Ex ministro de Educación de Allende evalúa su gestión tras 40 años del Golpe de Estado - El Mostrador

Viernes, 15 de diciembre de 2017 Actualizado a las 10:58

Aníbal Palma le tocó enfrentar las movilizaciones estudiantiles de septiembre de 1972

Cultura - El Mostrador

Ex ministro de Educación de Allende evalúa su gestión tras 40 años del Golpe de Estado

por 9 septiembre, 2013

Ex ministro de Educación de Allende evalúa su gestión tras 40 años del Golpe de Estado
Esta entrevista corresponde al primer artículo del Especial Violencia Simbólica con el que se pretende dar cuenta de las experiencias previas y posteriores al golpe que terminaron por edificar o intentar construir nuestra cultura. Aquí, el abogado que estuvo en el ojo del huracán durante más de un año, revisa los logros de la UP en materia de educación y también repara en los errores que se cometieron al presentar el gran proyecto de Allende en materia de educación, la Escuela Nacional Unificada, como un vehículo de ideologización al socialismo.

Aníbal Palma, ex ministro de Allende.Foto: Javier Liaño

Aníbal Palma, ex ministro de Allende.
Foto: Javier Liaño

Aníbal Palma fue uno de los ministros más jóvenes de la Unidad Popular. Tenía 29 años cuando vino el Golpe. Presenció parte del último discurso de Allende en la Moneda y quizás por error o por desconcierto, cuando empezó el bombardeo fue a refugiarse junto a otros funcionarios de gobierno al subterráneo donde estaban las calderas del palacio. Habría bastado una pequeña chispa para que todos murieran quemados.

Antes de estos hechos, de los tres años que pasó en Dawson y del exilio en Alemania, Palma fue protagonista, siendo ministro de Educación, de  varios de los momentos más tensos que vivió el gobierno de Salvador Allende. Le tocó lidiar con paros, tomas y marchas estudiantiles, en lo que quizás podría ser el prólogo del conflicto estudiantil que se vive en la actualidad.

Bombardeo a la Moneda. Aníbal Pal, al costado derecho, de perfil.

Bombardeo a la Moneda. Aníbal Palma, al costado izquierdo, de perfil.

Por coincidencia o destino, le tocó ser el rostro visible del principal proyecto educativo que intentó impulsar la Unidad Popular, la Escuela Nacional Unificada (ENU). Para unos, los que confiaban en la revolución socialista, fue un proyecto democrático que buscaba la igualdad en la instrucción educativa: que todos los estudiantes, fuesen de escuelas técnicas o no, privadas o públicas, tuvieran la misma calidad de la educación, el mismo acceso a la universidad. Para otros, era un instrumento de manipulación de conciencias, el vehículo de ideologización de la juventud que tenía preparado la UP para avanzar en el camino al socialismo.

A la luz de los hechos y de los años, tal vez la ENU tuvo de todo un poco. En esta entrevista Palma se remonta a 1972 para hablar de los logros en materia de educación de la UP y para reconocer también los errores –no pocos- que cometieron y que terminaron por desnaturalizar el proyecto original sin alcanzar a discutir ni una coma de educación ni fines pedagógicos.

¿Cuáles eran los problemas principales que vivía la educación en 1972?

No era ni el lucro ni la calidad de la enseñanza, el problema era el acceso a la educación. Los establecimientos no daban abasto para resolver la demanda de matrícula. Ése era el tema fundamental y a eso fue a lo primero que se dedicó el gobierno con éxito, porque en dos años se había resuelto el problema. Éste era un problema de arrastre. Era difícil. No se podían construir escuelas de la noche a la mañana para recibir 100 mil estudiantes ¿Cómo se resolvió? Se tuvo que ampliar la jornada, con dos jornadas e incluso con tres jornadas. Se dupliaron y hasta se triplicaron las jornadas estudiantiles en algunos liceos y esto no afectó la calidad de la enseñanza; y se sextuplicó en menos de tres años el número de alumnos adultos y universitarios que no habían completados sus estudios o no habían podido acceder a la educación, con lo que prácticamente el analfabetismo dejó de ser un tema.

Y el tema universitario, ¿estaba así de resuelto también?

