Lunes, 30 de mayo de 2016Actualizado a las 23:34

En el marco del Festival del Teatro a Mil en la sala del Gam

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"La Wagner", el contrapunto entre la violencia y la victimización de la mujer

por 20 enero 2016

No hay relato, solo cuadros con episodios que buscan derribar estereotipos y denunciar prejuicios de la femineidad, sexualidad, erotismo y pornografía. Las bailarinas, Ayelen Clavin, Carla di Grazia, Josefina Gorostiza y Carla Rímola son transportadas por esta música sublime realizando actos que las llevan al límite de lo humano.

Cuatro valquirias desnudas, que son a la vez bailarinas y acróbatas plantean una disruptiva propuesta en esta obra del coreógrafo argentino Pablo Rotemberg. Presentada en el marco del Festival Santiago a Mil en la sala del Gam, convocó a una audiencia preparada para el arte provocativo y transgresor, que aplaudió frenéticamente. En la sala habían varios programadores que asisten al Festival para exportar obras de teatro y danza a sus países y en esta vitrina; La Wagner es, sin duda, muy atractiva.

Rotemberg es uno de los coreógrafos mas reconocidos en su país y su obra deambula entre la performance y el teatro, en un estadio inclasificable. Utilizando preludios de algunas óperas de Wagner de Las Walkirias, Parsifal, Tristán e Isolda y Lohengrin, genera contrapuntos violentos que a nadie deja indiferente. Tal como el arte integral del máximo exponente del romanticismo alemán fue utilizado por el nazismo para sus genocidios, aquí Rotemberg nos enfrenta con la violencia y victimización de la mujer.

La coreografía se instala con  golpes, bofetadas, y fuertes caídas, entre otros en los que el público teme por la integridad física de las intérpretes, sin dejar espacio a ninguna tregua en esta cruda mirada a la realidad contemporánea. No hay relato, solo cuadros con episodios que buscan derribar estereotipos y denunciar prejuicios de la femineidad, sexualidad, erotismo y pornografía. Las bailarinas, Ayelen Clavin, Carla di Grazia, Josefina Gorostiza y Carla Rímola son transportadas por esta música sublime realizando actos que las llevan al límite de lo humano. Incluso hay una escena que se titula La violación de Carla Rímola. En diferentes rutinas de dúos, tríos o cuartetos van presentando diferentes situaciones de dolor y en los que los roles femenino y masculino se alternan y confunden. Sin duda, el desnudo le da mayor realismo ya que las intérpretes no tiene protección frente al público.

Una  propuesta novedosa y sofisticada, transgresora y provocadora, que busca abrir caminos con un lenguaje que  incomoda pero a la vez nos hace reflexionar.

 

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