Debilidades de guión atraviesan los estrenos nacionales en Ficil 2014 - El Mostrador

Domingo, 17 de diciembre de 2017 Actualizado a las 10:56

Crítica de los filmes “El vuelo de los cuervos”, “Perfidia” y “Huesos rotos”

Cultura - El Mostrador

Debilidades de guión atraviesan los estrenos nacionales en Ficil 2014

por 24 febrero, 2014

Debilidades de guión atraviesan los estrenos nacionales en Ficil 2014
La pantalla grande del Ficil Biobío, desplegada durante la semana pasada en la Octava Región, sirvió para que tres películas de directores chilenos hicieran su debut total frente al público. Con diferentes objetivos artísticos, bajos presupuestos y resultados disímiles en su realización, las cintas analizadas, sin embargo, presentan una debilidad que las hermana: la carencia de un buen guión.

La figura del director omnipotente, esa que conduce a los personajes, maneja la cámara, edita y monta en la postproducción, redacta el texto que describe las secuencias, los diálogos y la caracterización psicológica de sus personajes, se apoderó hace tiempo de la cinematografía en cualquier latitud: Chile se encuentra lejos de escapar a la tendencia. El desarrollo del Ficil Biobío, efectuado entre los días 15 al 21 de este mes de febrero, arroja esa primera conclusión en el análisis, por lo menos en lo que a los largometrajes locales exhibidos se refiere.

La primera película que comentaremos, y favorita de los asistentes a la Sala Walter Ramírez de Lebu, El vuelo de los cuervos (2014), del realizador Cristian Toledo, tiene algo de aquello.

A pesar del evidente oficio que muestra su joven creador en el difícil ejercicio de contar una historia valiéndose de imágenes, las insolvencias que presenta el relato se deben en exclusiva a la falencia de expresar esas dinámicas escenas, bajo las páginas de un poco logrado parlamento de su autoría.

Toledo hace creíble su narración de los bajos fondos santiaguinos, y ese es un mérito indiscutible en el género, pero que no es suficiente a fin de evitar errores de continuidad en la estructura dramática del filme, ni tampoco confusiones en la psicología de ciertos personajes, por definirlo de algún modo, de los roles inventados por el doble director y guionista.

Aún así, El vuelo de los cuervos es una entretenida crónica del frustrado y violento intento del ex policía Samuel (interpretado por el actor Miguel Krstulovic) para hacerse con la fortuna, las influencias y el poder criminal de su jefe, don Efraín (Edgardo Bruna). La estrategia, por fallas y demoras en su cometido, concluye con un efecto inesperado: la aparición en el plató del inquietante papel de un asesino a sueldo bautizado el Cuervo, quien es personificado correctamente por Gastón Salgado.

Entre ambiciosos planos de reconocibles poblaciones capitalinas, y la precordillera de San José de Maipo, Toledo lleva a cabo su idea del thriller dentro del hampa chileno; una visión cruzada por la opulencia del barrio alto, un detective corrupto y la marginalidad de la pobreza, que no termina siendo más redonda y exitosa, por esos detalles de imprecisión narrativa y dramática, ya anotados.

Ejemplos: el traslado, sin mayores pausas y explicaciones de la acción, desde Santiago hasta las afueras del pueblo ubicado en las elevaciones montañosas; la incongruencia que significa observar al comienzo de la película un rol con notorias incapacidades intelectuales como el de Felipe Ríos (Raúl), después transformado en un perverso y sofisticado aspirante a mafioso; o esa voz en off perteneciente a Samuel, que en la medianía del filme se apaga y cede su volumen al instinto asesino del Cuervo.

Las deficiencias de guión, sin embargo, no empañan la obra de Toledo, que sin lugar a dudas convierte a la cinta en una obra digna de una ópera prima. La película ganó el premio del público y un premio especial de la Sala Radical, contigua al Bar The Clinic, donde en los próximos días se exhibirá el largometraje.

Perfidia (2014), en tanto, es el segundo largometraje del cineasta Lucio Rojas (35), luego de su ópera prima estrenada en Estados Unidos, Zombie Dawn (2011), la que curiosamente dirigió al lado de Cristián Toledo, ambos amigos, socios y compañeros en la Escuela de Cine de Chile.

Ahora, con una cinta de su entera autoría, protagonizada por Catherine Mazoyer (Laura) e Iñigo Urrutia (Rubén), Rojas continúa en rozar las fronteras de la opción temática de lo fantástico, un peculiar sendero cinematográfico para los cánones nacionales, un atajo, un túnel de bosques encantados, habitados por espíritus y una mítica representación del “eterno femenino”.

Sus pretensiones, empero, adolecen de  similares fallas a las expectativas creativas de Toledo. Es decir, la dificultad manifiesta de aspirar a levantar un relato audiovisual coherente, “apoyándose” en un libreto frágil, y desprovisto de la fuerza necesaria para servirle de piedra angular en el proceso de anudar los giros discursivos y orientar a sus actores.

Más todavía, si a esa desventaja fundacional, sostenedora de los argumentos estéticos del conjunto, el realizador le agrega decisiones equivocadas en la manera de plasmar, a través de la fotografía y de la dirección de arte, una orquestada confusión en torno a la noción del tiempo y del espacio, durante ciertos pasajes de la obra.

Por último, se encuentra el caso de Huesos rotos (2014), pieza del artista y agente cultural de la ciudad de Tomé, de la zona, Ricardo Mahnke. A pesar de que este filme, posee entre sus créditos los nombres de Luis Dubó y Alejandro Trejo, su factura y coordenadas hermenéuticas corresponden razonarse en la óptica de la épica regionalista; en el esfuerzo por trabajar un cine comunitario, de escasos medios materiales y financieros, empero contundente en el compromiso político y los afectos vecinales.

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