Domingo, 24 de julio de 2016Actualizado a las 10:43

Golpe al relato e imagen de un proceso simbólico para la región

La caída de Lula y su impacto en la izquierda latinoamericana

por 9 marzo 2016

La caída de Lula y su impacto en la izquierda latinoamericana
La compleja situación de Lula no es solo la de quien fuera el primer presidente de izquierda del país más grande y poblado de Sudamérica, sino que la de un símbolo de los procesos sociales progresistas en la región, la cabeza de un modelo a seguir para muchos. Aún no está oficialmente imputado, y solo fue detenido para tomarle declaración, pero sea cual sea su desenlace judicial, la izquierda latinoamericana y chilena toman nota del daño a la imagen de uno de los modelos alternativos más exitosos en el subcontinente.

La detención del ex Presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva el pasado viernes ha copado la agenda noticiosa del gigante sudamericano, dividiendo al país entre partidarios y detractores del PT.

En rigor, Lula fue llevado a declarar en el marco de la nueva fase de la investigación del Caso Lava Jato, un esquema de corrupción en el que empresas privadas se adjudicaban millonarias licitaciones de Petrobras a cambio de sobornos a políticos y ejecutivos de la petrolera.

Tras dar su testimonio debido a un departamento en Guarujá, que según la Fiscalía habría sido equipado y decorado a modo de “propina” por una empresa privada involucrada en licitaciones con Petrobras, Lula –quien no está formalmente acusado– realizó un discurso público desde la sede del PT en São Paulo para defender su inocencia. Sin embargo esta arenga no solamente iba dirigida a la militancia dura petista de Brasil, sino que también tiene un claro eco regional destinado a tranquilizar a quienes, en distintos países latinoamericanos, se inspiraron en el modelo del PT para iniciar procesos de izquierda o centroizquierda. El mensaje que quiso enviar Lula es que todo se trató de un circo político para implicarlo por fin a él en las tramas de corrupción que vienen envolviendo a Brasil hace años. Sin embargo, el golpe a su imagen, a la del PT y a la de las izquierdas latinoamericanas ha sido duro.

El Partido dos Trabalhadores do Brasil fue creado en la década de los 80 para aglutinar a diversos sectores de la izquierda, desde socialdemócratas hasta trotskistas, para hacer frente a la dictadura militar. Era una época en que muchos países de Latinoamérica aún vivían dictaduras de derecha y por eso mismo las relaciones entre el PT y otros partidos de izquierda en la región fueron algo normal.

El cientista político de la UDP Claudio Fuentes recalca la importancia de Lula en esta época fundacional: “El gran mérito de Lula fue haber podido organizar a la izquierda en una época en que, en Brasil en particular, estaba enormemente fragmentada; logró catalizar y convertir esta fragmentación en una fuerza política competitiva. Se trata además de un actor que viene desde abajo, desde los sindicatos, no es de una elite que viene, y organiza una izquierda como ocurre en otros países de Latinoamérica”. El propio Lula se encargó de recalcar ese aspecto de su historia durante su intervención del pasado viernes, volviendo a enunciar el relato del niño pobre del nordeste que se salvó de morir de hambre, para luego convertirse en un obrero que combatió a la dictadura y en Presidente de Brasil sin tener un solo título académico.

La crisis de un modelo

Para bien o para mal, el PT liderado por Lula logró articular una transición pacífica a la democracia en Brasil junto a otros sectores políticos, y luego llegar al poder por la vía democrática sin generar ningún quiebre institucional. Durante la primera parte de la década de los 2000 se hablaba de que había dos procesos de centroizquierda exitosos en América Latina: el chileno y el brasileño, existiendo incluso una cierta rivalidad entre Lula y Ricardo Lagos por ser la cabeza visible del nuevo progresismo latinoamericano, que lograba avances sociales a la vez que mantenía cierto orden macroeconómico y buen ambiente para las inversiones.

“Lula implantó una socialdemocracia más clásica, con bastante éxito en el desarrollo político y económico de Brasil. Logró reposicionarlo con un proyecto interesante de inserción en grupos alternativos como los BRIC”, dice Claudio Fuentes. La exportación del modelo brasileño y el cultivo de aliados en la región que pudiesen llegar a los gobiernos de sus países estuvo siempre en la mira del PT. En 1990 lideró la fundación del Foro de São Paulo, una organización de partidos de izquierda latinoamericanos formada para enfrentar el escenario postcaída del Muro de Berlín. Hoy los miembros chilenos del foro son el PS, el PC, Izquierda Ciudadana, el PH, el MIR y Revolución Democrática.

No es de extrañar entonces que la caída de Lula signifique, a su vez, la caída de un referente continental de un modelo político y de desarrollo. Lula se encargó de tender estrechas relaciones con los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, Raúl Castro en Cuba, Daniel Ortega en Nicaragua, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Tabaré Vásquez y José Mujica en Uruguay, Michelle Bachelet en Chile y de mantener un cordial y estratégico acercamiento con la Argentina de los Kirchner. La colaboración entre el PT y partidos afines de la región se intensificó con Lula y Dilma en el poder, involucrando a los miembros del Foro de São Paulo pero también a otras agrupaciones como el caso del PRO de Marco Enríquez-Ominami.

“Ciertamente va a afectar a la izquierda latinoamericana, porque todo el argumento asociado a la necesidad de satisfacer las carencias de la gente, de llegar a puestos de poder a través de la convicción y de ciertos valores de izquierda, se ve afectado en su imagen por los escándalos de corrupción. En Chile también ha pasado”, comenta Fuentes.

