Los Hermanos Lumière del cine contemporáneo - El Mostrador

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Una mirada crítica a la partic

Cultura - El Mostrador

Los Hermanos Lumière del cine contemporáneo

por 13 julio, 2003

Inclasificables e imprevisibles, los Coen han creado al margen de las grandes producciones de Hollywood, una filmografía asombrosa, desequilibrante y llena de símbolos. Modelos a seguir para muchos nuevos directores, han conformado una particular y escasa manera de hacer cine y abordar significativamente temas comunes y corrientes.

Inasequibles al desaliento e impermeables a las antojadizas tendencias de la industria, Joel y Ethan se han convertido en sinónimo de independencia creativa, dejando de lado presiones y dando rienda suelta a su original imaginación para contar historias. Indistintamente se trate de dramas o comedias, el cine de los hermanos Coen suele moverse en un territorio atrofiado de Norteamérica, definitivamente hostil, contradictorio y despiadado, que imposibilita y condiciona todo sueño y esperanza por legitima que sea.



Autores de todos sus filmes, los Coen han creado un formalismo casi fotográfico presente en todas sus obras, donde se traduce la exactitud de lo escrito a la pantalla cinematográfica. El simbolismo, la referencia directa tanto a una sensación como a un personaje, están ya dibujados de antemano en el guión (tras su consecuente creación en el cerebro compartido de ambos hermanos).



Los Coen, sin tener que repetir necesariamente cien veces una toma como hacía Kubrick, son estrictos hasta límites aparentemente no reflejados en su cine a primera vista. Su exactitud en el guión les lleva a realizar ínfimos cambios en el rodaje, y si estos se producen son más por problemas de realización o de tiempo (los Coen aún siguen siendo realizadores de cine independiente, al margen de los grandes estudios de Hollywood).



Detrás de la seudo felicidad impregnada en el "sueño americano", estos talentosos cineastas ponen de manifiesto una realidad sociológica mas bien deprimente y agónica. Joel y Ethan toman personajes de la vida real para llevarlos a escena tiñéndolos de una carga negativa, personificando la otra cara de América. Atrapados en la compleja red de las representaciones y las reglas sociales, se alienan poco a poco hasta destruirse y el conformismo, las instituciones y el mito americano limitan su libertad.



Los hermanos Coen describen este mundo desencantado recurriendo a un estilo muy personal, instranferible y bastante cambiante, que provoca mediante el uso de figuras cinematográficas tradicionales, personajes extremos que se unen en peculiares tramas hilvanadas a fuerza tópicos y lugares comunes.



Enviciados y críticos por partes iguales, Joel y Ethan cuentan con la distancia y el humor de todos aquellos espectadores que reconocen los códigos del cine. Su propuesta artística se basa en una nueva forma de distanciamiento que, programada de la forma más rigurosa posible, establece entre el espectador y el espectáculo una alternancia entre la clásica estructura proyectiva de la identificación y al mismo tiempo su distanciamiento estético.



En 1984 los Coen debutan con Sangre Fácil. El argumento presenta el personaje de un esposo que está siendo engañado por su mujer y este se las ingenia para poder vengarse de ella, sin que su maquiavélico plan pueda ser descubierto. Para los realizadores este fue un complejo proceso que les llevó más de tres años llevar a cabo. Escribiendo a dos manos y financiándose gracias al dinero de amigos y familiares, consiguiendo la ridícula suma (en términos cinematográficos) de 175.000 dólares, y a la vez que Joel realizaba las tareas de montaje de diversos filmes de serie B, entre el que se halla Posesión infernal de su amigo Sam Raimi, los Coen terminaron tres guiones, de los cuales sólo uno dirigieron. Sangre Fácil nace así como una atípica cinta, con toques de cine negro, incluyendo una "femme fatale" (Frances McDormand).



En 1987, llega Arizona Baby. Con un elenco extraordinario, como también lo es la película que supera significativamente su ópera prima, esta trama es un ejemplo convincente de la constante en sus temáticas: una pareja, obviamente dispareja, de un ladronzuelo que se enamora y contrae matrimonio nada menos que con una mujer policía. La sobriedad estructural de Arizona Baby, así como su peculiar retrato de la sociedad norteamericana de la era Reagan o su absoluta sutileza a la hora de definir un humor entre lo macabro y lo exquisito y la magnífica puesta en escena, la transforman en una película exquisita.



