Paolo Giordano: “Cuando se escribe un libro, olvidarse de uno mismo es siempre un paso preliminar muy importante y difícil” - El Mostrador

Sábado, 16 de diciembre de 2017 Actualizado a las 12:05

Refiere al proceso creativo de su segunda novela "El cuerpo humano"

Cultura - El Mostrador

Paolo Giordano: “Cuando se escribe un libro, olvidarse de uno mismo es siempre un paso preliminar muy importante y difícil”

por 11 noviembre, 2013

Paolo Giordano: “Cuando se escribe un libro, olvidarse de uno mismo es siempre un paso preliminar muy importante y difícil”
Cultura+Ciudad conversó con el afamado escritor italiano, autor de uno de los fenómenos literarios más resonados del último tiempo, La soledad de los números primos. Un éxito de ventas acompañado, felizmente, de una notable historia y poesía. Llegó a Chile como invitado internacional del Festival Puerto de Ideas, que culminó ayer, donde dictó la conferencia "La segunda juventud". Acaba de publicar su segunda novela, El cuerpo humano, que está ambientada en Afganistán y que trata acerca de la vida de un destacamento italiano en medio de la guerra tras el atentado a las Torres Gemelas.

Vino a Chile como invitado al Festival Puerto de Ideas en Valparaíso. En éste habló sobre los miedos y dificultades del paso desde la juventud a la edad adulta. Dictó la conferencia “La segunda juventud”, en la que abordó este proceso existencial y se valió de una lista de autores de su preferencia para construir una ruta literaria sobre el tema.

Pero todo eso ya es pasado y en su paso por nuestro país ahora se apronta para abandonar el mar porteño y visitar el Observatorio Alma, en el norte, lugar que lo reconectará con la antigua disciplina bajo la que se formó: la física.

La historia cuenta que este joven doctor en física teórica se transformó en escritor a los 26 años, debutando en la literatura con una novela breve y magistral, La soledad de los números primos (Salamandra, 2008). La obra pronto e inesperadamente se transformó en un suceso editorial, seduciendo a millones de lectores en todo el mundo. Por ella recibió en su país el prestigioso Premio Strega. Catapultado a la fama mundial, esta nueva condición de hombre público y reconocido causó estragos en su esfera íntima y social, revolucionando su hasta entonces apacible vida.

Ante un debut tan apoteósico, la segunda novela se volvió un difícil escollo a superar, todo un problema. Lo puso en la entrecuerda mental de demostrar que no era una casualidad ni un golpe de suerte la escritura exitosa de su primer libro. Sintió la presión de justificar su talento y su nombre en la arena literaria, lo que lo expuso a una tensión que devino en un bloqueo creativo.

“Parecía que la escritura de la novela se estaba convirtiendo en la necesidad de demostrar que yo era realmente capaz de hacerlo, para lograr un resultado, como si tuviera que volver a rendir exámenes en la universidad. Eso elimina toda la emoción del texto, que es lo peor que le puede pasar a un escritor”, declaró Giordano a La Juguera Magazine.

Lidiar con el éxito, acomodarse a la expo y sobreexposición de ser un bestseller fue toda una batalla para él, con las consecuencias que implica en las relaciones sociales. Psicoterapia y viajes fueron la clave para resolver este impasse existencial. Uno de esos viajes lo condujo a Afganistán para realizar un reportaje, donde le tocó compartir con un grupo de jóvenes soldados italianos en un campamento militar. Ahí encontró una historia y el telón de fondo para su segunda novela, El cuerpo humano (Salamandra, 2013).

Situada en el desierto afgano, la obra es un relato coral de la historia de un pelotón militar de inexpertos soldados italianos, comandado por el mariscal Antonio René en la base de operaciones Fob Ice, uno de los enclaves más peligrosos en aquella guerra que inició EE.UU. tras el atentado a las Torres Gemelas. De paso, este escenario le sirvió a Giordano para entregar cierta versión de la guerra (una aproximación sentimental) desde el frente italiano, bien distinta a la estadounidense.

