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A tres años de la muerte de Ricardo Claro pierden el control de Sudamericana de Vapores y Mega

El desarme del grupo Claro

por 3 enero, 2012

El desarme del grupo Claro
Vapores, la empresa que Ricardo Claro consideraba “la número uno del grupo y la más internacional de Chile”, pasará a manos de los Luksic. La estación televisiva Mega, al consorcio Bethia. Vaya que le habría costado aceptar una derrota como esta a un hombre que se sentía poderoso, que le gustaba proyectar una imagen por sobre el bien y el mal y que sostenía que los empresarios deben tener medios de comunicación para defender sus valores. Se jactaba de anticipar las crisis económicas, pero no pudo prever la magnitud de la que llevó al desmembramiento de su otrora poderoso holding.
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Los negocios cambian de manos y colocan al empresario que un día perdió en la vereda del ganador. Andrónico Luksic Abaroa y Ricardo Claro Valdés compitieron por Cristalerías Chile en 1976. Fue una licitación de la Corfo que Claro se llevó.

La Sudamericana de Vapores estuvo al borde de la quiebra y Guillermo Luksic, a través del holding Quiñenco, entró en gloria y majestad como salvador de la empresa que Claro valoraba como ninguna otra, pese a no ser ni la más grande ni la más rentable. “Es en la que más participo, la número uno del grupo, tal vez la más internacional de Chile”, dijo a Capital cuando la revista pertenecía a Guillermo Luksic.

El 28 de octubre de 2008 Ricardo Claro murió de un infarto fulminante. Quienes lo conocieron de cerca creen que lo impactó observar cómo el buque insignia, la mayor naviera latinoamericana, la que le daba visibilidad, estaba cerca de hacer agua. Quizás tanto –nunca se sabrá con exactitud- como para paralizarle el corazón.

Mega encarnaba su afán por influir e imponer códigos morales que él consideraba necesarios para la sociedad. Decía que los empresarios deben tener medios de comunicación para defender sus valores, el sistema económico y político del país. Por eso, también se hizo dueño del Diario Financiero y la revista Capital, que le compró a Guillermo Luksic.

Liliana, María Teresa y María Luisa Solari son las terceras mujeres más ricas de Chile después de las viudas de Luksic y Anacleto Angelini. Cada una de las hermanas es dueña de US$2.375 millones en acciones de Falabella. Mucho más de lo que heredó María Luisa Vial, la viuda de Claro: Elecmetal –la matriz del grupo y dueña de Cristalerías Chile, de la que, a su vez, cuelgan Santa Rita, Mega, Diario Financiero, Capital y ED- vale en bolsa US$711 millones y cerca de un 45% le pertenece a su fallecido marido.

El canal, que comenzó a operar en 1990, perdió plata durante 10 años, pero el fallecido abogado no pensó en vender. Tuvo de socia a la mexicana Televisa a la que después le recompró. A tres años de su muerte, el negocio pasa a manos de Liliana Solari, sus hijos Carlos y Andrea Heller y su hijastro Gonzalo Rojas, quien se casó con el ex rostro de Mega y actual diputada UDI, Andrea Molina.

Liliana, María Teresa y María Luisa Solari son las terceras mujeres más ricas de Chile después de las viudas de Luksic y Anacleto Angelini. Cada una de las hermanas es dueña de US$2.375 millones en acciones de Falabella. Mucho más de lo que heredó María Luisa Vial, la viuda de Claro: Elecmetal –la matriz del grupo y dueña de Cristalerías Chile, de la que, a su vez, cuelgan Santa Rita, Mega, Diario Financiero, Capital y ED- vale en bolsa US$711 millones y cerca de un 45% le pertenece a su fallecido marido.

Aunque Elecmetal y Cristalerías –las más grandes de sus rubros en Chile; la primera en productos de acero para la molienda minera; la segunda, en botellas de vidrio- han sido históricamente las más rentables, para Claro la naviera y el canal eran más importantes. Le daban un aura de hombre poderoso que él disfrutaba tanto como un vino Casa Real de Santa Rita.

Su viuda no tiene, a sus 75 años, mayor interés en los negocios –a excepción del museo precolombino de la Viña Santa Rita- no hay un núcleo de ejecutivos que lleve el timón, porque Claro siempre mantuvo las riendas cortas. No dejó hijos que se hicieran cargo de los negocios. Uno de sus brazos derechos, Baltazar Sánchez, terminó salpicado por el escándalo de La Polar por ser uno de sus directores más antiguos, y quién sabe cómo habría reaccionado su jefe. Juan Antonio Álvarez, quien era gerente general de la naviera y considerado el hijo que Claro no tuvo, emigró con la llegada de los Luksic al Parque Arauco, la empresa de la que es socio su suegro, José Said.

