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Oficialismo frente a disidencia, dos caras del arte durante el comunismo

por 18 diciembre 2010

Oficialismo frente a disidencia, dos caras del arte durante el comunismo
La muestra, titulada "Detrás del Telón de Acero. Escena oficial e independiente en la Unión Soviética y Polonia 1945-1989", muestra la evolución del arte en los dos mayores países del bloque del Este.

El arte oficial y disidente de la época comunista ha resucitado en Belgrado, en una exclusiva e intrigante exposición de las obras nacidas tras el Telón de Acero en la segunda mitad del siglo XX, antes de la caída del Muro de Berlín.

La muestra, titulada "Detrás del Telón de Acero. Escena oficial e independiente en la Unión Soviética y Polonia 1945-1989", muestra la evolución del arte en los dos mayores países del bloque del Este.

La exposición permite contrastar el arte oficialista y su presentación idealizada de la sociedad comunista, con la rebeldía de artistas que sufrieron la represión y apostaron por corrientes creativas nuevas que tuvieron que desarrollar a escondidas.

"Se presentan obras de colecciones privadas de coleccionistas polacos, a las que el público tiene muy poco acceso. En ese sentido es un gran acontecimiento para Belgrado, pero también para el mundo, para Europa", declaró a Efe Mirjana Slavkovic, del Museo de la Historia de Yugoslavia que alberga la muestra.

La exposición, que se mantendrá abierta hasta el día 15 de febrero, reúne doscientas obras de artistas rusos y polacos.

Está dividida por secciones temáticas y cronológicas que presentan tanto el arte oficial como manifestaciones que se rebelaban contra los dictados de la política cultural.

El itinerario comienza con el realismo socialista y el arte comprometido que glorifica al Comunismo y que en la URSS dominó la escena artística hasta la década de los 80 y en Polonia sólo hasta mediados de la década de los 50.

Las pinturas ensalzan tanto a los líderes de la revolución como al obrero o al campesino, modelo del hombre nuevo del comunismo. Así, se pueden ver retratos de un Lenin mostrado como un ser serio, sabio y sublime, y visiones de un proletariado entusiasta, comprometido y feliz.

La llamada "Segunda vanguardia" del arte polaco está dedicada a los autores independientes que, pese a su clara orientación izquierdista, rechazaron los lemas del realismo socialista.

Algunos fueron represaliados, como la escultora Katarzyna Kobro y el pintor Wladyslaw Strzeminski, eje de la vanguardia polaca, que fueron apartados de las academias de arte como enemigos del sistema y murieron en la miseria porque nadie se atrevía a comprar sus obras.

Numerosas obras de Kobro se perdieron para siempre porque tuvo que usar sus esculturas de madera para la calefacción.

El realismo socialista, sin embargo, no tuvo gran impacto en Polonia y ya a partir de 1955 los artistas pudieron crear sin límites ideológicos aunque con pocas opciones de exponer su trabajo.

Para prevenir un exceso de libertad, el Comité Central del Partido Comunista polaco limitó a un 15 por ciento el número de obras abstractas en las exposiciones.

Entre los alegatos contra el autoritarismo destacan las obras de Jerzy R. Zielinski, como su pieza que muestra unos labios cosidos en blanco y rojo, los colores de la bandera polaca; o una cabeza un hombre con una vela encendida que, al derretirse, inunda de amarillo el fondo rojo, el triunfo de la inteligencia sobre la opresión.

La "desestalinización" en la URSS durante los años 50 permitió la organización de exposiciones internacionales importantes, incluso una estadounidense, que fueron bien recibidas en Moscú.

Sin embargo, los artistas no pudieron librarse de los límites que imponía la ideología y sufrieron las críticas de las autoridades por usar al hombre en experimentos artísticos en esculturas figurativas y abstractas, en teoría ininteligibles para las masas.

En Polonia, la represión de la década de los 80 llevó a los artistas a protestar y negarse a participar en exposiciones oficiales y escaparon de la censura con muestras secretas en iglesias y domicilios privados.

En la pintura, el político represor fue presentado con traje y con corbata y una máscara de lobo peligroso, con uñas puntiagudas que busca a la víctima, como en la obra "Gestapo", de Jacek Sroka.

Otro autor polaco, Leszek Sobocki, presentó en "Sofocante", la obra que cierra la exposición en Belgrado, al artista que empieza a separarse de la ropa de color rojo adherida a su cuerpo y que le aprieta, como símbolo de la opresión del sistema.

Por contra, en la Unión Soviética, las reformas impulsadas por Mijaíl Gorbachov, permitieron criticar e ironizar con los símbolos de un régimen que llegaba a su fin, como en un óleo de Dmitri Vrubel, que en vez de un heroico y altivo soldado comunista muestra a un joven con mueca burlesca.

En "La paz", de Erik Bulatov, se alude a la reconciliación entre el Este y el Occidente con la presentación de la emblemática Estatua de la Libertad y dos figuras al estilo del realismo socialista.

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