La novela es un relato de iniciación, en el que asistimos a la descripción psicológica de 12 figuras masculinas que acaban de abandonar su adolescencia para entrar al mundo de la adultez y que conjuntamente se ven expuestas a la experiencia límite de la guerra, hecho que les cambiará profundamente todas sus vidas.

La guerra pone a prueba el cuerpo humano y saca a relucir lo más auténtico de sus intimidades personales. Cuando se deja escuchar el silencio, entrada la noche y disipado el estrépito de la artillería, los jóvenes soldados sentirán cómo sus cuerpos adquieren protagonismo por sobre el control de su mente. Los latidos del corazón, la respiración, son una señal inequívoca que manda el cuerpo humano y hay que saber escucharlo.

Si en una primera impresión La soledad de los números primos parece muy distinta, en palabras del autor esta segunda novela es una continuación entre los personajes de ambos libros, el paso a la adultez de Mattia (el personaje principal de La soledad) y Egitto (el personaje principal de El cuerpo humano).

Resuelto finalmente el calvario creativo, la segunda novela de Giordano vino a confirmar el talento literario de un escritor notable, que recién a sus treinta, iniciando su adultez, tiene a todo el mundo pendiente del vuelo de su pluma.

¿Cuánto crees que influyó el título de tu primera novela en su éxito editorial? (Entiendo que tú le habías puesto otro originalmente)

Ha influido mucho, creo. Aunque sí, hoy es imposible distinguir cuáles son las proporciones de mérito en el suceso de La Soledad...

¿Qué significó en tu vida el cambio de pasar de ser un desconocido a un escritor de fama mundial?

Mi vida cambió bajo muchos aspectos, pero el más significativo ha sido el tener la libertad de tomarme todo el tiempo que quiero para realizar este oficio. La libertad de disponer del tiempo es muy importante en la escritura.

Tu formación como físico, ¿te ha ayudado en tu escritura?, ¿te ha dado mayor libertad al escribir?

Me ha permitido no tener demasiadas ambiciones y, por lo tanto, ser más libre. Mis ambiciones estaban concentradas en otra parte. Y después, el trabajo como físico me ha enseñado a tener paciencia, y quedarme en el escritorio hasta que el resultado sea el correcto.

Tu nueva novela El cuerpo humano se originó a partir de un reportaje, en el que tuviste que viajar hasta Afganistán y conviviste con soldados en un campamento. ¿Qué dejó esa experiencia en ti?

Sentía que era un vínculo entre la vida que estaba viviendo y aquella de los soldados en misión. Yo también me sentía en misión y enmascarado con un uniforme. Y tenía necesidad de observar una experiencia extrema, donde las privaciones y el sufrimiento fueran mucho más graves que las míos, para olvidarme de mí mismo. Cuando se escribe un libro, olvidarse de uno mismo es siempre un paso preliminar muy importante y difícil.

¿Sentiste a la hora de escribir esta nueva novela que el lenguaje te era insuficiente para hablar de la magnitud de la experiencia límite que es la guerra?

Necesité meses para encontrar el lenguaje apto, no obstante el camino no ha sido aquel de enriquecer, más bien el contrario: he tenido que desnudar el lenguaje lo más posible, porque los chicos en misión me habían aparecido realmente como si estuvieran desnudos, vulnerables y porque también el desierto alrededor pide una narración desnuda (despojada).

Se ha comentado que el estilo de escritura de El cuerpo humano no tiene mayores acrobacias. ¿Esto fue un estilo autoimpuesto o simplemente te salió así?

Está relacionado con aquello que te acabo de mencionar. Aquella historia rechazaba cada acrobacia, cada alarde de destreza. Ha sido un ejercicio importante de humildad para mí. Después del primer libro quería sobre todo impresionar a los lectores y mostrar cuán hábil era en manejar la escritura y, por el contrario, la historia me ha restringido a inclinar la cabeza y renunciar a un cierto inútil virtuosismo.

Agradecimientos a Andrés Madrid Rojas por la traducción

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