No, claro que no. La universidad es un tema complejo. Pensar en un sistema universitario para todos es un tema que ningún país del mundo ha llegado a solucionar. Pero sí hubo más democratización en su acceso. Allende citaba con mucha frecuencia una encuesta que se había hecho al sistema educacional universitario entre los alumnos de la Universidad de Chile, que era el principal plantel de educación superior. Esta encuesta indicaba que el 98% del estudiantado provenía de sectores de altos ingresos, que sólo el 2% eran hijos de obreros y no había ningún hijo de campesino cursando estudios en la U. de Chile. Se puso acento en eso y también en menos de tres años se duplicó la capacidad de matrícula en las universidades principales. No digo que estos esfuerzos hayan terminado con el problema, pero sí ayudó. Una de las experiencias más destacadas data de 1973, cuando casi el 42% del alumnado de la Universidad de Concepción provenía de sectores de escasos recursos de la zona.

Aníbal Palma, hablando a padres y apoderados durante las marchas estudiantiles de septiembre de 1972

Aníbal Palma, hablando a padres y apoderados durante las marchas estudiantiles de septiembre de 1972

¿Cómo se vivía en los colegios bajo esta idea de la revolución socialista?

En este tiempo en los establecimientos educacionales se vivía en absoluto régimen democrático. En las universidades se elegían sus cuerpos directivos, en los que participaban no sólo los académicos sino que también los estudiantes y los trabajadores de la educación. Nunca un estudiante fue expulsado o sancionado por participar en algún tipo de manifestación en contra del gobierno. A mi me tocó dictar el decreto de Democratización de la Enseñanza, que era una cosa muy simple: significaba que los presidentes de los centros de alumnos tenían derecho a participar en las reuniones de los consejos de profesores, no para fines académicos, pero sí para plantear sus inquietudes, sus dudas y tener conocimiento de lo que se estaba haciendo.

¿En qué momento el tema de la educación se volvió una caldera?

Hubo huelgas y manifestaciones, pero estas fundamentalmente obedecían a razones más bien de índole político y no sobre el tema educacional. La mayoría de las manifestaciones de estudiantes se produjeron en los meses de agosto y septiembre de 1972. No fue fácil para mi, yo fui dirigente estudiantil, fui secretario de la Federación de Estudiantes de la Chile, en consecuencia, cuando veía que pasaban las manifestaciones estudiantiles gritando consignas en contra del gobierno y el ministro, pensaba: “Yo hacía lo mismo”. En la primera marcha le dije a los Carabineros que no intervinieran. Como estaban construyendo el metro, imagínense la cantidad municiones que tenían los estudiantes y, en consecuencia, no quedó ni un sólo vidrio ni ventanal  en pie en el Ministerio de Educación.

Si las marchas no eran por el tema de la educación, ¿qué fue lo que encendió la mecha?

El primer colegio en toma fue el C12, un colegio de mujeres, que se tomaron porque no querían que asumiera como directora la profesora que el colegio había designado. Era un problema particular  casi imposible de solucionar, porque si uno accedía a lo que querían los estudiantes, ahí mismo se acababa la carrera del magisterio y se acababa el sistema. Finalmente esto era una provocación política, ya que era un colegio en Providencia.

¿Desalojaron?

Ésa era la solución, pero no lo hicimos. Muy cerca de ahí había un colegio de hombres, así que se habilitó como mixto, y las alumnas que querían seguir en la toma continuaban y las que querían retomar las clases podían hacerlo.

¿Cómo era la polarización que se vivía en los colegios? ¿Hicieron algo para superar el problema?

Era muy difícil manejar la politización que existía en los colegios, y era grave porque yo tenía enfrentamientos entre estudiantes. Era el mundo al revés: los estudiantes de izquierda, que siempre habían sido los que llamaban a las tomas, paros y marchas, ahora eran ellos lo que iban a clases para detener las tomas. Fue el sistema que utilizaron los estudiantes para defender sus colegios. Yo en octubre de ese año le dije al Presidente que si yo era el foco de conflicto, debía renunciar, pero vino el otro fenómeno, que las federaciones de estudiantes comenzaron a presionar para que se rechazara la renuncia y el Presidente la rechazó y continué.

 ENU, el proyecto emblemático

Aníbal Palma, junto a estudiantes

Aníbal Palma, junto a estudiantes

Ya en 1973 estaba todo caldeado y ustedes intentaron impulsar el proyecto de la Escuela Nacional Unificada. ¿En qué consistía ese proyecto?

