Cuando con los gestos de un director de orquesta se hace danza y el público es su orquesta - El Mostrador

Lunes, 11 de diciembre de 2017 Actualizado a las 16:38

La pieza coreográfica se presentó por primera vez en Chile dentro del Festival de Danza Movimiento Sur

Cultura - El Mostrador

Cuando con los gestos de un director de orquesta se hace danza y el público es su orquesta

por 26 noviembre, 2013

Cuando con los gestos de un director de orquesta se hace danza y el público es su orquesta
Coincidiendo con la celebración de los 100 años de "La consagración de la primavera" de Stravinsky, la obra de danza contemporánea homónima del francés Xavier Le Roy, a través de una interpretación de los movimientos y gestos de un director de orquesta, nos hace experimentar y escuchar como por primera vez esta célebre pieza musical. Cultura+Ciudad conversó con este coreógrafo francés en su estadía en Valparaíso.


Cuántas veces durante un concierto nuestros ojos se concentran y deleitan en los movimientos del director de orquesta, quien con sus gestos va haciendo emerger de los distintos instrumentos, en precisos momentos su música.

Eso fue lo que cautivó a Xavier Le Roy para componer la pieza coreográfica “Le Sacre du Printemps” (La consagración de la primavera), al observar a la Filarmónica de Berlín durante un ensayo en 2003. Y el sábado 23 presentó esta obra de danza contemporánea en el festival de danza Movimiento Sur, que se está realizando en Valparaíso.

Y así es como se ve a Le Roy entrar al escenario espontáneamente. Ni un gesto ni un movimiento maquillado. Simplemente camina hasta el centro del escenario. Jeans, camisa roja, zapatillas. Da la espalda al público. El gesto de su mano anticipa cómo emerge el sonido del primer compás de La consagración de la primavera. Ese gesto diríase que gesta el sonido. Y así experimentaremos los espectadores por un buen rato, durante el cual el artista, indiferente al público a sus espaldas, como un encantador de serpientes hace surgir la música de los distintos instrumentos, anticipando en sus movimientos sus diferentes cualidades, velocidades.

“Lo que hago es una coreografía basada en los gestos y movimientos del director de orquesta mientras la dirige. De manera que la coreografía está hecha de estos movimientos y su performance delante de los espectadores. Y los espectadores se convierten en músicos virtuales. Están en sus asientos y la música viene desde sus asientos” explica el coreógrafo francés.

 

Xavier Le Roy  Foto: Macarena Ponce

Xavier Le Roy
Foto: Macarena Ponce

La particularidad de este artista galo es que no posee formación musical, de hecho destaca en su formación el ser biólogo molecular. Así, lo suyo fue aventurarse en un proceso de estudio de la interpretación de un director, como si se tratara de una coreografía propia.

De pronto, Le Roy se gira y enfrenta al público. El público somos su orquesta. No nos inmutamos, sin embargo él hace salir la música desde nuestros lugares. Allí, sentados, sin instrumento alguno, a un lado arriba están los vientos, abajo a la izquierda los instrumentos de percusión.

Los gestos anticipan nuestra interpretación muda, que a la vez nos hace escuchar como por primera vez esta obra de Igor Stravinski que este año cumple 100 años desde su composición. Forte, piano, pianissimo; ahí están sus manos y su rostro y todo el cuerpo que se contrae o llega a brincar para impeler a los músicos en su interpretación. Y ahí estamos los músicos virtuales que somos el público, inmutables, con los ojos fijos en nuestro director.

“Tú escuchas la música como si tú estuvieras sentado en la orquesta. Si estás sentado en los violines escucharás más los violines, si estás sentado en los tambores escucharás más los tambores, etc.” afirma con entusiasmo.

Oda al minimalismo, en esta obra no hay afeites. La danza reside en la gestualidad, en un desplazamiento que no sale del metro cuadrado que rodea al bailarín. De pronto, el silencio. Y él continúa haciendo emerger la música con sus manos y de la expresión de rostro y cuerpo. Pero nada suena, salvo la expresividad suya que al rato nuevamente se coordina con el sonido que vuelve a escucharse.

Repentinamente Le Roy sale del escenario. Nos deja, se va. El público, sus músicos, quedamos huérfanos. Sucede el des-concierto. Pero luego regresa y retoma quizás qué compás de Stravinsky. Aquí no ha pasado nada. Regresa como se fue.

Para conseguir hacer esta pieza, el bailarín debe haber estudiado minuciosamente la partitura de La consagración de la primavera. Debe conocer muy bien las entradas de cada instrumento, los matices de la interpretación solicitada por el compositor, los énfasis que ha privilegiado el verídico director de la interpretación que escuchamos (la de la Orquesta Filarmónica de Berlín).

Si algo efectivo produce en el público esta obra, es generar una escucha inédita de una composición musical que ha escuchado cientas o al menos decenas de veces en su vida.

