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Se trata de la primera parte de la última película de Lars Von Trier

Cultura - El Mostrador

Crítica de cine: “Nymph()maniac: Vol. I”, tú serás mi amuleto

por 14 abril 2014

Dividida en dos volúmenes, la reciente cinta del polémico realizador danés es una audaz y transgresora exploración artística en torno a la afectividad femenina, enfocada desde la perspectiva de una sensible depredadora sexual, que escribe y sueña con cartas de amor. Las preguntas por la raíz de la pasión, la invención de la soledad, las almas sentimentales, la tristeza, Edgar Allan Poe y Johann Sebastian Bach, conforman esta pieza de un director insoslayable de nuestro tiempo.

“Y pensé en la vida, que es subrepticia, y que raramente saca a la superficie sus razones, y en cambio su verdadera trayectoria sucede en lo profundo, como un río cárstico”.

Antonio Tabucchi, en Se está haciendo cada vez más tarde

Si algo diferencia a Joe (Charlotte Gainsbourg), del resto de los mortales, es que ella siempre espera unos colores distintos y más intensos, que las demás personas, al instante del crepúsculo. También la distingue el uso y la experimentación que hace de la palabra “sensación”, la calma y la paz que le producen las hojas de los árboles caídas en el otoño, cuando las recoge y palpa con sus manos, momento donde según la mujer, la fauna se desnuda y revela su gramática interna, para el espectador que sabe observar correctamente la secuencia.

Dice, asimismo, desde el presente la ninfómana, en el minuto que comienza a relatar su historia a un desconocido que le ayuda, luego de que sufriera un ataque en los alrededores de la ciudad anónima del filme, construida entre locaciones emplazadas por Bélgica y Alemania; que la joven Joe (Stacy Martin), quien combatía el amor, y la excitación que la vivencia de ese pasaje psicológico genera en el corazón de la sociedad, no pudo hacer nada al respecto, al segundo de enamorarse verdaderamente de un hombre.

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Atestigua la Joe más madura a Seligman (Stellan Skarsgård), en ese diálogo surrealista, que en esa coyuntura desconocida de su fuero, a pesar de que había tenido decenas de amantes; sólo atinaba a caminar por el sendero del bosque que visitaba junto a su padre de niña, a fijarse que se cruzaba con el mismo anciano sentado en una banca, además de una señora y su poddle, durante las diferentes horas de sus tristes paseos. Que hasta averiguó la dirección del departamento en el que desarrollaba sus jornadas domésticas Jerôme (Shia LaBeouf), que lo miraba a escondidas por la ventana, pero que jamás se atrevió a golpear su puerta, mientras en el audio de la cinta, se escuchaba la sonata para violín y piano en A mayor, de César Franck. “Una música del arrepentimiento”, la define el papel de la Gainsbourg.

Confirma Joe, que se sentía idiota por estar prisionera de ese sentimiento absurdo, que en la lucidez de darse cuenta de sus padecimientos por Jerôme, las emprendió frente a una hoja en blanco, ordenó sus afectos de la mejor manera que pudo, y le comunicó al joven que lo amaba, que lo adoraba como nunca antes lo había hecho por otro ser humano. Reconoce que aquel fue un acto ridículo y desmesurado, en la línea de lo que redactó el portugués Fernando Pessoa, sin embargo, gracias a ese episodio, declara Joe, pudo conocerse y definir su personalidad sin parangón, en comparación con otro hecho precedente de su biografía.

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Las misivas amorosas, finalmente, están dirigidas para quien las escribe, y no hacia el destinatario que figura con sus signos gráficos en la papeleta del sobre. Al respecto, un par de novelas contemporáneas acerca del asunto: Se está haciendo cada vez más tarde, del fallecido escritor italiano Antonio Tabucchi, y Tú serás mi cuchillo, del narrador israelí, todavía vivo, David Grossman. Y dos películas, créditos de un cineasta canadiense de excepción, cuyo nombre es Xavier Dolan-Tadros: Les amours imaginaires (2010) y Laurence Anyways (2012). Otro filme, ya comentado en Cultura + Ciudad: Todas las canciones hablan de mí (2010), del madrileño Jonás Trueba.

El aparente fracaso de la gestión, provocó que Joe volviera a las andanzas, y se desquitara cazando varones por doquier, en cualquier lugar, en zonas donde se presentara la menor oportunidad, el tren, el supermercado, la calle, la acera, un estacionamiento. De fondo, una partitura del ruso Dmitri Shostakovich, su Waltz Nº 2.

Nymph()maniac: Vol. I (2013), significa un giro rotundo en la obra de Lars Von Trier (1956), un trabajo en el que parece abandonar definitivamente los postulados del célebre “Dogma 95”, que firmó junto a Thomas Vinterberg, hace casi dos décadas. Esa sensación, en todo caso, ya se había ceñido en el ambiente, por lo menos después que pudimos analizar su Melancholia (2011), y oír ciertas conferencias de prensa suyas que rondaban con la locura y el desparpajo extravagante, las que fueron formuladas durante las pasadas ediciones del Festival de Cannes.

Por esta ocasión, el realizador recurre a una amplia gama de efectos especiales, y a un lenguaje cinematográfico que resplandece por su prestancia experimental y belleza fotográfica, dotada de claroscuros pictóricos y guiños al circuito de la publicidad, a fin de grabar esta historia de amor y de soledad, de redención y de consuelo, inspirada en la polifonía musical de Johann Sebastian Bach y en el delirio literario de Edgar Allan Poe.

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“El ingrediente secreto del sexo es el amor”, enuncia una de las protagonistas de la cinta. Ahí se halla la clave de este largometraje. En una travesía dublinesca (Joyce), que recuerda a la Europa del director (Von Trier) por lo desoladora, en que la posibilidad de encontrar gratificaciones momentáneas, está al alcance de cualquier organismo que posea pies y cabezas, manos y piernas, de todo sujeto localizable en el infinito de las esquinas de una ciudad posmoderna; Joe puede rastrear el conjunto de esas atrevidas performances carnales, menos la que más le interesa y le arrebata inconscientemente la felicidad de sus deseos: un simple compromiso, la instancia metafísica de construir una relación con otra persona.

Sensible y soñadora, aunque desprovista de una formación cultural o religiosa, por llamarla de algún modo, que bien le pudiese otorgar una mirada eminente de las minucias terrenales, la hermosa mujer interpretada por la dupla Gainsbourg - Martin, sólo tiene en su instinto, el atisbo de contemplar una minúscula “salvación”. Digna de mencionarse es la secuencia en que una histérica y destruida Mrs. H (Uma Thurman), le enrostra su lascivia a Joe, en tanto causante de la destrucción de su familia y del futuro trunco de sus hijos.

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