Crónicas Cínicas XVIII - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 20:51

Madame Satá, El Invasor, Mi

Cultura - El Mostrador

Crónicas Cínicas XVIII

por 3 enero, 2003

Madame Satá es la historia de Joao Francisco dos Santos, un pato malo, personaje mítico de los años treinta, en los bajos fondos de barrio La lapa de Río de Janeiro. Era transformista artístico, capoeirista, cocinero, padre adoptivo de la hija de su amiga Laurita, choro y maldito. La película es el complejo retrato de este personaje en el momento en que su Madame Satá está a punto de convertirse en una estrella de Vaudeville...

El Negro y El Guatón están sentados en la cuneta en plena Alameda. Hace un par de horas que han terminado los fuegos artificiales de año nuevo en la torre Entel y la gallá en grupos de amigos circula por la calle donde habitualmente pasan las micros, enfiestada, feliz de la vida, con botellas en la mano. Hay pura buena onda.



Con una sonrisa en la cara los dos ven pasar a la gente. Sienten el espíritu fraternal en el aire, además del placer de estar juntos en ese momento mágico. Ahí sentados en la calle, comparten una champaña con frutilla, pasándose la botella para tomar largos sorbos de ese brebaje dulzón. Están medio cufifos. Ya se han despachado otra de champaña con piña. La sonrisa les sale fácil por el trago y porque se sienten felices.



Por lo demás no se han visto desde que el Negro volvió de Cuba hace un par de días, por lo que esta celebración de Año Nuevo es la primera ocasión que tienen para contarse todas las copuchas pendientes desde que se separaron hace tres semanas en el aeropuerto. El Negro le cuenta al Guatón lo que pasó con la exhibición de su corto en la Habana:



- Yo no me imaginé jamás, compadre, que la cosa iba a ser tan patética. Yo sabía que a los cortos los pescan poco, mas encima el mío estaba en la categoría de corto de escuela de cine -caché que hay miles de escuelas, literalmente miles, en América Latina- así es que lo proyectaron en La Fundación para el Nuevo Cine, en una sala súper bonita, pero que queda en la loma de la cresta, en un barrio cuico con puras mansiones. Te conté el atado que es el transporte allá, si es que no tienes un turro de dólares para pagar taxis.

- No me digái, Negro.

- Guatón, llegar hasta allá fue toda una odisea. Mi amiga Carola, paleta y solidaria vino conmigo y me ayudó a hacer dedo -con ella es más fácil porque es bonita y tiene una tremenda pinta-. Nos demoramos como dos horas, entre lo que anduvimos a pie y lo que esperamos para que nos llevaran a dedo. Además nos costó un buen montón de plata, porque siempre tenís que darle unos pesos a los que te llevan. Cuando llegamos, la función había empezado. Era una tremenda sala donde no habrían mas de quince personas. Después que se mostraba un corto las personas que acompañaban al realizador se iban, cagándose en el resto de la programación. Mi corto estaba al final del programa. En el intermedio, cuando quedábamos sólo nosotros y tres argentinas, la Carola agarró papa con un par de mejicanos cancheros y no volvió a entrar. Para hacértela corta, mi gran participación en el Festival de la Habana tuvo una sola persona como espectador. A mí. ¿Qué te parece?

- ¡Mal me parece pu' negro!, no dan ganas de seguir sacrificándose haciendo pelis si te van a tratar así...

- Claro que si eres realizador de largometrajes la cosa cambia, te puedes transformar en Dios de un momento a otro. Yo vi como Karim Aí¯nouz, premio a la opera prima con su magnífica Madame Satá, después del estreno pasó de ser un don nadie a ser perseguido por la prensa, las minas y los productores.

- ¿Y la peli es para tanto, Negro?