Primero, no era un capricho ni un acto voluntarioso, eso correspondía al programa de gobierno de la Unidad Popular, la Escuela Nacional Unificada, que además estaba dentro de las recomendaciones y parámetros de la UNICEF. El problema que buscó solucionar venía desde el siglo XIX. En la medida en que el proceso social  y económico avanza van a apareciendo nuevos requerimientos y se tiene que ampliar la oferta educacional. Entonces se abrieron los establecimientos prácticos-agrícolas. El sector del comercio, de la economía, requería técnicos y se crea el Instituto Nacional de Comercio; en el área industrial se requerían matriceros, mecánicos, etc. ¿Cuál era el problema? Que no todos estaban en igualdad de condiciones para entrar a la universidad. El que era técnico no tenía la preparación y la base para entrar a estudiar ingeniería, por dar un ejemplo. El acceso a etapas superiores de la educación dependía fundamentalmente del sistema de educación al que estaba adscrito el muchacho. En consecuencia, primero, era discriminatorio. En segundo, antidemocrático. Y en tercer lugar, estaba el desmedro de la calidad humana del muchacho, porque el sistema lo encajonaba, sin saber cuál era su real vocación.

¿Y de qué modo la ENU pensaba superar este problema casi atávico?

Se propuso que para ser igualitario, para ser democrático, todos los estudiantes recibieran el mismo caudal de conocimiento, para todos, todos tendrían el mismo nivel de educación. En consecuencia, el acceso de un muchacho a la universidad iba a depender únicamente de su rendimiento y capacidad, pero no del sistema. Como no estaba en juego ni el lucro (porque no había) ni la calidad de la enseñanza, ésa era la preocupación.

Suena a mundo ideal, pero lo cierto es que el proyecto nunca se pudo ejecutar

Nunca se discutió el proyecto educacional desde el punto de vista pedagógico-técnico, la principal objeción fue acusar al gobierno de intencionalidad política, de ideologizar a los estudiantes con un proyecto inspirado en el marxismo leninismo. ¿Cuál fue el error?  Esto que partió por ser una herramienta más amplia y democrática,  debía empezar el año 71, pero se pretendió implementarla el 73, que era la época de mayor crispación de este país. Estábamos con el desabastecimiento, con las elecciones parlamentarias, estábamos con una oposición que después del fracaso del paro de octubre, ahora veían la oportunidad de desestabilizar aún más al gobierno.

Había tal politización que daba lo mismo el proyecto. Los que estaban con el gobierno, ¡arriba la ENU!; los que estaban en la oposición, ¡abajo la ENU!, aunque ninguno de los dos supieran ni palote de lo que estaban hablando.

Pero se les acusó de intentar ideologizar la educación a través de ese proyecto

El problema fue que en las dos primeras líneas del proyecto, en el mensaje que acompañaba el proyecto, se escribió que la Escuela Nacional Unificada tenía por objeto formar al hombre nuevo en la sociedad socialista. ¡Hasta ahí no más llegó el proyecto! ¡Hasta ahí llegó la discusión! Y se atacó por todos lados, que era inconstitucional, que la constitución del 25 decía que la educación era tarea preferente del Estado y por consecuencia no podía tener un sesgo ideológico. Para la Iglesia chocaba con sus valores, para los militares –y esto era lo más ridículo- que podía provocar la descomposición de las Fuerzas Armadas. ¿Por qué? Porque los muchachos que iban a hacer el servicio militar, vendrían ya intoxicados con el marxismo leninismo.

Entonces sí era un vehículo de ideologización

El proyecto no lo era. Nunca se revisó en términos pedagógicos.  Lo que pasó fue que cometimos un absurdo. Si uno analiza todo este proceso, la polarización, siempre se tendió a una máxima ideologización. Entonces qué ocurre, que todo se ideologiza, pero más en los sectores de izquierda que en la derecha. Se le da un carácter de ideológico a cosas que no lo tenían como la ENU. Pero como se trataba de un proyecto de la Unidad Popular, y del camino al socialismo, de un proyecto  revolucionario y taca..taca..taca, esto había que ideologizarlo.  Fue un perfecto absurdo. ¡Fue un tremendo error el implicarle un efecto ideológico!

 Y que fue de todo ese proyecto entonces…

Ya lo ves, hoy el problema sigue siendo el mismo, subsiste después de 40 años.  Después, con la llegada de la dictadura y la municipalización de los colegios, todo, todo, finalmente se fue a las pailas.
Existe una vinculación muy estrecha, entre educación-cultura y educación-cultura-democracia y educación-cultura-democracia y cambio. Porque a mayor cultura son mayores las posibilidades de apreciar las ventajas de un sistema democrático y más fuerte es el compromiso por defenderlo. Aún más, a mayor educación, mayor cultura. Y usted también puede apreciar con mayor claridad las desventajas de un sistema y comprometerse a mejorarlo. Eso explica por qué las dictaduras se ensañan tanto con la educación.

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