El ambicioso intento por transformar al Normandie en el Teatro Municipal del cine - El Mostrador

Domingo, 19 de noviembre de 2017 Actualizado a las 01:20

Proyecto en conjunto con la Ilustre Municipalidad de Santiago

Cultura - El Mostrador

El ambicioso intento por transformar al Normandie en el Teatro Municipal del cine

por 23 junio, 2014

La avant premiere de “La danza de la realidad”, no sólo significó que la céntrica sala volviera al ruedo de los grandes estrenos a nivel nacional, sino que también una apuesta de la administración del recinto, por reinstalar al escenario de la calle Tarapacá, como un centro cultural de gravitancia en la vida artística de la capital. La idea es que para el próximo año, el mítico edificio sea “por ubicación, la remodelación que se viene ejecutando en sus instalaciones, la elegancia de su diseño y la reputación de su nombre”, en el epicentro de la actividad cinematográfica santiaguina.

Todo comenzó cuando los hermanos Mildred y Alex Döll, junto a un grupo de amigos cinéfilos, entre los que estaban los críticos Héctor Soto y Ascanio Cavallo, se hicieron cargo del viejo teatro Egaña, al lado de la plaza que lleva ese nombre, a mediados de la década de 1970, límite entre las comunas de La Reina y Ñuñoa. Ahí nació el concepto de “cine arte” en la mente de la dueña y fundadora del Normandie.

“Esta idea no quiere decir otra cosa que instalar en el imaginario de la gente, que en una pantalla se podrá ver un cine de selección, de alto nivel artístico, ya sea proveniente de Hollywood o del circuito independiente. No importa su origen de producción, sino que su calidad cinematográfica”, apunta la gestora cultural.

Mildred Döll, Propietaria del Cine Normandie

Mildred Döll, Propietaria del Cine Normandie Foto: Gonzalo Rubio

Después de esa ubicación en Ñuñoa, y con el apoyo del realizador Aldo Francia, de quien eran fraternales amigos, los Döll, primero, se instalaron primero en la calle Huérfanos, en el antiguo cine Huemul, a la altura del 1.300, para luego llegar, en el año 1982, a la sala en que el Normandie nació y se hizo de un crédito en la escena creativa de los ’80, durante pleno régimen de Pinochet: al frente del Crowne Plaza, vereda sur de la Alameda, casi al llegar a la Plaza Italia. El emplazamiento que hoy tiene el “cine”, tiene su data en 1990, cuando a los hermanos, les solicitaron el anterior recinto, para construir el edificio corporativo de una automotora.

“Luego, nada de eso se hizo, porque esa empresa tuvo problemas financieros y el proyecto se vio frustrado. Además, la comunidad se movilizó e intervino el entonces alcalde Jaime Ravinet. Este comprometió recursos, y a pesar de que alcanzaron a demoler parte del antiguo escenario, pudo nacer lo que hoy se conoce como el Cine Arte Alameda”, apunta Mildred Döll. “Pero nosotros ya habíamos arrendado aquí en la calle Tarapacá, habíamos terminado de refaccionar el recinto, y necesitábamos una sala grande, y a una capacidad a la que estábamos acostumbrados”, concluye.

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Foto: Gonzalo Rubio

Protagonista de esa movida “cultural” que removió la década de los ’80, fue la periodista y ex agregada cultural de Chile en Londres (2000-2004), Carmen Gloria Dunnage Moenne, quien también ejerce la docencia en diversas escuelas de cine de la capital.

“En los días en que nació el Normandie, nos cautivó esa palabra que evocaba a Francia sin estar directamente relacionada con el cine, que más bien nos remitía a la batalla que marcó un punto de inflexión durante la II Guerra Mundial”, añade Dunnage.

“Yo era de otra generación, una que más bien miraba a la intelectualidad francesa con cierta desconfianza, sobre todo por lo que pasó en mayo del ’68… Entonces, ir a esa sala, que tenía como referencia a la Nouvelle Vague, a Sartre, a Camus, a todos esos escritores y pensadores, no dejaba de tener un seductor encanto para nuestro imaginario, sobre todo en esos tiempos tan difíciles, que fueron los últimos del régimen dictatorial de Pinochet”, precisa la profesional.

“Cuando volví a Chile en 1985, después de irme para el ’73, el Normandie se transformó en gran el foco cultural de la oposición, en el punto de encuentro de toda una generación que soñaba con un país libre y democrático. Ahí recuerdo a Miguel Littín, Patricio Guzmán, Ignacio Agüero, Gonzalo Justiniano, la Leonora Calderón Hoffmann, que después de ver la película e intercambiar unas palabras en ese querido cine, nos íbamos todos juntos al desaparecido Bar El Biógrafo, el mítico recinto de la esquina de Lastarria con Villavicencio, a tomarnos unos tragos y a tertuliar”, recuerda  Dunnage.

