Sábado, 10 de diciembre de 2016Actualizado a las 13:31

Opinión

Estado empresario: la expresión prohibida

por 8 julio 2009

Estado empresario: la expresión prohibida
Chile requiere un plan de reindustrialización en que se proponga impulsar dos o tres grandes proyectos de desarrollo sabiendo que su horizonte será de cinco o diez años  para obtener resultados, considerando que ese fue el plazo que requirió Finlandia para desarrollar y  dominar el mercado de los teléfonos celulares. El riesgo y la rentabilidad de los proyectos tecnológicos no pueden  evaluarse como se hace en los proyectos corrientes.

Las resistencias actuales al Estado empresario provienen en parte de los dogmatismos libremercadistas pero, principalmente, por los problemas de gestión de grandes empresas estatales en Chile y en muchos países capitalistas. Aún pena el fracaso económico del estatismo que rigió en la ex Unión Soviética y en los países satélites durante más de 70 años. Por otro lado las pérdidas del sector financiero en los países desarrollados y su rescate por el Estado, sumado a la quiebra de la más grande empresa privada, la General Motors, actualmente bajo control del  gobierno norteamericano, plantean un nuevo escenario y la necesidad de volver a dotar al Estado chileno de la agilidad perdida por los enclaves y bloqueos de la Constitución política de 1980 y que no se han derogado.

En  los programas de las candidaturas presidenciales se evita el concepto de Estado empresario a pesar que hace ya  dos años el senador Eduardo Frei tuvo la osadía de proponer una empresa estatal para  administrar el fracasado proyecto del Transantiago.

El senador Ricardo Núñez en el reciente seminario de la Fundación Frederic Ebert en Santiago, afirmó que no se tiene aún un proyecto de Estado moderno  preparado para el siglo XXI y que la gran crisis actual del capitalismo pilló de sorpresa a los socialistas y sin tener  un proyecto de Estado alternativo.

Aún así hay una poderosa corriente de opinión en los partidos de la Concertación que opina "que hay que modernizar el Estado".

Se propone así crear nuevas instituciones, mejorar y coordinar los mecanismos regulatorios, refundir ministerios, crear un Ministerio Social que  sirva de contrapeso al Ministro de Hacienda que es, hoy por hoy,  el que decide qué se hace y cómo se hace.  Pero no se acepta aún que un Estado que no pueda organizar empresas, realizar investigación y desarrollo, dotarlas de capital y gestionarlas, es un Estado incompleto y parcialmente impotente.

Es cierto que la creación de una nueva empresa estatal requiere de una ley de quórum calificado (mayoría absoluta de senadores y diputados) mayoría que la Concertación  no ha tenido simultáneamente en ambas cámaras.

Pero tampoco ha tenido la voluntad de proponer la creación de empresas y tratar de lograr esos quórum o bien utilizar la Fundación Chile que tiene el estatus de empresa privada y está dirigida y controlada por el Estado. Las ideas de restringir el Estado chileno a un rol subsidiario penetraron en todos los partidos de la Concertación  y todavía mencionar el rol del Estado como empresario es una frase prohibida. Además, simultáneamente, se abandonó el desarrollo industrial con la famosa consigna del Ministerio de Economía durante la presidencia Aylwin de que: "la mejor política industrial es no tener política industrial".

Es en el terreno del desarrollo tecnológico donde más se ha notado la falta de presencia del Estado en Chile .Veinte años de estancamiento en que según todos los índices nacionales e internacionales Chile se ha retrasado por su insistencia en que sólo sea el mercado el que tenga la iniciativa, ignorando que en el campo tecnológico, en proyectos riesgosos, no funciona la inversión privada ¿Y como va a funcionar si hay proyectos, con riesgo casi cero como en la banca, los servicios públicos, las autopistas y la generación eléctrica, en que la rentabilidad llega fácilmente al 20% anual?

Se ha  reemplazado la iniciativa del Estado en proyectos de significación nacional  por una serie retórica de términos como innovación, emprendimiento, gestión competitiva, en que se atomiza el esfuerzo del Estado en numerosos programas llamados horizontales en que, por dogmatismo y retraso,  se auto impone la obligación de ayudar por parejo y neutralidad por igual a un inventor del movimiento perpetuo que a un proyecto de energía alternativa o de alta robótica. En  el llamado "Consejo Nacional de innovación para la competitividad" se dispone de 700 millones de dólares que no se saben en qué invertir, respetando el dogmatismo del Estado subsidiario.

Chile requiere un plan de reindustrialización en que se proponga impulsar dos o tres grandes proyectos de desarrollo sabiendo que su horizonte será de 5 o 10 años  para obtener resultados, considerando que ese fue el plazo que requirió Finlandia para desarrollar y  dominar el mercado de los teléfonos celulares. El riesgo y la rentabilidad de los proyectos tecnológicos no pueden  evaluarse como se hace en los proyectos corrientes. En los proyectos de alta tecnología trabajan varios equipos especializados que concurren a  un objetivo común. Si el proyecto no tiene éxito esos equipos que han alcanzado niveles de conocimiento y excelencia elevados, reorientan su trabajo a otro proyecto que los requiere. No hay desperdicio social y se da  ocupación estable y creativa a profesionales de múltiples especialidades.

Gran parte de la resistencia a aceptar al Estado como empresario se debe a la dificultad para gestionar eficientemente empresas y proyectos en que no hay un dueño visible que cuide el gasto y predique el ahorro. Existe la experiencia italiana de crear un sistema de empresas mixtas público- privadas para industrializar el país, o el de Gran Bretaña que en la década del 60 creó un  Consejo Nacional de Empresas para el desarrollo tecnológico (NEB) En general hay que aceptar  la co administración de empresas estatales por socios privados, en que éste socio aporta nuevas tecnologías, mercados y contactos internacionales. El sistema que se cree debe  reunir las experiencias de los grandes holdings estatales  que sirvieron a la  reconstrucción industrial de los países  europeos y especialmente los países escandinavos. Las nuevas industrias, tal como ocurrió en la época de oro de CORFO con CAP , IANSA y ENDESA  deben empezar como proyectos de investigación y desarrollo y  transformarse en empresas cuando su etapa productiva les permita salir al mercado.

La decisión de reindustrializar Chile, enfrentar la crisis, el desempleo, y el crecimiento decreciente de la última década debiera estar entre los grandes objetivos programáticos de los candidatos actuales a la presidencia.

*Ernesto Benado es director de Conadecus, asociación de consumidores.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes