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El controvertido estilo de Mikel Uriarte

Director de Fonasa presiona a clínicas y laboratorios para no pagar toda la deuda del Estado

por 4 agosto 2010

Director de Fonasa presiona a clínicas y laboratorios para no pagar toda la deuda del Estado
Hace tres semanas comenzó a citar, por separado, a las empresas a las que les adeuda un total de $170 mil millones. La oferta del empoderado funcionario es “te aseguro pronto pago y me condonas el 50% de lo debido”. Un perdonazo a cambio de entregar el dinero en menos de un mes. Nunca antes el sistema público de salud operó de esa manera. Se demoraba, pero pagaba. El método es considerado “espantoso, de república poco seria e ilegal”. Aún así, el temor de ser llamado recorre a los gerentes generales.

Ninguno de los prestadores privados de salud imaginó que, en el gobierno del Presidente Sebastián Piñera, se sentaría frente al director del Fonasa a escuchar la peor propuesta de negocios.

Desde hace tres semanas Mikel Uriarte inició una silenciosa ronda de reuniones con las clínicas y laboratorios a los que el servicio adeuda $170 mil millones para formularles una oferta. “Te aseguro pronto pago y me condonas el 50% de la deuda”. Por lo primero se entiende que el pago no demore más de un mes a cambio de un perdonazo al Ministerio de Salud, que derivó la tarea de cobro y pago al Fondo Nacional de Salud que ahora dirige el ex presidente de la Asociación de Aseguradores de Chile y ex candidato a concejal UDI por Las Condes.

Hasta ahora han sido citados, al menos, tres grandes clínicas, dos laboratorios extranjeros y uno nacional. Previo a entrar en el área chica, Uriarte siembra la duda sobre el proceder de los prestadores privados. A los laboratorios les ha dicho que “se portan mal” citando como ejemplos -siempre en términos generales- los viajes que les financian a los médicos o cómo se presentan a las licitaciones usando el nombre de un proveedor indio de gran calidad y terminan despachando medicamentos de otro de baja calidad, con la consiguiente ganancia para el laboratorio. “El mensaje es: como ustedes se portan mal se justifica que les aplique una rebaja a la deuda. Usa ejemplos chicos para justificar un recorte grande: 50% en el caso nuestro. Su tono fue muy amenazante, pero como no nos hicimos eco de sus acusaciones, inmediatamente cambió”, relata uno de los asistentes a dichos encuentros. Uriarte es hábil, porque efectivamente hay laboratorios que usan las prácticas cuestionadas, pero son muy pocos y en el sector todos saben quiénes son.

Su método ha causado sorpresa, molestia y espanto, porque nunca había ocurrido algo así en el sistema de salud. También, temor. “El Estado es un cliente que te compra mucho, cualquiera podría interpretarlo como un grado de amenaza. El Estado representa entre el 30% al 60% de las ventas de las clínicas privadas”, dice el representante de una clínica que ya fue citado y teme revelar su nombre.

Carlos Kubik, el presidente de Banmédica, la isapre más grande del sistema, no ha sido llamado, pero es tajante. “No nos vamos a sentar a condonar nada. Estamos en un estado de derecho y nosotros contrajimos compromisos que se van a cumplir”.

El modus operandi hasta la llegada del todopoderoso director de Fonasa consistía en una rutina que, si bien estaba lejos de ser la óptima, era parte de las reglas juego: se iban haciendo abonos y cuando la deuda crecía mucho, se aumentaba el monto abonado.

Carlos Kubik, el presidente de Banmédica, la isapre más grande del sistema, no ha sido llamado, pero es tajante. “No nos vamos a sentar a condonar nada. Estamos en un estado de derecho y nosotros contrajimos compromisos que se van a cumplir. Hemos tenido una historia de pagos con el Estado, lenta, pero nos ha pagado. Las instituciones no cambian por las personas que están a su cargo”. Banmédica es dueña de las clínicas Santa María, Dávila, Vespucio (La Florida), Ciudad del Mar (Viña), Bío-Bío (Concepción) y el 11% de la Clínica Las Condes, las que representan el 43% de las camas privadas del país.

Insiste en que “vamos a regirnos por las ley, si no están los tribunales”. No revela el monto de la deuda, pero asegura que es bajo, ya que el 70% corresponde a atenciones ambulatorias.

