Sábado, 24 de septiembre de 2016Actualizado a las 16:10

La trastienda del remezón en la Sofofa

por 1 abril 2014

La trastienda del remezón en la Sofofa
Un seminario, un titular y una filtración generaron una imagen de quiebre en el gremio más tradicional del país. La idea de acercar posturas con el gobierno designando a dos panzers políticos, se topó con el estilo directo de un hombre que viene del mundo de los fierros, donde no hay sutilezas. Dos veces debió aclarar sus dichos.

Todo estaba planificado, pero un seminario, un titular y una filtración enrevesaron las cosas, generando una imagen de quiebre en uno de los gremios más antiguos y tradicionales del país.

Desde fines del verano, Hermann von Mühlenbrock –uno de los pocos presidentes de la Sofofa educado en el sistema público (Liceo de Aplicación y Universidad de Chile)– comenzó a reorganizar su gabinete para su segundo año de mandato. “La idea era hacer ajustes para enfrentar el nuevo gobierno con personas de mayor experiencia política y cercanía a la Nueva Mayoría”, afirman dos consejeros de la Sofofa.

Con Alfonso Swett Opazo, el segundo vicepresidente, las relaciones no eran buenas. Había diferencias de formas; el hijo del fundador de Forus, que representa 23 marcas de zapatos y ropa outdoor y que posee tiendas en Chile, Perú, Colombia y Uruguay, es conocido por su estilo opinante. Escribe columnas en La Segunda, lo que complicaba su rol como vicepresidente de la Sofofa, ya que su pensamiento debía estar en línea con su cargo y la postura del presidente del gremio.

La del lunes pasado –dos días antes de concretarse los cambios– revela la distancia con Von Mühlenbrock. Titulada “¡Reforma tributaria ya! ¿No nos estaremos metiendo en un zapato chino?”, lo criticaba abiertamente sin mencionar su nombre. “Es así como también creo que generar grandes temores sobre el crecimiento, la inversión o el empleo no nos ayudan como país, ya que se afecta negativamente (aún más) la inversión, el empleo y el crecimiento!”. Aplaudía a Andrés Santa Cruz, el presidente de la CPC, “sus declaraciones son muy acertadas y profundas” (“la reforma tributaria debe cuidar de no pegarle al crecimiento”). Y recordaba que se cumplía un año de la muerte de Andrés Concha, ex presidente de la Sofofa: “Cómo nos hace falta su inspiradora visión del bien común de largo plazo (…). Don Andrés, cómo me hacen falta esas largas conversaciones con usted y sus acertados consejos”.

Swett –afirma un consejero– era un excelente nombre para el gobierno de Sebastián Piñera, trabajó con él en Bancard. “No había química con Hermann, pero eso no impide que hubiesen podido seguir juntos. Si no se hubiera producido un cambio de gobierno no habría pasado nada en la Sofofa”, afirma el consejero consultado.

Con Claudio Muñoz, presidente de Telefónica, el timonel de los industriales mantiene buena sintonía, pero él es más técnico que político.

El presidente de la Sofofa posee la facultad de designar a los vicepresidentes que duran dos años en sus cargos –llevaban uno y les quedaba otro–, así como a los ocho consejeros del comité ejecutivo, cuatro representantes de ramas y cuatro generales o electivos, que permanecen un año. Sus nombres deben ser aprobados por el consejo general que se reúne el último miércoles de cada mes.

El titular de la discordia y su efecto dominó

“Sofofa advierte que inversiones se podrían ir de Chile”, fue el titular de portada de La Segunda el pasado jueves 20. En la página de Economía esta frase se desplegaba con matices: “Los capitales no son estáticos, son móviles. Si los proyectos que evalúan las empresas se vuelven poco rentables en Chile, por razones de aumentos impositivos, sin duda que se llevarán adelante, pero en otro país”.

Al día siguiente, el timonel de los industriales dio una entrevista en el mismo vespertino para dejar bien claras sus palabras en el seminario “Nuevos vientos de la economía 2014”, organizado por la Sofofa. “Irse significa que una inversión que está aquí se va. Eso ni siquiera lo pensamos. Dijimos claramente que cuando un empresario analiza un proyecto, en este mundo globalizado y habiendo mercado, se va a instalar en aquellos lugares donde tenga una mejor rentabilidad".

Pero el incendio se había propagado y la imagen del presidente de la Sofofa fue atacada duramente. El diputado y presidente del PS, Osvaldo Andrade, tachó a Von Mühlenbrock de “momio, imponente, grandote, la mejor expresión de lo fáctico” e ironizó señalando que cada vez que viajara fuera del país habría que “mirar qué es lo que lleva en el maletín”. Lo acusó de instigar una campaña del terror, expresión que también usaron los diputados Jorge Tarud (PPD) y Pablo Lorenzini (DC), presidentes de las comisiones de Relaciones Exteriores y de Hacienda, respectivamente, de la Cámara Baja. En una conferencia de prensa le pidieron “que se dedique a su pega y no a la política”, “que se preocupe de sus declaraciones y sus empresas, porque en la reforma (tributaria) vamos a potenciar el Servicio de Impuestos Internos”. El presidente de la Cámara, Aldo Cornejo (DC), dijo que sus dichos eran imperdonables e impresentables.

