Las reiteraciones miserables en la narrativa de Guillermo Fadanelli - El Mostrador

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Las reiteraciones miserables en la narrativa de Guillermo Fadanelli

por 28 marzo, 2004

En un salto internacional, Anagrama editó para Hispanoamérica un volumen con sus mejores cuentos, Compraré un Rifle, y la novela con la que recibió el premio nacional de literatura, La otra cara de Rock Hudson. Entre el humor negro y la amargura seca, Fadanelli se ocupa de afirmar que la vida, desgraciada y miserable, seguirá igual.

Acorde a su pertenencia en la apodada literatura basura, Guillermo Fadanelli odia a los exitosos. Así lo dijo una vez en una entrevista más, seguro conciente que quienes abundan en su obra son los miserables y los perdedores. En cuenta quizá de que su prosa, indiferente y suficiente, ha descrito vidas ordinarias, que destinadas a repetirse, trazan un mapa urbano asfixiante, aunque teñido de un negrísimo humor.



Nacido en 1963, Guillermo Juárez Fadanelli pertenece hace un par de décadas al underground cultural mexicano. Desde hace 14 años edita intermitentemente la revista Moho, ha dirigido un par de videos de ficción y escribe constantemente cuentos y novelas, aparentemente sin más pretensiones que contar una anécdota. Tiene sus fans, pero como buen alumno de Charles Bukoswki, su predilección por lo ordinario e intrascendente lo mantiene un poco alejado del circuito oficial de la literatura. En buena hora, pensará.



En una especie de salto internacional, la reputada Anagrama editó para Hispanoamérica, hace un par de semanas, un volumen de sus mejores cuentos, Compraré un Rifle, y la novela con que recibió el premio nacional al género en 1998, La otra cara de Rock Hudson. En menos de 300 páginas, que ya están en nuestras librerías, ambos libros entregan un panorama bastante completo de la obra de Fadanelli.



Fadanelli se ríe pese a la amargura



En 1992 apareció El día que la vea la voy a matar, el primer libro de cuentos de Fadanelli. Una colección de anécdotas gruesas y bizarras: un hombre está obstinado con cruzar una pared, por ejemplo; en medio de la ciudad, la masa acusa de cobarde a un suicida inseguro. Lenguaje directo y duro, prosa eficiente, una voz impactante, aunque en potencia. El despliegue de aquella pluma durante la década pasada, es lo que reúne Compraré un Rifle.



En medio de una entrega de cocaína a una pareja de homosexuales, un adolescente observa una cabeza de venado embalsamado en la pared: ahorraré dinero para ir Canadá, compraré un rifle y cazaré un venado, se dice. Un cuarentón asalta una tienda de artículos fotográficos y resulta que su humorista preferido termina disparándole en la espalda. Un estudiante mexicano en Estados Unidos siente el racismo y la idiotez; "odia su vida", escribe Fadanelli en Compraré un rifle.



Pero, claro, reducir un relato a una línea temática es simplista. Fadanelli se inscribe, al menos en este género, en la tradición norteamericana de J.D. Salinger, Raymod Carver, el mismo Bukowski y, en esa línea, mantiene ante todo un ambiente de normalidad a través de una prosa sencilla y rápida, rehuyendo caer en juegos retóricos o barroquismos. No obstante, la cotidianidad está siempre al borde de quebrarse.



Pero no se quiebra. Ni se cumplen las expectativas de los personajes, unos solitarios miserables que apenas distinguen la desgracia en que está sumida sus vidas. Llega a ser gracioso: tras el atentado a las torres gemelas en Nueva York, un hombre se obsesiona con el tema y ocupa sus conocimientos -adquiridos en la prensa- sobre Al Qaeda, para enfrentar finalmente a su jefe. Todo sigue igual, salvo, claro, que esa noche duerme mejor.



Aspiraciones inconclusas -imposibles quizá- atraviesan todos los cuentos de Compraré un Rifle. Una acción eventual que podría cambiar el orden rutinario, minar la normalidad para dar paso a la libertad. Aunque en realidad no es tan serio: pese a la amargura permanente, Fadanelli se está riendo.



Persistencia de Johnny Ramírez



Por alguna razón, el personaje fundamental de La otra cara de Rock Hudson, un niño que no pasa los 14 años, no lleva nombre. Por una razón poco clara, nunca dicha y apenas esgrimible. Quizá simplemente porque es un reflejo de Johnny Ramírez, el asesino a sueldo del barrio.



En la novela editada recientemente, Fadanelli no se está riendo. Con el escenario de un barrio marginal de Ciudad de México, sin nombre -por ende cualquiera-, el escritor traza una historia circular, articulada por el solitario criminal Johnny Ramírez. Su nombre y ocupación son conocidos por todos, pero más fuerte en el ambiente suena su dureza y efectividad. En el niño ejerce una admiración esquiva, que terminará por sellar una relación de pertenencia, incluso paternal, a través de códigos de lealtad, valor y frialdad propios del mundo criminal.



A diferencia de los cuentos, el mayor aliento de La otra cara de Rock Hudson permite a Fadanelli una narrativa más compleja. Sin dejar la rapidez, al comienzo la voz se pasea entre los personajes, trazando un mapa casi completo de los elementos de la novela, para Finalmente decantar en la relación -o espejo- entre el niño y Jhonny.



A igual que Ramírez, el niño también está solo. Su padre se ha ido y su madre es una loca; su única compañía es su hermana, quien se encamina a la prostitución. Una vida peligrosamente similar a la de Johnny, que como domicilio inestable tiene una pieza en un miserable hotel del barrio; su hermana puta lo acompaña. Coincidencias que terminan por encontrarse cuando el chico, desconfiado en principio, acepta una ambigua oferta de trabajo del criminal.



La otra cara de Rock Hudson puede ser leída como una novela de aprendizaje, como la manera en que un chico cualquiera de una barriada cualquiera del D.F. sigue el camino criminal -quizá el único que podía tomar-. Fadanelli se entromete en los procesos sociales, narrando sin moralidades de por medio la trayectoria en constante repetición de un vida marcada por la marginalidad. Sin embargo, podría ser que el mexicano desestime la sociología, y se remita a narrar la reiteración definitiva sin escapes de la vida de Johnny Ramírez: contando con un quiebre total a la línea de tiempo, el chico y Johnny Ramírez puede que sean el mismo, y su relación no más que un eco nostálgico golpeando finalmente por la miserable realidad.



De todas formas, no hay escape. La vida desgraciada y miserable continuará, pese a quien sea que la viva. Desde el cuento o la novela, Fadanelli pareciera asegurar, sin dudas, que de la rutina no hay salida. A veces, entre risas y otras, con una amargura seca.



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