El Hospital Clínica de la Universidad de Chile, en cambio, tiene pendiente el pago de unos $4 mil millones que se arrastran desde 2005. “Uriarte planteó pronto pago y evaluar algún descuento. No habló de cifras. Como Universidad de Chile no vamos a aceptarlo, porque las platas que recaudamos son públicas, vienen del Estado. Nos regimos por el estatuto administrativo”, dice Maximiliano Ventura, subdirector médico del Hospital, quien se enteró a través del director Luis Martínez; el gerente general, Santiago Venegas, y el jefe de finanzas, quienes concurrieron a la reunión.

“Una salvajada”

A diferencia de sus antecesores, Uriarte fue ungido con todos los poderes para negociar a nombre del Estado. El ministro de Salud, Jaime Mañalich, decidió convertir a Fonasa en el único recaudador y pagador, usando el argumento de que la ley faculta al servicio, dado que administra los seguros de salud de 12, 5 millones de beneficiarios.

Entrevistado por la revista Capital, Mañalich habló de la crisis del sistema público y dejó claro el papel de Uriarte. “Entonces dijimos: hagamos lo que corresponde a una empresa de esa magnitud, démosle un director potente, como es Mikel Uriarte, que sabe de la materia; gestionemos cambios como la huella digital, la licencia médica electrónica, la recaudación eficiente, de manera que Fonasa recaude lo que corresponda, cobre lo que corresponda y pague lo que corresponda”.

Tras asumir el 15 de marzo, las clínicas fueron a título personal a presionar por los pagos a las oficinas del nuevo director. Cada una le informó el monto de la deuda y consultó cuándo sería cancelado. Nada pareció indicar que volverían a encontrarse para escuchar lo que no estaba ni en la peor de sus pesadillas.

Hablando en off, las críticas son feroces. El gerente general de uno de los laboratorios chilenos mas grandes, que aún no sido convocado, afirma que “esto pondría a Chile en una situación de república poco seria, no creo que vaya a ser la nueva forma de hacer negocios, hacerte eso es como decir que obtienes utilidades por sobre lo normal”. Lo dice porque Uriarte también cuestiona cómo se llegó a una deuda tan alta. “Es imposible hablar de sobreprecios, porque las bases de licitación son sumamente exigentes y benefician al Estado que puede decir no me despache este mes y no paga multa. Si yo no entrego a tiempo me cobran intereses y me descuentan puntaje para las próximas licitaciones”.

Nadie de la alta plana ejecutiva quiere estar en la lista de los llamados, pero todos saben que, más temprano que tarde, les tocará el turno. “Le pedí al gerente de finanzas que sondeara el tema y me dijo no nos metamos en ésa. Sé que en las reuniones se ha hablado de una rebaja de entre 30 y 50%. Aunque sea el 1% es una salvajada. Esta cuestión no puede pasar, esto no es Argentina. Es una pasada para la punta”, afirma el gerente general de una clínica privada. Se refiere al vecino país por los métodos empleados por el poderoso secretario de Comercio de Kirchner, Guillermo Moreno, quien llama a las empresas y les dice que deben fijar los precios de tales o cuales productos o, lisa y llanamente, les informa que no les va a pagar.

El ranking de deudas por clínicas se desglosa en $7 mil millones a la red de salud de la Universidad Católica; $4 mil millones al Hospital de Chile, $2.500 millones a la Alemana y $2 mil millones a Indisa dentro de una lista muy larga que va bajando en montos. Una de ellas habría cedido y otorgado un perdonazo del 25%. Todos apuntan a la Clínica Alemana que respondió no iba hablar del tema. Sería la única empresa que, hasta ahora, habría aceptado las condiciones de Uriarte

En el caso de los laboratorios, las cifras recogidas por El Mostrador indican que a Andrómaco se le deben $8 mil millones; a Roche $7 mil millones; a Sanderon $6 mil millones; a Lab Chile $3 mil millones; a Recalcine $2 mil millones, a Biosano $1.100 millones y siguen otros muchos laboratorios más pequeños con impagos inferiores.

La encargada de comunicaciones de uno de ellos informó que “Uriarte se reunió con nosotros la semana antepasada, preguntó ¿por qué tanto? (por el nivel de la deuda) y planteó un descuento de entre 30 y 50%”. Agregó que el tono no fue agresivo y que insistió en dejar la imagen de un área de salud quebrada en la que no hay de dónde sacar plata.

El Mostrador consultó el director de Fonasa, pero nunca llegó su respuesta.

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