Lunes, 24 de abril de 2017 Actualizado a las 19:58

El reinado de la globalización y el comercio internacional se acerca a su término

Tomás Izquierdo: "Tanto Brexit como la elección de Trump son señales de que el mundo está iniciando un proceso de cambios profundos"

por 28 noviembre, 2016

Tomás Izquierdo:
El economista y gerente general de Gemines Consultores hace un profundo análisis del fenómeno. Dice que no sabemos exactamente hacia dónde nos llevará, pero que evidentemente acarreará costos. Afirma que Donald Trump ganó porque fue capaz de captar la existencia de un sentimiento de descontento de una parte relevante de la población estadounidense, que se siente postergada o estancada, además de amenazada por fenómenos como la globalización y los procesos migratorios. Para entender este sentimiento, basta con revisar algunos datos. Entre 1980 y la actualidad, el 1,0% más rico de la población ha aumentado su participación en el ingreso total desde el 10,0% al 18,0% antes de impuesto, y desde el 8,0% al 12,0% después de impuesto.

Tomás Izquierdo es economista y gerente general de Gemines, la influyente consultora económica que cuenta entre sus clientes el Banco Central y las instituciones financieras más grandes de Chile. 

En su informe mensual de noviembre, que distribuyen entre sus clientes, Izquierdo publicó un profundo y agudo análisis de las causas detrás de Brexit y la victoria de Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos. 

Izquierdo dice que no sabemos exactamente hacia dónde nos llevarán, pero que evidentemente los cambios que se vienen acarrearán costos.

Este es el informe completo: 

Ya fueron sorprendidos los mercados con el Brexit, que obligó a los analistas e intelectuales de todo el mundo a hacer una revisión profunda de sus causas. Más sorprendido aún estamos con el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos, a pesar de que las encuestas lo daban como un resultado posible, si tomábamos en cuenta los márgenes de error. A continuación, entregaremos nuestra opinión sobre las posibles causas y lo que podemos especular respecto de cuál será la línea que tomará en su mandato en los próximos cuatro años.

Las Razones

Algunos buscan argumentos para validar su tesis sobre las razones de la elección de Trump, tratando de desestimar las alternativas. En nuestra opinión, son muchos los elementos que convergen para explicar el fenómeno.

El primero, que no tiene nada de novedoso porque ha sucedido en muchas otras oportunidades, es que el candidato demócrata, Hillary Clinton, no era un buen candidato, lo que queda demostrado en su baja votación en diversos estados tradicionalmente ganados por su partido, en los que en esta oportunidad captó significativamente menos votos que en elecciones anteriores.

Así, probablemente un buen candidato demócrata habría triunfado sobre Trump, pero ello habría dejado oculto el fenómeno más interesante, a saber, por qué ganó Trump, quieen está lejos de calificar como buen candidato, y que hizo una campaña muy confrontacional, ganándose el odio de muchos.

Donald Trump ganó porque, como lo reconoció el mismo Obama, fue capaz de captar la existencia de un sentimiento de descontento de una parte relevante de la población norteamericana, que se siente postergada o estancada, además de amenazada por fenómenos como la globalización y los procesos migratorios.

Para entender este sentimiento, basta con revisar algunos datos. Entre 1980 y la actualidad, el 1,0% más rico de la población ha aumentado su participación en el ingreso total desde el 10,0% al 18,0% antes de impuesto, y desde el 8,0% al 12,0% después de impuesto. Aumentar en cuatro puntos la participación sobre el ingreso del percentil más rico es un enorme cambio para ese período, como lo observarán quienes hayan revisado este tipo de estadísticas en otros países.

Quizás más elocuente aún, cuando uno reparte el ingreso entre su pago a la mano de obra y al capital, constata que entre 2001 y 2014, es decir, un período bastante reciente, la participación de la mano de obra baja desde 64,6% a 60,4%, todas estadísticas publicadas en una reciente columna de Martin Wolf, en el Financial Times.

Para graficar la situación, tal cual sucedió en Reino Unido, la clase media que estaba acostumbrada a mejorar sostenidamente su ingreso y calidad de vida, se ha visto crecientemente amenazada por la globalización, que ha trasladado la industria manufacturera a Asia o en el caso de Estados Unidos también a México, aprovechando costos más bajos.

Así, el traslado de la producción a otros países o los procesos migratorios, son vistos como una amenaza que atenta contra el empleo norteamericano, por parte del estadounidense medio con baja educación, lo que en cierta medida es cierto, por lo que muestra la historia reciente.

La globalización de las últimas décadas, que permitió acelerar el crecimiento económico mundial con el comercio creciendo el doble de rápido que el producto, mejoró la distribución del ingreso mundial entre distintos países, favoreciendo a los emergentes asiáticos en particular, pero tuvo como efecto indeseado, deteriorar la distribución del ingreso en las economías industrializadas tradicionales, llámese básicamente Europa y Norteamérica.

