Compositor maldito de los nazis regresa a la ópera de Berlín - El Mostrador

Viernes, 15 de diciembre de 2017 Actualizado a las 20:11

Franz Schreker

Cultura - El Mostrador

Compositor maldito de los nazis regresa a la ópera de Berlín

por 21 octubre, 2001

El compositor austriaco Franz Schreker (1878-1934) ha regresado a la opera de Berlín con la expectación y éxito que cosechaba en sus representaciones antes de que los nazis, rendidos a Wagner prohibieran sus obras, que consideraban "triviales desde el punto de vista musical y degeneradas".

La rehabilitación del compositor, hijo de un judío convertido al protestantismo y de una católica, fue apoteósica y el público, que llenaba la sala, reaccionó a la provocación que siempre fue de "El sonido lejano" con bravos y aplausos interminables.



El primer acto fue el más impactante. Greta, magistralmente interpretada por la soprano Anne Schwanewilms, se masturba pensando en su amado, un compositor en crisis de creación que renuncia a la pureza de un amor adolescente en favor de una opera inconclusa.



A partir de ahí, los personajes inician el camino a la regresión, un viaje por el psicoanálisis de Freud que tanto influyó en el compositor, ligado al grupo artístico e intelectual de Viena, con el desfile de personajes deformados, de sueños dominados por la figura del padre, de una sexualidad llena de traumas.



Greta, hija de padre alcohólico, es violada repetida veces en el escenario por los compañeros de éste y en su presencia. Una puesta en escena poco habitual en una opera que anunciaba una escenografía sin prejuicios y llena de críticas hacia lo que fue la Alemania de entre guerras y donde la República de Weimar intentaba en vano erradicar modelos de una sociedad castrada por el conservadurismo.



La protagonista, una Electra cualquiera, cae en la prostitución, primero en un burdel veneciano -la puesta en escena del segundo acto fue la más aclamada por el público, aunque el vestuario fue abucheado- y luego en las calles de una ciudad cualquiera, presa de un destino regresivo del que tampoco escaparon los otros personajes.



La música, por el contrario, crecía en positivismo -la percusión da paso al viento y la cuerda- a medida que se ejecutaba el libreto del psicoanálisis, de la deformación del comportamiento entre el hombre y la mujer, escrito por un Schreker que entendió su música como una consecuencia del impresionismo.



Pero la simpleza de la melodía de este compositor, a veces equiparado a Gustav Mahler y en su día única alternativa a las composiciones de Richard Wagner, es sólo aparente.



La composición de Schreker, interpretada por Michael Gielen, director musical de la Staatsoper, es algo más que una construcción armónica con momentos disonantes, tendencia seguida por otros compositores de la "modernidad", entre ellos Arnold Schoeneberg.



El espíritu musical de "El sonido lejano", respetado fielmente por Gielen, que dirigió a la orquesta en el foso y a partir del segundo acto a otra dispuesta entre bambalinas, descansa en nueve acordes ligados entre sí: el primero con el noveno, el segundo con el octavo y así sucesivamente hasta el quinto, acorde suelto, sin pareja porque ese es el sonido lejano: el sonido de la muerte.



El estreno de "El sonido lejano" se convertirá, sin duda, en una de las atracciones operísticas de la temporada berlinesa y no sólo porque constituye la rehabilitación de un compositor injustamente borrado del panorama alemana por los nazis.

Con la rehabilitación de Schreker, quien a pesar de haber sido el director del Conservatorio de Música de Berlín en los años veinte sólo logró estrenar una de sus operas en Berlín - fue "El herrero de Gante" en 1981-, la "Staatsoper" confirma su vocación de renovación y búsqueda de las fuentes artísticas que fueron desterradas por tabúes políticos y morales.



EFE

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