Luksic se cruza otra vez

Los Luksic, definitivamente, se cruzaron con Claro. Porque la entrada de Andrónico, el mayor del clan, a la propiedad Canal 13 -compró el 67% a un precio irrepetible de US$55 millones- introdujo una competencia que Mega no está dispuesta a dar en un momento tan complicado. Luksic ya revirtió las pérdidas del 13, subió el rating empatando con Mega en el tercer lugar en 2011.

Carlos Heller y Gonzalo Rojas, que hicieron una oferta por Chilevisión, superada por la de Time Warner -US$ 155 millones- esta vez lograron su objetivo. El pasado miércoles 28 de diciembre Cristalerías Chile anunció que llegó a un acuerdo de venta con Bethia –la matriz de los negocios de Liliana Solari y su familia- por US$143,5 millones más el dinero en caja y que la operación se concretará el 15 de marzo próximo.

Mega dio un giro exitoso en su programación en 2001 y empezó a generar utilidades en forma permanente a partir de 2002. En su mejor año, 2010, ganó $6.628 millones. A septiembre pasado anotó un resultado positivo de $3.458 millones.

A diferencia del abogado fallecido, Heller tiene otra visión de la vida. Es liberal e invierte –ha dicho- en lo que le gusta. De niño jugaba con camiones y hoy es dueño de la mayor empresa del rubro (Sotraser). Vistió la camiseta en las divisiones inferiores de la U y es el mayor accionista de Azul Azul. Le fascina el campo y tiene la lechería más grande de Chile además de la viña Indómita. Al igual que su abuelo y su madre, es fanático de los caballos, posee un haras, el 25% del Club Hípico y el 10% del Hipódromo. De chico jugaba con aviones y compró un 8% de Lan. Dijo que le gustaban los barcos y entró a la propiedad de Empresas Navieras, del grupo Urenda, con un 15%. Volvió al negocio de las aguas al adquirir un 3,7% de Aguas Andinas -antes había estado en el consorcio Aguas Nuevas junto a los Solari Donaggio- y es socio en partes iguales de la Inmobiliaria Titanium con Abraham Senerman.

Ultimátum en la Sudamericana: “la plata alcanza hasta abril”

Claro se jactaba de anticipar las crisis. Le encantaba destacar que lo había hecho con la asiática en 1997 y que sus ejecutivos no le creyeron, pero después reconocieron el valor de sus predicciones. Sin embargo, diez años más tarde no fue capaz de prever la magnitud de la que llevó a su empresa al borde de la quiebra.

Hace casi un año, en febrero de 2011, Arturo Claro Fernández, primo del fallecido empresario y vicepresidente de la compañía, anunció al directorio que la Sudamericana tenía caja para funcionar y pagar sus deudas “sólo hasta abril próximo”.

María Luisa Vial, su viuda, y el ejecutivo más querido por Claro, Juan Antonio Álvarez, se habían negado a la entrada de un socio. Del otro lado Jaime, el único hermano de Ricardo Claro, con quien su cuñada no posee mayor afinidad, venía planteando la necesidad de inyectar nuevos capitales sin ser escuchado, por lo que renunció a la presidencia de la naviera poco antes del ultimátum.

En marzo del año pasado desembarcaron los Luksic: compraron un 18% en US$ 240 millones a Marinsa, la matriz de la naviera. Pagaron en promedio $ 300 por una acción que hoy vale $ 103.

Dado el incierto contexto mundial y, en particular, la compleja situación del sector naviero la Sudamericana arrojó pérdidas por US$ 868 millones a septiembre y el pronóstico es un cierre de 2011 con US$ 1.000 millones en rojo. Los Luksic van a suscribir hasta US$ 1.000 millones en el aumento de capital que se hará este mes y que los dejará como controladores de la empresa en la que Claro comenzó a comprar acciones a mediados de los 80.

Esta jugada naviera les está costando a los Luksic US$ 1.420 millones, cifra que puede estar a la par de sus inversiones financieras (bancos Edwards y Chile). Con una diferencia: la banca es un sector seguro, sin gran competencia y que la familia conoce bien mientras el transporte marítimo es una aventura dada la sobreoferta de capacidad a nivel mundial, el alza del petróleo y tarifas que podrían mantenerse bajas por un buen tiempo.

El grupo Claro se deshace de un negocio que siguió la tendencia del mercado, pero tropezó. Cuando el comercio creció, a mediados de la década pasada, la compañía se la jugó por crecer como toda la industria. Volvió a comprometer altas inversiones en 2010, cosa que no hizo su competencia, y terminó por acogotarse.

El hombre que proyectaba la imagen de ser el chileno mejor informado, que imponía un control férreo en sus empresas y confiaba ciegamente en su inteligencia, no vivió para presenciar la caída de su grupo que, sin ser tan grande, transmitía un aura de magnificencia que él le impuso.

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Envíada por Rodrigo Reyes S | 16 octubre, 2018

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