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Black Mirror: ni futuro, ni que ocho cuartos

por 28 diciembre, 2017

Black Mirror: ni futuro, ni que ocho cuartos
Ya veremos cuál será el episodio favorito de una cuarta temporada pareja, donde salvo alguna excepción, prevalece el tono lúgubre, incluso en la sátira. Porque Charlie Brooker lo sabe mejor que tú o que yo: no hay futuro, ni distopías, ni que ocho cuartos.

Qué asco le tengo a Charlie Brooker. Pura envidia. ¿Cómo lo hace? No cualquiera logra mantener el brillo de un producto televisivo durante cuatro temporadas. Bueno. Brillo brillo, no. Más bien oscuridad, desazón, incluso, pesimismo reflexivo. El control creativo de las historias sigue estando en sus manos en la nueva versión de Black Mirror. Se nota que tiene el toro por las astas -a pesar o con el favor- de Netflix. Un superclase de la amargura o un enemigo de la esperanza. Eso es el creador y guionista de esta serie.

Su etapa inglesa ha sido la más arriesgada (Channel 4, 2011-2014), donde literalmente se fue al chancho (The National Anthem). Esos seis episodios dejan un sabor, que, en retina, resultan tan exquisitos como subversivos. Las temporadas 3 y 4 en cambio, muestran una narración madura, más americana, menos británica, que logra la aclamación global con el episodio San Junipero Belinda Carlisle gritando “(…) ooh heaven is a place on earth”. Qué puedo decir, o conoce y maneja a sus públicos al dedillo, o tiene un algoritmo de padre y señor mío. O todas las anteriores.

Ya veremos cuál será el episodio favorito de una cuarta temporada pareja, donde salvo alguna excepción, prevalece el tono lúgubre, incluso en la sátira. Porque Charlie Brooker lo sabe mejor que tú o que yo: no hay futuro, ni distopías, ni que ocho cuartos. La cruda realidad está más cerca de lo que aparenta, igual que en los retrovisores de los autos de toda la vida, de esos que chocan por el factor humano. Vamos, que a la vuelta de la esquina se nos viene la noche tecnológica. Y el día después, Terminator.

Los analistas y críticos llaman de distintas maneras a la temporalidad de la serie. Presente cercano, futuro sutil. Yo la llamo, esa insoportable pesadumbre cuyo aliento humedece los pelos de la nuca. Como sea, la reflexión que propone Brooker conduce a una pregunta evidente: ¿dónde están los límites éticos de las profundas transformaciones que estamos viviendo aquí y ahora? Porque la mayoría de las representaciones visuales en Black Mirror tienen que ver con cosas concretas, no ficticias. ¿No compartes la idea? Veamos: pantalla táctil, check. Autos, trenes, incluso aviones no tripulados, checkCyborg, checkRobotscheck. Domótica, check. Nanotecnología, check. Redes sociales, check, check, check.

El cambio social es inevitable. La metáfora del espejo negro es el reflejo de una sociedad para la que en apariencia nos estamos preparando. Los “tiempos mejores” entran en tensión en este contexto. De alguna manera, Charlie Brooker nos advierte del tsunami que se acerca intentando poner el foco en lo relevante. Casi como si nos dijera, —psst¡hey!, espabila. El tema no es la AFP. El tema es la robótica y su impacto en el trabajo y las pensiones. Para que tome nota Luis Mesina.

Black Mirror

La cuarta temporada de Black Mirror continúa desarrollando cierta obsesión por pinchar las sienes como el acto donde radica la transformación del cuerpo humano en el manifiesto cyborg de Donna Haraway. Jodie Foster es toda una sorpresa en el episodio Arkangel. La vida privada, lo normativo con riesgo totalitario, son los grandes encuadres de los seis relatos que se expresan a través, del impacto de las cámaras de video vigilancia, de los nuevos formatos en las relaciones de pareja, de la presencia de robots que se imponen a la carne y los huesos. Todo narrado con ciertos guiños a los ritmos y códigos de la “Dimensión desconocida” (Twilight Zone), que como se sabe, Brooker era fiel seguidor. Más datos es spoiler.

En general, son historias que conviven bien tanto en USA como en UK. Narraciones temporalmente flexibles, que duran lo necesario, pasando por alto las rigideces de la televisión del siglo XX. En ese sentido el desembarco a Netflix fue una perogrullada. Seguir en la televisión convencional era ir a contrapelo.

Black Mirror estará disponible en Netflix en el futuro cercano: a partir del 29 de diciembre. Los capítulos no están numerados. Sin embargo, el mismísimo Charlie Brooker, insisto, un superclase, sugiere el siguiente orden: 1. USS Callister; 2. Arkangel; 3. Crocodile; 4. Hang the DJ; 5. Metalhead; 6. Black Museum. Pero sólo es una sugerencia.

Mi favorito es Metalhead. Da miedo. Ahí lo dejo.

@ClaudiolagosO.

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