El exorcismo del terror y la recuperación de la memoria - El Mostrador

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Erigirán memorial en el Campus

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El exorcismo del terror y la recuperación de la memoria

por 25 agosto, 2003

Un grupo de ex alumnos de la Universidad de Chile, compañeros de generación de Tatiana Fariña, ejecutada en 1985 por agentes de la CNI, se reunieron y reconstruyeron la historia de estudiantes, docentes y funcionarios de la Casa de Bello víctimas del régimen militar, dando así con los cerca de 50 nombres que formarán parte del memorial que será inaugurado el 5 de septiembre.

El 14 de mayo de 1985, en circunstancias aún confusas, fue encontrado el cuerpo de Tatiana Fariña, estudiante de sociología de la Universidad de Chile y militante del Partido Comunista. En un principio, la prensa de la época complotó con su deceso e informó que había muerto luego de que estallara un explosivo que supuestamente traía consigo.



Sus compañeros, que estuvieron meses buscándola, no creyeron la versión oficial. Por más que intentaron dar con respuestas veraces, nunca pudieron reconstruir a cabalidad lo que exactamente ocurrió con ella. La impotencia los llevó, como recuerda hoy Marcela Díaz, a poner una improvisada placa de madera con su nombre en la biblioteca de la Escuela de Sociología.



"Fue una sensación de mucha impotencia. No sabíamos dónde estaba y qué había pasado con ella. Cuando empezamos a ver las señales de lo que había sucedido, teníamos todavía la esperanza que no fuera Tatiana. Lo recuerdo como el momento más duro de mi vida. Nos pasamos 3 meses con la Escuela tomada en vigilia hasta que apareció. Fue una época en que la universidad, a pesar de la intervención militar, la hicimos nuestra. Fue muy traumático", rememora Díaz.



Esta experiencia la llevó, junto con otros compañeros de generación, principalmente de las carreras de antropología, sicología y sociología, a discutir de qué forma podían rescatar de la memoria la ejecución de Tatiana Fariña. En un principio pensaron en rebautizar la nueva biblioteca de la Facultad de Ciencias Sociales con su nombre, pero luego acordaron que junto con ella, era necesario crear un memorial con la inscripción de los nombres de estudiantes, profesores y funcionarios que habían pertenecido a la Universidad de Chile y fueron víctimas de la represión del régimen militar.




"Con el memorial buscamos, por una parte, rescatar a aquellos con los cuales de alguna forma compartimos y, por otra, permitir que las nuevas generaciones conozcan lo que se vivió en la universidad para que puedan digerirlo y hacerlo suyo, sobre todo en escuelas que tienen que ver con las ciencias sociales", dice Rodrigo Calderón, compañero de Tatiana y otro de los impulsores de este memorial que será inaugurado el 5 de septiembre en el Campus Juan Gómez Millas.



Lo que destacan quienes están tras este proyecto, es que a pesar de que los nombres que formarán parte del memorial están ya en el del Cementerio General, con el que se erigirá ahora tendrán un rostro distinto, más personalizado, pues se incluirá la carrera a la que pertenecían y el año en que fueron ejecutados y desaparecidos, casi todos entre 1973 y 1976, y siendo la última Tatiana Fariña.



"El memorial es un gesto para las víctimas y también para nosotros"



En el comité Pro-Memorial han estado trabajando cerca de 15 ex alumnos de la Universidad de Chile, perteneciendo la mayoría a las generaciones que van de 1983 a 1986. Ciertamente, el que se conmemoren 30 años del Golpe fue un impulso crucial para que se reunieran, mas para Marcela Díaz existía la "imperiosa necesidad de reparar vínculos", confiesa.



"Siento que tenemos una deuda con las generaciones más jóvenes -agrega-, porque no fuimos capaces de comunicar el espíritu de represión y esperanzas que eran parte de la universidad en esos años. Es por eso que el memorial es un gesto tanto para las víctimas como también para nosotros, porque con él podemos asumir de frente lo que no pudimos hacer, y al mismo tiempo reconciliarnos con el dolor y la frustración por todo lo que no pudimos conseguir", dice.



Junto al nombre de Tatiana Fariña, el del asesor de Salvador Allende y docente del Departamento de Filosofía y Letras, Enrique Paris, se detaca entre los más emblemáticos. En ambos, concuerdan quienes han trabajado en el memorial, se sintetiza la forma más descarnada del "exterminio" de una manera de hacer universidad, puesto que a pesar de que fueron ultimados en momentos distintos, el objetivo fue el mismo: amedrentar el espíritu crítico y el anhelo de construir un país distinto.