- Claro que sí, compadre, es la historia de Joao Francisco dos Santos, más conocido como Madame Satá, un pato malo, personaje mítico de los años treinta, en los bajos fondos de barrio La lapa de Río de Janeiro. Era transformista artístico, capoeirista, cocinero, padre adoptivo de la hija de su amiga Laurita, choro y maldito. La película es el complejo retrato de este personaje en el momento en que su Madame Satá -nombre artístico tomado de una película de 1930 de Cecil B. De Mille- está a punto de convertirse en una estrella de Vaudeville, pero el destino... Mejor no te la cuento Guatón, ¿cómo sabís si llega? En todo caso para ser opera prima es una maravilla. Esta filmada con una cercanía y una sensibilidad impresionante. El actor, un negro guapo y atlético de un metro noventa es capaz con esa cuerpada de transformarse en una cantante delicada y sexy. La época además está retratada con un acierto y una credibilidad que ya se la quisieran algunos maestros. Los brasileros están realmente súper bien con su cinematografía. Hay otra también que se llama El Invasor, de Beto Brandt, un paulista que se ganó el tercer premio...



Justo cuando el Negro va a empezar a comentar la otra película, se les acercan tres cabras mas curadas que ellos, a ofrecerles sonrientes un trago de pisco de una botella que andan trayendo. Las tres pendejas se sientan en la cuneta a su lado muertas de la risa. Entre tallas se terminan la champaña. El Gordo les pregunta qué andan haciendo: La cabras cara de raja les dicen que andan pinchando a ver si unos machos las invitan al mercado a comerse un mariscal para componer la caña y hacerse después una fiestecita en la playa de Lavín.



Los dos amigos se miran y no pueden creer la buena suerte que han tenido. El Gordo les dice:



- Aquí mi amigo está contando una historia de su viaje a Cuba. Después si quieren nos ponemos con los mariscos ¿Haaa?



Una flaquita de pantalones ajustados y ojos grandes le dice:



- Cuenta no más, el mercado no abre por un par de horas. ¿No les queda más champaña?

- No -dice el Negro- pero podemos comprar.

- Quédense aquí, yo voy -dice una pecosa bajita con un espectacular par de tetas visibles a través de una ajustada polera blanca. Murillo atina con un billete de dos lucas y la chica parte en busca de la champaña.

- Tráete una con piña -grita el Gordo mientras la cabra se aleja- ¿En qué estábamos?, pregunta el Gordo.

- Nada, sólo te iba a contar de El Invasor, de Beto Brandt, otra brasilera que vi en el festival y que me encantó. Es una película periodística, casi en un estilo de reportaje, dura, que nos devela la atmósfera de un Sao Paulo lejos de la alegría irresponsable que suponemos del Brasil de la samba y el Fútbol. Al contrario vemos a una ciudad tensa, violenta, enferma, insidiosa, en la que reinan el miedo y la culpabilidad. Fíjate, Gordo, que el realizador logra una puesta en escena epidérmica en la que sigue de cerca a sus personajes, haciendo que la tensión ambiente pase como zumba a los espectadores. Anisio, el invasor que baja de las favelas a desestabilizar la vida de un par de burgueses corruptos, es un personaje complejo e interesante que nos hace vacilar entre el desagrado y la fascinación. Nada fácil de hacer esta película, es la tercera del realizador. Ojalá que la podamos ver por acá. ¿Y qué se está dando?

- Un par de películas fuera de las que ya has visto -responde el Guatón: Mi gran boda griega, de la que mucho se ha hablado porque ha hecho un montón de millones en USA siendo una peliculita barata, y Mr. Deeds, otra comedia mediocre con Winona Ryder, que está súper bien, y John Turturro en un rol secundario nada de mal...



Una chica gordita, colorina, de ojos verdes, que se había sentado junto al Guatón comenta metiendo la cuchara como si nada:



- Lo peor de esta película es que es una adaptación en forma de comedia del clásico de 1936 de Frank Capra: Mr. Deeds Goes to Town. Es realmente una guachaquería tomar una película lírica, llena de contenido en la que se resaltan los valores no materialistas de la solidaridad, el amor al prójimo y la gratuidad, en la América de la Depresión y hacer una adaptación tonta en el mundo de hoy, donde se ha perdido el sentido de la vida que tenía el original. Es como hacer una mala copia de la Mona LisaÂ…



Los dos amigos se quedan perplejos, mirándose con sorpresa. ¿Una cabra de la calle que conoce a Frank Capra? ¿De dónde salió esta joya?



La chica, sin hacer caso del impacto causado, se dirige a los dos y les dice indicando con la mano:



- ¡Miren, ahí viene la Teresa con la botella! ¡ Déjense de hablar tonteras! ¡Vamos a echar el pelo mejor!



* Luis Mora, realizador, comentarista y profesor de cine.
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