Ley Trinidad: ¿Cuándo perdimos el respeto a la vida? - El Mostrador

Martes, 21 de noviembre de 2017 Actualizado a las 20:11

Yo Opino

Ley Trinidad: ¿Cuándo perdimos el respeto a la vida?

por 30 agosto, 2017

Ley Trinidad: ¿Cuándo perdimos el respeto a la vida?

Perdimos el respeto a la vida cuando la violencia se manifiesta contra seres indefensos como lo son nuestros bebés y sus madres en un estado extremo de vulnerabilidad como lo es al momento de parir. Experiencia que muchas veces esta en las manos de profesionales de la salud que han jurado velar y defender la vida de sus pacientes.

Adriana es una mujer joven de 19 años que esperaba feliz y ansiosa el gran día de convertirse en madre. Sin embargo, cuando ella presenta algunos problemas de salud que su matrona conoce y que requerían de un diagnostico oportuno y tratamiento al momento del parto, no se le tomó en cuenta. Trinidad, un pequeño ser que superaba las 39 semanas de gestación y crecía moviéndose como todo bebé normal,  dejó de respirar y murió antes de salir del vientre de su madre.

Jacqueline es la madre de Adriana. “Vi a mi hija desnuda, tirada en una camilla, llena de sangre y líquidos el medico tratante me dice, el óbito esta muerto”, relató la abuela destrozada por esta experiencia traumática que comienza en consultorio del Pozo Almonte, localidad de Iquique.

Yo creo que estamos en una era donde los avances en tecnologías y ciencia nos dan las herramientas para salvar vidas, pero sigue siendo el ser humano el protagonista y el que debe usar estas herramientas pro-vida para velar por la descendencia y futuro de la humanidad al momento de nacer.

El caso de esta familia, no es un caso singular. La violencia obstétrica y negligencia medica es una realidad cruel en nuestro país y otros. Estamos ante una necesidad nacional y mundial de alzar la voz y cambiar este rumbo con leyes que avalan la seguridad y respeto en el proceso de la maternidad.

Debemos velar no sólo por nuestras mujeres-madres, sino también por nuestros profesionales de la salud que empleamos. Si estos profesionales no aman su trabajo, si no sirven con pasión, dedicación y habilidades a la sociedad, estamos haciendo las cosas extremadamente mal en el sistema de salud chileno.

Las madres no somos una “incubadora” que merece ser tratada como animal en un matadero para luego exponer la carne en una carnicería a la venta al mejor postor. Somos seres humanos de los que depende la sociedad entera, somos el núcleo de la vida que puebla este planeta.

Ley Trinidad

Se ha nombrado esta ley en honor a Trinidad, la bebé de Adriana que no llego a ver la luz, a sentir el calor de los brazos de su madre, a vestir las ropitas lindas que la esperaban como princesa. Trinidad fue negada de recibir el amor incondicional y mimos de su abuela y familia.

En honor a ella y a muchos otros bebés que los imagino juntos desde el cielo observando qué vamos hacer como adultos antes tanta violencia hacia ellos.

En Chile, en diciembre de 2016 el Instituto Nacional de los Derechos Humanos incluye, por primera vez en su informe anual, la violencia obstétrica como una prioridad del Estado y un foco importante de vulneración a los derechos humanos, especialmente de las mujeres, e insta a poderes colegisladores a la aprobación de normativas que garanticen prácticas adecuadas y respetuosas para la dignidad humana durante el embarazo, parto y puerperio.

El proyecto de Ley Trinidad, busca establecer  los derechos del nacimiento y regular la violencia gineco-obstétrica en Chile, sin embargo, la Ley Trinidad sigue esperando ser retomada y aprobada por nuestros parlamentarios en el congreso.  El documento completo al proyecto de ley lo puedes leer en este link.

También puedes dar tu testimonio de violencia obstétrica. Entiendo que los sentimientos de culpabilidad, miedo, vergüenza son comunes después de un parto traumático, pero también entiendo que es catártico hablar de ello, decirlo y sacarlo de tus viseras. Para ello puedes ponerte en contacto con el OVO en éste link.

Me siento una madre demasiado afortunada por haber vivido dos partos respetados y mis hijos nacidos naturalmente sin intervenciones medicas. Luego de escuchar el relato de Jacqueline y leer las palabras de Adriana, literalmente me rompe el corazón, me saltan las lágrimas y me duele el alma ante el dolor de estas mujeres.

Le pregunto a Jacqueline y Adriana si han recibido ayuda para llevar el trauma físico y espiritual de este luto en el puerperio. Me cuentan que sí han recibido la ayuda legal de un abogado que esta llevando el caso ante el tribunal local. Pero también han recibido comentarios negativos y burlescos de algunos profesionales de la salud locales que no respetan el luto de la familia.

Adriana, tuvo su primera sesión con una socióloga local con tendencia holística, lo que es un inicio positivo pero solo el inicio de un largo camino para superar el trauma físico, mental y espiritual de un parto con este nivel de agresión. Para contactarte con la familia de Trinidad y apoyar la Ley puedes unirte a la pagina en Facebook.

Me lleno de valentía, me seco las lágrimas y respiro profundo para poder poner estas frases juntas tratando de solidarizar con ellas y todas las mamitas que han sufrido violencia, incluyendo mi propia madre, que sufrió en mi parto y sigue sufriendo las secuelas de la violencia obstétrica después de más de 30 años.

 “Cuando logro conciliar el sueño (que cada día es menos) sueño contigo que vamos de la mano las cuatro juntas que ríes con la Violeta, que tu mamá te hace moños lindos y te viste de un rosa o lila precioso. Que me miras y me dices ñaña te amo ñaña quiero correr y te sueltas y corres por un entremedio de muchos robles y miras hacia atrás y veo tus ojitos tu sonrisa tu carita hermosa me quedo mirando cómo te alejas .....luego despierto con una sensación de noooo noooo duerme Jaque sueña de nuevo con ella aún es de madrugada.... Te lloro cuando no logro soñarte otra vez ...... Cómo se puede tener tanta pena en el pecho ?” (texto escrito por la abuela de Trinidad).

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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