Prestigioso director de orquesta critica las reglas de las sinfónicas juveniles que les impide consolidar su prestigio - El Mostrador

Viernes, 17 de noviembre de 2017 Actualizado a las 22:32

Maximiano Valdés, ex director de la Orquesta Sinfónica de Euskadi

Cultura - El Mostrador

Prestigioso director de orquesta critica las reglas de las sinfónicas juveniles que les impide consolidar su prestigio

por 4 julio, 2014

Prestigioso director de orquesta critica las reglas de las sinfónicas juveniles que les impide consolidar su prestigio
El destacado director de orquesta chileno que estrena este sábado Lakmé , del compositor francés Léo Delibes, es un admirador de las sinfónicas juveniles del país, pero advierte a El Mostrador Cultura+Ciudad, que el prestigio de estas agrupaciones no alcanza a consolidarse, por una regla de límite de edad "que hace que los jóvenes tengan que emigran del país rápidamente".

No exageramos si afirmamos que Maximiano Valdés Soublette (Santiago, 1949), es una figura de primera línea en el panorama cultural chileno de estos días. Su trayectoria y sus logros, así le respaldan.

Comencemos a enumerar. Actual director musical de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, con anterioridad fue el conductor titular de la Orquesta Sinfónica de Euskadi y el encargado artístico de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, además de ser el principal director invitado de la Orquesta Nacional de España. Y previo a estos galardones, el maestro Valdés las ejerció, entre otras ocupaciones profesionales, como intérprete asistente del Teatro de la Fénice, en Venecia, y como batuta convidada del Festival de Tanglewood, Estados Unidos, (donde trabajó con Leonard Bernstein y Seiji Ozawa), por citar.

Max Valdés

Maximiano Valdés

Ha grabado discos con sellos del renombre de Dorian y Naxos, acompañado de agrupaciones de la estatura de la London Philharmonic Orchestra, la London Symphony Orchestra y la Orquesta Simón Bolivar. Entre ellos, editó un ciclo con música de los españoles Joaquín Rodrigo y Manuel de Falla, dirigiendo al mencionado conjunto del Principado de Asturias.

Ópera Lakmé

Ópera Lakmé

Inserto en esa apretada agenda, el maestro Valdés regresó, luego de ocho temporadas (la última vez fue en 2006), a encabezar un montaje de ópera en el Teatro Municipal de Santiago. El título escogido, a su parecer, no pudo ser mejor: “Lakmé (del compositor galo Léo Delibes) es una partitura cumbre del repertorio francés del siglo XIX, musicalmente muy bella y compleja, con roles de difícil interpretación vocal. Y en esta ocasión, tendremos una gran puesta en escena, y la orquesta y los cantantes son de un primer nivel, tanto en la versión internacional como en la estelar”, asegura el director, haciendo un llamado para que el público asista a contemplar y a maravillarse con las notas de un título que hace 110 años, no se producía en el céntrico escenario de la calle Agustinas, en funciones que se extenderán desde este sábado 5 de julio hasta el lunes 14 del presente mes.

Orquestas juveniles

De amplia labor en el circuito latinoamericano de las agrupaciones juveniles, el director chileno tuvo una importante colaboración con el venezolano José Antonio Abreu, durante la década de 1980, en la formación de la hoy de fama mundial, Orquesta Sinfónica Simón Bolívar. En ese sentido, su experiencia resulta vital a la hora de opinar sobre el proceso seguido por la Sinfónica Nacional Juvenil en el país.

“El primer valor que tiene una formación de jóvenes es la de participar en la vivencia de la música clásica. Y el modelo chileno nació en los años ’90, a instancias de Fernando Rosas, en imagen y semejanza de lo que se había gestado al respecto en Caracas, desde fines de los ‘70. Pero la gran diferencia que yo observo, es que mientras en Venezuela, la Simón Bolívar se ha establecido como un conjunto profesional de alta calidad en un contexto de carácter intercontinental, con grupos menores que la tienen en espejo al cual mirar y llegar; en Chile, por una regla de límite de edad, los músicos que integran la Sinfónica Nacional emigran rápidamente del país, y en consecuencia, ésta no alcanza a consolidar su prestigio, el que por lo demás, ha tenido en variados momentos de su trayectoria”, analiza el maestro Valdés Soublette.

Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana en un concierto afrecido al Papa Francisco I

Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana en un concierto afrecido al Papa Francisco I

Sin embargo, el director santiaguino es enfático en señalar que la justificación última de un conjunto estudiantil radica, finalmente “en la jerarquía cualitativa de su interpretación, pues si la orquesta no termina desarrollando un repertorio de excelencia, si no toca bien, no termina por justificar su existencia. Entre sus objetivos, primero, se encuentra el rol musical, luego, el objetivo de integración social, el que viene por añadidura”.

Además, continúa Valdés, “el mundo de la música docta es el más democrático que yo conozco. Aquí sólo importa que un profesional cumpla de la mejor manera posible su función dentro de una agrupación. Te lo puedo decir con absoluta franqueza, a mí, en mi vida, nadie me ha preguntado por mi origen de clase, en los más de 30 años que llevo de carrera internacional: La música nos obliga a superar nuestras limitaciones”, sentencia.

El maestro hace notar que cuando hace 1 año, dirigió al plantel mayor de la Sinfónica Nacional Juvenil, “quedó asombrado por la madurez de sus componentes. Lamentablemente, ya muchos de éstos se fueron, y abandonaron los cuerpos estables del conjunto, ante mejores y legítimas perspectivas laborales”, complementa.

Informado acerca de la actualidad de las dos principales orquestas del país, la Filarmónica del Teatro Municipal y la Sinfónica de la Universidad de Chile, Valdés también entrega su parecer.

“Con la primera he ensayado durante las últimas semanas, y te puedo decir que su trabajo es de máxima seriedad. Los intérpretes hablan de música, y buscan una solución artística a los distintos problemas que se les presentan en el despliegue de una pieza, donde tienen como una consigna imperativa, de carácter permanente, el logro de una calidad en el sonido”. Sobre la Sinfónica, apunta: “Estoy en conocimiento de que tendrán una nueva sala de conciertos, que se emplazará al inicio de la avenida Vicuña Mackenna, con una acústica especialmente acondicionada, a fin de que puedan presentarse correctamente. Me alegro mucho por ellos, pues con ese plus, podrán desarrollar todo su talento y su potencial”, precisa.

Apoyo a la ley del 20% de la música chilena

La realidad cultural de Chile tampoco le es ajena al maestro, en especial la reciente discusión por la ley que obliga a las radioemisoras locales, a transmitir música chilena en un equivalente al 20% de su programación.

“Es una medida que apoyo absolutamente. Esto no es materia de debate en países con un alto desarrollo cultural como es el caso de Italia y España, realidades que conozco muy bien. Allí , el Estado se encarga de proteger su patrimonio musical, mediante el permanente apoyo y difusión del repertorio docto, y también del popular, que es de vital preponderancia en la vida artística de un país”, describe.

“Yo me eduqué en Roma, y en esa capital funciona una frecuencia dedicada completamente a transmitir partituras italianas: la RAI 3, se denomina la señal. Son países que tienen como una política, que no varía con un cambio de Gobierno, el de buscar reflejar, a través de sus composiciones musicales, una identidad cultural que los diferencie del resto. En Chile, esa preocupación sólo existió durante la primera mitad del siglo XX, especialmente gracias a la figura de Domingo Santa Cruz, un incansable promotor de lo nuestro en el mundo de la Academia. Y ese impulso no se ha podido recuperar. Esperamos que esta ley ayude a revertir esa situación”, comenta esperanzado.

El tema de la identidad musical, es un tópico que preocupa al maestro:

“Se trata simplemente de tener un interés genuino por saber quiénes somos mediante la sensación estética que nos producen las melodías y armonías pensadas por nuestros creadores”, reflexiona.

“Pero mira, si no se interpreta demasiada música chilena en las salas de concierto de Santiago, la primera responsabilidad es de nosotros, los directores e intérpretes, no de los encargados administrativos de un teatro. Si los conductores de orquesta no solicitamos las partituras a los gestores ejecutivos y no se las sugerimos para armar las carteleras, nadie va a ejecutar el repertorio docto nacional, el que descansa enterrado en las bodegas de nuestras bibliotecas”, acusa.

“En Polonia, donde me presento de manera continua, antes de cada exhibición, me envían libretos de su música local, de la cual yo debo elegir de todas maneras, obligadamente, a fin de incluir en los conciertos en donde dirigiré”, confiesa.

Incansable lector, también comenta su aprecio literario de esta última época: “Me apasiona leer a Roberto Bolaño”, concluye.

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