Si a lo anterior, agregamos los costos asociados a la crisis subprime, que afectó seriamente las cuentas fiscales y los recursos disponibles para las políticas sociales, en un contexto de fuerte aumento en los niveles de pobreza, tenemos una especie de caldo de cultivo para discursos populistas, nacionalistas y xenófobos como los pronunciados por Donald Trump a lo largo de su campaña. Por lo demás, estas ideas también emergen cada vez con más fuerza en Europa, donde los casos de Austria, Francia e Italia son ejemplos recientes.

En definitiva, el reinado de la globalización y el comercio internacional se acerca a su término. De hecho, el presente año, según estimaciones de la OMC, el comercio mundial crecerá menos que el producto, fenómeno que no se daba desde la crisis subprime, y que rompe la tendencia desde 1980, antes señalada, en que el comercio crece a un ritmo que duplica el del crecimiento económico. En este clima, la amenaza del quiebre de la Unión Europea, en un proceso que se inicia con la salida de Reino Unido, hoy parece tener una probabilidad creciente.

Otra cosa es con guitarra

No sabemos si como parte de un natural proceso de negación de la realidad, por temor a lo que viene, o por un análisis supuestamente más pragmático, basado en la experiencia histórica, lo cierto es que los mercados tienden a minimizar la amenaza de una próxima presidencia de Donald Trump en la principal economía del mundo.

Los más argumentan que el discurso disruptivo de Trump fue solo una estrategia para hacerse del poder, pero que, una vez en el cargo, realizará un gobierno bastante convencional. En Chile los ejemplos de Lula en Brasil o Menem en Argentina, son ampliamente citados, como dos casos en que los candidatos fueron muy amenazantes para los intereses económicos durante sus campañas, y que luego gobernaron en acuerdo con los intereses de los empresarios con amplio éxito en materia de crecimiento económico.

Otros, con algo más de razón porque es un hecho verificable, sostienen que en Estados Unidos los poderes están bien repartidos, y que el Congreso, aunque en manos republicanas, actuará como un freno a la materialización de parte del programa, sobre todo en lo referente a revisar acuerdos comerciales históricos como el NAFTA, que involucra también a México y Canadá.

Parece razonable pensar así, hay demasiados intereses creados en torno a este y otros acuerdos comerciales como para imaginar que se logrará un acuerdo amplio en el Congreso para derogarlos. Lo mismo puede ser dicho respecto de una eventual alza en las tasas arancelarias a los productos provenientes de México o de China. Basta recordar que la empresa con mayor capitalización bursátil de Estados Unidos, Apple, fabrica el grueso de sus productos en el gigante asiático.

Los mercados sí le han asignado una alta probabilidad de ocurrencia al megaplan de inversión en infraestructura anunciado por Trump. Ello por cuanto es un hecho que parte importante de ella se encuentra bastante depreciada, muy atrasada respecto de estándares europeos o asiáticos, y porque incorporaría a los privados vía concesiones, lo que acota el impacto fiscal y genera interés en el mundo empresarial.

Respecto de un recorte de impuestos significativo, se puede ser más escéptico, toda vez que los mismos republicanos son muy cuidadosos con preservar la salud de las cifras fiscales. La idea de Trump de aumentar la base de tributación para compensar la menor tasa impositiva, por la vía de que grandes multinacionales se sentirían atraídas a tributar ahora en Estados Unidos, no convence a los técnicos expertos en materia fiscal, que apuntan a que ello conllevaría de todas formas un fuerte aumento en la deuda pública por caída en la recaudación total.

Con todo, no sabemos finalmente qué parte de su programa priorizará el candidato electo. Será una señal importante el equipo que escoja para los cargos claves, y si incorporará al “establishment” republicano, claramente más conservador en lo económico, al momento de conformar sus equipos de colaboradores más cercanos.

Si existen dudas en relación a sus prioridades en materia de su programa económico, son menores en relación con las existentes en materia de relaciones internacionales. Qué postura tomará respecto de la OTAN y su financiamiento, en la guerra contra el Estado Islámico, en el conflicto árabe israelí, en la disputa territorial entre China y Japón, o respecto a Corea del Norte, por mencionar solo algunos temas relevantes, es una completa incógnita.

Lo que sí sabemos es que tanto el Brexit como la elección de Donald Trump son señas, cada vez más difíciles de obviar, de que el mundo está iniciando un proceso de cambios profundos, que no sabemos exactamente hacia dónde nos llevarán, pero que evidentemente acarreará costos relevantes en materia de crecimiento económico, y que, cómo en su momento lo fue con la globalización, tendrá beneficiados y perjudicados. Por ahora, desde acá, al fin del mundo, no nos queda más que observar como meros espectadores lo que sucederá en las grandes ligas, las del hemisferio norte.

Tomás Izquierdo Silva

*Este análisis fue publicado en el informe de noviembre de Gemines

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes