• Martes, 23 de diciembre de 2014
  • Actualizado a las 20:56


Incluye piezas de las culturas Wari,Chimú,Inka y Nasca.

Museo de Arte Precolombino inaugura sala textil

Gracias al apoyo de Minera Escondida, la colección más grande de América Latina con 1300 piezas se exhibe desde ahora en condiciones de alta tecnología y tendrá un espacio permanente


“Este  museo tiene la fortuna de tener las colecciones textiles más completas de América; son más de 1.300 obras de arte del área andina que se han conservado extraordinariamente debido a la sequedad del clima del altiplano”, dice el director del museo Carlos Aldunate.

 Para presentar y conservar esta muestra con la calidad que merece, distintos especialistas del Museo implementaron un exhaustivo plan que contempló trabajos de investigación, remodelación, restauración y diseño y que culminó con la construcción de la nueva Sala Minera Escondida, una de las más modernas de la región.

 Pilar Alliende, conservadora del Museo, sostiene que  la valiosísima colección textil será exhibida en un ambiente con sistemas de control de humedad, temperatura y luz, con los más altos estándares tecnológicos y museográficos, lo que permitirá que sus colores y materiales sufran el menor daño posible.

Para que se conserven lo mejor posible, las muestras serán expuestas de manera rotativa (las piezas se cambiarán cada seis meses) y con una iluminación muy poco agresiva. El público podrá también apreciar fragmentos exhibidos en unas cajoneras que formarán parte de la exhibición donde se explicará la tecnología de los textiles. Así, explica Aldunate, se podrá apreciar una nueva exposición de textiles cada seis meses, permitiendo que el público conozca a lo largo del tiempo la totalidad de la colección.

 La colección incluye piezas de las culturas Chimú, Nasca, Wari e Inka, entre otras, que dan una visión privilegia de ellas pues sus textiles cumplían una función que iba mucho más allá del abrigo. Como su cosmovisión les asignaba a los pueblos determinadas vestimentas para distinguirse, éstas eran signo de cultura e identidad. Mantas, túnicas, vestidos, fajas y tocados, eran un recurso simbólico para significar diferencias étnicas, de rango y de ocupación en la sociedad andina.

 “Para Minera Escondida es un gran privilegio inaugurar esta nueva sala textil donde se exhibirá en forma permanente y con los más altos estándares museográficos y tecnológicos, la extraordinaria colección textil con que cuenta el Museo. Con la creación de este espacio venimos a consolidar una larga alianza que ha permitido a más de 400 mil personas conocer, aprender y disfrutar del legado de nuestros antepasados a través de siete exhibiciones transitorias que han puesto en valor la cultura y tradiciones de nuestros pueblos originarios. De esta manera, estamos contribuyendo a que la sociedad se reconozca, se encuentre y se identifique en su riqueza diversa para así avanzar, con mayor seguridad y confianza, hacia una nueva etapa de desarrollo”,señaló María Olivia Recart, Vicepresidenta de Asuntos Externos, BHP Billiton, operador de Minera Escondida.

 Una civilización donde todo se tejía

 En los Andes, el tejido precedió a la alfarería, la agricultura y la vida aldeana. De hecho, hace cinco mil años se comenzaron a utilizar el algodón y la fibra de los camélidos andinos para la confección de los primeros tejidos orgánicos.

 Carole Sinclaire, curadora de la exhibición, detalla que en el mundo andino todo se tejía: desde atuendos ceremoniales dedicados a los dioses y trajes funerarios, hasta puentes de sisal para unir dos orillas, escenas de la vida cotidiana y  redes de quepa. Incluso la contabilidad se llevaba con quipus.

        Según precisa la investigadora, la andina es conocida como la “civilización del tejido”, con más de tres mil años de creación de textiles orgánicos. Son piezas de arte con una tecnología que supera a la europea en lo referente a complejidad simbólica nudos, colores y tramas.

 Cuando llegaron los españoles quedaron sorprendidos –dice- al constatar que los indígenas no usaban moldes para trabajar sus tejidos, sino que sólo se basaban en su memoria. Así, mientras los europeos tejían las telas y luego las cortaban para confeccionar sus vestimentas, los pueblos andinos concebían la forma final de sus prendas en los mismos telares.

 Con la llegada de los españoles esta milenaria técnica cayó en desuso pues los pueblos originarios comenzaron a cortar las telas, abandonando su antiguo sistema.

 Tecnología de última generación

 Para la fabricación de las nuevas vitrinas de esta sala, el museógrafo chileno José Pérez de Arce trabajó con una empresa estadounidense reconocida en el circuito de museos norteamericanos por su excelencia en estas materias desde 1972. La empresa colabora con más de 40 museos norteamericanos en la búsqueda de un balance entre los requerimientos de conservación y museología.

Por su parte, el trabajo de iluminación es la culminación de un largo proceso de estudio de luz que inició Hernán Chuaqui, físico de la Universidad Católica, y que determinó cuál era la forma óptima de enfocar los textiles sin dañarlos.  Así Chuaqui logró crear una luz blanca, simulando la irradiación del sol. Esta luz es mezcla de dos rojos, dos verdes, naranja y azul.   

Con el objetivo de ahorrar luz y producir menor impacto en las telas, las vitrinas tendrán sensores que se activarán cuando una persona se acerque y se apagarán cuando la persona se retire. Se utilizarán LEDs (diodos emisores de luz), que gastan menos energía y producen menor cantidad del calor que daña las telas.

 

Más informaciones en:  www.precolombino.cl La dirección es Bandera 341 Santiago

 





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