Por su parte, el PS Ricardo Solari, uno de los cercanos al PT dentro de la tienda de Calle París, cree que si bien la detención de Lula tiene un gran impacto, no puede extrapolarse dicha situación a la realidad chilena: “No creo que sea posible hacer un símil, por un motivo muy simple. En el caso de la corrupción en Brasil, esta tiene que ver muy profundamente con el funcionamiento del conjunto del sistema político, es decir, estamos hablando de sobornos generalizados y de funcionamiento de los cuerpos políticos e institucionales. Lo que estamos viendo en Chile, en cambio, son casos puntuales, son casos graves y preocupantes, pero no es lo mismo”, dice.

“Tal como en los 80 y en los 90 la corrupción que afectó al PSOE en España tuvo efectos negativos generalizados, la que afecta al PT también los tiene. La política brasilera tiene antecedentes históricos de corrupción, y que el PT se moviera fuera de esos márgenes era un gran activo. Que ahora esté dentro de esos márgenes es una decepción”, comenta el PS Ricardo Solari.

“Tal como en los 80 y en los 90 la corrupción que afectó al PSOE en España tuvo efectos negativos generalizados, la que afecta al PT también los tiene. La política brasilera tiene antecedentes históricos de corrupción, y que el PT se moviera fuera de esos márgenes era un gran activo. Que ahora esté dentro de esos márgenes es una decepción”, comenta Solari, haciendo un parangón entre lo que ocurre hoy con el modelo petista y lo que fue la caída del modelo socialdemócrata a la española de Felipe González.

Solari recuerda cuando él mismo presenció los intensos debates al interior del partido de Lula y Dilma a raíz de los casos de corrupción que ya aparecieron durante el primer periodo del PT en Planalto: “Se hablaba mucho de esto en el corazón del partido, cuando estaba cuestionado el ministro de la Casa Civil de Lula”. Solari se refiere a José Dirceu, condenado por corrupción activa a 7 años y 11 meses de prisión, conmutados por prisión domiciliaria.

La defensa chilena

Para sorpresa de algunos, no fueron el PS ni el PRO los que hicieron en Chile la defensa más acérrima del ex presidente brasilero, sino que el Partido Comunista. El mismo día de su detención, el PC emitió un comunicado de prensa en el que calificó los hechos como una “operación de la derecha contra las fuerzas que impulsan un proyecto antineoliberal”, plegándose además a la versión dada por Lula, de que si el juez lo hubiese querido citar a declarar podría haberlo hecho sin todo el revuelo provocado y él hubiera acudido sin ningún problema.

"Para el Partido Comunista de Chile esta es otra operación destinada a la desestabilización política en países donde gobiernan fuerzas progresistas y de izquierda y es otro intento de golpear a liderazgos democráticos latinoamericanos. Lo ocurrido con 'Lula' es otra acción de las que planea y desarrolla la derecha desde distintos sectores e instancias, para arremeter contra las fuerzas y en contra de los dirigentes que impulsan un proyecto antineoliberal", señaló el comunicado, llamando también a la unidad entre las fuerzas progresistas latinoamericanas en defensa de la democracia en Brasil.

Lo que ha hecho el PC chileno es replicar la tesis de los petistas duros en Brasil: la de un complot contra una figura que aún es querida por el brasilero medio, a través de un circo mediático totalmente innecesario.

Las sospechas de los partidarios de Lula encuentran algo de apoyo en la realidad. Como ejemplo, el Jornal da Globo –de la Rede Globo, conglomerado de medios declaradamente opositor y que se encargó de que Lula perdiera la elección contra Collor de Mello en 1989–, el noticiario más visto de la TV de ese país, alargó notoriamente su duración el viernes pasado, y la detención de Lula copó prácticamente la totalidad del programa. También debe destacarse el hecho de que la operación para llevar a declarar al ex Mandatario se produjo al día siguiente del nombramiento de Wellington César Lima e Silva como ministro de Justicia, quien es visto como alguien mucho más duro y con mayor capacidad de maniobra que su antecesor, pensando en que es el ministro de esa cartera quien debe lidiar con los órganos que investigan el caso Lava Jato. La detención de Lula habría consistido en una señal de fuerza ante el nuevo secretario de Estado.

Para el sociólogo e investigador asociado de la UBO Mauro Salazar, “lo que ocurre a un nivel regional y geoestratégico tiene que ver con los desplazamientos, desde un punto de vista estructural, que han estado ocurriendo en la región”. Salazar apunta igualmente al simbolismo que la detención de Lula tiene para el modelo mismo que él defendió y construyó a nivel nacional y regional. “El PT tuvo un proyecto socialdemócrata a diferencia de Chávez en Venezuela, además en un país como Brasil con intereses complejos más allá de los que tiene en Sudamérica. Este es un golpe a una especie de 'tercera vía' latinoamericana de tibio reformismo. Hoy, desde el punto de vista estratégico y comunicacional, si Lula no logra salir de forma clara y expedita pone en entredicho sus posibilidades de volver a la Presidencia de la República y significaría un deterioro para la vía socialdemócrata que no se puso ni al extremo colombiano ni al extremo venezolano”.

Eso sí, también enfatiza en que, si bien existen similitudes entre la izquierda brasilera y la chilena, se hace difícil poder comparar los dos escenarios: “Para el impulso reformista este es un momento de reflujo, pero me cuesta comparar el caso brasilero con el caso chileno, aunque es el que más se asemeja. El caso chileno se mueve entre un neoliberalismo avanzado y una socialdemocracia de baja intensidad, por lo que es difícil extrapolar acá el caso brasilero. Pero sí, hay un golpe a la vía socialdemócrata. Y para América Latina viene un gran dilema, porque de todos estos modelos como el brasilero, el chileno, el neopopulismo cubanizado de Chávez o el capitalismo de la regularización de los Kirchner, se podría pasar a una restauración conservadora”.

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