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Crítica musical a tres conciertos de la quinta y sexta jornada del evento

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La música flota en las Semanas Musicales de Frutillar

por 2 febrero 2016

La música flota en las Semanas Musicales de Frutillar
Con 48 años de existencia, la oferta de las Semanas Musicales es variada tanto de artistas de diferentes cuerdas y origen, como de repertorio. Cabe destacar el especial cuidado de incluir obras de compositores chilenos y de autores contemporáneos extranjeros en los programas.

Un sol radiante, la playa del Lago Llanquihue repleta de familias veraneando, tacos y un flamante Teatro del Lago conforman el escenario de este festival musical que ha permitido consolidar a Frutillar como ícono musical del continente.

Con 48 años de existencia, la oferta de las Semanas Musicales es variada tanto de artistas de diferentes cuerdas y origen, como de repertorio. Cabe destacar el especial cuidado de incluir obras de compositores chilenos y de autores contemporáneos extranjeros en los programas.

Parte de los conciertos de la quinta y sexta jornada del festival- en los concentraré la crítica- fueron los Oboes Andinos, la sesión vespertina de la banda sinfónica de la Fuerza Aérea de Chile y la Gala Nestlé.

Primero hay que explicar que los Oboes Andinos fue una invitación que recibieron destacados solistas latinos para crear un cuarteto e interpretar un repertorio especialmente transcrito para estos instrumentos de viento. La conformación quedó compuesta por Guillermo Milla, chileno; Rubén Albornoz, argentino; Jorge Pinzón, colombiano; y Carlos Otarola, peruano.  El repertorio fluyó desde la Suite de Reales Fuegos de Artificio de Haendel, del Siglo XVII, a las obras de dos compositores quincagenarios: el italiano Gilles Silvestrini con la interesante musicalización del cuadro de Manet titulado El ballet español y el autor nacional Claudio Acevedo, con una jubilosa Cueca Guaranga.

El concierto pasó por definidos periodos musicales en formaciones de una a cuatro voces. En ellos se notó la maestría individual y en algunos momentos también, cierta improvisación en lo grupal.

Los músicos transmitieron su alegría de estar juntos ejecutando este original concierto, y en sus relatos de las obras fueron captando la atención de la audiencia que llenó el Anfiteatro del Teatro del Lago.

En la sesión vespertina, la Banda Sinfónica de la Fuerza Aérea realizó el pomposo Festival Wagner. Su carismático director Fabrizzio de Negri propuso varios de los arreglos para Banda de las oberturas y fue explicando el concierto.

Una interesante pausa se produjo con la introducción de la música de la película Star Wars de John Williams, ya que George Lucas, quiso generar con esta pieza un efecto diferente en la musicalización de su clásico de ciencia ficción.

A pesar del gran despliegue orquestal, la afinación no siempre estuvo a la altura. De Negri, sin embargo, pudo imprimir pasajes con notables y magnetizantes colores. El clarinete solista en los Wessendonk Lieder sorteó su audacia con éxito al interpretar Traume.

El encore con la popular marcha de Radetzky -que fue aplaudida al unísono por el público- coronó un concierto alegre y una memorable quinta jornada de estas semanas musicales.

Ya en la sexta jornada, la gala de Nestlé -convertida en una tradicional celebración que se realiza al cumplir la mitad de las jornadas musicales-  se consagró como la oportunidad en la que el Teatro se llena de flores y promotores. La Orquesta Sinfónica de Chile, a cargo de su joven director asistente Francois López Ferrer, inició este concierto con la brillante Obertura Carnaval de Dvorak; una obra exuberante en vigor y fuerza.

El segundo espacio lo ocupó una obra con un inusual solista: el acordeón, un instrumento que no suele aparecer en los escenarios de las orquestas clásicas.

Astor Piazzola compuso su Concierto para Bandoneón y Orquesta titulado Aconcagua con notoria influencia stravinskiana, logrando un brillante equilibrio entre los pulsos orquestales y la melodía nostálgica del tango. El solista neozelandés a pesar de su origen sajón, con gran técnica logró crear la atmósfera latina y realizar con pasión una notable ejecución.

En el tercer movimiento, Adagio Cantabile, el diálogo del solista con el arpa, piano y güiro (instrumento de percusión) fue un momento culminante de la obra. Generó un clima profundamente melancólico.

En la segunda parte, el programa continuó con la Sinfonía Escocesa de Mendelssohn, que a pesar de su gran popularidad no tiene nada en el que se reconozcan sonidos escoceses y que devele su nombre. El compositor era adverso a las músicas folclóricas y nacionales.

En este concierto, no deja de sorprender la maestría de López Ferrer que, con 25 años, dominó con seguridad las dificultades del balance orquestal de este variado repertorio.

En estos tres conciertos, llenos de notas y de acordes, se percibe con fuerza el sello que ha consolidado a este festival en estos últimos 50 años. Sin embargo, no todo sigue igual que antes: se echa de menos el saludo tradicional a la directora de las Semanas Musicales, Flora Inostroza, quien no ha asistido a las funciones debido a su enfermedad.

Así, con más de 300 artistas que invaden el pequeño balneario y la música inundando cada rincón, el espíritu de la música flota en Frutillar.

 

 

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