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Alfombra roja, rosas blancas y desilusión: ¿la televisión quedó en deuda?

por 20 febrero, 2018

Alfombra roja, rosas blancas y desilusión: ¿la televisión quedó en deuda?
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Entre la desilusión y el orgullo, entre el amor y el odio. Así me siento tras estar por primera vez en la alfombra roja de la Gala de Viña… y es que si bien es agradable producirse un día, sentir que mucha gente está contigo para mostrar su trabajo y ayudarte, pasar por una alfombra roja con más de 30 puntos de rating, aprovechar de ver amigos y conversar con personas diversas y entretenidas, hubo algunas cosas que me parecieron poco logradas por parte de la organización. Creo que desilusión es la palabra que mejor define la sensación con la que quedé.

Vamos por parte. Si hay algo que le podemos agradecer a Chilevisión en sus ocho años a cargo del Festival de Viña del Mar, es haber transformado la Gala en un día más de Festival, en un programa de televisión y en una instancia para que la moda chilena, una industria y un arte muy importantes, se muestren con más de 30 puntos de promedio en la televisión, convirtiéndose en el espacio más visto del año después de los eventos deportivos. Lamentablemente este año, el último de su licitación, se perdieron una oportunidad fantástica de modernizar la alfombra roja y ponerla al nivel de los grandes eventos internacionales. Eso finalmente no pasó.

Cuando propuse por mis redes sociales que lleváramos algún símbolo, sabía que era tarde para ponernos de acuerdo en un color. Por eso, tras conversar con las primeras que se me acercaron, como fueron Lucía López y Mariana Loyola, decidimos que el símbolo de la rosa blanca era ideal. Una flor por las mujeres, el blanco por la inocencia de los niños. Fácil de conseguir, fácil de llevar sin incomodar a nadie.

Lo primero que hice fue proponer la idea a la gente de Chilevisión: claramente si el canal organizador se hacía parte, al menos todos se enterarían. Esa fue la primera puerta que se me cerró. El que mejor explica la respuesta que me dieron es Carlos Valencia, productor ejecutivo del evento, quien conversó con Biut de La Tercera: "A nosotros nos gustó mucho esto de las flores blancas. Nosotros dimos libertad a todos los invitados para que se sumaran a la causa que estimaran conveniente". Agregando que "como organización, no nos queríamos hacer partícipe solo de una gran causa, porque hay muchos temas, entonces dimos libertad y nos pareció increíble lo que hicieron con las flores".

Y claro. No lo critico. Pero eso es no entender lo que está pasando. ¿No será suficiente todo lo que ha pasado en el Sename como para que sigamos farreándonos la oportunidad de visibilizar cómo se pasan a llevar los derechos fundamentales de nuestros niños a diario?

No logro entender qué nos falta para superar nuestras diferencias cuando hablamos del bien común. ¿O su cara solidaria para la Teletón es de cartón? Cuando se enojan con el gobierno y abogan por un país más justo, ¿es real?

Una simple rosa blanca que significaba que la televisión no es solo frivolidad y morbo, es también un medio que muestra las preocupaciones de la gente real. El país estaba tan sensible y conmocionado con el horroroso caso de Sophia y la pequeña supuestamente secuestrada en Licantén, que este era el momento. Y a nivel mundial, todas las alfombras rojas están tomando la causa de poner fin a los abusos. Pasó en los Globos de Oro con los vestidos negros, pasó en los Grammy con las rosas blancas, en Los Goya con un abanico rojo, y en los Bafta repitieron lo del vestido negro. ¿Nos vamos a seguir haciendo los tontos con que en Chile también hay una normalización del abuso y el acoso? ¿Tendremos que esperar que aparezca una mujer con poder a relatar su historia?

Y después nos quejamos de que la gente no ve televisión. ¿Qué mensaje mandamos? Que no somos capaces de ponernos de acuerdo, que hay un montón de rostros que están más preocupados de verse lindos, que de entregar un contenido aunque perfectamente se podían hacer las dos cosas... En las redes sociales, los comentarios fueron lapidarios con el medio. "¿Y qué pasó con las rosas blancas?", "Viste, te dije que son todos pencas", "Debieron donar la plata de los vestidos, mejor", "No sirven de nada estas cosas", eran los conceptos que se repetían.

Lo cierto es que casi todos aceptaron la rosa de buena gana. Yo llevaba 25 y me faltaron. Eso sí, soy sincera. Sé que a varios rostros, de los más importantes, les llegó el mensaje y no quisieron unirse porque la organización de la Gala no se hizo parte o porque no iban a ser todos. Qué lata. Antes estas cosas me daban lo mismo. Pero veo cómo en el mundo nadie necesita que le manden una invitación a la casa o lo hagan firmar un contrato para que todos salten y se pongan de acuerdo cuando de una causa importante se trata, no logro entender qué nos falta para superar nuestras diferencias cuando hablamos del bien común. ¿O su cara solidaria para la Teletón es de cartón? Cuando se enojan con el gobierno y abogan por un país más justo, ¿es real? Y aunque siempre me ha incomodado trabajar en un mundo donde las apariencias son lo más importante, ese día de la Gala lo percibí con fuerza y me dolió.

Nos farreamos la oportunidad. La TV es la única que queda mal. Lejos de la gente. Fuera de tiempo. Chilevisión se farreó la oportunidad de ir un paso más allá y mostrar que los símbolos son tan importantes como las acciones para elevar el espíritu de un país y que eso se puede hacer desde la TV.

Sin embargo, me sentí orgullosa de observar cómo varios hombres y mujeres se sumaron a la causa con una sonrisa, contentos por poder decir algo. Por mi parte, seguiré saliendo a la calle, con flores blancas, con globos negros, con carteles rojos o el arcoíris flameando. Ahí están los de verdad, los que quieren cambios, los que están preocupados porque se acabe la desigualdad y hacerle un hoyo al muro de la pobreza. No en la cajita cuadrada… muy a mi pesar.

Foto: Mirko Quiñones

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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