Tres años más tarde filman, Muerte entre las Flores. Con diálogos chispeantes e ingeniosos, con toques de humor a veces de lo más espeluznante, y secuencias de una violencia a veces crudísima, mezclada con imágenes de enorme belleza plástica, este interesante trabajo hace recordar un poco a las películas de Kitano y a otros geniales cineastas orientales con su lirismo y su dureza.



En 1991 aparece la espectacular Barton Fink. Dentro de la filmografía de los hermanos Coen, un trabajo de las características de esta película supuso en su momento una extraña aparición como si no fuera algo consecuente con su trayectoria anterior, como si se tratara de un accidente. Sin embargo, tras contemplar todas las obras de estos singulares autores, Barton Fink se revela como uno de sus largometrajes más sobresalientes. Esta cinta, magistralmente interpretada por John Turturro, es el paradigma del anti-héroe, un escritor muy querido de sí mismo, incapaz de escuchar a nadie que busca un contenido social en sus historias que se centren en temas cercanos al ciudadano común, al obrero y trabajador de a pie.



En el 94 realizan El Gran Salto, ante todo un filme, complejo y lleno de reverencias y referencias al cine clásico de los 40 que homenajea, plagia, estira y bombardea con absoluto desparpajo, además de hacer cúmulo de un buen número de guiños a clásicos recientes del cine americano. Pese a ello, este trabajo junto con ¿Dónde estás hermano? aparecen como uno de sus trabajos más débiles, dada su estética y definición narrativa.



En 1996, crean la magistral Fargo, basada en un hecho real ocurrido en Minnesota, es una estupenda comedia que trata sobre un hombre que contrata a dos asesinos a sueldo para que secuestren a su esposa, y así este poder cobrar la recompensa que podría ofrecer su inestimable suegro por el rescate de su hija. El trabajo realizado por los Coen en este filme es, sencillamente insuperable. El ritmo narrativo, la meticulosidad y el tratamiento estético son magníficos, además de las fenomenales interpretaciones de cada uno de los actores.



Dos años después llega El Gran Lebowsky. El encanto de la película está además en el aspecto visual inconfundible que dan estos cineastas a sus películas. Los sueños inconscientes del protagonista, algunas secuencias en la pista de bolos (hay una con John Turturro de antología), o cuando intentan arreglar alguna situación y todo les sale torcido, dan una aspecto preciosamente extraño y lúgubre a un filme particularmente alucinógeno.



En el 2000 los Coen filman ¿Dónde estás hermano?. Para muchos su peor película hasta el momento. Pretenciosamente basada en "La Odisea de Homero", el filme se queda en la superficialidad de los nombres, mal desarrollo de los personajes y con una historia que de partida se torna peligrosa por lo que significa como documento literario.



Un año después aparece la genial y asombrosa cinta, El Hombre que nunca estuvo, la más redonda y hermosa película de los hermanos Coen, además de una insolente broma a carcajadas en el rostro del espectador. Con la destacada interpretación de Billy Bob Thorton, la cinta analiza la común y corriente vida de un peluquero que, enfrentado a situaciones limites e inesperadas, ve forzado su destino y pasiva aunque angustiante vida. Con una atmósfera exasperante, extraña e imprevisible, los Coen logran conforman un trabajo precioso en todo orden de cosas, demostrando además que con tramas simples, comunes y corrientes se pueden lograr obras de arte.



Señores de la postmodernidad y reformulación cinematográfica, tan variables como la luz y el día y del sentido del humor más lacónico, los hermanos Coen juegan al humor profundo en el rostro de los tontos y maravillan tanto por su desarrollo narrativo como por su aparente ligereza cómica. Aprendiendo de sus errores y perfeccionando cada paso a su singular estilo, Joel y Ethan continúan creando filme a filme nuevos universos, apasionados mundos, trastornados sueños y poderosos delirios cinéfilos que pretenden llenar el espacio dejado por los más grandes, por los incomprendidos, por los genios.

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