“El movimiento estudiantil ha sido clave para resignificar la memoria oficial” - El Mostrador

Lunes, 11 de diciembre de 2017 Actualizado a las 23:15

Steve Stern, historiador estadounidense declara:

Cultura - El Mostrador

“El movimiento estudiantil ha sido clave para resignificar la memoria oficial”

por 2 septiembre, 2013

“El movimiento estudiantil ha sido clave para resignificar la memoria oficial”
Hoy presenta en el GAM el segundo tomo de su trilogía sobre la memoria de Chile titulado “Luchando por mentes y corazones: Las batallas de la memoria en el Chile de Pinochet” (Ediciones UDP), en el que analiza la confrontación entre la memoria oficial propugnada por la dictadura y la memoria no oficial sustentada por las víctimas del régimen de Pinochet tanto dentro como fuera del país.

Steve SternFoto: Javier Liaño

Steve Stern
Foto: Javier Liaño

Un estudio sobre cómo los distintos grupos sociales se disputan la memoria, y sobre cómo esta tensión afecta la legitimidad política de una dictadura, ha realizado el historiador estadounidense Steve Stern en una trilogía sobre Chile, cuyo segundo tomo se presenta hoy en el GAM. “Luchando por mentes y corazones: Las batallas de la memoria en el Chile de Pinochet” (Ediciones UDP) se presentará a las 18.30 horas en el marco del seminario “A 40 años del golpe de Estado en Chile. Usos y abusos de la historia”.

En el libro se analiza el periodo 1973-1989, y sobre cómo apenas consumado el golpe de Estado la dictadura construyó una memoria oficial que empezó a confrontarse con otra de las víctimas del régimen, tanto dentro como fuera del país. Esta tensión derivó, especialmente en la década de los 80, en una paulatina pérdida de legitimidad del gobierno, y demuestra la importancia del tema para el poder político.

“Controlar la historia”

Stern, casado con una chileno-norteamericana, vino a Chile por primera vez en los años 70, pero el punto de partida de su trilogía fue un congreso en Wisconsin (donde es profesor) en 1995. Allí se analizó lo ocurrido en Perú con Sendero Luminoso, que apenas tres años antes había sido descabezado. Una participante peruana le llamó la atención a Stern sobre el afán del presidente Alberto Fujimori para “controlar la historia de los hechos y de lo que significan”. “Eso me provocó algo. Era decir: saben, quienes controlan la historia, esos momentos dramáticos, están buscando la legitimidad y hay una gran lucha que hay que dar para ver qué es lo que realmente pasó”, dice. Y se puso a pensar en Chile. Así, vino en 1996 para comenzar su trabajo, que se refleja en el primer tomo de la trilogía, “Recordando el Chile de Pinochet en vísperas de Londres 1998”.

Allí básicamente presenta los distintos tipos de memoria existentes en Chile en aquel periodo, desde aquella de los sectores conservadores para los cuales Pinochet fue un “salvador” y cuyos excesos debían ser olvidados hasta otros que recuerdan su gobierno como una época de terror, y en el que la memoria era “una herida abierta”. “Había una choque de dos memorias, y cada una trataba de hegemonizar”, explica. Una mayoría intentaba avanzar en verdad y justicia, pero chocaba con los poderes fácticos. “Acumulativamente la sociedad iba avanzando en el tema, no de manera lineal, con dos pasos adelante y uno atrás”, explica.

Stern señala que la divergencia entre las distintas memorias es usual y pone como ejemplo el Holocausto. “(La verdad) que ahora es dominante, no empezó así”, señala. Recuerda que en los primeros años de posguerra la mayoría de los alemanes señalaba no haber sabido lo que sucedía con los judíos. El debate sobre lo ocurrido realmente comenzó en los años 60 con la generación del 68, “que insistió en indagar más profundamente en la historia alemana”.

“Cada generación resignifica lo que es la memoria”, afirma, y apunta en el caso chileno al movimiento estudiantil, cuyos alcances van mucho más allá de las demandas acostumbradas de derechos humanos de la generación anterior –sin descartarlas–, para ya plantear otras peticiones educativas y socioeconómicas, en un momento en que una mayoría de la población no tiene un recuerdo directo de lo que fue la dictadura. Los estudiantes “están diciendo que hay algo más: que la misma dictadura impuso por la violencia una estructura, un sistema, que no se ha desmantelado y con el cual aún vivimos, incluyendo la educación”, dejando en evidencia que “la transición no fue a fondo” en la reestructuración de algunos aspectos claves del modelo.

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Luchando por mentes y corazones
Ediciones UDP

 Concertación, derecha y memoria

¿Cómo enfrentó la Concertación el tema de la memoria? “Es un asunto complicado. En los primeros años de los 90 era muy difícil, porque Pinochet aún era comandante en jefe del Ejército” y tenían en cuenta la experiencia argentina, en que tras el juicio a la Junta Militar en 1985 y las condenas a los generales, varias rebeliones militares obtuvieron una ley de amnistía.

“La idea fue entonces crear una base y ver qué se podía construir”. Las tensiones sobre los distintos tipos de memoria tampoco fueron ajenas a la coalición, donde algunos tomaban distancia del tema y otros propugnaban por seguir adelante. Por eso “la insistencia tenía que venir de la sociedad civil”, un actor que fue clave porque después de los años iniciales de la transición, "la Concertación tampoco sabía qué hacer”.

El tema de la tortura, por ejemplo, no había sido tocado, pero fue la insistencia de la sociedad civil y la creación de una atmósfera propicia la que logró la creación de la Comisión Valech. “Si la sociedad civil no hubiera insistido, no habría pasado mucho. Los políticos en general son reactivos”. El paso del tiempo también ha ido modificando la visión entre la derecha.

Primero, en plena dictadura, hubo un periodo de negación de los crímenes, que eran atribuidos a “exageraciones de personas que querían desprestigiar al gobierno militar”. Luego, en los años 90, cuando el tema de los desaparecidos, por ejemplo, ya era innegable, se pasó al reconocimiento de lo sucedido, aunque señalando que había sido el costo para evitar algo peor. Después, cuando quedó en evidencia que Pinochet no sólo había cometido asesinatos, sino además se cuestionó su patrimonio, muchos se distanciaron de su figura, aunque seguían reivindicando la “obra modernizadora” de su gobierno. “El problema con eso es que la violencia fue clave para imponer un nuevo sistema”, dice. “Hoy (en Chile) la pugna de las diversas memorias ya no es tanta. Los mismos avances en el tema han hecho imposible que la derecha diga que no pasó nada o justifique las violaciones a los derechos humanos. Nadie puede decir eso en público, sobre todo si quiere ganar una elección”, asegura.

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