las cuales uno se pondría de rodillas…   ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Usted miente cuando dice que alguien se opone al aborto porque trata de imponer sus creencias religiosas. Como es obvio, no hace falta ser conservador ni cristiano para ser contrario al asesinato. Que haya un mandato divino que prohíbe matar no es razón para pensar que quienes adhieren a él son sólo los que tienen fe. Y si usted es de los que se llena la boca con la sigla DD.HH., tenga a bien, por favor, incluir la vida de los no nacidos dentro de esos derechos, como una cuestión básica de consistencia, digo yo…</p>
<p>Usted miente también, cuando dice que en Chile las mujeres embarazadas no pueden recibir tratamientos para una enfermedad (tratamientos que pueden causar la muerte del hijo que lleva dentro). Eso existe ya hace mucho tiempo en este país, y bueno sería que si quiere debatir sobre el aborto, lo haga sobre la base de la verdad y no tratando de confundir a la opinión pública, proponiendo dilemas que en realidad no existen.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Usted miente o quizá se engaña pensando que las injusticias de la vida se pueden evitar borrando las consecuencias de ciertos actos: embarazos no deseados, frutos de un descuido o del abuso de alguien de la misma familia, resultados de una violación; hijos enfermos a los que habrá que cuidar por el resto de la vida o que no vivirán más de unas horas después de haber nacido. Tragedias humanas ante las cuales uno se pondría de rodillas…</blockquote></div>
<p>Usted miente, cuando llama terapeútico al aborto de un niño enfermo. Eso no es ningún acto de sanación, sino un procedimiento destinado a matar a un ser humano, en el cual la madre (y principalmente los que lo practican) se atribuyen el derecho a decidir sobre qué vidas merecen ser vividas y cuáles no… al más puro estilo nazi ¿O de verdad cree usted que una sociedad puede llamarse democrática si le da a unos el derecho a decidir sobre la vida de otros?</p>
<p>Usted miente cuando llama agresor al fruto de la violación de una adolescente. Ese niño que ha venido al mundo en las peores condiciones que cabe imaginar, es también una víctima. Y cargar a la madre, por el resto de sus días, con la culpa de haber puesto fin a la vida de su criatura, sólo aumenta la cadena del horror.</p>
<p>Miente también, cuando habla del embarazo como de una enfermedad. Se trata de nueve meses en los que la mujer puede hacer una vida bastante normal y después de los cuales está en condiciones de decidir, si lo estima conveniente, entregar a su hijo en adopción ¡Nueve meses!, a cambio de que una sociedad no incluya dentro de sus derechos el de matar a inocentes. ¿Que serán difíciles o traumáticos? Puede ser, pero nunca más difíciles ni traumáticos que cargar de por vida con el peso de haber matado a un hijo.</p>
<p>Usted miente o quizá se engaña pensando que las injusticias de la vida se pueden evitar borrando las consecuencias de ciertos actos: embarazos no deseados, frutos de un descuido o del abuso de alguien de la misma familia, resultados de una violación; hijos enfermos a los que habrá que cuidar por el resto de la vida o que no vivirán más de unas horas después de haber nacido. Tragedias humanas ante las cuales uno se pondría de rodillas…</p>
<p>Usted miente y simplifica las cosas a niveles absurdos, cuando dice que el aborto es la respuesta y la solución a todo ese drama humano.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El señorito de Aysén</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Mar 2012 05:49:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa Marinovic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Aysén]]></category>
		<category><![CDATA[Institucionalidad]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo realmente importante es que la opinión pública llame ‘ciudadano’ a un movimiento cuyos mecanismos de presión son ilegales y que ya carga sobre sí con dos muertos; y que esa misma opinión pública hable de ‘represión’ cuando el Gobierno cumple el mandato constitucional de hacer respetar el orden público.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Poco importa si las demandas de Aysén son o no legítimas. Que haya razones estratégicas para favorecer a la población de las zonas extremas del país, o que la necesidad de descentralizar sea objetiva, no justifican nada de lo ocurrido en la Región.</p>
<p>Porque quien pide beneficios de la sociedad  pasando a llevar normas básicas de convivencia social, pierde <em>ipso facto (</em>y por esa sola<em> </em>causa) el derecho a ser atendido en sus demandas. La razón es simple: uno no puede situarse en la frontera exterior de la institucionalidad y pedir desde ahí derechos que solo pueden existir a su amparo.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Lo realmente importante es que la opinión pública llame ‘ciudadano’ a un movimiento cuyos mecanismos de presión son ilegales y que ya carga sobre sí con dos muertos; y que esa misma opinión pública hable de ‘represión’ cuando el Gobierno cumple el mandato constitucional de hacer respetar el orden público.</blockquote></div>
