La aventura de fotografiar el olvido - El Mostrador

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La aventura de fotografiar el olvido

por 11 agosto 2010

BBC Mundo
La aventura de fotografiar el olvido
"Fotografía de guerrilla", "exploración urbana", "urbex" o el arte de retratar la cara oculta de las ciudades.

"La mayor explosión de adrenalina mientras te aventuras en un mundo oculto de fantasía que pasa desapercibido para la mayoría". Así describe Dave Baker la "fotografía de la decadencia", "fotografía de guerrilla" o lo que los aficionados prefieren llamar "la exploración urbana".

Adentrarse en las ruinas de un hospital, en un puesto militar en desuso, en túneles o iglesias, en ciudades fantasma... Ser testigo de cómo el tiempo pasa en el abandono y, sobre todo, buscar la belleza en la decadencia para retratarla, exponer la cara oculta de la ciudad.

El urbex consiste en vivir y disfrutar de la paradoja del torrente de emociones que se disparan ante el vacío que deja el abandono, e implica saltarse muchas reglas, salvo una: "no tomar nada que no sea fotografías y no dejar nada más que las huellas".

Se trata de exploradores modernos en un mundo en el que poco queda de remotos lugares exóticos por descubrir, donde ya prácticamente no hay espacio para "colones" o "magallanes".

Aventureros que disfrutan de que, pese a todo, todavía hay margen para vivir la emoción de adentrarse en lugares desconocidos, eso sí, en el sitio aparentemente más insospechado: la ciudad.

Urbex

Para algunos es como un juego de niños grandes que, movidos sobre todo por la curiosidad, se adentran en una casa encantada y que vuelven con un premio, unas imágenes espectaculares que muestran que también hay belleza en el desorden y en la desolación.

El término urbex fue acuñado en 1996 por "Ninjalicious", el pseudónimo usado por Jeff Chapman (1973-2005), fundador de "Infiltration", una publicación de culto entre los aficionados.

Pero para localizar el hito fundacional de una actividad como esta, habría que remontarse toda la historia de la humanidad, pues explorar es algo innato al ser humano.

Ahora bien, ciñéndonos a la exploración del lado oculto de la ciudad, los aficionados al urbex señalan como el inicio de la exploración urbana la aventura de Philibert Aspairt, que se adentró con una antorcha en las catacumbas de París en 1793.

El cuerpo sin vida de Aspairt fue encontrado 11 años después.

Afición peligrosa

Una viga que se desprende, un zócalo que se hunde, una astilla despistada, un resbalón por una escalera, un tropiezo, no son pocos los peligros que acechan a quien se mete, tal vez, donde no le llaman.

Svenn Fennema reconoce que se trata de algo "al menos un poco peligroso". "Quien diga lo contrario miente", agrega.

"Por supuesto que los exploradores ponemos mucha atención en la cuestión de seguridad. Pero es impredecible cada pequeño riesgo al que te expones".

Fennema admite también que "hay accidentes" que en algún caso han sido mortales. "Por eso nunca voy solo. A veces lo hago, pero entonces pongo más cuidado y no tomo riesgos".

Según Scott Haefner, "urbex involucra entrar sin autorización en propiedades ajenas y el riesgo inherente, como guardias de seguridad, perros, sensores de movimiento, arrestos...".

"Otros riesgos son la estructura de edificios, la exposición a productos químicos o sustancias dañinas...".
Chernóbil

Pero cuando de urbex se trata, resulta inevitable hablar de lo que para muchos es la auténtica referencia: la ciudad ucraniana de Chernóbil, abandonada tras el accidente nuclear de 1986.

Se trata de toda una ciudad en ruinas, un submundo abandonado hace casi 25 años a disposición del explorador. Un escenario incomparablemente fotogénico congelado en el tiempo, devastado por el paso de los años, a merced de la imaginación del fotógrafo.

"La localización más emocionante", según Dave Baker, fundador del sitio en internet Talk Urbex.

"Caminar por las mismas calles y ver todo como era cuando el incidente sucedió. Es difícil imaginar la emoción que puedes sentir", le comenta Baker a BBC Mundo.

Timm Suess estuvo allí y fruto de ello son unas fotografías que formarán parte del libro "Beauty in Decay" ("Belleza en decadencia", en inglés).

"El viaje a Chernóbil lo preparé durante dos años. Es el sitio al que todo el mundo dice que hay que ir cuando estás en 'exploración' urbana".

Pero también hay otros -señala Scott Haefner- como la isla Hashima, que en japonés quiere decir "la isla de la batalla naval", en alusión a la Segunda Guerra Mundial. Un lugar habitado entre 1887 y 1974, y que hoy es toda una isla fantasma.

O el enorme complejo hospitalario en el que Adolfo Hitler fue tratado después de la Batalla de Somme, en la Primera Guerra Mundial.

Curiosidad

Para Dave Baker, se trata sobre todo de curiosidad. "Tenemos que saber qué había ahí. Tenemos que saber qué hay tras una puerta cerrada. Es como el hambre que crece más y más cuanto más comes".

"Puedes recorrer cientos de kilómetros o incluso viajar a otros países sólo para llegar a un lugar de exploración que no ha sido abierto en años y fotografiar artefactos que dan testimonio de la historia del lugar", explica Baker a BBC Mundo.

Haefner destaca que el "aventurarse en sitios normalmente prohibidos" para "pasear entre reliquias abandonadas puede llegar a ser una experiencia visceral e incluso surreal".

"He estado en sitios increíbles que poca gente ha tenido la oportunidad de ver, como antiguos silos de misiles nucleares de la guerra fría a 45 metros bajo tierra", relata Haefner a BBC Mundo.

"Es complicado separar fotografía y exploración, ambas son parte de la experiencia. Para mí la fotografía es el principal motivo, pero también sentir la adrenalina y satisfacer mi curiosidad innata".

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