Ron Carter, el ex contrabajista de Miles Davis, deslumbró en Santiago - El Mostrador

Domingo, 17 de diciembre de 2017 Actualizado a las 02:25

Su espíritu jovial y alegre se dejó sentir en el teatro Nescafé de las Artes

Cultura - El Mostrador

Ron Carter, el ex contrabajista de Miles Davis, deslumbró en Santiago

por 9 octubre, 2013

El concierto fue el cierre magistral de una serie de presentaciones realizadas en Brasil, Uruguay y Argentina, donde el trío de Carter puso en evidencia su gran talento interpretativo, comunicación y versatilidad al sumergir a la audiencia en la calidez de un concierto prácticamente acústico, propiciado por un formato a tres cuerdas, pocas veces oído, y que nos acerca al origen del jazz clásico.

Con más de 2.500 grabaciones junto a  grandes músicos como John Coltrane, Thelonious Monk, Wes Montgomery, Dexter Gordon, Miles Davis, Chick Corea, Bill Evans, Herbie Hancock, J. J. Johnson, B. B. King, James Brown, Aretha Franklin y Antonio Carlos Jobim, por nombrar sólo algunos, y alrededor de 130 composiciones originales, Ron Carter es, sin duda, uno de los más experimentados e influyentes contrabajistas de la historia del jazz y la música popular.

Un espíritu jovial y alegre se dejó sentir la noche del lunes 7  en el teatro Nescafé de las Artes, con Ron Carter como el gran anfitrión, acompañado de sus talentosos compañeros de ruta en el actual  Golden Striker Trío: el guitarrista Russel Malone (años trabajando junto a Carter y con otros grandes del jazz) y el pianista Donald Vega (nicaragüense de formación clásica, que vino a reemplazar al recientemente fallecido Mulgrew Miller).

El concierto fue el cierre magistral de una serie de presentaciones realizadas en Brasil, Uruguay y Argentina, donde el trío puso en evidencia su gran talento interpretativo, comunicación y versatilidad al sumergir a la audiencia en la calidez de un concierto prácticamente acústico, propiciado por un formato a tres cuerdas, pocas veces oído, y que nos acerca  al origen clásico del jazz. Sus trajes oscuros sobre el escenario, acompañados de una corbata dorada, reafirmaban aún más esa atmósfera con ecos de los años '50, pero en una versión moderna, reactualizada y de sugerentes matices musicales.

Sus trajes oscuros sobre el escenario, acompañados de una corbata dorada, reafirmaban aún más esa atmósfera con ecos de los años 50, pero en una versión moderna, reactualizada y de sugerentes matices musicales

La música se inició con dos arreglos de Carter, “Parede” y “Candle Light”, una conmovedora balada  dedicada a su amigo Jim Hall, emoción que  Malone bien supo transmitir en la dulzura de su guitarra. La fluidez, maestría en la conducción y el swing del bajo de Carter, se destacaron en los originales propuestas de temas brasileños: “Miedo de amar” (Vinicius de Morais), “Wave” ( Tom Jobim) y “Samba de Orpheus” (Luiz Bonfá), animados por los toques latinos del pianista nicaragüense y la guitarra con aires del Mississippi de Malone. “My Funny Valentine”, con un espléndido solo al piano de Vega, totalmente desprendido de partituras, “Soft Winds” y un bis de “There will never be another you” (melodía de Mark Gordon popularizada por Frank Sinatra), coronaron una jornada de emociones y reminiscencias de un pasado vivo en el presente y que Carter disfruta y comunica a través de la música y todas las experiencias y amistades evocadas en ella.

Con el desplante y goce que Carter demostraba al tocar su instrumento, es difícil imaginar que el contrabajo no haya sido su primera elección al momento de dedicarse a la música. A los 10 años había tomado el cello y el repertorio clásico como sus preferencias musicales, guiado por el anhelo de convertirse algún día en concertista. Sin embargo, cuatro años más tarde, cuando su familia se traslada de Michigan a Detroit, empezaron los problemas de discriminación racial, al punto de recibir un drástico comentario del director del conservatorio, Leopold Stokowski, quien sostenía que  la audiencia de la música sinfónica “no estaba todavía realmente preparada para aceptar a músicos negros”.

Ante tales prejuicios, Ron Carter se decide por el contrabajo para reinventarse en el mundo del jazz. En Detroit acudió a la Cass Technical High School y continuó sus estudios en la Eastman School of Music de Rochester, graduándose en 1959. Luego, se traslada a Nueva York, donde estudia en la Manhattan School of Music, titulándose como intérprete superior de contrabajo en 1961.

Simultáneamente a sus estudios, se une a cuanto proyecto podía, como una forma de interiorizar lo aprendido: tocó en la banda de Chico Hamilton, en el trío de Bobby Timmons y en el grupo de Art Farmer. Pero su gran salto y reconocimiento mundial vino de la mano de Miles Davis, quien lo invita a su banda como reemplazo del contrabajista Paul Chambers, uno de sus grandes referentes. Fruto de dicha colaboración maestra, surge el clásico álbum Seven Steps to Heaven, grabado en Los Ángeles el 16 de abril de 1963. Carter estuvo con Davis hasta 1968, pasando a ser un miembro fundamental de la sección rítmica del quinteto, junto a Herbie Hancock y Tony Williams. Al mismo tiempo era quien llevaba la organización de las giras, los viajes, elección de hoteles y demás detalles de producción, incluidos los pagos de los músicos. Esta faceta de Carter demuestra su confiabilidad y capacidad de liderazgo, que, trasladada al ámbito artístico, ha posibilitado su dirección musical desde el bajo con un sonido seguro en cuanto a la rítmica y al sustento armónico como punto fundamental que guía a los demás instrumentistas. Una dirección clara, precisa y vigorosa, que capte la atención de los músicos y defina el diálogo, posibilita la mutua escucha y la conexión musical y, al mismo tiempo, la inspiración conjunta.

Y así fue como lo demostró en el concierto de la noche del lunes, con una interpretación plena y segura, forjada en más de 54 años en la música. A veces dirigiendo, otras observando, siempre sonriente y agradecido por la conversación y el juego musical sostenido a lo largo de sus 76 años de edad.

 

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