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El 95% de egresados de sus colegios en comunas populares ingresa a la educación superior

Cultura - El Mostrador

Líderes en la ciudad: Ximena Torres y su solidaria propuesta en educación

por 10 marzo 2016

Líderes en la ciudad: Ximena Torres y su solidaria propuesta en educación
La directora académica de la Fundación Astoreca explica que el éxito o fracaso en el aprendizaje de niños en sectores vulnerables no depende tanto del lugar en donde nacieron, del estímulo familiar o de las capacidades, sino que de los propios establecimientos educacionales. "La responsabilidad es nuestra. El asunto está en si hicimos o no bien la pega", señala. Cada jueves, El Mostrador C+C publicará una entrevista a un personaje, que desde su área de desarrollo e influencia, realice un aporte específico a la ciudad.

Ximena Torres Rodríguez considera que no es tiempo todavía de decir “misión cumplida” tras haber completado 25 años de trabajo en la fundación Astoreca,  a la que llegó apenas terminó sus estudios de pedagogía básica en la Universidad Católica para ejercer desde 1990 como profesora del, en ese entonces, recién creado colegio San Joaquín de Renca, un establecimiento particular subvencionado que ocupa las dependencias que antiguamente fueron de una escuela municipal que cayó en desgracia por una mala administración y luego de ganarse el  descrédito de su propia comunidad.

Es actualmente un lugar luminoso y de aulas espaciosas, emplazado en medio de un sector popular que tiene una vista privilegiada al cerro Renca, un ícono del sector norponiente de Santiago que forma parte del paisaje obligado de quienes se trasladan por la Costanera Norte hacia o desde el aeropuerto y que se caracteriza por la leyenda con grandes letras blancas que reza “Renca la lleva”.

Ximena recibe a El Mostrador C+C en su oficina del segundo piso del establecimiento, un día después de la ceremonia en la que fue distinguida por el grupo Enersis junto a otras 12 mujeres de distintas áreas. En su caso, por su “aporte a la educación del país”.

Actualmente está a cargo de la dirección académica de los tres colegios que están bajo la tutela de Astoreca. Todos ellos, enfocados en los niños y niñas más vulnerables. El modelo de financiamiento es simple: al 80 por ciento de subvención que aporta el Estado, se suma una red de “padrinos” que aportan una UF por cada estudiante. Eso permite que la enseñanza sea 100 por ciento gratuita para todos los matriculados.

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Fotos: Gabriel Angulo

“Hemos egresado ya a 18 generaciones de cuarto medio. El 95% de nuestros niños entran a estudiar estudios superiores, tenemos ya alumnos egresados de ingeniería civil, de pedagogía, de derecho, niños que también ya están trabajando en buenas empresas. Ha sido un camino súper largo, difícil, desafiante, pero yo creo  que hemos avanzado en aprender cómo gestionar colegios de estas características y sobre todo llegar finalmente a lo que nosotros buscamos, que es que los niños puedan aprender”, dice satisfecha. Sobre todo, al recordar con qué realidad se encontró en ese mismo espacio el año 1990, luego de peregrinar con algunas de sus colegas por los pasajes del sector para reencantar a los vecinos y conseguir echar andar el colegio con una matrícula de 40 alumnos.

“Abrimos con niveles de prekínder a cuarto básico. Y en cada uno de ellos había entre 10 y 15 niños, no más. Y ninguno, ningún niño del colegio sabía leer y escribir. Fue impactante”.

Lo que más la impacta, eso sí, es que se trata de una  realidad muy similar a la que encontró la fundación cuando abrió su último proyecto en Lampa –el colegio San Juan- hace escasos tres años.

“La realidad nuestra es que abrimos el San José de Lampa hace 15 años y el San Juan de Lampa lo abrimos hace tres años, y nos encontramos hace tres y 15 años con situaciones como las que tuvimos hace 25 años acá, porque en  segundo básico muchos niños tampoco sabían leer y escribir”. Y el hecho que esos mismos pequeños aprendieran a hacerlo en sólo cuatro meses, para Ximena no hace más que demostrar la efectividad de la metodología que han venido desarrollando  por más de dos décadas.

“Si los niños no aprenden, no es responsabilidad ni del lugar donde nacieron, ni porque no tienen la familia que los apoya, ni porque no tienen las capacidades, sino porque nosotros no hicimos bien la pega. Cuando se instala esta premisa dentro de la cultura del colegio y se transmite a todos quienes trabajamos acá, es muy potente porque no te queda otra, o sea, si el niño no aprende, no es responsabilidad del medio, es responsabilidad nuestra. Tenemos que buscar los caminos, porque es nuestra labor llevar a ese niño, en términos intelectuales, emocionales y físicos, al máximo de su potencial.  Eso no significa que todos los niños tengan el mismo potencial, pero sí desarrollar al máximo ese potencial”.

