Crónicas Cínicas XLIV - El Mostrador

Martes, 21 de noviembre de 2017 Actualizado a las 03:41

Hulk, Bowling for Co

Cultura - El Mostrador

Crónicas Cínicas XLIV

por 5 julio, 2003

Teresa maneja dificultosamente un viejo Volkswagen que un tío de Temuco le acaba de regalar como sorpresa. El caballero, buena onda, tenía botado el autito por cacharriento y gastador, pero un día que vino a Santiago, encontró a su sobrina tan monona e inteligente, que le dieron ganas de darle un gusto. Así es que se lo hizo amononar y se lo mandó a Santiago de regalo, con un cabro estudiante, compañero de su hijo menor. Cuando lo recibió, Teresa quedó perpleja por lo inesperado del present

Y aquí la tenemos, apechugando, un domingo por la tarde, en el parque Intercomunal de la Reina, tratando de atinar, con el Negro de copiloto y el Gordo sentado en el asiento de atrás. Laura más escéptica, prefirió quedarse leyendo debajo de un arbolito a la Susan Sontag, en vez de participar en el aventurero aprendizaje de Teresa. Mientras el auto avanza a saltos, el Gordo, indiferente al bamboleo, opina sobre Hulk:



- Yo la fui a ver sólo por Ang Lee.



Teresa, a pesar de manejar con dificultad, le dice con la voz tiritona por los saltos del autito en el camino lleno de hoyos:



- Yo la fui a ver porque me tincó. Me encantan las películas de superhéroes de la Marvel y esta la encontré la raja. Me gustó la lógica de las razones de la tragedia del Hulk.



Luego se vuelve a concentrar, mientras el Gordo le dice:

- Es una experiencia rara, la verdad. Uno va dispuesto a ver una historia, monumental, disparatada, loquita, sobre un ser que se convierte, cuando está estresado, en una montaña de músculos verdesÂ… y en vez de eso uno se encuentra con una historia dulce de un científico jovencito, sensible y buena onda, víctima de circunstancias accidentales que interfieren con su pequeña historia de amor.



Murillo, concentrado en el manejo de Teresa no ha abierto la boca. Pero ahora que parece que ella lo está haciendo mejor, aprovecha para decir a la pasada:



- Bueno, pero eso pasa por un rato, pero luegoÂ…



Teresa, que sigue agarrada del volante sin sacar los ojos del camino, aún tiene coraje para opinar:



- ¡Siii puh, pero esa es la parte buena, cuando empieza a ser HulkÂ…al principio la peli es un perno.

El Gordo, desde atrás del Volkswagen, le contesta por sobre el ruido del motor:



- Lo que pasa es que Ang Lee no tiene ni un brillo como contador de buenas historias populares. Es un finito, un sofisticado. No sé a quién se le ocurrió que dirigiera ésta, cuando uno se da cuenta de lejos que no entiende el lenguaje del entretenimiento pop.



Teresa dice:



- A pesar de todo salva, y el final esta súper activo y entrete, aunque el comienzo es latero.



Murillo le dice a la bella Teresa, porque no puede dejar de opinar:



- Cómo puede decir eso mi amor, si el pobre Hulk es patético, es una montaña de músculos que dan pena, es ridículo, parece siempre estar a punto de llorar.



Teresa juguetona le dice:



- Pero no me digai que no es exquisita la cara del actor cuando dice que lo más grave de cuando se transforma en Hulk, es que le gusta.



Teresa no alcanza a decir esto, cuando el auto parece adquirir vida propia y salta hacia delante, porque Teresa aprieta en demasía el acelerador. Ella se asusta, se equivoca, acelera más, se sale del camino, no puede controlar el manubrio, corre por el pasto, Murillo grita, el Gordo salta en el asiento de atrás y Teresa transpira, tratando de calmarse. Murillo finalmente logra que detenga el auto justo ante de chocar con un plátano oriental. Teresa respira profundo y espera un momento, luego cansada por el esfuerzo, nerviosa, para calmarse y pensar en otra cosa, les pregunta:



- Y Bowling for Columbine ¿la vieron?



El Gordo que es el que está menos estresado, automáticamente agarra papa:



- Yo cacho que el Michael Moore a pesar de ser gringo, tiene una particular sensibilidad para mostrar las partes más contradictorias y pelotudas de su país. Es como un talento natural.



Teresa respira hondo y vuelve con disciplinada persistencia a hacer partir el auto. Murillo, a pesar de ir pendiente de las desordenadas maniobras de la Teresa y de los tirones del autito antes de volver al camino, se hace cargo de lo que está diciendo el Guatón:



- Ahora en el sentido formal, como documental, la peli no es tan buena. Los he visto mejor hechos, más estéticos, mas ingeniosos. Quizás con tanto premio, yo tenía demasiadas expectativas, esperaba más, sobre todo de la forma, porque de contenido, el gringo se las trae.



El Gordo, rebotando como pelota en el asiento de atrás, indiferente a lo conchazos en la cabeza, le rebate a su amigo:



- Algo de eso hay, pero en este caso se lo perdono, porque la imagen que da de la sociedad gringa es muy cercana a la que me imaginaba y no había visto nunca a nadie poner el dedo en la llaga con tanto acierto, y este gringo desaliñado, se lo pone.



Murillo, sin perder el hilo, le contesta, tratando de corregir a un mismo tiempo la dirección del auto y hablarle al Gordo en el asiento de atrás. Teresa, roja por el estrés, traspira y lo odia por no callarse y preocuparse de ella.



- ¿Tai seguro? ¿A pesar de lo carreteado del formato? ¿A pesar de las preguntas inocentes cargadas de sentido común que desembocan en un desastre para el entrevistado? ¿A pesar de las tomas probatorias "irrefutables" pero bastante manipuladas? ¿A pesar de todo eso te gusta?



Teresa, choreada por la cháchara, gritando por sobre el ruido del motor sobre acelerado que se acaba de parar, a punto de entregar las herramientas y mandar al autito y a sus amigos a la cresta, les dice:



- ¡Gueones lateros! ¡Córtenla de hablar pelotudeces que no me puedo concentrar!



Mientras el Negro calma a su amiga con unos arrumacos y corta el motor, el Gordo, sintiéndose aludido, indiferente a la situación, insiste diciendo:



- Mira Negro, aunque al final Moore defienda posiciones simplistas y políticamente correctas, a pesar de eso, el Guatón gringo es bueno, deja en vergüenza a los yanquis paranoicos y estúpidos, asustados de su propia sombra y de pasada nos muestra una sociedad a veces absurda, a veces oportunista y muchas veces injusta. Y eso vale ¿o no?



Teresa ya más calmada, antes de hacer partir el auto de nuevo, les dice:



- Ustedes son unos pomposos, no cachan que ese documental es una sátira, que esta hecho con un profundo sentido del humor y que a pesar de la sociología, lo que queda finalmente dando vuelta en la cabeza es lo divertido, lo patético y lo absurdo de la sociedad americana.



Luego se da vuelta hacia el Negro y con un sonrisa seductora cargada de doble sentido le dice:



- ¿Hagámosle un empeño otra vez mi amor?





* Luis Mora, realizador, comentarista y profesor de cine.
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