jueves, 16 de agosto de 2018 Actualizado a las 20:08

En un libro de conversaciones

Cultura - El Mostrador

Raúl Ruiz revela algunas claves de su atípica obra cinematográfica

por 22 marzo, 2004

Conversaciones con Raúl Ruiz reúne diálogos de la mesa redonda y un debate con el público, realizado en el 2002 en el cine Hoyts La Reina, donde el cineasta aprovechó para desarrollar algunas ideas sobre su particular forma de construir sus filmes, la atípica manera de crear cada guión y su sistema narrativo que intenta destruir la fluidez aparente del cine.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Considerado como el más prolífico de los cineastas nacionales, Raúl Ruiz, radicado en Francia desde hace dos décadas, ha sabido conformar un universo fílmico personal, poco convencional y que en ocasiones se escapa a la comprensión del publico chileno. Conversaciones con Raúl Ruiz es un acercamiento a su obra, donde el director revela algunos detalles de su particular forma de hacer cine.



El libro, editado por la Universidad Diego Portales, contiene una versión de las conversaciones que Ruiz sostuvo con influyentes intelectuales chilenos y franceses entre el 22 y el 25 de agosto del año 2002, en el marco de "la semana de Raúl Ruiz" realizada en el Cine Hoyts La Reina. El evento contó con la participación de Christine Buci-Glucksman, Abdelwahab Meddeb, Benoit Peeters, José Román, Pablo Oyarsun, Carlos Flores, Eduardo Sabrovsky y por supuesto, Raúl Ruiz.



En las conversaciones, mesa redonda y debate con el público, el cineasta responsable de obras tan relevantes como Tres tristes tigres, Dialogo de exiliados, Palomita blanca, El tiempo recobrado o Genealogías de un crimen, aprovechó la ocasión para dar algunas claves sobre su particular forma de construir sus películas, la singular forma que utiliza para originar cada guión y aquel sistema narrativo tan característico en su obra.



"Mira, yo que estoy en contra del sistema narrativo llamado del conflicto central, me lo paso en conflictos cuando filmo. Mi conflicto central en este momento es tratar de destruir la fluidez aparente del cine. Es decir, una película desde el comienzo, pero, ahora último sobre todo, está hecha con el objetivo de que no se vea el paso de una toma a otra, en que siga su curso como en un río. A mí se me ha puesto en la cabeza que cada toma, cada plano, es un mundo distinto de los otros".



Y agrega: "Hay que tratar de usar todos los medios estéticos posibles para aprovechar esta idea, que me parece mucho más útil para entender. Pues finalmente se trata de entender qué diablos estamos haciendo en este mundo. Lo que hago es hacer las tomas aparentemente continuadas. Pero todos los efectos dentro de la película van a ir cada vez más en el sentido de separar cada plano de otro y trasformar cada toma en un mundo distinto".



Para Ruiz la relevancia de la independencia de cada secuencia, a través de los años, se ha trasformado en uno de los aspectos fundamentales de su cine. Sin embargo, otra de sus aspiraciones es lograr perfeccionar "el leguaje egocéntrico", que tiene que ver con la credulidad de pensar cuando en realidad monologamos con nosotros mismos.



"El cine puede reproducir eso. Se sabe que algunos escritores (Joyce, por ejemplo, pero muchos poetas también) tratan de dar la impresión de pensamiento, del movimiento del pensamiento, del flujo del pensamiento, usando muchas palabras, combinándolas, haciendo asociaciones y cosas de ese tipo. La imagen hace eso, el cine puede hace eso siguiendo más o menos el modo de articulación del pensamiento visual".



Frente al evidente formalismo de sus películas, Ruiz afirma que la manera de narración que él maneja, incluye un humor poco convencional y que no se rige por las normas de comicidad expuesta por ejemplo, por Hollywood. "Yo no estoy en contra del entretenimiento, sino que estoy a favor, en una cierta forma, de tranquilidad al ver las películas, que es una tranquilidad que no es necesariamente la de dormir la siesta, aunque una buena siesta en una película no puede ser mala, siempre que sea corta".



Si bien Raúl Ruiz ha desarrollado gran parte de su cine en Europa, Chile nunca ha estado ausente de su vida (viaja constantemente sin que se entere la prensa) y de sus trabajos cinematográficos. Actualmente desarrolla una serie de diez documentales -de los cuales hay algunos terminados- sobre el país para el Ministerio de Educación.



"He contado Chile afuera, la mitad la invento, pero invenciones, exageraciones, que son maneras de decir la verdad. Hay que decir que Chile al mismo tiempo, siendo una exageración de ciertos aspectos de Europa, es difícil llevarlo para allá tra6tando de convencer de que traigo fruta del campo, productos frescos, todo esto de alguna manera ya ha sido dicho antes, de otra manera".



En apariencia, la música en el cine de Ruiz no tiene gran relevancia, sin embargo cada composición, cada ritmo, encuentra su espacio y cobra una gran importancia en los filmes del director. Generalmente trabaja con Jorge Arraigada, con quién inventa estructuras musicales diversas que poco a poco se van relacionando con cada película.



"Por supuesto el ritmo musical es una cosa que siempre está presente, a pesar de que las películas siempre están llenas de contraritmos. No se puede decir que mis películas son particularmente rítmicas, simplemente se usan los ritmos dentro de las estructuras narrativas. Sin embargo, la última o penúltima película, tiene algo así como el 80 por ciento con música, o sea que algo de importancia debe tener".



En cuanto al tono documental de algunos de sus primeros trabajos, el director ocupa como ejemplo Tres tristes tigres, rodada en Chile a finales de los años setenta, para explicar un particular juego cinematográfico que revela cierta espontaneidad donde la cámara se mueve en una cierta región y los movimientos de los actores se acercan o alejan de ella según corresponda.



"Los dos juegos básicos son: uno, la cámara busca al actor, el actor apenas siente que la cámara lo encontró, se arranca, y la cámara lo sigue persiguiendo. El segundo juego es el contrario, el actor busca la cámara y la cámara lo evita. Combinando esos dos, se crea un curioso tipo de espontaneidad, que de todas maneras es una espontaneidad controlada. Tres tristes tigres no es una película aparentemente muy suelta de cuerpo, pero si tú te fijas esos juegos están ahí".

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV

Plan Individual

Anual:
$89.900
Semestral:
$49.900
Trimestral:
$24.900
Mensual:
$9.900

Plan Empresa

Anual:
$700.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 1.200.000)

Semestral:
$400.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 600.000)

Trimestral:
$200.000

hasta 10 usuarios
(valor normal 300.000)

Mensual:
$80.000

Hasta 10 usuarios
(valor normal 100.000)