Si bien las autoridades universitarias y algunos docentes se han sumado al proyecto del memorial, destacándose el entusiasta respaldo de Faride Zerán y Manuel Antonio Garretón, Rodrigo Calderón cree que de no haber sido por los esfuerzos de los ex alumnos, "difícilmente la Facultad hubiera ido tras el rescate de la memoria histórica".



"Para oficializar el memorial, tuvimos que tratar con profesores y autoridades que en su tiempo no tuvieron una actitud muy proclive al tema de los derechos humanos, pero que con el paso del tiempo han asumido una posición algo más comprometida. Sin embargo, no puedo evitar que me vengan dudas respecto a que lo de ellos sea oportunismo histórico o conversión real", comenta Calderón.



Para el día de la inauguración, Marcela Díaz adelantó que van a plantear que se reabra la Escuela de Trabajo Social, a la cual pertenecía la mayoría de las víctimas de la universidad. Para ella y los que están organizando las actividades que se prepararán para el 5 de septiembre, el memorial "tiene que servir de aliciente también para recomponer una forma de vida que quedó profundamente dañada. Además, no queremos vivir en una universidad como la de hoy, puesto que ella tiene que servir al país".



Disociación y esquizofrenia




Quienes fueron parte de aquellos años en que fueron creciendo las manifestaciones contrarias al régimen, no dejan de recalcar las contradicciones y la disociación entre lo que ocurría dentro y fuera de las aulas universitarias, sobre todo para los que estudiaban carreras vinculadas a las ciencias sociales y humanidades.



"Las clases era lo más esquizofrénico que había, porque mientras adentro hablábamos pura teoría, en el pasillo pasaba realmente de todo. Nos vimos, por lo tanto, obligados a buscar alternativas. Llevábamos a la universidad gente de la FLACSO y de la CEPAL. Quienes seguimos luego un camino más académico, es porque a posteriori seguimos buscando cosas. La relación maestro discípulo no existía. Y cómo iba a existir, si había desde profesores sapos hasta otros que con su silencio no aportaban mucho a cambiar el clima de represión interno", cuenta Díaz.



Para Rodrigo Calderón, en tanto, en esos años "a los profesores los abordábamos como reflejos de la autoridad. Se intentaban cuestionar las cosas dentro de las salas de cales, pero el foco de la lucha no estaba en discutir con ello, sino generar un movimiento que pudiera cambiar las estructuras de la universidad como un todo. Se trataba de democratizar la universidad, de levantar centro de alumnos y con eso activar a la sociedad en su conjunto", señala.



La generación a la que pertenecen Marcela Díaz y Rodrigo Calderón es una en que los proyectos personales quedaban, muchas veces, postergados por los colectivos. "Estábamos tan volcados a la lucha por la recuperación de la democracia, éramos tan gregarios para funcionar, que cuando vino la democracia no supimos cómo ni dónde realizar nuestros anhelos. La gente más vieja se instaló en la esfera política, pero nosotros, que éramos animales sociales, quedamos un poco desamparados", cuenta Díaz.



Es por eso que sienten que el memorial viene también a exorcizar viejos fantasmas, a pensarse y madurarse el pasado con mayor reposo. Es por ello que estos 30 años que hoy nos distancian del golpe son vistos por Marcela Díaz con cierto optimismo.



"Hay más proceso país, sin duda. Que la UDI haya puesto en el tapete el tema de los derechos humanos no es menor, puesto que al menos reconocieron públicamente los horrores de la dictadura. Las declaraciones de Cheyre también están en esa lógica. Estos son signos de que ya pasamos la etapa maníaca en que las cosas se sabían pero se ocultaban".



Un poco más escéptico es Calderón, que si bien reconoce que este aniversario ha servido para instalar "con fuerza en la agenda pública" lo que fue la Unidad Popular y el régimen militar, no está tan convencido de que haya un aprendizaje transversal de toda la sociedad.



"A propósito de todo lo que ha salido en la prensa, efectivamente se percibe una mirada distinta de valorar los hechos, pero no estoy seguro de que se pueda concluir algo de forma categórica. Los anhelos de reconciliación no son ni por decreto, ni por leyes, ni por la suma de actos simbólicos", finaliza.

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