Letras carnales - El Mostrador

Lunes, 18 de diciembre de 2017 Actualizado a las 05:37

Glosario del amor Chileno estrena tercera edición ilustrada

Cultura - El Mostrador

Letras carnales

por 14 noviembre, 2008

La única enciclopedia  de garabatos y coprolalia chilena comenzó a escribirse en Europa entre los exiliados que deliraban con volver, allá por los años 70. Con un poco de antropología y humor en serio, este libro hecho por un grupo de viejos amigotes encabezados por Radomiro Spotorno profundiza en  nuestra doble moral y en el mestizaje, que explica el tono y significado de las groserías locales. Ojo: las mujeres son las que más lo compran.

En una casa enorme en la villa Les Glycines en  Châtenay Malabry, una comuna de 30 mil habitantes en los alrededores de París "siempre había onda, era rico llegar ahí, ellos estaban con sus ‘palomas' como les decían", cuenta Radomiro Spotorno. Los dueños de casa eran los Jaivas y sus familias completas. Fue Claudio Parra, percusionista y teclados en el grupo y además poeta, el que empezó a escribir una lista de chuchadas. La nómina se fue llenando con aportes de todos los que pasaban por el departamento de Spotorno en Madrid. "Una vez estuvimos catorce personas durmiendo en mi casa", dice.

De esa época vienen expresiones en honor a fármacos setenteros como catrenal o cachiaspirina. Para la primera edición el autor tuvo a su disposición la abundante bibliografía disponible en la biblioteca de la Real Academia Española, donde trabajó a sus anchas. Además la influencia directa del Nobel Camilo José Cela, experto en malas palabras. Desde su puesto en el sillón Q de la academia Cela consiguió que la palabra "coño",  del latín cûnnus, entrara en el diccionario oficial. "Con Cela nos carteamos un par de veces, le mandé un ejemplar y me pidió dos más", cuenta Spotorno. La  conexión del chileno con el autor del "Diccionario Secreto" muestra el estilo serio del libro, que explica la etimología de los nombres nacionales del pene como el de el Bill Gates, afirmando que el órgano reproductor masculino se parece al dueño de Microsoft porque es "inmensamente rico".

Nacionalismo sexual

Precisamente las mujeres, según cifras aportadas por el autor, son las que más compran el Glosario. El miércoles Spotorno se pasó la tarde en el stand de la Sociedad de Escritores de Chile donde se vende el libro: "Sé que el día de la mujer es bueno para la venta" dice.  Aunque no revela el nombre, asegura que una multinacional le ofreció imprimir la tercera edición. Seguro que el material por si solo se vende, en esta nueva versión que incluye sobre más de dos mil palabras entre groserías y metáforas para describir a "la dama, el varón y a los homosexuales", Spotorno siguió trabajando con sus amigos.

Todos los lunes durante varios meses Gustavo "Grillo" Mujica, el editor, y Andrés Gana pintor a cargo de las ilustraciones, se juntaron a trabajar en esta edición disponible desde septiembre. Mujica es el presidente de la "Academia Chilena de la Lenguita", una sociedad semisecreta que se formó entre los exiliados en Europa y que elaboró en conjunto la primera edición del libro.

Esta vez, cerca de un 20 por ciento de las nuevas expresiones las aporta el programa de radio de  Roberto Artiagoitía, el Rumpy. Así se explican en detalle el significado de un champañazo, la  conferencia de prensa, y la escala de "grados" que rodean al coito.

Otra fuente fresca para palabras nuevas fue Internet. Aquí Spotorno exploró hasta en sitios de otros países latinoamericanos. El autor es de otra época, le teme al Sida y no le gusta ver jóvenes preocupados de las marcas de ropa. Por eso su visión tiene un aire de pesimismo: "El intercambio de información es tan brutal, todo el mundo está interconectado, y  se van a ir perdiendo las formas especificas chilenas. En un futuro no muy remoto, hablaremos todos más o menos parecido, como la pesadilla de la comida rápida donde una hamburguesa es igual a seis mil kilómetros de distancia", dice.

Chilespaña

El resto de los países en Latinoamérica tiene su propio registro de garabatos "porque son parte de las cosas que nos definen en forma exclusiva y excluyente", señala el autor. Por eso algunos de los nuevos términos hablan del país más globalizado en que vivimos, pero también de nuestra naturaleza más profunda.

