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Mentiras y Chicago

Cultura - El Mostrador

Crónicas Cínicas XXVIII

por 14 marzo, 2003

Murillo, en traje baño, disfruta del último solcito del verano al borde de la piscina en la casa de la tía abuela del Gordo. Es domingo después de almuerzo, la tía Lala les cocinó un pastel de choclo espectacular que el Gordo engulló, ante la mirada complaciente de la señora. En esa casa de la calle Comité de Educación, en el paradero 14 de Santa Rosa es donde ha vivido el Gordo con su tía que lo crió desde que su papá se fue por razones políticas a Australia, al comienzo de los años
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El patio donde se asolean los dos amigos, está lleno de cachureos. Junto a un portón desvencijado, una vieja citroneta se oxida al sol, bajo el parrón hay una pila de chatarra amontonada y contra la pandereta, un alto de cajones plásticos para packing envejecen sin que nadie se acuerde de ellos.



En ese entorno poco playero, a un costado del patio, entre champas ralas de pasto y arbustos con rosas, hay una piscina pequeña en forma de riñón que el papá del Gordo le construyó cuando era niño, el año en que se murió su mamá. Igual, aunque modesta, la piscina salva y Murillo cada vez que viene a almorzar los domingos, si es que hay sol y hace calorcito, insiste en ponerse traje de baño y pegarse un remojón.



El Gordo lo acompaña sentado en una silla desvencijada. A pesar del intenso calor de Marzo, el Guatón no se saca los blue jeans ni aunque lo maten. Desde su silla, le habla al Negro sobre una experiencia que tuvo hace unos días:



-¿Te acordai la otra vez cuando fui al Alameda a ver Mentiras con la Laura? Desde esa vez no me ha pescado más, se chorió por una discusión que tuvimosÂ… me trató de pajero inmaduroÂ… La peli nos cagó la onda, NegroÂ…



- Pero Guatón ¿cómo se te ocurre ir a ver esa peli con una mina? Es un film tan puntudo y trasgresor en la onda erótica. Las minas apenas ven a un gallo a poto pelado o una mina con las tetas al aire -por muy solvente que sea la propuesta- se ponen paranoicas, pensando que las llevaste al cine pa calentarlas, pa correrles mano y pa aprovecharte de ellasÂ…¿no te acordai del Taxista en Taxi Driver de Scorsese?



-Noooo, si no fue por eso, la Laura no es cartuchaÂ… sólo discutimos sobre el tema del cuerpo y el afecto, que es lo que plantea, para mí, la película: el erotismo sin emociónÂ… o sea, yo decía sin emoción, pero la LauraÂ… sostenía que esa opinión respondía a una fantasía masculina mía. Que por el contrario, el film plantea lo extraordinario e ilimitado de la pasión humana. Ella veía a esa obsesión asfixiante y gozosa que se produce con el enganche erótico de los dos personajes, como un espacio romántico y emotivo, sin límites y sin contacto con lo social, como un amor puro que se nutre sólo de ellosÂ…



El Gordo, con cara muy seria, por la que le corren chorros de transpiración, se queda pensativo un instante y continua:



-Yo le decía que no, que por el contrario, que no era una relación afectiva, que sólo se trataba de un par de hedonistas aburridos que se dan de palos y se causan dolor sólo para buscar los límites de sus cuerpos y que al final se quedan pegados en esoÂ…tristes y vacíosÂ…



Murillo desde unas tablas cepilladas que usa como tumbona, lo mira desde detrás de sus anteojos ahumados y le dice delicadamente:



-Yo creo, Guatón, que te caíste, que la película es un testimonio de las posibilidades y del compromiso con que se puede enfrentar una pasión erótica. Esa falta de límites con la que se agarran a palos, es sólo la capacidad de aceptar las urgencias interiores. El cuerpo es visto como un vehículo del afecto, no son ni esclavos ni hedonistas, son sólo dos amantes desaforados, pero son amantesÂ…



El Gordo lo interrumpe enojado:



-¡Tai igual que la Laura! ¡No hay una relación romántica! Y eso es lo choro de la película, hay ternura, cuidado y afecto, pero no es romántica. No se sublima nada. La represiva sociedad coreana, pacata y censurante metió preso, por cargos de pornografía, al escritor Jang Jung Il por el libro Dime una Mentira -en que se basa la película- y el libro y la película, tratan de decirle a esa sociedad reduccionista y puritana, que una relación puede tomar cualquier formaÂ… a la pareja puede gustarle comer caca, por ejemplo, como en este caso, pero lo hacen con su cuerpo y sólo ellos definen su placerÂ…. Por el contrario, lo romántico es cuando desde la relación se hilvanan fantasías sociales: proyectos conjuntos, modelos de familiaÂ… ¡Y aquí no hay nada de eso, Negro!



Murillo le responde levantándose para ir a probar el agua:



-Por eso la Laura se choreó, porque le restaste el componente más fuerte a la propuesta, que es la emoción y la ternura como contraste a la violencia. No porque se transformen en unos antisociales lo de ellos no va a ser amor, puh Guatón, le quitaste lo más trasgresor a la peliÂ… Por lo demás tu versión de lo romántico es más anticuadaÂ… se parece a la versión de las revistas el corazón.



