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Cultura - El Mostrador

El pequeño comandante: mirar con ojos de niño la dictadura chilena

por 10 noviembre 2011

El pequeño comandante: mirar con ojos de niño la dictadura chilena
Rodrigo Díaz, en un lenguaje que en ocasiones no encaja cabalmente con el de un niño, plantea sutilmente la división política existente en Chile, y con pequeños gestos genera una imagen total de lo que le sucede a los personajes del libro.

La novela breve que nos presenta este autor chileno, radicado en España, está escrita con un lenguaje sencillo,  y se lee rápidamente y con facilidad. La historia nos lleva al desierto chileno, a un pequeño pueblo llamado Paitanás, que si se indaga el significado de la palabra tal vez sea la zona del actual Vallenar. Ella nos relata la vida de Benito, un niño que vive junto a sus abuelos y que tiene un amigo llamado Jim, con quien lee Condorito y recorre el polvoriento pueblo.

En la habitual fantasía infantil, Benito vive de juegos e historias fabulosas que va creando; tiene su puesto de mando en un árbol, desde el que ve a sus vecinos, y un cuaderno en el que escribe sus aventuras y, en algunas ocasiones, copia uno que otro chiste de las revistas que Jim consigue. En apariencia su vida es bastante normal y similar a la de cualquier niño. A medida que la lectura avanza y la historia se profundiza, esa leve sensación de normalidad va develando señales que dan a entender un trasfondo mucho más fuerte y marcado por el acontecer político de los años de dictadura.

Entre las invenciones infantiles, está categorizar a las personas de acuerdo a lo que hacen, o por el bando político al que pertenecen. De esta forma Benito, estimulado por su abuelo y un misterioso amigo de este tiene, divide el mundo entre los piratas y los vampiros. Y en esta división se van entrelazando hechos que dan cuenta de las tendencias. El diario de Cooperativa sonando en la radio de la abuela, libros en un baúl enterrado a las afueras del pueblo, o el “Festival de la protesta” que se desarrolla en las noches, acompañado del ruido de las cacerolas, son la evidencia que perfila el lado del que está la familia de Benito. Lo que  se reafirma por la ausencia de sus padres.

Rodrigo Díaz, en un lenguaje que en ocasiones no encaja cabalmente con el de un niño, plantea sutilmente la división política existente en Chile, y con pequeños gestos genera una imagen total de lo que le sucede a los personajes del libro. El bien y el mal son tópicos que distinguen socialmente a quiénes forman parte de lo narrado, y aunque sin marcar una posición clara y sin ubicarse concretamente en un lado u otro, se deja entrever una visión social y política. Y si de posiciones  se trata, hay que poner atención a  Jim y su padre mecánico de aviones o piloto (nunca se sabe con certeza, pero si se conoce su ausencia), a su aislamiento social y su madre, la que enreja la casa y no lo deja salir a juntarse con los demás niños (se escapa cuando puede).

El pequeño comandante es un libro que apela a la nostalgia de la niñez y a los diversos mundos que coexisten en la imaginación infantil, con severos toques de realidad. Es una historia bien contada y estructurada, pero no alcanza esa profundidad que remueva profundamente al lector, dejando esa sensación de satisfacción y nostalgia al dar vuelta la última página.

Autor: Rodrigo Díaz Cortez

Literatura Mondadori, 2011

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