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El discurso del patriarca

por 2 junio, 2018

El discurso del patriarca

No hay peor ciego que el que no quiere ver, dicen. Pero la cuenta pública del Presidente Piñera muestra que él es capaz de ver y seguir adelante, ignorando el momento político que vive el país. En un discurso masculino, lleno de guiños a héroes y padres de la patria, donde el ciudadano (nunca la ciudadana) y la familia son lo que importan, se permite señalarnos que es momento de "recuperar el tiempo perdido y marcar un antes y un después en la forma en que tratamos a nuestras mujeres".

No somos sus mujeres, Presidente. Somos feministas y nos estamos multiplicando. Ya van 40 movilizaciones en distintas universidades, nos vamos encontrando distintas generaciones feministas, trabajadoras, pobladoras, vecinas, amigas para pelear por una sociedad feminista, radicalmente justa y democrática. No estamos peleando por un centavo más o menos porque no queremos ser igualmente explotadas.

No queremos más explotación neoliberal vestida de conciliación familiar. No es posible prometer una ley que garantice el derecho universal a la sala cuna "para todos los hijos de madres trabajadoras dependientes, o padres al cuidado de sus hijos". Las chilenas precarizadas somos millones. Las trabajadoras con contrato son una minoría. Punto aparte a la mención de los "padres al cuidado de sus hijos". ¿Acaso no todos los padres están al cuidado de sus hijos? Claramente no, y las madres se cansan.

La trampa del horario flexible, el trabajo desde el hogar y el teletrabajo son máscaras amables para que hagamos el doble y no queremos optimizar las formas de explotación del sistema capitalista. Queremos trabajar menos y compartir más con la comunidad, queremos colectivizar el cuidado de niños y niñas, y salir del encierro y aislamiento que supone para muchas mujeres la crianza de sus hijos.

"Fortalecer la familia, núcleo esencial e insustituible de una vida social sana", dice el patriarca. ¿Qué familia? ¿Dos mujeres amándose y amando a hijos adoptados? Esa familia no cabe en la mente de la derecha chilena, ni esa ni muchas otras. Las mujeres sabemos que la familia es "insustituible" mientras el cuidado siga siendo un problema privado. Porque son las mujeres y las casi seis horas diarias que dedican al cuidado de otros y a las tareas del hogar -sin remuneración, jubilación, ni reconocimiento- las que están ahí cuando los padres se hacen viejos y hay que cuidarlos, cuando una enfermedad arrecia y hay que organizar bingos para que las personas sobrevivan, cuando los salarios indignos no permiten vivir y la familia apaña. Las feministas apostamos por un sistema social de cuidado, por una sociedad solidaria.

Las mujeres ya no permitiremos ser invisibilizadas. La maternidad no representa uno de los mejores indicadores de salud y calidad de vida de una sociedad, la maternidad deseada y libre sí. Por eso queremos educación feminista que integre educación sexual y queremos derechos sexuales y reproductivos, queremos TODOS nuestros derechos y no los que la elite política cree que tenemos.

Carmela Jeria, decía a principios de siglo: "Ardientemente deseamos que la mujer llegue algún día al grado de adelanto del hombre, que tenga voluntad propia y se emancipe del pesado yugo de añejas creencias que la oprimen y sea en todo de conciencia independiente".

Ya tenemos conciencia y seremos independientes. No queremos más que las crisis económicas del neoliberalismo de unos pocos se resuelvan a costa de nuestros cuerpos y territorios. Asesinatos como el de Berta Cáceres, Marielle Franco, o Macarena Valdés, así lo atestiguan así que, conociendo el enemigo, para hacerle frente necesitaremos mucho más que consignas progresistas. Pero sabemos que la lucha de tantas mujeres defensoras de sus territorios, así como la fuerza de la machi Linconao, de las universitarias, de las secundarias están cambiando el mundo en las narices del presidente y no parará. Ahora estamos juntas, más juntas que nunca.

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