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Se estrenó en Festival de Cine

Cultura - El Mostrador

Los amores prohibidos de la última cinta negra de Pedro Almodóvar

por 27 septiembre, 2004

La mala educación es un historia que nunca dice la verdad; ambigua y suerte de registro del mundo gay, la cinta del español es su alegato contra el destape mundial de los abusos sexuales de sacerdotes contra menores.
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La última película del afamado Pedro Almodóvar, es una suerte de muñeca rusa donde cada historia lleva contenida otra secreta en sí misma. A la vez, La mala educación es la voz en alto del cineasta español ante el destape mundial de una serie de abusos sexuales cometidos contra niños por sacerdotes católicos, que decanta en un thriller donde el mexicano Gael García hace las de seductor y de feme fatal al mismo tiempo.



Exhibida anoche en el marco del 11° Festival de Cine de Valdivia, la cinta de Almodóvar se estrena comercialmente el próximo 7 de octubre con once copias en nuestro país y ya es la nominada de España para el Oscar. Calificada para mayores de 18 años, en la ciudad del Calle Calle acaparó la atención de los asistentes al evento que repletaron la sala de su exhibición. El jurado del evento, por su parte, también agudizó su ojo crítico dado que sólo sus credenciales la han convertido en una de las cintas con mayores proyecciones para llevarse algún premio Pudú.



Aunque Almodóvar ha negado cualquier rasgo biográfico en la historia, la tentación de no creerle es evidente. Una tarde cualquiera de la década de los '80, el cineasta Enrique Goded (Fele Martínez) busca entre las noticias de los diarios la trama para su próxima película cuando aparece un antiguo compañero de colegio. Ignacio Rodríguez (Gael García), se ha convertido en actor de poca monta, pero consigo trae "La visita", un cuento de su autoría que puede convertirse en el nuevo guión esperado. Pero más allá, y aquí la clave del asunto, el cierre de una historia que Enrique sólo vivió hasta los once años. Un cierre mucho más sordido y sorprendente de lo que se esperaba.



De ahí en adelante, La mala educación entra de la mano de dos travestis hasta el terreno propio del cine negro. A la vez, se introduce en un juego donde la ficción, la mentira y los deseos de verdad se mezclan y delinean la forma que define a la cinta: es decir, una historia que en su interior guarda otra que explica a la primera, pero sólo aparentemente pues en realidad era otra la verdadera. En esa línea, la película restrocede hasta los 60', vuelve al presente, se va de nuevo al pasado y remata -por supuesto- con una revelación final que permite reorganizar toda la trama. Un juego clásico del estilo noir, como le gusta considerar a su cinta a Almodóvar.



Sin embargo, más que el hecho de ser noir, thriller o comedia negra, La mala educación entra en la discusión que más ha hecho temblar a la Iglesia Católica en los últimos años. Toda la historia -la verdadera - tiene su raíz en ese amor prohibido que siente el Padre Manolo por Ignacio, cuando este apenas pasa los once años; si la concreción de éste en el abuso sexual, dan paso a otro amor prohibido, entre los infantes Ingacio y Enrique, es una pregunta sin siquiera esbozo de respuesta.



Con la pregunta abierta, la película despliega un mundo casi exclusivamente integrado por homosexuales, que a la par del formato de muñeca rusa, tiene siempre en su interior otro mundo menos inocente -e incluso sordido- que es el que en realidad dicta la reglas de funcionamiento. En ese sentido los personajes por los que atravieza el mexicano Gael García son dignos de destacar y por sobre todo su desempeño como travesti. De hecho la cinta completa parece comandada por los intereses -más oscuros o ambiguos- de Ignacio Rodríguez o quien sea.



Fele Martínez como el cineasta, igualmente, demuestra una absoluta solidez actoral. Por su parte, Almodóvar reitera magistralmente su estética kicht -marca registrada a estas alturas-, introduciendo variaciones que aunque leves, notables para ambientar los saturados diseños de los '80.



En contra de La mala educación puede que juegue justamente ese secreto constante que guarda cada historia que dice ser la historia real de los personajes. Quizá en la ambición de marcar el ambismo, Pedro Almodóvar se da una vuelta más de la necesaria para cerrar la trama y eso, en el cine negro es un punto en contra pues justamente se trata que todo funcione como reloj. De todas formas, funciona casi a la perfección y aunque menos sutil y profunda -finalmente- que Hable con ella, la anterior cinta del español- esta película son dos horas con un clásico.



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