Diciendo esto el Negro se lanza al agua dejando al Gordo con un tremendo cuello por no poder seguir con la discusión. Mientras Murillo nada, el Gordo le grita desde su silla:



-En lo que si estábamos de acuerdo, era en que la realización era súper buenaÂ…



Mientas el Negro sigue nadando, el Gordo un poquito desesperado, se levanta e insiste sobre el tema, caminando al borde de la piscina persiguiendo a su amigo:



-Ta bien que yo sea un poco pendejo, pero no tiene pa que enojarse tantoÂ…Yo creo que ya no me quiere, o a lo mejor nunca me quisoÂ… aunque cuando se pone las pilas tiramos ricoÂ…



Murillo saca la cabeza fuera del agua y le dice al Gordo en forma cariñosa:



-Compadre, estas cosas, el estatus de los afectos, la necesidad de la ternura y del cariño para apaciguar las penurias del cuerpo, o más bien las penurias de lo material en el amorÂ… son cosas de gran trascendencia para ellasÂ… hay que andarse con cuidado con las minas al tratar estos temas, por muy progre que sean, son súper paranoicas con este cuentoÂ…



Diciendo esto, Murillo se sale del agua y se instala en su lugar de siempre, seguido de su amigo que camina traspiroso y cabizbajo hacia su vieja silla de mimbre. Para romper el hielo, el Negro le pregunta al Gordo que sigue callado:



-'tuvo buena Chicago ¿ah?



-Sí, 'tuvo re buena. Me gusta ver un musical de vez en cuando y éste tiene brío, energía y a pesar de que la versión de Broadway original ha sido diluida un poquito con agua de rosas, el guión sigue teniendo una mirada ácida sobre la sociedad americana.



La ve como una gran masa doliente por los deberes de la sociedad industrial, que después de sus agotadoras rutinas de sobrevivencia cotidiana, es entretenida por los pasquines y radios amarillas, que les dan una dosis diaria de melodramones de la vida real: los crímenes pasionales.



Esta prensa es a su vez instrumentalizada y manipulada por los poderosos abogados frescolines, que lucran cara de palo con el pesar de las reclusas, armando grandes circos con los juicios criminales. ¿no te recuerda nada este tema?



Murillo, sorprendido por la larga perorata del Guatón, le contesta con desgano, sin pescar la pregunta:



-El montaje y la música los encontré súper buenos Gordo. ¿Cachaste que la historia es verídica y la escribió como pieza de teatro una genuina reportera del Chicago Tribune en 1926?



-Sí Negro, también me metí a curiosear a Internet y caché que se han hecho varios musicales y películas con ese materialÂ… pero a lo que voy es a otra cosaÂ… ¿No te pareció que lo que pasa en la película es lo mismo que hoy vemos en la prensa aquí? ¿no cachai que se ha armado un circo interminable de escándalos, que venden diarios y entretienen más que las teleseries y que han hecho de los Jueces y abogados, unas estrellas más grandes que las de Hollywood?



-Sí, tenís razónÂ… pero en este musical, más que ese lado de analogía con nuestra realidad, lo que me interesa es otra cosa. Me gusta como forma pura, como género, como espectáculo. Está lleno de viveza, de ritmo, de músicaÂ… por el contrario, esa parte que planteas tú, a estas alturas, es un tema que para mí es agotador, desquiciante y malsano. Y eso, ya no lo soporto másÂ… todos esos viejos derechistas haciéndose los pacatos, los justos y los honrados, cuando algunos de los que paran el dedo y engolan la voz para denunciar la corrupción, tienen unos mansos esqueletos en el closet. Como mi cuerpo no lo resiste, me hice una lobotomía para eliminar de mi cabeza toda esas huevásÂ…



El Gordo apesadumbrado, transpira cada vez más. Se limpia la cara con una vieja toalla que cuelga de un alambre para tender ropa:



- Si, la dura es que lo mismo me tiene chato también a mí Â…



Iba a seguir su comentario, cuando la tía Lala le grita desde la ventana de la cocina:



-¡Mijito, lo llama una niñita por teléfono! ¡dice que se llama Laura!



El Gordo se levanta radiante, como si lo catapultara un resorte y parte corriendo hacia la casa. Para su mala cueva en medio de la carrera, pisa una azada que él mismo había dejado tirada en el pasto. Al pisar la herramienta, como en una película de Tom y Jerry, se pega un conchazo en la cabeza con el palo del mango. A pesar del dolor, casi no se detiene y sigue corriendo a contestar el teléfono.



Murillo ve la escena desde su tumbona de tablas. El percance del Guatón lo hace cagarse de la risa. Luego lo ve entrar a la casa ansioso y apurado pidiendo el teléfono. Al Negro entonces se le dibuja una tierna sonrisa en los labios.



* Luis Mora, realizador, comentarista y profesor de cine.
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