<p>Poco importa también si el apoyo al movimiento es o no mayoritario. Sólo un gobierno bananero resuelve sus conflictos al vaivén de la simpatía popular. Los regímenes democráticos mínimamente serios operan sobre la base de principios que trascienden la siempre circunstancial opinión de la mayoría ¡Ése es el sentido de tener una Constitución!</p>
<p>La legitimidad de las demandas, el apoyo ciudadano que pueda tener el movimiento, Aysén…todo importa poco.</p>
<p>Lo realmente importante es que la opinión pública llame ‘ciudadano’ a un movimiento cuyos mecanismos de presión son ilegales y que ya carga sobre sí con dos muertos; y que esa misma opinión pública hable de ‘represión’ cuando el Gobierno cumple el mandato constitucional de hacer respetar el orden público.</p>
<p>Lo que importa es que haya un funcionario público que estime oportuno ingresar a un retén de carabineros para ‘dar instrucciones’. Y que un Obispo celebre con entusiasmo la inversión del orden natural de las cosas, y se permita decir que “quien manda es la ciudadanía”.</p>
<p>Por eso, no estoy hablando de Aysén, ni de lo que legítimamente esa Región pudiera pedir, estoy hablando de cómo 20 años de socialismo terminaron por hacer del ciudadano, un perfecto señorito.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Run, Forrest, run!</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Jan 2012 05:49:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa Marinovic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Nanas]]></category>

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		<description><![CDATA[La masa quiere certezas y verdades fáciles, instantáneas y breves. Por eso, corre detrás de Forrest y de las imágenes que ve, capta solo fragmentos. Con eso le basta, porque es ansiosa y poco dada a las reflexiones. Y con el material de palabras sueltas o de griteríos se inventa una historia… la misma historia que ve cada día en las noticias y lee en los diarios: la historia que marca la discusión pública en Chile.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Forrest es un subnormal que corre. Lo sigue una turba que como él, no sabe bien hacia dónde va ni por qué se mueve. El tontito -el que toda su vida ha sido objeto de burla- se convierte de pronto en un referente, en un líder.</p>
<p>Esta escena de Forrest Gump fue la que se me vino a la cabeza la semana pasada, cuando la opinión pública en masa se volcó contra una hija de vecina por una frase (desafortunada, si se quiere), pero que no tenía mérito alguno como para marcar la agenda noticiosa. Para qué decir cuando 24 horas después, esa misma opinión pública corría por una nueva víctima y pedía a gritos la cabeza de un periodista por haber sacado de contexto las declaraciones de la que, un día atrás, se había ganado el galardón de ‘la villana del día’.</p>
<p>Porque esa masa ávida de escándalos y que corre tras el primer idiota que se le pone por delante, tiene más responsabilidad de la que cree, en eso mismo que critica. Y bueno sería que alguna vez sus dardos apuntaran sobre sí misma.</p>
<p>Porque si de clasismo se trata, tan clasista es suponer a priori que el pobre es flojo y ladrón, como pensar que el rico por serlo es un inescrupuloso y abusador. Y aunque juzgar a una mujer sobre la base de una frase pueda ser frivolidad, extender las conclusiones a todo un grupo humano, es además clasismo; y eso, exactamente eso, fue lo que hizo la masa irreflexiva.</p>
<p>Ese mismo clasismo explica que semanas atrás, ese mismo grupo considerara “denigrante” la exigencia del uso de uniforme para el personal doméstico y no lo viera de la misma forma cuando a los ministros se les exigía llevar chaqueta roja o las enfermeras, delantal blanco.</p>
<p>Clasismo también el que le hizo cuestionar la norma que obligaba al traslado en furgón de todo el personal de servicio de un condominio, mientras no decía nada de las restricciones y las prevenciones que se toman en ese mismo lugar para la entrada de visitas (es decir, de personas que no sean copropietarios). Clasismo pensar que las medidas de seguridad se toman por razones de clase y no, como sería razonable de pensar, de seguridad.</p>
<p>Correr sin ton ni son detrás del subnormal de turno, ese es el pasatiempo favorito de la turba. Correr detrás de un enemigo de paja sin preguntarse nunca por la responsabilidad que le cabe a ella en los efectos devastadores de su propia maratón.</p>
<p>Si no fuera porque la cuña es su alimento y la razón por la que la turba va todos los días a los medios de comunicación, este episodio no habría tenido lugar. Y no es justo que haga pagar al periodismo las consecuencias de su propia voracidad. Menos aún tiene sentido que se sorprenda por una política de edición que es el pan de cada día de los diarios y de la televisión.</p>
