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Cultura - El Mostrador

Chavela Vargas: "Cuando me muera no quiero cruces ni llantos"

por 30 mayo, 2006

La cantante, de 87 años, se mantiene lúcida, y dice quemorirá un lunes, el día más aburrido de todos.
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A sus 87 años, Chavela Vargas mantiene una lucidez fruto de una memoria que guarda más de 400 canciones, y un físico producto del ejercicio continuo; pero, aun así, no deja de pensar en su marcha: "Moriré un lunes, el día más aburrido", dice, "pero no quiero cruces ni llantos. Que dejen descansar a la Vargas".



La cantante, nacida en Costa Rica pero "mexicana de corazón", ofrecerá este miércoles un recital en el teatro madrileño Albéniz, con las entradas agotadas hace días. Lleva catorce años actuando en esta sala; por eso dice a Efe, con una sorna que no la ha abandonado y que, incluso con la edad, se ha ido acrecentando: "Yo soy la auténtica dueña de este recinto".



Será un concierto "lindo", donde cantará -dice- "mis canciones de siempre y otras viejas a las que tengo mucho respeto"; y añade, con la mayor naturalidad, "ya casi es como una despedida", aunque luego apostilla: "El año que viene estaré de nuevo aquí, aunque sea en silla de ruedas".



Chavela afirma que nunca volverá a haber otra como ella. "No es vanidad, pero no la habrá", dice esta mujer que confiesa haber llevado una vida "muy intensa". "Todo lo he hecho a sabiendas -apunta- y no me arrepiento de nada. Ni de lo bueno, ni de lo malo, ni de los momentos felices, ni de las tristezas... Al final, tengo el alma llena de paz y tranquilidad".



Vive en una casita al lado del mar y es allí donde le gustaría morirse "una tarde". Ella, que nunca ha sido una cantante al uso, bromea: "Me salió mal el sueño de artista. Al final soy una mujer de alma y espíritu, pero sin dinero". Y recuerda cuando, hace poco, se le cayó el techo de su casa: "Estaba tan triste que las sirenitas se acercaban y me cantaban 'vente con nosotras al fondo'; pero yo no me quiero morir todavía".



El secreto de mantener su juventud mental siendo octogenaria está en su pasado y en su presente, como cuenta Chavela: "Siempre he hecho mucho ejercicio. Ando en bicicleta y llego adonde voy. Además, tengo más de cuatrocientas canciones en la cabeza, y eso ayuda. Si me metiera a rezar rosarios, estaría revieja y moriría triste".



El miércoles saldrá al escenario como siempre, como toda su vida desde que, hace más de medio siglo, empezó a cantar envuelta en su poncho, el "jorongo" mexicano.



"Es -explica- como la casulla para el sacerdote, con ella celebro mi ritual en el escenario. Me siento como en un rito maya o azteca. Con el jorongo te abrigan cuando naces, cuando enfermas y cuando mueres. Es la cobija de los mexicanos, tanto de los dioses como de los humildes, por eso es bellísima".



Chavela recuerda que, al principio, la criticaron mucho por salir así a escena: "Decían que me ponía cosas de india, cuando para mí eso es un orgullo, porque yo quisiera ser india pura", cuenta esta artista que entiende que no canta sólo rancheras, sino "toda la música sudamericana, la música de todos lados. Lo único con lo que no puedo es con el fado, que es muy difícil".



La ranchera es, para la reina del género, "la música del sentimiento, la que canta las cosas que salen del fondo del alma. Y en esto, el corrido es muy parecido al flamenco por esa tristeza y ese dolor final", afirma Chavela, quien se siente feliz por tener en México a una heredera, la cantante Lila Downs: "Ella es la única, no hay más", dice. Y añade: "Su música es pura pasión y desgarro".



Chavela echa de menos a los viejos compositores mexicanos de su juventud, hasta el punto de afirmar que hoy México "está huérfano" en este terreno. "Me han dicho que hay una nueva generación, pero no los he oído nunca. No hay sangre nueva que releve a aquella de Agustín Lara, Alvaro Carrillo, Cuco Sancho o José Alfredo Jiménez, 'que era capaz de escribir cuatro canciones en un día'".



La razón de esta ausencia no se la explica: "El mundo está muy confuso y yo también me siento confundida, no requetevieja pero sí confusa. Todo está al revés y tiene uno que bailar al son que le toquen".



Chavela Vargas expresa también su felicidad porque el Gobierno mexicano le va a rendir un homenaje público "por haber llevado siempre a México en el corazón".



EFE

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