Entre las nuevas inclusiones hay palabras españolas como guarra, cachondo y follar, esta última cada vez más usada justamente porque no es nuestra, no tiene la misma carga que culear y por eso se puede decir con comodidad. También funciona pussy, anglicismo para hablar de la vagina. Además se incluyen expresiones relativas al sexo chistosas, pero no necesariamente groseras.  El libro, estructurado como un diccionario, se detiene a profundizar en la doble moral que contiene la lexicografía chilena y en el mestizaje que ayuda a definirla.

El mestizo ama a su madre pero también odia la sexualidad femenina que se le niega, sobre todo la de las mujeres a las que no puede acceder.  Según el prólogo "gran parte de las palabras que nominan el genital masculino evocan objetos hirientes, desde la más utilizada pico, hasta otras expresiones como el entierro o pasar por las armas para referirse a la relación sexual. Por su lado lo femenino para los hombres aparece como algo oculto o temible, la araña peluda es un ejemplo.

El doble estándar nacional, donde se constata una apariencia conservadora que a la vez alberga ciudades con la más alta concentración de moteles, Spotorno la explica apuntando al "conflicto histórico entre la moral sexual indígena, gozosa y desprovista de sanción moral, y  la concepción judeo cristiana antigenital y culposa, que se ha resuelto no por un enfrentamiento abierto que diera lugar a una síntesis, sino por el equívoco camino de la doble moral. Y la doble moral acarrea fatalmente la aparición del doble lenguaje".

Algunos términos escogidos al azar del diccionario

Campeona de natación: Eufemismo para designar a una mujer sin nada de tetas y nada de culo

Ají en los ojos: Mujer muy ardiente, expresión que completa reza: "No te suelta el pico ni aunque le tires ají en los ojos".

Comunacha: Proclive al sexo. Es acrónimo defectuoso de una frase que completa rezaría "es como un hacha para el pico" en cruce con comunacha, manera despectiva de referirse a una mujer simpatizante del Partido Comunista

Zapato de finao: Dícese del varón que no pisa nunca, como los zapatos que calzan los muertos

Empotarse: Tener fijación con algo o alguien que proporciona gusto o placer, de poto, culo.

Te zapatea el chico:
gruesa expresión que alude a estar prendado de alguien que al verle se llega a sufrir leves contracciones reflejas en el anillo anal, causadas por la emoción.

Tirar: Caricias de intimidad, aunque sin llegar al acto sexual. De uso en ambientes juveniles. Pero como en ambientes adultos equivale a fornicar sin más, se pueden producir graves equívocos en el diálogo filial. Si la hija dice "pero papá si sólo estábamos tirando con el Pablo", el padre puede sumirse en angustiosas cavilaciones sobre lo que es capaz de hacer su niña.

Se cayó el sistema: Cuando en el momento preciso no resulta la relación sexual. Es aplicación extensiva de un término del  universo computacional, que alude al bloqueo imprevisto de un computador o una red. Vocabulario del Rumpy.

Soltar el mono: Aceptar la mujer los requerimientos del hombre. El mono es el aparato sexual femenino al que se deja en alegre libertad para que cumpla su conocido objetivo.

El viejo del bote: Pene. Se llamaría así porque es el que se sube a la canoa, vagina.

El bigote de Hitler: Vello púbico afeitado con la forma del ridículo bigotillo del cabo vienés.

Tía comunista: La regla. Seguramente por ser el rojo color emblemático de los comunistas.

Nuca de fonda: El que es víctima no sólo de engaños reiterados de sus parejas sino simultáneos y múltiples, tanto como los asistentes a una fonda en dieciocho.

Kenazo: Dícese de la acción de dejar plantado a alguien con alevosía y solemnidad. Del nombre de la modelo María Eugenia Larraín que dejó plantado al célebre futbolista Iván Zamorano, pocos días antes de "La Boda del Año".
 
Techecas: Vésrrico de cachetes.

Coser a mano: Masturbarse el varón. Esta expresión destaca el aspecto artesanal de la práctica.

Entretener el delfín: Hacer el amor, donde el delfín sería el falo, es señalamiento óptimo por lo robusto y graciosos que son estos mamíferos.

Guardar la limosina: Cópula, en metáfora automotriz de optimo señalamiento.

Contar billetes: Meter los dedos pulgar e índice en el ano y la vagina respectivamente o también a la inversa, y moverlos como quien mima el gesto de contar billetes.

A pilas y a corriente: Bisexual.

Polola con bigotes: se dice de la pareja masculina no asumida de un hombre.

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