Jorge Awad, el presidente de la Asociación de Bancos, discrepó con su par de la Sofofa: “Creo que si este país algo ha demostrado es la atracción por la inversión extranjera”.

A 11 días del envío del proyecto de ley de reforma tributaria –emblema del gobierno, porque financiará los cambios más profundos a la educación en 33 años– las palabras del timonel de la Sofofa generaron una imagen de distancia con la actual administración gubernamental, cuando ya el empresariado tiene más que asumido que la reforma tributaria es un hecho.

Algunos lo atribuyen al estilo directo de Von Mühlenbrock. Un hombre que viene del mundo de los fierros, donde no hay sutilezas, el gerente se arremanga la camisa, habla el mismo lenguaje de sus trabajadores y conoce los procesos tan bien como ellos. Fue presidente de Asimet entre 1996 y 2000 y durante 29 años gerente general de Gerdau Aza, filial de la brasileña que produce acero a partir de chatarra y una de las primeras empresas en recibir el Premio Carlos Vial Espantoso, que distingue las buenas relaciones laborales.

Pero en las comunicaciones las imágenes se instalan. Ocurrió con la frase “mis empresarios aman a Lagos”, de Hernán Somerville, quien no se referia a los hombres de negocios chilenos, sino a los latinoamericanos con los que había estado reunido, pero, por más que lo explicó, hasta el día de hoy nadie la entiende como él la pronunció.

Este domingo, Von Mühlenbrock dio otra entrevista, ahora en El Mercurio, para volver a aclarar sus dichos.

“Nunca ha estado en el espíritu de la Sofofa, ni de este presidente, tomar posiciones aguerridas ni extremas”, dijo, y su estilo, alejado de la sutileza, se reflejó en una respuesta.

–¿En qué van a ayudar Carlos Hurtado y Rafael Guilisasti (cercanos a la Nueva Mayoría)?

–En que uno puede decir: Oye, Carloto (Carlos Hurtado), ¿conoces al ministro equis? ¿Crees que es fácil llamarlo?

El consejo general y los cambios aprobados

El miércoles pasado, a las 17:30, comenzó la reunión mensual del consejo general compuesto por 104 miembros (43 electivos, 47 gremiales, 11 de mérito y tres honorarios). Ya se habían filtrado en el diario Pulso las salidas de Swett y Muñoz, quienes lo dejaron en libertad de acción hace dos semanas. Algo inédito, porque no se estila que haya cambios de vicepresidentes a mitad del mandato.

Varios pidieron explicaciones pensando que existía un vínculo entre sus renuncias y los dichos del timonel en el seminario, cosa que él negó, aclarando que los cambios ocurrían para alinear al equipo con los nuevos objetivos. Fernando Agüero –consejero general y ex presidente de la Sofofa– solicitó retirar las renuncias, para que no se las vinculara con los dichos de Von Mühlenbrock. Los dos renunciados tomaron la palabra, Swett reconoció diferencias en temas muy menores, “no hay que quedarse en eso, lo que importa es la unidad y la Sofofa”. Y Muñoz agradeció la confianza y apuntó a que ahora se dedicará al área educacional de la Sofofa, que tiene liceos técnico-profesionales.

Según consejeros que estuvieron presentes Von Mühlenbrock pidió un voto de confianza, lo recibió, y después llamó a votar por los nuevos dos vicepresidentes y cinco consejeros del comité ejecutivo.

Con oficio en la política y redes transversales, Carlos Hurtado fue ministro de Obras Públicas de Patricio Aylwin, director ejecutivo de TVN, es cuñado del senador Andrés Zaldívar y en 2005 se sumó a la campaña presidencial de Sebastián Piñera. Mientras, Rafael Guilisasti fue militante del Mapu, presidente de la CPC, es socio de la Viña Concha y Toro, apoyó a Andrés Velasco en las primarias presidenciales de la Nueva Mayoría, y Michelle Bachelet lo nombró como su representante en el Consejo directivo de la Corfo.

Del comité ejecutivo salieron Alberto Miranda, presidente de la Cámara de la Producción y el Comercio de Concepción, y Susana Carey, cabeza de la Asociación de Supermercados, quien se hará cargo del nuevo comité laboral de la Sofofa. Entraron José Gil, presidente de la Asociación de Empresas V Región; y Jorge Marshall (PPD), ex ministro de Economía de Aylwin y actual presidente de la Cámara Marítima y Portuaria de Chile. La vacante de María Eugenia Wagner, quien en enero dejó la mesa al renunciar a SalmonChile, fue llenada por Rodrigo Álvarez, presidente de Copsa. De los electivos, se fueron Mario Valcarce (Transelec), quien encabezará el comité eléctrico, y Rafael Guilisasti, que asumió una de las vicepresidencias, y entraron Janet Awad (Viña Santa Emiliana, filial de Concha y Toro) y Rodrigo Abumohor (Manufacturas Interamericanas).

Se mantienen los electivos Matías Domeyko (Celulosa Arauco) y Juan Andrés Errázuriz (Enaex) y, de los gremiales, Gastón Lewin, presidente de Asimet.

Todos fueron elegidos por votación unánime. La reunión culminó con un aplauso cerrado, pero este capítulo alertó a los empresarios. Porque, como reza el dicho: no importa lo que es, sino lo que parece.

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