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Crítica de libros de actualidad: "El rol de los intelectuales públicos en la sociedad actual", varios autores

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Gonzalo Rojas Sánchez califica de "disparejas aportaciones y descuidada introducción" reciente edición de revista Anales de la U. de Chile

por 16 marzo 2016

Gonzalo Rojas Sánchez califica de
En este artículo Rojas reconoce que el reciente número de la revista Anales sobre los "intelectuales públicos" es un gran tema, porque la especie merece mayores espacios. Celebra en el número la colaboración de Sergio Micco como unas de las mejores aportaciones y la de Tomás Moulián, por contraste, como una de las peores "apenas unas cuantas hojas locas" que no merecen sino el calificativo de "decadente". Sobre Juan Antonio Garretón se pregunta ¿en qué momento se contaminó con gremialismo? más cuando el año pasado se autodenominó "el jefe de los profesores de izquierda" y a Faride Zerán, encargada de la introducción del número, le conseja más cuidado por una aparente contradicción de sus dichos.

Gran tema, disparejas aportaciones y una descuidada introducción caracterizan a esta entrega de la señera revista de la Universidad de Chile.

Gran tema, porque la especie “intelectuales públicos” merece nuevos espacios, renovada reflexión sobre su papel y, sobre todo, ampliación de la cantidad y calidad de sus exponentes. Quien desde la Filosofía o el Derecho, la Historia o la Sociología, la Literatura o la Ciencia Política, lea este número, sentirá sin duda el llamado a escribir, hablar y grabar para influir.

Disparejas aportaciones, porque a pesar de media docena de nombres de peso -y alguno bien pesado-   otra decena no alcanza el nivel de profundidad que se merecía el intento.

Sergio Micco abre las colaboraciones desafiando a los escépticos, al sostener que el intelectual puede y debe afirmar ciertas concepciones del bien en el espacio público y que si no lo hace, la política terminará golpeando a las puertas de su oficina. Lo que Micco no dice, aunque lo insinúa, es que desgraciadamente algunos abrirán la mampara y se dejarán invadir. Su texto es una valiosa aportación humanista, de lo mejor de estos Anales.

Por contraste, el escrito de Tomás Moulian parece fruto de una de esas situaciones que, en cualquier orden de cosas, no merecen sino el calificativo de decadentes: apenas cinco páginas locas, llenas de lugares comunes. No hubo esfuerzo; no hubo ni peso intelectual ni interés por el público.

El clímax se alcanza en la aportación de Manuel Antonio Garretón, quien sostiene que valora positivamente la relación de imbricación pero sin pérdida de autonomía entre partidos políticos y actores y movimientos sociales (ahí estarían los intelectuales) que se daba -según él- hace 45 años. El lector se pregunta dónde y cuándo se contaminó Garretón de gremialismo y, sobre todo, cómo resulta compatible esa supuesta autonomía con el hecho de que en paralelo, él se haya descrito a sí mismo (en el acto de la PUC del 23 de noviembre de 2015) como “jefe de los profesores de izquierda” de esa universidad en 1973. ¿En qué quedamos: autonomía o subordinación?

Todo el texto de Garretón está cruzado por una ambigüedad que podría ser o fruto de la táctica o resultado de la frivolidad: quiere presentarnos a los intelectuales de izquierda como testigos de los procesos, cuando en realidad continuamente los propone como actores principales. Por eso hace una delicada sugerencia final, la que apunta a la necesidad de reforzar unos determinados medios de comunicación y unas específicas universidades para que ahí los intelectuales (socialistas, por cierto) encuentren el calorcito necesario para actuar tranquilos. De testigos, nada.

En otro tono, sereno y grato, la aportación de Carla Cordua es importante al poner en duda la existencia de una línea bien marcada entre lo publico y lo privado. Es muy significativo que mencione al actual gobierno como uno de los gestores del conflicto hoy existente en el ámbito de lo público, y que Cordua lo haga afirmando que este gobierno ha intentado introducir una nueva organización política, social y económica. ¿Sólo una planificación global o un pre totalitarismo?

De los debates que al final incluye Anales, hay poco que rescatar. Las transcripciones textuales habitualmente perjudican a sus autores, a no ser que se diga algo tan lúcido como que la universidad no es el lugar donde corregir problemas de orden histórico, personal o colectivo de algunos grupos (Alfredo Jocelyn-Holt) .

Dejo la Introducción para el final, para preguntarle a Faride Zeran cómo es posible que en una línea nos diga que le interesaba la reflexión que se hacía en los años 80 sobre una sociedad chilena que ella llama intervenida, disciplinada y con toque de queda, y apenas cinco líneas después afirme que en esos mismos años fundó una revista para estimular un debate inexistente.

¿Reflexión o debate inexistente? Más cuidado.

 

*Gonzalo Rojas Sánchez. Académico

 

 

 

 

 

 

 

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