Jorge Edwards salda cuentas con Enrique Lihn - El Mostrador

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Cultura - El Mostrador

Jorge Edwards salda cuentas con Enrique Lihn

por 13 junio, 2008

Pertenecieron a la misma generación forjada en la bohemia fantasmal de Santiago en los años '50, y fueron muy amigos. Pero veinte años después de la muerte del poeta, el ex embajador en Cuba ganó US$ 300 mil con una novela que cae en el mundo literario como un homenaje cargado de mala leche y elegante rencor.

"¿Por qué no hace lo mismo con alguien que está vivo?, ¿por qué no lo hace con Parra, por ejemplo?, se pregunta algo exaltado un conocido editor santiaguino al comentar "La Casa de Dostoieswki", la última novela del laureado escritor Jorge Edwards acreedora del último premio Planeta-Casamérica que entrega el gobierno español, y recomienda, si la idea es "ajusticiar al viejo", hablar con Alejandro Zambra. Pero el joven autor de "Bonsai" se muestra cauteloso y prefiere no hablar "porque no he leído la novela".



Ciertamente Edwards con su libro más reciente ha conseguido irritar a los admiradores de Enrique Lihn, quien se ha transformado en una leyenda de las letras contemporáneas y, a veinte años de su muerte, tiene garantizada la inmortalidad. "Lihn completo es uno de los intelectuales más importantes de Chile en los últimos 30 años. El borraba con la mano lo que escribía con el codo, se dinamitaba en cada texto y tal vez por eso genera tanta admiración entre los jóvenes", dice el crítico Álvaro Bisama.



En la novela, el protagonista es "el Poeta", todo el tiempo con mayúscula, un personaje que irradia carisma rodeado de otros "próceres" de la llamada Generación del '50, como Alejandro Jodorowsky, Eduardo Anguita, Claudio Giaconi, Nicanor Parra (en la novela simplemente el Antipoeta) y más viejos: Teófilo Cid, Humberto Díaz Casanueva, Pablo de Rokha y por supuesto Neruda, que en el libro es El Poeta Oficial o simplemente Nerón Neruda.



Todos son personajes de ficción, mezclas arbitrarias de una época marcada por las conversaciones regadas de alcohol, las piezas arrendadas a punto de caerse, un fumadero de opio en la calle Bandera, el mundo que se tejía en las manzanas que rodean al Parque Forestal y a la Universidad de Chile. El personaje de Eduardito Villaseca es el que tiene más del propio Edwards: un joven de clase alta, aspirante a poeta y que lucha contra el látigo de su padre conservador que se opone a las pretensiones literarias de su hijo.



"Le decíamos el Jorgecito, era muy conservador, muy contenido, muy cristiano, después fue derivando hacia el radicalismo. El flaco Lihn en cambio era más filudo, más independiente, menos timorato, tenía mucho sentido del humor, amigo de Jodorowsky con quien formaron un dúo de locos", cuenta Enrique Lafourcade, uno de los pocos que queda vivo de esa generación.



Mientras Edwards estudió Derecho y Filosofía, Lihn ingresó como alumno libre de dibujo y pintura en la Escuela de Bellas Artes, pero abandonó la formación universitaria al poco tiempo. En la novela, Edwards, describe la formación del Poeta (que según ha dicho "es y no es Lihn") en este párrafo:



"Habría podido añadir, quizá, ¡Adiós regocijados amigos! pero el Poeta en su condición de insigne autodidacta, sabía de Rimbaud, de Baudelaire, de Rainer María Rilke y hasta de Hölderling, pero como no había pasado de cuarto año de Humanidades, no sabía una palabra de Miguel de Cervantes".



Amigos hasta la muerte



Ambos escritores tuvieron vidas plagadas de viajes. Mientras Edwards fue miembro del Servicio Diplomático desde 1958, Lihn partió a París en 1965 con una beca de la UNESCO y luego a Cuba, de donde Edwards sería expulsado y declarado "persona non grata" durante el gobierno de Salvador Allende. Edwards describe a su personaje el Poeta, durante su estadía en la isla de la siguiente manera:



"Visto de perfil se parece bastante a los monstruos que solía dibujar en épocas pretéritas, a la salida de la Escuela de Bellas Artes, sentado en las gradas o en algún banco del Parque Forestal, con tinta china y armado de un block de dibujo de formato grande, de manera que aquellos monstruos fueron, de manera no deliberada, premoniciones, retratos anticipados".



Aunque los dos tuvieron una mala experiencia con el régimen de Fidel Castro, sus caminos desde aquellos días en el Parque Forestal, ya iban por carriles distintos.



"Los dos fueron muy amigos pero se fueron separando, tal vez por motivos políticos. Edwards fue perdiendo fuerza como escritor cuando quiso pasar del Ministerio de Relaciones Exteriores a La Moneda, mientras Lihn era el loco a la vela, el anarquista, el que estaba contra todo", explica Lafourcade.



En el libro también hay alusiones a la militancia de El Poeta, que nunca se concretó por "desidia" o "por efectos de una sensibilidad pervertida". Pero lo que más irrita a los admiradores de Lihn es un episodio consignado en la novela, -entre otros donde Edwards se refiere a su personaje como un "cafiche" de su amante de clase alta-, donde el narrador cuenta un episodio de abuso sexual contra un niño:



"Se dijo que el Poeta en persona había sido sorprendido dándole un beso en la boca a uno de los dos niños. No un ósculo cariñoso, paternal: un beso sudado, lengüeteado, alcohólico y que podría haber desembocado quizá en qué extremo".



A juicio de un destacado columnista literario, esta parte es la gota que rebalsa el vaso: "Edwards siempre tiende a mirar a los otros, ya lo hizo con su tío Joaquín Edwards Bello al que con elegancia trató de cronista menor en "El inútil de la familia", sería bueno que algún día se mirara él. Además sabe que Lihn es muchísimo más influyente que él en las nuevas generaciones", dice. Tal vez a este crítico le molestan hechos como que Edwards declarara hace poco a la prensa que el monto del premio que se adjudicó con la novela (US$300 mil) lo había gastado en remodelar la cocina de su departamento en el Parque Forestal con artefactos Trotter.



Aunque la novela todavía no se lanza, ya provoca indigestión en muchos de los fans de Lihn. Álvaro Bisama intenta ser neutral y dice "me parece que toda la generación del '50 está sobrevalorada. Edwards escribe su obra más interesante en los '70 y '80. Para mí Enrique Gómez Morel con "El río" y Carlos Droguett, gente que estaba ahí pero no figuraba tanto, es la mejor de esa época", dice. Y habrá que tomarlo en cuenta. Hoy, Bisama entrega para Ediciones B un estudio sobre literatura chilena. Lástima que esta rencilla haya quedado fuera.



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