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Crisis de la minería en Chile: crónica de una farsa anunciada

por 22 septiembre, 2016

Crisis de la minería en Chile: crónica de una farsa anunciada
"Optamos por cargar Codelco de deudas, privándola de resembrar parte de lo cosechado durante el súper ciclo de precios que duró casi una década. Hoy Codelco realiza enormes esfuerzos y ve tensada su vida interna por decisiones duras y difíciles".

La historia se repite, como si dijéramos, dos veces: la primera vez como tragedia y la segunda vez como farsa, decía el viejo Carlos Marx.

Así, al contrario de la gran crisis del salitre del siglo pasado, una maldición homérica para los entonces habitantes del país, será está la ocasión de la gran farsa.

70 años después, creíamos que la mera existencia de Codelco daba garantías de que las bondades de otra "fiebre del oro" serían capturadas por el Estado y que, además, mientras una parte de ellas se utilizaría en hacer crecer y cuidar la empresa, con otra se desarrollaría algún tipo de industria asociada o relacionada con la Minería, que tomaría el reemplazo de esta cuando ya no fuera la principal actividad económica en Chile.

Nada de esto ha ocurrido, ni ocurrirá, así como van las cosas.

Transcurridos 26 años de un "boom minero", donde se cuadriplicó la producción minera, los resultados no solo no son esperanzadores. Son preocupantes.

En primer lugar, recuérdese que usted pasó de producir con su propia empresa, a compartir el riesgo y la capacidad de inversión con privados, la mayoría multinacionales muy poderosas. Estas hicieron lo que suelen hacer y, poco a poco, se adueñaron del mercado de concesiones mineras que creo Piñera, don José.

Solo un tercio del cobre que usted ve partir de nuestros puertos dice "hecho en Codelco".

Por otro lado, nadie les exigió un grado de elaboración del producto y ni siquiera una fundición competitiva y sustentable, que nos legara uno de los mejores ciclos de precio en la historia de la industria minera, mientras miles de alegres camiones cargados con desconocidos elementos circulan por nuestras calles, plazas y colegios.

Lamentablemente, todo indica que el "concentrado de cobre" enfrentará restricciones, más o menos intensas, en un periodo próximo, lo que coloca a la minería chilena en una situación dramática.

Sin embargo, se nos dice, todo esto valió la pena, pues la inversión resultó notable.

Para la multinacional, por cierto, ya que esta remesó, a sus países de origen, varías veces lo invertido para generar la producción, mientras que el sistema tributario, por diseño, debilidad fiscalizadora y un largo etcétera, simplemente fue incapaz de captar una mejor renta para el dueño, es decir, nosotros, todos los chilenos.

Además, la débil densidad regulatoria del país en aspectos básicos, como el derecho al trabajo digno, al medio ambiente sano, al acceso a la información, a la participación ciudadana o a la justicia ambiental, propiciaron la proliferación de todo tipo de males, de los cuales, es bueno, de una vez por todas, que nos hagamos cargo.

Precarización y subcontratación laboral; pérdida dramática de capital natural; desprestigio de la institucionalidad ambiental y la proliferación de zonas de sacrificio, no invitan, precisamente, a efectuar "loas" acerca de los resultados del experimento de los neoliberales y sus amigos.

Solo en los últimos años y con la oposición permanente y pública de las empresas del Consejo Minero –nuestros socios–, a las que parece no gustarle que usted y su familia tengan educación gratuita, contrato de trabajo, que se sindicalice y menos que los que más tengan paguen impuestos, hemos podido dar tímidos avances en estas materias.

No procede, tampoco, deslindar responsabilidades. Ni siquiera el dictador quiso que Codelco pasara a manos privadas. Pinochet ideó para ella un final aún más ignominioso, como mero proveedor de dinero para la guerra y sus sinrazones.

Nada hicimos en 20 años por derogar y hacer pública esta ley inicua y, peor aún, optamos por cargar Codelco de deudas, privándola de resembrar parte de lo cosechado durante el súper ciclo de precios que duró casi una década. Hoy Codelco realiza enormes esfuerzos y ve tensada su vida interna por decisiones duras y difíciles.

Ellos están haciendo su parte y corresponde al dueño, representado en este caso por la Presidenta de la República y sus ministros sectoriales, impetrar las medidas necesarias que pongan, con la mayor urgencia, término a la situación de cautividad de las finanzas de las Fuerzas Armadas en que hoy se encuentra Codelco y que se cumpla con el mandato expreso de la así denominada Ley de Capitalización de Codelco, la que faculta al Estado a capitalizar hasta en US$ 4.000 millones a la empresa.

Mientras, habrá que abrir canales de diálogo con la minería privada y sentar las bases de un nuevo modelo para el desarrollo sustentable de este país. Tal y como las leyes vigentes mandan.

Será también la hora de pedir cuentas del estado del clúster de bienes y servicios asociados a la minería, que sería nuestra nueva quimera nacional y que nuestros amigos de clase mundial nos vienen prometiendo hace una década.

Luis Lemus Aracena
Diputado (PS)
Integrante Comisión de Minería y Energía

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