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Juan Ignacio Colil: “Las editoriales prefieren sandías caladas”

por 6 julio 2010

Juan Ignacio Colil: “Las editoriales prefieren sandías caladas”
Es profesor de historia y escritor, el año pasado participó del festival Santiago Negro y acaba de sacar su tercera publicación, Al compás de la rueda, por la joven editorial Das Kapital. Juan Ignacio Colil (1966), ha dado encuentro, en clave de relato policial y a lo largo de los 17 cuentos que componen el libro, a adolescentes que fracasan tras su primer crimen, actrices porno, estudiantes consumidores de marihuana, los años de la dictadura, escritores, narcos y otros personajes que viven al límite de nuestros esquemas sociales.

-¿Cómo fue el proceso de escritura de Al compás de la rueda?

-No estuvo concebido como un libro desde un principio, sino que hubo un conjunto  extenso de cuentos y un proceso de selección, en el cual Camilo Brodsky (editor de Das Kapital) aportó con su visión y juicios. Reúne textos escritos desde hace muchos años con otros más recientes, los más nuevos son del 2009.

Cada uno de estos cuentos surge de frases oídas, de imágenes, de fragmentos de otras historias. No existe una maqueta previa, un diseño. A veces de un cuento surgió una idea para otro, o un personaje quedó dando vueltas y llegó a otro cuento.

-¿Hay factores importantes al momento de escoger esos personajes y sus historias en estos relatos?

-No tengo un gran proceso de  selección de personajes, ni de historias. Creo que lo que me gusta es encontrar historias en lugares, tiempos y personajes donde aparentemente no ocurren, lo que me lleva a pensar que una buena historia  puede estar al lado de uno. Los personajes, creo, llevan mucho de uno. Lo que piensan, dicen y hacen son cosas que uno vive, quizás no tan abiertamente o se basan en la observación.

Me gusta que los personajes sean por sobretodo coherentes con ellos mismos.

-¿Qué hay del contexto dictatorial en los cuentos?

-Pienso que uno no se puede desligar simplemente de una carga histórica tan fuerte. La dictadura no fue solamente la figura de Pinochet y las protestas. Fue, y para algunos sigue siendo, una forma de ver al mundo, una forma de relacionarse con los demás, de pensar acerca de los demás, una forma de callar, de asumir que había que andar con cuidado con todos y no se trata de que yo fuera un tipo peligroso para alguien. Creo que la dictadura se respiraba en el ambiente. Entré a primero básico el 72 y salí del colegio el 83. Es decir, toda mi vida escolar fue bajo dictadura. Todo eso a uno lo marca y me parece que a través de la escritura esos fantasmas reflotan. Imagino que para todos los jóvenes de 40 a 45 años la situación es similar.

“Los personajes llevan mucho de uno. Lo que piensan, dicen y hacen son cosas que uno vive”

-¿Por qué te decidiste a sumergir en el mundo del relato policial?

-Me agrada la intriga, sumergirte y enredarte en una historia de la cual no puedes salir tan fácil e impunemente.

"Al compás de la rueda". El libro en clave policial fue editado por Camilo Brodsky

"Al compás de la rueda". El libro en clave policial fue editado por Camilo Brodsky

Creo que un buen relato policial, aunque no me gusta mucho el termino policial, prefiero hablar de una literatura negra y/o criminal, te lleva por estos caminos que además permiten darle un vistazo al mundo por el que uno transita. No me interesa retratar el mundo del hampa, como dirían en la TV, ni el mundo policíaco, lo que necesito para construir la historia es ese contexto donde los límites se pierden y la lógica tiene otra perspectiva.

El relato policial ahonda en esos aspectos que aparentemente están silenciados, tanto a nivel social como individual, me gusta porque es un relato que se mueve por la ciudad y uno cuando los lee respira esa singular congestión de vidas cruzadas. Elementos que son atractivos y que a mí, como lector, me cautivan, y creo que tratando de imitar esas lecturas derivé en el género, aunque no me gusta circunscribir el asunto a un tema de géneros. Creo que hay buena y mala literatura, esas son las categorías importantes.

-Tras tu participación en Santiago Negro el año pasado: ¿Qué piensas del género en Chile?

-Tenemos buenos autores, Ramón Díaz Eterovic, pienso que es uno de los grandes. Lamentablemente faltan editoriales que se la jueguen por una colección de verdad y lo que eso significa. Apostar por autores, por un discurso y por crear lectores.

Existe poco espacio para publicar y aún es más escuálido para el género. Eso mata y aunque parezca un chiste negro, es la realidad. Estamos muy limitados por el mercado, Las editoriales prefieren sandías caladas.

-Y en literatura chilena en general, ¿a quiénes lees?

-Aparte de Ramón Díaz E, leo todo lo que puedo de chilenos: Collyer, Marín, Bolaño, suponiendo que sea chileno, Mellado y su “Informe Tapia”, Lillo y su “fumador y otros relatos”, a Francisco Miranda,  a Carlos Tromben, lo último fue el Pekinés de Guillermo Valenzuela.

-¿Cuáles son tus personajes más admirados de novela negra?

-Me gustan los clásicos Sam Spade, Marlowe, los protagonistas de Osvaldo Soriano, los de Rubem Fonseca, Carvalho de Vásquez Montalbán, y por supuesto Heredia.

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