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Tras ser la protagonista del mayor escándalo de una S.A. abierta desde 1982

La Nueva La Polar y cómo Celfin, César Barros y su equipo convirtieron al patito feo en el cisne que conquistó a chilenos y extranjeros

por 5 octubre, 2012

La Nueva La Polar y cómo Celfin, César Barros y su equipo convirtieron al patito feo en el cisne que conquistó a chilenos y extranjeros
El éxito no tiene precedentes: no hay otra empresa chilena en convenio judicial que haya levantado tanto capital. Los que compraron ya ganaron. La gran pregunta es por qué los chilenos no se atrevieron a entrar con un precio de oferta.
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Fue la niña fea de la fiesta a la que todos sacaron a bailar. La Polar pasó de ser la protagonista del mayor escándalo de una sociedad anónima abierta desde la crisis del 82 a recoger, ante las dudas de muchos, $115 mil millones con una fórmula inédita.

“Es la primera vez en Chile que hay un aumento de capital condicionado: si no juntábamos toda la plata la devolvíamos”, sostiene José Ignacio Zamorano, vicepresidente corporativo de finanzas de Celfin, el asesor financiero de la operación, y quien participó en la ronda de presentaciones en Chile, Sao Paulo, Londres y Nueva York. El mínimo a recoger eran $90 mil millones y si no, la quiebra.

El éxito no tiene precedentes: no hay otra empresa chilena en convenio judicial que haya levantado tanto capital.

Zamoramo junto a César Barros, el presidente de La Polar; Patricio Lecaros, el gerente general; Álvaro Araya, el gerente de finanzas, y la estadounidense Alexa Lynch, directora de ventas internacionales de Celfin, corrieron una maratón de casi 100 reuniones en la que respondieron 2 mil preguntas.

La última semana de agosto partieron en Chile con cinco reuniones al día. Los primeros días de septiembre tomaron el avión directo a Sao Paulo, donde estuvieron lunes y martes; Londres, miércoles y jueves; Nueva York, viernes. Ahí eran ocho citas diarias, porque los inversionistas iban al grano y no había comentarios anexos sobre qué pasó con este gerente de La Polar o yo conocía a tal otro. Entre el 10 y el 14 de septiembre culminó la segunda y última etapa en Chile.

Celfin concertó cada uno de los encuentros, lo que era clave para una operación complicada como esta. “Para una compañía de este tamaño no tenía tanto sentido ir afuera, pero nosotros lo hicimos tal como si estuviéramos colocando un ADR”, explica Zamorano.

El prospecto fue una de las claves. Realizado bajo un estándar internacional tiene 274 páginas, sin un gráfico, sin una foto. Sólo datos duros.

Rindió frutos: un 15 % de las opciones quedó en manos de inversionistas extranjeros. La Polar era conocida afuera —para bien o para mal— porque los fondos de inversión estuvieron en la propiedad. Tenían cerca de un 25 % en 2009. Algunos perdieron; otros ganaron.

Lo que más les interesaba eran las ventas por m2, gastos sobre ventas, los cambios a la Tasa Máxima Convencional. No les importaba el tema legal, las negociaciones con el Sernac ni los acreedores como sí ocurrió a nivel local.

Los avisos de La Nueva La Polar encima de los escritorios en Londres

La presencia del presidente y del gerente general de La Polar fue un ingrediente que dio confianza a los anfitriones, dado que a las presentaciones concurren, por lo general, el gerente de finanzas y el encargado de relaciones con los inversionistas.

Más de una vez se sorprendieron, porque los avisos publicitarios —obra de César Barros—, con frases humorísticas como que dos pelados (él y Lecaros) “le van a subir el pelo a La Polar”, estaban sobre la mesa en Londres.

El libreto era siempre el mismo: breve introducción de Zamorano explicando la forma y fechas de la operación; Barros contaba el antes y el después —la compañía sin directorio, sin gerentes, sin balance, casi quebrada y cómo cambió—, Patricio Lecaros daba cuenta de los planes de crecimiento, y cerraba Araya con los números.

Alexa Lynch era la que dominaba mejor el idioma, a veces, reemplazaba a su compañero de Celfin, y ponía orden draconiano en los horarios. No siempre estuvieron los dos presentes, porque algunos fondos no permiten al agente colocador en las reuniones.

La fórmula del precio fue otra clave del éxito. “Cambiaba todos los días (era el promedio de las jornadas anteriores) y tenía un descuento del 5%. Eso hacía que tuviera sentido ir a comprar una opción. Era la entrada para ir a jugar”, argumenta Zamorano. Los accionistas que tenían opciones podían suscribir o vender a un tercero en la bolsa, lo que le dio liquidez al proceso.

La Polar lleva colocado el equivalente al 70 % de la propiedad —664 millones de acciones— y faltan 85,4 millones que se suscribirán entre hoy y el próximo jueves. El precio promedio fue de $174 por papel, 14 pesos más que el mínimo. Ayer cerraron a $229.

CorpVida y CorpSeguros, del empresario Álvaro Saieh, hicieron efectivas sus opciones y mantuvieron un 5 % cada una. Pese al interés inicial de suscribir la totalidad del aumento de capital —como lo informó El Mostrador Mercados en junio— desistió en medio de un proceso de readecuación de sus inversiones que concluyó ayer con el ingreso del IFC, filial del Banco Mundial, que tomará un 5 % de la propiedad de Corpbanca.

La AFP Habitat fue la única fiel que no vendió sus acciones y suscribió su 7 %.

El gusto por la sandía calada en Chile

Siendo la cuarta empresa de comercio minorista en Chile y la segunda en Colombia  después de Falabella, con una valorización bursátil US$ 100 millones, era una oportunidad para cualquier grupo chileno.

Para un corredor de bolsa la razón es que “aquí todos quieren sandías caladas, no se atrevieron porque son demasiado conservadores; por eso, cuesta tanto ser emprendedor en Chile”.

Quienes compraron ya han hecho un buen negocio. Si el remanente de opciones se coloca a $200 el total recaudado será de $130 mil millones.

Cerca de un 30 % cambió de manos, según declaró Juan Guillermo Agüero, director de finanzas corporativas de Celfin, quien lideró el proceso en el que estuvieron acompañándolo los socios Max Vial y José Antonio Labbé.

Para Celfin esta ha sido la operación más difícil que recuerde. Para Barros, que renegoció US$ 1.200 millones de pasivos de la industria salmonera como presidente del gremio y discutió la nueva ley de acuicultura, para crear los “barrios” para evitar virus como el ISA, también.

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