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Fotos: Gabriel Angulo

“Nosotros tenemos que competir por las mejores universidades, por las mejores empresas con nuestros niños, y estamos compitiendo con el chiquillo que nació en el barrio alto, que tiene una mamá universitaria y un papá universitario, donde ha tenido la experiencia de haber sido formado y educado en un colegio particular pagado, y seguramente ese niño va a lograr quedar en la universidad y en la carrera que él quiera. Yo quiero lo mismo para nuestros niños, no tengo por qué bajar la vara, yo también espero que mis niños tengan la posibilidad de poder estudiar donde ellos quieran y ojalá en las mejores universidades y ojalá vincularse con las mejores empresas, por qué no… por qué no, si en la medida que uno da las oportunidades, seguramente hay niños que no las van a tomar, pero al menos tenemos que asegurar que esas oportunidades se den”.

La Reforma… desde otro lado

Ximena Torres no oculta sus aprensiones con la reforma educacional, mismas que la propia fundación Astoreca planteó en la Cámara de Diputados durante el acalorado debate del proyecto que ya es ley y que entró en vigencia parcialmente el pasado 1 de marzo.

Sobre todo porque, a su juicio, pone trabas a la posibilidad que el mundo privado abra nuevos espacios educacionales como los que están a su cargo y que no habrían podido materializarse si hubiera estado vigente, por ejemplo,  la actual Ley de Inclusión, que exige a los sostenedores ser los propietarios de los inmuebles.

“La ley de inclusión establece hoy día que los colegios deben ser dueños de la propiedad. Ni este colegio ni el San José podrían haber existido si esa ley se hubiese promulgado cuando nosotros partimos. Este colegio no era nuestro, partió como un comodato que nos traspasó la municipalidad por una cantidad de años y con el tiempo lo compramos; el San José fue construido en terrenos municipales por un comodato de derecho público, y el San Juan lo traspasó la municipalidad, también por un comodato de derecho privado”.

De hecho, la normativa ha impedido a la propia fundación Astoreca, en su calidad de fundación sin fines de lucro, la posibilidad de abrir un cuarto colegio. “Hemos tocado muchas puertas. Lo que llama la atención son las incongruencias de nuestro país, sobre todo cuando  todos reconocemos que la educación es mala, que los niños no aprenden, que los resultados del Simce son malos y que es un escenario que también afecta a los particulares pagados”.

Y también tiene sus reparos con la normativa que pone fin a la selección. “El San Juan, el último colegio que abrimos, está en un sector muy vulnerable de Lampa, porque nuestro proyecto educativo institucional busca llegar a las familias más necesitadas, ojalá  aquellas  de más escasos recursos. Ese es nuestro proyecto y por eso somos gratuitos, no cobramos absolutamente nada. Este colegio está  inmerso en una población bien compleja, la Isabel Riquelme. Pero colinda con un condominio donde viven familias de una situación claramente mejor.  Y lo que nos ha pasado, dado que no hay selección, es que los estudiantes vienen de todas partes y también del condominio del lado. Yo no quiero decir que esos niños no tengan derecho a una educación de calidad, pero nosotros estamos enfocados a  los niños más necesitados”.

“Entonces cuando tú ves que el niño de al frente de tu colegio que vive en una situación de marginalidad, con una situación familiar compleja y para el que nuestro colegio es de verdad una oportunidad,  no quedó en la tómbola y su vacante la ocupó el niño del condominio, uno quisiera hacer discriminación positiva y quedarnos con el que vive en  una situación de abandono. Ese es nuestro foco,  a esas familias y niños queremos dar mayores oportunidades”.

También se queja de que “nosotros tenemos establecido que tienen prioridad los hermanos, los hijos de ex alumnos y de funcionarios y la nueva ley no establece el ingreso de hijos de ex alumnos como prioridad. Ahí también están limitándonos, porque queremos formar comunidad.

Su diagnóstico es que a través de la nueva legislación “se está tratando de igualar todo y se están metiendo mucho en las decisiones. Están entrabando. Lo que están haciendo es desmotivar este tipo de iniciativas”.

“Renca la lleva”

Ximena, quien está casada con el mediático arquitecto Federico Sánchez, cree que tal vez el hecho que su padre se desempeñara por décadas como médico de la Posta Central le permitió tener contacto con otras realidades que la llevaron, luego de egresar del Grange, a inclinarse por estudiar pedagogía  y a tener la mente siempre puesta en que lo suyo era trabajar con sectores vulnerables.

También está consciente de que su trabajo en Astoreca es una elección con la cual se ha mantenido firme en el tiempo, pese a haber recibido otras atractivas ofertas laborales con múltiples beneficios. Y no se arrepiente.

“Yo tengo muchas satisfacciones todos los días. Por ejemplo ver el primer día de clases a mis ex alumnos, hoy apoderados del colegio, a los que les enseñé a leer y escribir, apurados por dejar a sus niños para irse a trabajar, es una satisfacción tremenda, con el cariño además que se acuerdan de haber sido parte de este proyecto y sobre todo ellos, que partieron con nosotros cuando nosotros también no sabíamos mucho cómo hacerlo”.

Lo que también tiene claro es que esto todavía no termina. “Siempre hay pendientes, hay cosas por hacer. Es muy precario el equilibrio en educación y en ese sentido siempre hay que estar retomado, volviendo a ver cómo están todas las áreas, verificando las metas. En educación siempre hay que estar vigente, siempre hay que mejorar ¿Misión cumplida? Todavía no”.

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