¿Se puede preservar el arte de contar cuentos? - El Mostrador

Jueves, 8 de diciembre de 2016Actualizado a las 22:18

Cultura - El Mostrador

¿Se puede preservar el arte de contar cuentos?

por 15 octubre 2011

BBC Mundo
¿Se puede preservar el arte de contar cuentos?
Se cree que la narración de cuentos como profesión nació en Medio Oriente, en Mesopotamia para ser precisos, la región que produjo la colección más famosa de todos los cuentos: Alf Layla wa-Layla o Las Mil y Una Noches alrededor del siglo IX.

Desde este epicentro, el arte de contar cuentos se extendió por todo el mundo árabe y el norte de África.

Durante más de 1.000 años las personas pagaron para escuchar a un contador de cuentos que informaba y entretenía a multitudes agrupadas en espacios públicos como la Djemaa el-Fna o la principal plaza en Marrakech.

Pero, con algunas excepciones, ya no hay cuenteros. Se han extinguido.

"Los nómadas olvidaron cómo contar cuentos cuando se mudaron a la ciudad", dijo Yahya Rajel, quien cuenta cuentos del desierto a las personas que visitan Mauritania.

"La tradición oral en Mauritania es muy, muy antigua. Existió como una manera de enseñar a los niños, incluso antes de que se crearan las escuelas", añadió.

El desierto ha moldeado las historias de Mauritania y no hay ningún sitio mejor para escucharlas, cree él.

"El desierto es el lugar ideal para una historia, pero hoy en día la gente no tiene tiempo para eso en la ciudad."

Profesión respetada

Algo similar ha pasado en el mundo Árabe, desde la capital de Mauritania, Nuakchot, hasta Bagdad en Irak.

"En nuestro país, los cuenteros profesionales desaparecieron a mediados del siglo XX", dice Belhadj Belgacem, conservador de biblioteca de Túnez, quien interpreta cuentos tradicionales populares en las escuelas.

"Antes de eso, los cuenteros se podían encontrar en cualquier sitio; en las plazas y cafés. Era una profesión respetada. Incluso hay una historia sobre un marido que abandonó a su mujer para pasar más tiempo escuchando a un contador de cuentos."

El mismo destino cayó sobre los cuenteros que frecuentaban los cafés de Cairo, según Hassan el-Gretly.

Ahora su compañía de teatro El Warsha intenta resucitar los poemas tradicionales orales como la épica Hilali del siglo XIII, que cuenta los enfrentamientos de las tribus árabes de África del Norte.

"Lo que podría considerar narración profesional de cuentos en Egipto es el canto de baladas narrativas o poemas épicos, que son las dos únicas formas que todavía se interpretan, por ejemplo durante el ramadán o en las fiestas de los santos.

"Pero siento que he cogido la última ola de cuenteros profesionales."

"El arte perdura"

¿A qué se le puede echar la culpa de la desaparición de un arte tan noble?

"Sin duda la tecnología", dice Belgacem.

"La televisión y la radio ha cambiado la manera en la que las personas pasan su tiempo libre. También el desarrollo y el progreso, igual que ahora el libro está amenazado por internet."

Pero, en un giro extraño, como un cuento de Las Mil y Una Noches, quizás la tecnología -a pesar de ser la responsable del declive de los cuenteros- podría convertirse en su salvador.

Cuenteros de Líbano, Palestina, Jordania, Egipto, Túnez, Mauritania e incluso Irlanda han estado interpretando y compartiendo sus ideas en el Festival Hakaya en Amán, Jordania.

Muchos de ellos no son cuenteros tradicionales a tiempo completo, sino actores, directores, y realizadores de películas, para quienes el arte de contar cuentos permanece en el centro de sus vidas creativas.

Mientras celebra el arte de la narrativa oral, el festival también busca maneras de mantenerlo vivo a través de la tecnología moderna.

A pesar de que Hassan el Gretly lamenta la muerte del cuentero o hakawati, dice que su arte también vive en interpretaciones teatrales, el cine, la televisión e internet.

Gretly está incluso trabajando en una historia sobre un chico que muere en las protestas recientes contra el ex presidente Hosni Mubarak.

El levantamiento árabe ha proveído de material fresco para historias nuevas, no sobre Alí Babá, Sinbad o Aladino, sino sobre personas reales cuyas narrativas personales han sido transmitidas a través de Facebook y Twitter en vez de las bocas de los cuenteros.

El conflicto arabé-israelí también ha producido una manera moderna de contar historias que tiene un extraño parecido con mitos antiguos y fábulas.

Pequeños héroes

El antropólogo palestino y flolklorista, Shareef Kanaaneh, se sorprendio cuando descubrió que las historias que escuchó de boca de niños que se enfrentaron con soldados israelíes durante la primera intifada eran casi iguales a las historias folklóricas tradicionales.

"Una de las cosas que llamó mi atención fue el parecido de las historias creadas por los niños con las historias folclóricas".

"La mayoría de los héroes son pequeños, deformes y minusválidos, y a pesar de ello derrotan a los soldados. Lo mismo ocurre en las historias folclóricas."

Shareef cree que las historias inventadas por los niños son similares a las leyendas antiguas porque ambas reflejan la mentalidad de un niño y el proceso de crecer.

En términos psicológicos, Shareef cree que la historia explica un rito en el que el niño supera la adversidad para convertirse en hombre y por lo tanto hereda el "reino" de su padre.

Investigadores como Shareef están recopilando historias palestinas como una manera de preservar la memoria e identidad.

Los cuentos orales están siendo grabados en archivos en páginas web como Palestineremembered.com.

"No tendremos un estado palestino pero podemos crear una Palestina virtual", dice Rakan Mahmoud, quien dirige la página.

"No hay jóvenes aprendices"

Pero mientras que hay muchos proyectos para salvar la tradición de contar historias en Palestina, no ocurre lo mismo en otras partes del mundo árabe.

Y en lo que se refiere a los cuenteros que interpreta en Marrakech, conocidos como hlykia, sus días están contados.

Los pocos que han sobrevivido son hombres mayores que no tienen aprendices jóvenes que puedan agarrar la batuta de su tradición antigua.

La organización cultural de Naciones Unidas, la Unesco, ha intentado grabar sus historias en internet, pero el proyecto perdió ímpetu ya se pasó al ministerio de cultura de Marruecos.

El destino de los cuenteros de Marrakech está en sus manos.

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