<p>La masa quiere certezas y verdades fáciles, instantáneas y breves. Por eso, corre detrás de Forrest y de las imágenes que ve, capta sólo fragmentos. Con eso le basta, porque es ansiosa y poco dada a las reflexiones. Y con el material de palabras sueltas o de griteríos se inventa una historia… la misma historia que ve cada día en las noticias y lee en los diarios: la historia que marca la discusión pública en Chile.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Las empanadas del domingo</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 05:49:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Teresa Marinovic</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Educación Pública]]></category>

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		<description><![CDATA[Habiendo sido la educación el tema del año, nadie ha hecho hincapié en que finalmente el inglés, la historia, la música (y en general, todo lo que forme parte de la educación formal) son pisos que se construyen sobre los cimientos de esas cosas que antes se aprendían en la casa y que los ingenieros comerciales llaman, con esa vulgaridad que los caracteriza, ‘habilidades blandas’.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La semana pasada esperaba mi turno para pagar unas empanadas en el local de la Nancy. En la fila, me antecedía uno que aparentemente debía alimentar a un regimiento: “Pago cincuenta”, le dijo a la Nancy, mientras ella se quedaba mirándolo fijo como a la espera de resolver un dilema imposible. Después de unos segundos y probablemente intuyendo ella que tenía enfrente a un genio matemático, oí que le preguntaba: “¿Cuántas docenas son cincuenta?”. “Cuatro y sobran dos”, le respondió él, mientras ella no paraba de reírse y de celebrar la inteligencia de su cliente. “¡Qué inteligente es usted! ¡Qué inteligente!”.</p>
<p>Probablemente era la primera vez que se lo decían o simplemente fue la confirmación que necesitaba para estar seguro de que era cierto: el hecho es que el señor del regimiento sonreía complacido mientras yo (todavía a la espera de mi turno), me preguntaba qué se podía pensar de un país en el que una mujer ¡calculadora en mano! se veía superada por un problema como ése y celebraba con tal entusiasmo que alguien pudiera resolverlo.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote>  Habiendo sido la educación el tema del año, nadie ha hecho hincapié en que finalmente el inglés, la historia, la música (y en general, todo lo que forme parte de la educación formal) son pisos que se construyen sobre los cimientos de esas cosas que antes se aprendían en la casa y que los ingenieros comerciales llaman, con esa vulgaridad que los caracteriza, ‘habilidades blandas’.</blockquote></div>
<p>Y es que en Chile la educación pública no da para tanto. Todos saben leer y escribir, pero no entienden lo que leen ni pueden redactar más que una lista de supermercado. Pueden sumar, restar, multiplicar y dividir, pero son incapaces de resolver problemas concretos que involucren esas operaciones. El chileno no es analfabeto, pero su educación es una herramienta inútil… lo mismo que la calculadora en manos de la Nancy.</p>
<p>Mientras tanto, la elite discute si se puede privar a los alumnos de una hora de historia; si los malos resultados del Simce en el aprendizaje del inglés no afectarán las proyecciones laborales de los estudiantes; si es el Estado o son los privados los que deben proveer de educación; si la segregación social no incrementa la falta de oportunidades de los más vulnerables. En fin, puras estupideces si uno entiende que se está hablando de cómo decorar una casa en ruinas.</p>
<p>Porque habiendo sido la educación el tema del año, nadie ha hecho hincapié en que finalmente el inglés, la historia, la música (y en general, todo lo que forme parte de la educación formal) son pisos que se construyen sobre los cimientos de esas cosas que antes se aprendían en la casa y que los ingenieros comerciales llaman, con esa vulgaridad que los caracteriza, ‘habilidades blandas’.</p>
<p>Esas que le permitieron a la Nancy emprender un negocio con éxito y ganarse la vida a costa de trabajo y constancia. Esas mismas que hacen de sus empanadas las mejores que he comido y que pueden paliar los efectos de haber tenido a Gajardo como profesor de aritmética.</p>
<p>Porque si la Nancy fuera de esta generación, en vez de una fábrica de empanadas tendría su casa convertida en un puterío. Y muy probablemente, habría pasado sus sesenta años reclamando indemnizaciones sociales por no saber cuántas docenas hay en cincuenta. Y en lugar de risas y aplausos, habría mirado a su cliente de reojo pensando en las oportunidades que él tuvo y a ella no se le dieron. Sería quizá una indignada, y las horas que hubiera pasado frente a la pantalla no le habrían dejado tiempo para poner las manos en la masa.</p>
<p>Y lo grave, lo realmente grave, yo no habría podido comer sus empanadas…</p>
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