El director Matías Bize (34), en cambio, conoció al Normandie en su actual ubicación de la calle Tarapacá, cuando era sólo un estudiante cine, a fines de los años ’90. Lo cual no obsta que para él, como para otros realizadores de su misma edad, la vieja sala se haya convertido en una suerte de segunda escuela, un lugar donde aprendió a educar su mirada cinematográfica y a mejorar sus conocimientos en torno a otros creadores y a sus producciones.

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Foto: Gonzalo Rubio

“Yo entré a estudiar cine sin ser un experto. Por eso fui todas las semanas al Normandie. Y ahí descubrí a mis directores favoritos, a Paul Thomas Anderson y a Soffia Coppola”, revela. “Entonces, recién en ese momento puedo decir que me transformé en un cineasta: cuando gracias al ejemplo de lo vi en esa sala, tomé la decisión de que tenía que hacer una película para ser director”, analiza.

Las viejas butacas donde el realizador de La vida de los peces (2010) adquirió la conciencia de su labor artística hace más de una década, han sido el objeto de retoques y mejoramientos en su infraestructura durante los últimos años. Esto, gracias al apoyo del Fondart, fondos privados de los Döll, y ahora, de la Municipalidad de Santiago.

Foto: Gonzalo Rubio

Foto: Gonzalo Rubio

Se arreglaron los baños, los asientos, se pintaron las murallas, y se renovaron la pantalla y la máquina de proyección, con estándares de la última tecnología a nivel mundial.

“La idea es reposicionar a la sala en la primera línea de la escena cultural santiaguina”, observa el periodista y documentalista Edgardo Reyes Saldías, un productor de amplia trayectoria, encargado de las comunicaciones del establecimiento. “Pero eso no sólo implica que nuestra infraestructura sea comparable a las instalaciones de una cadena ubicada en un mall del barrio alto, sino que nuestra cartelera vuelva a ser de una calidad sin parangón en esta ciudad, cuando el Normandie se caracterizaba por estrenar lo mejor que se podía apreciar en Latinoamérica, y los ciclos dedicados a genios como Luchino Visconti, Charles Chaplin, Michelangelo Antonioni, François Truffaut, Pier Paolo Pasolini y Woody Allen, por citarte, eran nuestro pan de cada día”, asegura el también realizador, quien por estos días filma un largometraje dedicado a la historia del vino chileno.

Foto: Gonzalo Rubio

Foto: Gonzalo Rubio

En este afán de “remasterización”, la mítica sala cuenta ahora, con un nuevo y poderoso aliado: la Ilustre Municipalidad de Santiago. “La alcaldesa Carolina Tohá nos ha brindado todos los medios a su alcance, para darnos una mano”, recalca el periodista-cineasta. “Ella es muy consciente de que el buen cine puede elevar la categoría moral, las perspectivas existenciales y la vida emocional de los vecinos de Santiago Centro. Se ha portado un siete”, prosigue.

Inclusive, describe Reyes, recientemente han sido asesorados -para la avant premiere de Jodorowsky- por la gestora catalana Olga Díaz. Una de las ideas que se barajan es intentar ubicar al Normandie a la altura de la Fundación Casa de las Américas de Barcelona, en cuanto a su modelo de desarrollo y oferta programática.

Foto: Gonzalo Rubio

Foto: Gonzalo Rubio

Los resultados ya empiezan ha observarse, con una sala repleta de vecinos, autoridades, actores y gente de la industria cinematográfica, el martes pasado con la avant premiere de La danza de la realidad, la obra del legendario artista nacional Alejandro Jodorowsky, que en exclusiva exhibió el recinto de la calle Tarapacá con esquina Zenteno, a metros del Paseo Bulnes.

“Por ubicación, por la remodelación que se viene ejecutando en sus dependencias, la elegancia de su diseño, dotada de abundante mármol en sus interiores y la reputación de su nombre, deseamos que el Normandie se transforme en el Teatro Municipal del cine, y que sea inclusivo para toda la urbe, con un acceso de precios módicos, con la mayor comodidad y disponible para cualquier habitante de la ciudad que aspire a disfrutar del séptimo arte y a enriquecer su realidad espiritual con una buena película”, concluye Mildred Döll.

Para el segundo semestre de este año, ya se proyectan una exposición de afiches de época, inspirado en títulos históricos del cine, a llevarse a cabo en el elegante edificio del recinto. Pertenecen al archivo fílmico de la sala: El Normandie se viene con todo.

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