La anticipación del gesto del bailarín precede al sonido. Como el pianista que ya frunce el ceño escuchando en su interior la tecla que no acaba de llegar a tocar con las yemas de sus dedos. La obra es la obra, es decir, dura lo que dura la pieza de Stravinski.

Una segunda pieza de este coreógrafo francés se presentó el domingo, Product of Circumstances. En ella una conferencia autobiográfica se convierte en una performance. Le Roy enfoca el cuerpo como materia prima de la organización social y cultural, como práctica de la necesidad crítica.

Sobre esa pieza el francés explica que “todo está tomado de cosas que he hecho en mi vida, o sea, es autobiográfica desde 1987 hasta 1998. Y la razón es que en 1987 es cuando comencé a bailar y 1998 es cuando la gente me pidió hacer un trabajo sobre danza y ciencia o biología, más precisamente, porque mi formación previa es biología molecular y me hice artista después. Así es que esta pieza despliega esto que sucede en mi experiencia de manera de mostrar cómo un tema, un asunto, es construido por decisiones personales o también por el medio que hace que tú tomes estas decisiones”.

Cuando usted está frente al público haciendo los movimientos, ¿qué reacción tiene el público al ser una orquesta?

Sí, se sientan como si fueran una orquesta. Depende, alguna gente sonríe, otra se ríe, otra está muy tensa, otra se aburre mucho. Hay todo tipo de reacciones que puedo ver, gracias a la luz. La pieza está hecha sobre esta relación con el público. Pero también hay a veces reacciones muy extremas.

¿Los movimientos son una copia de lo que hizo el director o son una adaptación?

Es una mezcla. Algunos elementos, algunas partes son una copia del director de la Orquesta Filarmónica de Berlín dirigiéndola, que es la música que escuchamos. Y entre medio de estas partes yo hago el movimiento desde lo que yo escucho de la música y cómo lo veo en este centro, de manera de distribuir la música (dentro de la dirección) como un conductor, lo que es mi interpretación de lo que escucho.

¿Por qué elegir “La consagración de la primavera”?, ¿por qué elegir los movimientos del director?

Tomé la idea tras ver una película que mostraba un ensayo de la Orquesta Filarmónica de Berlín, un ensayo con su director. Me atrajo el hecho de que a veces el director no necesariamente pronunciaba la música, pero se movía con la música, y en estos momentos se volvía de cierta manera en un bailarín, y bailaba la coreografía de “La consagración de la primavera”. Por eso hice esta versión con los movimientos de este director, porque él además es muy expresivo, muy teatral en cierto sentido. Por eso lo escogí.

Y yo intenté hacerlo con otra música, porque no quería hacer otra versión de “La consagración de la primavera”, no era ése mi objetivo. Mi objetivo era más trabajar en la relación entre lo que escuchas y lo que ves, y cómo esto funciona, y qué tipo de pensamientos, de emociones se producen cuando están juntos, qué está antes y después. Me interesaba además hacer estos movimientos delante, enfrentando a los espectadores, como en un concierto. De manera que también quise usar otra música porque ésta tiene mucha connotación, pero al mismo tiempo hay tanta música que se ha hecho para danza que también tenía sentido hacerlo con esta música, que es también muy conocida. Así es que finalmente lo hice con ésta.

Con respecto a este trabajo, ¿cómo lo definirías? ¿Es una obra de danza, una performance, está en un ámbito un poco indefinido?…

Es una coreografía. Para mí es un poco indiferente decir si es una danza o una performance, una performance es todo. Si es música, si es danza, si es teatro… es siempre una performance.

¿Cómo defines una coreografía para que sea tal?

Me gusta decir que coreografía es una organización de acciones y situaciones que están fijos en el escenario, acciones fijas organizadas en el tiempo y el espacio.

A futuro, ¿qué estás desarrollando como proyecto?

Ahora trabajo en un acto que consiste en la forma de una exhibición con performers que están en las inauguraciones de las exhibiciones. Lo hice en el Museo de Rio de Janeiro y en otros más. La pieza se llama “Retrospectiva”, y lo hago en diferentes ciudades, cada vez con “loco performers”. Uso materiales de trabajos de solos míos…, de manera de producir una situación en el museo… es una exhibición usando los materiales de mi trabajo y no hay un objeto involucrado: sólo acciones, de manera que lo que intentamos hacer es algo que viene del teatro, es performing exhibition, sabiendo que no es la pieza sino una parte de ella.

De modo que lo que hacemos es una operación para poner esto en el museo, para hacer algo que esté al mismo tiempo continuamente ahí, es siempre lo mismo pero es siempre distinto, porque son siempre distintas personas organizadas de la misma manera. Al entrar a la sala son siempre las mismas acciones teniendo lugar allí. Es continuidad y al mismo tiempo discontinuidad, es una mezcla entre lo que hace el teatro y lo que hace una exhibición.

 

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