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La ruta ochentera será lanzado este sábado en el Museo de Bellas Artes

Cultura - El Mostrador

Fotógrafo Hugo Pineda retrata a Santiago de los 80: pop, gris y nostálgico

por 14 marzo 2014

Fue publicado por la editorial Ocho Libros y contiene imágenes de Fiskales Ad Hok, Aldo Parodi y otros personajes de la época. Aunque había muchos fotógrafos en los 80, mayormente solían dedicarse al reporteo gráfico, especialmente a documentar la lucha contra la dictadura, un tema que Pineda sólo toca lateralmente con algunas imágenes del plebiscito de 1988.

Empezó siendo parte del apoyo fotográfico que iba a tener la exposición “La Ruta Trasnochada” –centrada en la generación de artistas visuales de los 80 y abierta desde diciembre pasado en el Museo de Bellas Artes– pero terminó siendo un libro (La ruta ochentera, Ocho Libros Editores) con los recuerdos personales del fotógrafo Hugo Pineda, que será lanzado mañana en el marco de las actividades de cierre de la muestra.

Desde la obra de tres pintores, Jorge “Coco” González, Carlos Araya “Carlanga” y Mauro Jofré, la muestra "La Ruta Trasnochada" aborda una generación marcada en sus inicios por la dictadura, para desarrollarse luego en el contexto del posmodernismo y el libremercado. El recorrido es dinámico y vivencial: reúne pinturas de 1986 a 2013, material de archivo, una muestra con obras de cien pintores amigos y un homenaje a la Generación del 13.

rutaochentera1El libro La ruta ochentera es parte de eso, pero se defiende como obra propia y camina sola.

Los tres pintores fueron compañeros de Pineda en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. “Inicialmente habíamos pensado en hacer un compendio de las imágenes de aquella época para hacer una especie de libro-soporte”, dice Pineda, pero después de hacer una maqueta digital la cosa derivó en lo que es ahora: una obra hermosa de 125 fotografías con textos de Kena Lorenzini y Felipe Vilches, entre otros.

Pineda estudió en la Facultad de 1985 a 1990 y la mayoría de las fotos son de aquella época, aunque abarcan desde 1983 a 1999.

Lo sorprendente es que Pineda ha abandonado la fotografía de manera profesional. A partir de los años 90 fue el fotógrafo oficial de La Batuta y trabajó algunas revistas, pero tras irse a España en 1998 se dedicó a otros oficios.

Años de trabajo

Su libro saca a la luz un valioso trabajo, fruto de muchos años, que nunca había sido editado. “Éste era un paso que había que dar. Había hecho bastantes exposiciones colectivas y alguna individual, como una en el Instituto Chileno Norteamericano,  pero las muestras son cosas muy fugaces. Se ven poco y pasan rápido”, afirma.

Las temáticas del libro –el Cementerio Católica, el bar Las Lanzas- son parte de la biografía personal de Pineda y del ambiente que frecuentaba en aquella época: la Facultad de Artes y su mundo de músicos y artistas.

Pineda cuenta que se crió en Recoleta y que solía ir al cementerio a fotografiar a sus amigos,  “lo tomaba como una locación”. Las fotografías de los Fiskales Ad-Hok fueron tomadas en dicho lugar, por ejemplo, fueron parte de una exposición en homenaje de un amigo suyo, un punkie “al que todos llamábamos ‘TV Star’”.

También formaba parte de su vida el actor Aldo Parodi, al cual le tomó una foto en otra casa donde vivió, en Ñuñoa, en la calle Tegualda.  “Fuimos bastante amigos en aquella época, aunque luego perdimos totalmente el contacto”.

rutaochentera2Nostalgia

“Siempre quise que cada fotografía en sí misma fuera una obra. Tiene que ver con mi formación artística. Nunca creí en la fotografía como una cosa tan pasajera, aunque en la época en que yo estudiaba era muy denostada”, afirma Pineda.

Aunque había muchos fotógrafos en los 80, mayormente solían dedicarse al reporteo gráfico, especialmente a documentar la lucha contra la dictadura, un tema que Pineda sólo toca lateralmente con algunas imágenes del plebiscito de 1988.

“Siempre intenté retratar un Santiago nostálgico, gris y no muy bonito, porque era lo que yo veía en aquella época, una época muy dura por la dictadura, la represión, la falta de libertades”, señala. “Yo me dedicaba a fotografiar lo que yo quería, no tenía un jefe detrás. Tenía total libertad. Creo que siempre fui un fotógrafo muy personal”.

Una opción que terminaría por impulsarlo a irse de Chile. “Me fui porque estaba harto de intentar trabajar aquí. El mercado laboral es muy difícil. Yo sólo quería hacer fotografía, pero si no podía dedicarme a eso, para mí no valía la pena seguir aquí. Me fui un poco escapando”, dice.

“Además no me gustó lo que pasó en el país. A partir de la salida de Pinochet, no me pareció que el país cambiara para mejor, y creo que nuestra generación quedó un poco marginada en ese momento, se nos pasó la micro. Yo tenía trabajo en La Batuta como freelance, pero era demasiado trabajo y muy poco lo que recibía a cambio, y me aburrí”, recuerda.

Un ex compañero de la universidad lo invitó a conocer Madrid y se fue. Allí conocería a su mujer, una francesa, y por la crisis en 2010 se fueron a París, donde reside actualmente.

- ¿Y cómo ves el Chile de hoy?

Me cuesta hacerme una imagen. Es un buen país, pero las diferencias sociales son demasiado marcadas. Me parece que hay demasiadas cosas por solucionar. Yo he tenido la suerte de conocer otras realidades, la seguridad social y todos los beneficios que te otorgan los países en Europa, y son impensables en Chile.

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